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Número 137-138

Serie XIV

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Elogio de García Moreno. Discurso pronunciado el 22 de diciembre de 1921 en la iglesia de San Sulpicio de París

ELOGIO DE GARCIA MORENO (*)
Discurso pronunciado el 22 de diciembre de 1921 en la iglesia
de San Sulpwio de París.
POR
MO~"SEÑOR BAUDBILLART
Rector de la Universidad Católica de París, Miembro de la Academia Fran­
cesa y más tarde elevado a Cardenal,
llMnmNCIA
MONSl!ÑORES (1)
Sl!ÑoRES Y HERMANOS:
¿Por qué el Comité cat6lico de las Amistades francesas en el ex­
tranjero,
uniendo a su llamamiento el de la Asociación cat6lica de la
j#'Ventud, tomó la iniciativa de convocaros en este ilustre santuario?
¿Por qué un príncipe de la Iglesia, primer pastor de la diócesis de
París, apenas

vuelto de la Ciudad Eterna,
.se digna
aportar
a esta
asamblea,

con el honor de su presencia, el muy alto
y precioso con­
curso de su autoridad religiosa
y de su patriotismo siempre vigilante?
¿Por
qué los

distinguidos representantes de varias naciones se en­
cuentran al pie de este púlpito, desde el cual va a hacerse
oír el
elogio

de un hombre de Estado extranjero, nacido cien años
ha, caído,
hace cerca de medio siglo, bajo el hierro de asesinos?
¿Abrigamos, unos u otros, la intención secreta de echar en la
(*) El 6 de agosto se cumple este afio el centenario del asesinato del
que fue Presidente de la República. del Euador, Gabriel García Moreno;
como
homenaje en

su memoria, reproducimos
íntegramente este discurso

que
contiene los mejores elogios del Presidente mártir, en
boca del que fue pur. purando y académico francés, Monseñor Baudrillath.
(1) Los Prelados
Le Roy y De Guebriant.
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Fundaci\363n Speiro

MONS/JROR. BAUDJULl.dl!T
J:,elanza de los partidos de un país que no es el nuestro el peso de
nuestra simpatía y de nuestra admiración?
Seguramente

que no.
Fieles al
título con que se honra el Comité del cual es direct0r
e

intérprete el que os habla, nos proponemos rendir homenaje a un
jefe de Estado que fue, en
el poder, inconfudible campeón de la
idea católica; admiradores y amigos de nuestros hermanos de fuera,
nos

complacernos en celebrar la gloria de un hombre que, al testi­
monio de sus compatriotas, aun de sus más apasionados adversarios,
fue incontestablemente uno de los más grandes -Igunos han dicho
el
más grande- que la América latina ha producido (2).
Y
si porque García Moreno fue el hombre íntegro, de una sola
pieza, de un solo principio y
de una sola convicción, al extremo de
suscitar contra sí
el odio de muchos y la incomprensión de mayor
número, en aquellos tiempos en que el
liberalismo parecía
la
última
palabra de lo posible y de lo honrado en materia de gobierno; si por
estas razones parece necesario disipar desde luego algunas malas in­
teligencias,
lo haré recordando a todos, y particularmente a nuestros
compatriotas, dos verdades muy elementales sin duda,
pero que
im­
porta tener presentes en el espíritu, si se quiere juzgar con equidad
al que uno de sus sucesores, el docror Antonio Flores, no vaciló en
llamar ante el papa León XIII el presidente mártir.
Primera verdad.
Hay un bien y hay un mal; los mismos acms,
mientras no

lleven en sí mismos una malicia
intrínseca, pueden
ser
buenos o malos, dignos de
alabanza o de censura, según que se pro­
pongan un fin bueno o
malo. Encarcelar a un hombre honrado por­
que
os estorba es una
mala acción; encarcelar a un malhechor porque
es
pernicioso es

una buena acción; el jefe de Estado que encarcela al
hombre honrado es un
titano; el

jefe de Estado que encarcela al
malhechor cumple con su deber; calificar a uno
y otro de déspota
(2) «Considerando que Garcfa Moreno ha sido uno de los más grandes
hombres de
América», dice

el Decreto del
Poder ejecutivo
referente a los
fu~
nerales de García Moreno. En la oración fúnebre, pronunciada en la Concep­
ción (Chile) por don Vicente Chaparro, el orador no teme llamar a Gama
Moreno «el más grande hombre qué la América latina ha producido».
Fundaci\363n Speiro

ELOGIO DB GARCIA MORENO
porque ambos han . ejecutado el .mismo acto, porque han dispuesto
de
la libertad de sus semejantes, es una aberración intelectual y moral.
Segunda verdad. Un español no es un francés,
y el Ecuador no
es Francia. Aun en el cuadro de la moral universal, cada pueblo
guar­
da su nota individual. A pueblos y a estados sociales diferentes co­
rresponden legítimamente
maneras diversáS de gobernat.
Gracias

a estos principios, muchas de las objeciones que tales o
cuales actos del Presidente de la República ecuatoriana hubieran po­
dido
o
podtían determinar
en
ciertos espíritus,
espero que
caerán por


mismas,
y t-Odos admiraréis fácilmente en García Moreno lo que
en él me
propongo mostraros:
l.º Una magnífica flor del genio español completado por la
fe católica.
2.0 Un hombre de &tado convertido, gracias a ese genio y a
esa fe, en regenerador de
su patria y en mártir de la civilización
cristiana (3).
¡ Que el Santo Coraz6n de María y el Sagrado Corazón de Jesús
me ayuden
a haceros

comprender mejor al
.que tanto
los amó
y sirvió!
I
¿Qué es un español? ¿ Y qué es el genio de España?
Un escritor francés que en
&pafia vive y se nutre de los mejo­
res autores de ese país, lo ha dicho recientemente en páginas que
son lo
más profundo y justo que conouo sobre nuestra grande her­
mana occidental
y latina (4). Quizá se me conceda algún derecho a
juzgarla, a

mí que por largas permanencias
y múltiples estudios, me
he familiarizado también un poco con nuestros caros vecinos de
allende los Pirineos.
A los espalíoles les gusta háblar de la "raza", palabra para ellos
(3) Tales son los tértninos de que se sirvió el Congreso dt/Quito a la
muerte de García Moreno; Decreto de 16- de septiembte de ·1875.
( 4) M. Mauricio· Legendre en varios números de la :revista LeJ Lettfes,
en 1921.
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Fundaci\363n Speiro

MONSB!WR BAUDRILLART
singularmente más llena y más rica de sentido que para nosotros.
Cuando celebran

la
fiesta de la ~az", el 12 de octubre, aniversario del
día en que
Ctist6bal Colón llegó al Nuevo Mundo, recuerdan con
legítimo orgullo que la población de la Península ibérica
creó más
de veinte naciones en el suelo americano. ¡ Ah! ¿No fue preciso
que el carácter de esa población fuese de un temple asombroso para
transmitirse con todos sus
caracteres esenciales; para que Jlspa!ía y
Portugal, repitiendo en el alma moderna el prodigio más sorpren­
dente de la antigua Roma,
y precediendo el del Imperio inglés, pu­
diesen crear un mundo nuevo formado a la vez de su sangre, de su
lengua
y de su espíritu? Jlse es el milagro de la América latina.
Temperamento humano que se forjó en
las altas
mesetas de
Castilla, a los brillantes ardores del sol, al cierzo que azota;
tan fisio­
lógicamente fuerte que vive
lo mismo

en las bajas
llanuras de la
Argentina que en las altutas de Méjico
y de los Andes, sin modifi­
carse, sin degenerar, absorbiendo y dominando . a los otros elementos,
pero sin destruirlos, y constituyendo, desde el Mississippi hasta la
Tierra del Fuego, naciones que aún son
Castilla, Aragón, Navarra,
el País Vasco,
Portugal, que,

en una palabra, son siempre la idén­
tica Iberia.
Temperamento fisiológico, pero también temperamento moral.
¡ Ah! ¡ Cierto es que no era propia para inspirar la voluptuosidad y
la alegría
de vivir, salvo en las fértiles llanuras que se extienden al
pie de sus monta!ías, la áspera
y ruda tierta de llspa!ía que ha podi­
do
compararse a

un
mar petrificado

bajo un cielo
límpido, ora
de
fuego, ora de hielo; pero era capaz de
formar una raza de

hombres
enérgica, rica en nobleza
y en espiritualidad.
Yo he visto, hermanos míos, a esos. :campesinos de las dos Cas­
tillas, una de las más vigorosas reservas de humanidad que hay en
el mundo.
los he
visto, secos y
eurtidos, trabajar largas horas al sol,
casi sin
beber y sin comer, y, después, a la caída de la tarde, volver,
al
paso cadencioso de sus mulas, hacia sus recogidas aldeas, cantando
su melancólica
y religiosa cantinela. ¡ Qué sobriedad en esos hom­
bres! ¡qué valor! ¡qué independencia!,
¡qué majestad! -"la majes­
tad

castellana, hija de la majestad
romana"-¡
qué inagotable
fa.
cultad de sacrificio!
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ELOGIO DE GARCIA MORENO
¡ Ah! Si alguna vez acusáis a ese pueblo de no producir bastante,
pensad que produjo un mundo y que es como una madre momentá­
neamente agotada
por el número mismo de sus hijos.
Pueblo, para quien el estoicismo es natural, el estoicismo más
humano, es decir, el del
gran español Séneca, cuya doctrina se con­
densa en proposiciones como
éstas: "No
te dejes vencer por nada de
lo que es ajeno a
tu espíritu. Ten en ti un eje de diamante. Cuales­
quiera que sean las contingencias, mantente tan animosamente que
al menos puedan decir de ti que eres un hombre". SI;
pero por una consecuencia casi fatal, . pueblo eminentemente
individualista, donde el individuo, escudado en su derecho y en sus
convicciones, va hasta el extremo de su doctrina y hasta el ex.tremo
de su independencia, que no hace lo que no quiere hacer, que se
niega a inclinarse ante la voluntad ajena, pero a quien
otros impiden
a

menudo
real.izar la
suya; individualismo llevado
tan lejos, que ha
venido a

ser el origen de lo que es preciso
llamar la anarquía de las
naciones españolas.
Pueblo
idealista y espiritual en razón de sus propias tendencias,
espiritualizado todavía más en sus
attactivos por las influencias que
el semitismo oriental ejerci6 sobre él; no hablo solamente de aque­
llas de que todos hemos beneficiado y que proceden del Evangelio, sino de aquellas que aportaron al suelo de España tantas judíos y,
sobre todo, tantas árabes y berberiscos arabizados que en
él vivieron
durante

siglos y cuya sangre hasta se
mezcl6 en

muchos puntos con
la de los
indlgenás. Su contacta ¿no fortific6 en los españoles esa
pasi6n por la justicia absoluta que los profetas celebtan y, por la
doble fuerza del ejemplo y de
la reacd6n, esa tendencia al exclusi­
vismo religioso que la Biblia estimula, que el Corán ordena, que el
respeta debido

a la verdad justifica,
pero que debe atemperar, en
sus manifestaciones,
la caridad de Crista?
¡ Pueblo que no ha vacilado en reconocer algunos de sus rasgos
más salientes en el héroe quimérico de que nos reímos demasiado
fácilmente en
Francia, porque únicamente le conocemos por las fa­
bulosas aventuras que divierten a nuestra
infancia, ese don Quijote,
cuya concepción de
la justicia y del derecho es noble y conmovedora,
pero también tan anárquica!. ..
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Fundaci\363n Speiro

MONSEFIOR. BAUDRJLLAJ.U'
Pueblo capaz de hacer milagros y que los realizó tao pronto como
se disciplinó su genio. Pues bien: ese genio
oo se
disciplinó sino
bajo el signo
de la cruz y en la fuerte jerarquía de la Iglesia católica.
¡ Oh! ¡ qué locura el pretender, como hacen tactos proresraores y
librepensadores, que, si España no es hoy más próspera, se debe a
que es demasiado católica!
¡ No! Se debe a que ya oo Jo es basraote.
¿A qué extremos no llevaría al individualismo del espafiol el libre
examen de

Lutero
y de Calvioo?
Hubo un tiempo, un siglo de oro, en que "el catolicismo coronó
con una admirable sobrenaturaleza la naturaleza española, y disci­
plinó, sin disminuirlas,
las poderosas energías individuales" de esa
raza
y de ese país.
Las
virtudes cristiaoas ultimaron
y rooderaron, en lo que tenían
de excesivo, sus tendencias naturales. De ese individualismo,
el dogma· integralmente aceptado y teo­
lógicamente
enseñado fue el primer

limite, del
cual ordenó hasta los
ardores místicos. Y, en el orden práctico, la aotoridad de la Iglesia
aote la
cual se inclinó, contuvo y dirigió sus actos.
Esa disciplina católica fue la que, de un pueblo más bien gue·
rrero

que militar
y propenso, por ende, a esa otra forma de aoarquía
que se llama
banditismo, hizo el pueblo
admirable
de los conquista­
dores, de los cruzados que recuperaron España del poder de los moros
y sometieron a América.
Gracias a su fe, ese pueblo exclusivo y cerrado se abrió acruaodo
fuera, oo sólo

con
las armas, sino con el pensamiento; Sao Ignacio de
Loyola ¿oo es un
conquistador cuaodo, con un pufiado de hombres,
se
lanza a la conquista de almas? Saota Teresa marca con su sello
místico a todos los pueblos cristianos.
Con sus obras literarias, im­
pregnadas de espíritu católico, España radia sobre el universo civi­
lizado, y la misma Franeúl, la Francia del gran siglo, calienta a ,.,
rol su prosa
y sus versos.
No os he engafu\do: fue con la fe católica que el genio· español
encontró su plenitud,
y fue con ella que agraodó el mundo físico y
el mundo espiritual.
Y porque el
español tiene el

culto de la verdad absoluta,
y
porque sabe o siente por instinto lo que debe " su fe, está orgulloso
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Fundaci\363n Speiro

ELOGIO DE' GAR.CIA MORENO
de poseerla y la defiende a toda costa, · hasta por medios de que a
veces se asombran los demás pueblos .
• • •
Al pintaros el genio español tal como le ha hecho la fe católica,
os
he trazado anticipadamente los principales rasgos del gran hombre
cuyo recuerdos nos reúne hoy. Gabriel García Moreno es
espafiol por

la sangre. Su padre, Gar­
cía, es castellano,
de una antigua familia de Villaverde, el cual fue en
1793 a establecerse en Guayaquil, donde
encuentra una

joven, espa­
ñola también, Mercades Moreno, prima
hermana del

que
seri car­
denal-arzobispo de

Toledo; padres
admirables, penetrados

de
las más
nobles tradiciones de su patria, apasionadamente apegados a su fe,
que consideran como el más precioso de los bienes que puedan trans­
mitir a sus hijos, fe robusta
y fe práctica que les permite hacer
frente a
las pruebas más rudas.
García
Moreno es español por la lengua, por esa lengua sonora
y rica, sencilla y clara, naturalmente elocuente, lengua verdadera­
mente imperial que con tanta justicia reclamaba hace
poco el dere­
cho de ser tenida, después del francés y del inglés, por una de las
lenguas universales de la humanidad; lengua que manejará con una
maestría suprema y de la
cual hará brotar, como fulgurantes rayos,
las fuertes
y luminosas fórmulas que ilustran sus mensajes y sus
discursos.
García Moreno es español por el espíritu, por todo ese tempera­
mentO físico
y moral que he procuradó describiros.
Sus
músculos son de acero; sus modales nobles
y dignos, su paso
firme, su mirada recta y viva, en ocasiones terrible.
Como sus antepasados de la meseta de Castilla, es sobrio, sufrido,
indiferente al padecimiento físico; en el curso de sus extraordinarias
expediciones por los Andes, durante las guerras civiles, soportará,
como cosa de juego, inverosímiles privaciones; pasará tres días sin
comer y declarará tranquilamente que puede dominar· el hambre.
Gravemente herido en una pierna y queriendo montar de nuevo a
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MONSBf caballo, aplicará él mismo sobre la herida, para cicatrizarla, un hierro
candente. Con su valor asombra a cuantos le rodean; en medio de los su­
blevados, de los sicarios que atentan a su vida, no se arredra; con­
denado a

muerte en
una guerra civil, pocas horas antes de la selíalada
para la ejecución, tampoco tiembla, sino que prepara su evasión y
la consigue.
Valor adquirido desde la infancia. Siendo niño, tenía miedo a
los truenos y a
los muertos; un día en que en Guayaquil se habían
desencadenado todos los elementos, su padre le dejó solo en un
balcón, a

escuchar el estruendo de los truenos, del viento y del agua.
Otra vez, hay un muerto rendido sobre las baldosas de un cuarro; es
de noche; cuatro cirios iluminan el lívido rostro del cadáver; el
padre envía al niño a encender
una bujía a aquellas siniestras llamas.
De esta manera Gabriel aprende a dominar sus nervios. Algunos
años después, siendo ya
mozo. se encuentra en la montaña; para leer,
se sienta a la sombra de
una roca; y pronto observa que la masa
oscilante puede derrumbarse
de un momento a otro; su primer mo­
vimiento es
apartarse; se

avergüenza
de ello como de una debilidad
y permanece, durante una hora, expuesto al peligro.
Aplica al trabajo la misma voluntad de hierro. Estudiante o jefe
de Estado, consagra cada día
a su tarea diez y seis o diez y ocho horas.
En su juventud, las reuniones de sociedad le tentaran un momento;
a fin de escapar a ellas con más seguridad, se afeitó la cabeza como
un fraile. Al sueño no le dará nunca más de cuatro o cinco horas:
"Cuando Dios quiera que descanse -decía- me
enviará una
en­
fennedad o la muerte".
Más que
la mayor parte de sus antepasados de
España y de sus
compatriotas del Ecuador,
tiene la

afición
y la facilidad del estudio.
Su inteligencia es universal; sus facultades maravillosamente equi­
libradas. A los 18 años se apodera de él la pasión de la ciencia; lo
quiere
abarcar todo y, efectivamente, todo lo abarca: derecho, idio­
mas,

matemáticas, la química que enseñará
más tarde y en la cual
será todo un maestro. Se encuentran en él las nobles ambiciones y
hasta los acentos de nuestro Federico
Ozanam.
Pero,

más que Ozanam, él
ha nacido para la acción, para el
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EWGW DB GARCIA MORENO
mando. Tiene 24 años; sus amigos le apremian para que escriba la
historia del Ecuador; y él contesta: "Más vale hacerla".
Mas, para hacerla en aquel tiempo, en medio de tales rrastornos,
hay que ser soldado
y, si es preciso, cabecilla de partida; esto no
asusta a García Moreno; a la primera prueba, se manifiesta guerrero
como los conquistadores, y muy pronto capaz de mandar, de organi­
zar, de arrasrrar un ejército. Se
batirá como

un león.
También a imagen de sus antepasados, se reconoce el
alma de un
justiciero, de un "desfacedor de entuertos". Suefia con
la justicia ab­
soluta. Invitado a ser abogado defensor de oficio de un
homicida,
contesta

al Presidente: "Tenga usted
la seguridad de que me sería
más fácil asesinar que defender a un asesino". Cuando
más tarde le re­
prochen el ser inexorable, dirá: "Vosorros os enternecéis por la
suerte
de

los verdugos;·yo me apiado de
las víctimas".
Sin duda, al menos en su juventud, no escapa a algunos de los
excesos del genio espafiol, aun excitado por los ardores del Ecuador.
Su violencia es extrema; es severísimo en cuanto afecta al pundonor.
Provocado en duelo por un oficial, acepta, a pesar de las leyes de la
religión, y acude al sitio designado;
el oficial, arrestado en el cuartel
por el coronel de su regimiento
-la ley prohibía severamente aque­
llos combates-, no se encuentra sobre el terreno; García Moreno co­
rre en su busca y le abofetea públicamente. Sus polémicas, en los
periódicos, rebasan los
límites de la justicia; demasiado invariable­
mente, sus adversarios le parecen dignos del destierro o del patíbulo. Si no anda con cuidado, a pesar de sus magníficas cualidades, será,
como tantos otros de su país, un factor de guerras civiles, un parti­
dario despiadado
y fanático.
Sí, pero anda con cuidado y, además, orro, Dios mismo, pone
cuidado
por éL
Conoce la barrera necesaria al temperamento de su raza; está en éL
Gabriel

García Moreno es un cristiano convencido. Adolescente,
pensó en el sacerdocio, y hasta recibió órdenes menores. Dios, que
le destinaba a ser el obispo exterior, le prepara a su manera
para esas
funciones. Si su servidor parece adormecerse, El le despierta. Un
día, en París, paseándose por esas calles de
árboles del

Luxemburgo
en que resuenan
siempre tantas

confidencias de jóvenes, unas tan
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MONSElvOR BAUDRJLLARI
altas y otras tan bajas, García Moreno había hecho con pasión· la
apología del catolicismo
y de sus beneficios; un · camarada burlón.
sabiendo

que había abandonado algo la práctica, le preguntó brusca­
mente: "¿Desde
criándo no

ha confesado usted?"
·
"Mafiana

(contestó Gabriel, con su
bella decisión) ese argumento
ad hominem no tendrá ningún valor". Aquella misma noche hiw
a un sacerdote la confesión de sus faltas, y desde entonces se le vio
asistir cada día a una misa matinal en esta misma iglesia en que
hablamos de
él.
La fe y sus preceptos habían venido a ser para siempre la regla
de su conducta. Se había sujetado a todos los ejercicios de la vida ascética: la oración, el examen general
y particular, las devociones
recomendadas.
En una palabra: había tendido a la perfección y to­
mado las medidas
más conducentes a ella.
"Omnis glo1'Ía ejus ab intus; toda su gloria le viene de dentro";
tal es el epígrafe, a primera vista sorprendente, de la
bella oración
fúnebre que, en el décimo aniversario de la muerte de nuestro pro­
tagonista, pronunció el reverendo

uno de los miembros
de esa
Compañía de

Jesús que García Moreno había defendido
tan
noblemente. Y, para justificar su aserto, el · orador demuestra cómo,
bajo el imperio de la fe, de una fe que lleva hasta el heroísmo, ese
gran cristiano comprendió desde enronces el ejercicio de las virtudes
morales de prudencia, templanza, justicia
y fortaleza, corrigiendo poco
a poco lo que al principio había de demasiado
natural y demasiado
humano en su manera de concebirlas
y practicarlas.
En el
curso del

último año de su vida, el Presidente García Mo­
reno era exclusivamente el hombre de Jesucristo, dispuesto a derta­
mar su
sangre, y hasta aspirando a ello, pata asegutar el triunfo del
reino de Dios
y la salvación de su país.
"Víctima de

su fe
y de su amor a su patria", dirá el Papa Pío IX.
A
esas

alruras, a las de la fe
y de la caridad, debemos elevarnos,
hermanos míos,
para juzgar los aetos del

jefe de Estado de que
voy a hablaros.
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ELOGIO DB GARCIA MORBNO
ll
El
Presidente Gru:cía Moreno se propuso sacru: el Ecuador del de­
plorable estado de
anarquía en
que, de convulsiones en convulsiones,
corría hacia la muerte, y no solru:nente por los medios que la política
puede sugerir, como hacen de ordinario hasta los mejores gobernan­ tes, sino yendo a
la fuente misma del mal, curando el mal en su raíz.
En ottos términos, afiaru:ado en su propias convicciones, seguro
de poseer
la verdad, sabiendo por otra parte, merced a la experien­
cia de los siglos, que el único remedio contta
la anru:quía española es
las religión católica reconocida y practicada, quiso restaura, el Estado
sobre sus bases cristianas
y católicas. Propósito segurru:nente muy
digno
de un verdadero hijo de España y de la Iglesia.
¡ Pero propósito también, en apariencia, casi irrealizable y sobre­
humano! Recordad, hermanos míos, de qué manera y en nombre
de qué principios se
habían realizado la revolución

que, en menos
de quince años,
ru:rebaró a España su

viejo imperio colonial y cubrió
la América
Centtal y la Amética del Sur de naciones independientes.
El primer sople de libertad había venido de
la América del Norte,
dueña de

sus destinos desde hacía veinticinco años; soplo de
protes­
tantismo y de democracia; el segundo había pattido de Francia con
la declaración de los derechos del hombre;
la ocupación de España
por los ejércitos napoleónicos había dado
la señal de la sublevación.
Que el viento
soplase del Norte o del Oriente, llevaba consigo el do.g­
ma

de
la soberanía popular y de la igualdad de los individuos, cuya
mayoría dictaba
la ley. Nada más capaz de sobreexcitar el individua­
lismo
español y

favorecer sus tendencias anárquicas.
Pero muchísimo más en aquellos países inmensos y nuevos, don~
de el espíritu de empresa y el espíritu de aventura podían darse libre
curso; donde cualquiera que se sintiese un
alma de conquistador, o
simplemente un alma de
ru:nbicioso, estaba seguro

de poderse formar
una banda de partidarios;
países en

donde, al lado de los blancos,
había indios, negros y
mestizos, y esclavos al

lado de los
ru:nos;
donde las más feroces rivalidades personales enconttaban a toda hora
,. 1105
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MONSEROR BAUDRJLLART
a su servicio hombres que, desde 1811, no vivían m/is que de la
guerra con sus consecuencias inevitables, el
barulitismo y el pillaje.
Ciertamente, la inmensa mayoría de
los españoles del Nuevo
Mundo era adieta a la religi6n cat6Jica; en todas partes el pueblo
estaba apegado a la
fe de sus padres; el ro/is firme apoyo de García
Moreno
serit el

sufragio universal de un pueblo de creyente;
pero
muchos directnres, en América, romo en la Península, se habían aban­
donado a la corriente
filosófica en
que la vieja Europa se inspiraba.
Para ellos,
la religión cat61ica que proclama los derechos de Dios y
quiere que el Estado, no solamente los respete, sino que los haga
respetar, era
el enemigo. A fin de minarla, se habían
organizado so­
ciedades
secretas y sobre todo la fracmasonería, hábilmente disfra­
zada bajo el nombre seductOr de Sociedad de las luces; hasta curas y
religiosos, inconscientes del fin perseguido, habían entrado en
ella;
los
jefes se servían del viejo derecho de patr0nato, legado de la Mo­
narquía española, para pervertir al clero, o al menos para paralizarlo;
el plan de
estudios impuesto e las

escuelas debía arruinar insensible­
mente la
fe en el alma popular.
A
la anarquía política y social se añadía la anarquía moral.
De ahí tantos golpes de fuerza, tantos golpes de Estado, tantas
insurrecciones, tantas guerras en el seno de
i:ada Estado

y entre aque­
llos Estados de una misma sangre, de una misma lengua, de un
mis­
mo espíritu, hermanos todavía ayer y hoy implacables enemigos.
El mismo BoHvar, el
gran Libertador, había muerto de pesadum­
bre después del Congreso de
Bogotá, en
donde había dejado escapar
esta
cruel confesión:

"Hemos conquistado la independencia,
pero a
costa
de todos los dernits bienes".
Antes de que él exhalase el último suspiro, Venezuela
y el Ecua­
dor se desprendieron de la Gran Colombia.
Era el año 1830. Gabriel García Moreno tenía 9 años cnando sv.
país nació así a la vida nacional. En su infancia, fue educado al
ruido de los tiroteos y de las insurrecciones; no oía hablar ro/is que
de golpes de Estado
y de violencias; y cuando pudo darse cuenta
de
la situación de su patria, vio que, a pesar de los esfuerzos de ciertos
políticos y de ciertos generales, llenos de buena voluntad, pero im-
1106
Fundaci\363n Speiro

EWGIO DE GARCIA MORENO
potentes, la civilización cristiana, herida en el corazón por la anar­
quía, la ignorancia y la inmoralidad, iba a extinguirse en el Ecuador.
Su

altiva
y católica juventud sufrió extraordinariamente por ello;
mas como era un hombre
y un cristiano, su dolor no se convirtió en
gemidos, sino en acros; sintió que, porque- tenla principios sólidos y
verdaderos, y porque le animaba un indomable valor, podría
hacer
algo donde los demás no podían hacer nada; concibió la justa y santa
ambición de

ser un jefe,
y, si Dios quería, el jefe.
Y ahora, hermanos míos ¿le reprocharéis, a él y sólo a
él, que a
veces hubiese
recurrido a

la fuerza?
Tomó parte

en la guerra civil,
si, y la dirigió con indomable vigor, convengo en ello. A fin de pre­
venir terribles golpes de Estado, tuvo que intervenir en tal pronun­
ciamiento militar, es cierto. ¿Os atreveréis a declarar que, en seme­
jante estado social y político, los revolucionarios son los 6nicos que
tienen
derecho a obrar así? ¿No es condenar a las personas honradas
a una derrota
segura, a

una inevitable opresión? Tengamos, pues,
UOS01lfOS, el valor de reconocer que García Moreno hiro por el bien
lo que tantos otros han hecho por· el
mal No nos dejemos engañar
por

los que tienen tesoros de anatemas contra los 18
Brumario, y
tesoros,

no diré de indulgencia, sino de admiración, para los 18
Fructidor. Ved con qué impudencia esos revolucionarios tratan de
rebeldes a los que, la víspera, eran los mantenedores del poder legí­
timo, poder, en muchos casos, varias veces secular, y a qué medidas
violentas recurren contra los que les oponen resistencia a ellos, go­
betnantes

nacidos ayer
y nacidos de la fuerza. La palabra hipócrita
debió

inventarse
para esa gente. ¡ Al menos, no nos inclinemos ante
sus hipócritas sofismas!
¡ Guardemos, no sólo nuestra gratitud, sino
también nuestro respeto, para los que lo arriesgaron todo a fin de
salvar el orden
social y cristiano!
Si
yo tratase más de agradaros que de instruiros, me extenderla,
seguramente, sobre los quince años,
tan ricos en episodios dramáticos,
en que
García Moreno combatió a los que él tenla por los enemigos
del

bien público,
particularmente al

radical Urbina
y al general Fran­
co; os referirla sus ardientes
campafias periodísticas y sus más sor­
prendentes

campañas militares, algunas de
las cuales fueron señaladas
por sangrientas tragedias; los espantosos peligros que corrió, las per-
1107
Fundaci\363n Speiro

MONSFROR. .HAUDRJILAR.T
secuciones y los destierros-que tuvo que sufrir, las continuas ame­
nazas de muerte que le asediaron, y a las cuales nunca dio más con­
testaci6n que ésta: "Podéis
quebrantar mi "ida, pero
ninguno de
"°80ttos es

bastante fuerte
para quebrantar mi voluntad". Os mos­
traría, en fin, cómo su reconciliación y su alianza con el general
Flores, el héroe de la independencia ecuatoriana,
destettado también
desde
hacía quince

años,
aseguró su
victoria, que fue consumada por
la toma de Guayaquil, el 24 de septiembre de 1860, festividad de
Nuestra Señora de la Merced. ¡ Pero no!
Es preciso que abrevie y os conduzca al punto esen­
cial de este discurso: la consrituci6n cristiana del Estado ecuatoriano,
su regeneración, su progreso en las vías de la ci"ilización.
¿Puedo,

sin embargo, dejar
de saludar de paso la influencia que
ejercieron sobre el grande hombre del Ecuador nuestra Francia y
nuestro París, esta Francia y este París hacia los cuales de buena
gana dirigen hoy de nuevo sus miradas las llJICiones y particularmente
las de la América del Sur?
De los dos París, siempre en presencia,
García Moreno conoci6 y amó el que demasiado a menudo los ex­
tranjeros
desdeñan, el
París de la ciencia y de la religión. Siguió los
cursos de nuestros sabios; es_tudi6 el mecanismo de nuestras admi­
nistraciones; vio la anarquía domada por los primeros años del ré­
gimen imperial; frecuent6 nuestros curas
y nuestros religiosos; apren­
dió a

conocer esas admirables congregaciones que pronto iba a llamar
para que le ayudasen en su obra de resurrección y que habían de cu­
brir el Ecuador de escuelas y de instimciones benéficas.
En París igual­
mente leyó la
Historia Universal de la Iglesia, de Rohrbacher, que le
desembaraz6 de las reorías regalistas y galicanas que antes había re-­
cibido

de sus
maestros de
la Universidad de Quito, y que
acab6 de
revelarle

el papel político y social de la Iglesia a través de las edades.
García Moreno debió mucho a la Francia cristiana; no me sorprende
que la
amase y

que en una hora de terrible angustia
para su
país in­
...adido
y traicionado, pensase que la bandera francesa podría, de
acuerdo con la voluntad popular, cubrir
y salvaguardar su indepen­
dencia
amenazada por

sus vecinos. Que otros le recriminasen esa
idea,
¡ allá ellos! Nosotros, franceses, le queremos más por eso .
• • •
1108
Fundaci\363n Speiro

ELOGIO DE GARCIA MORBNO
El primer acto de García Moreno, después de su. elevación a la
Presidencia de la República,
fue la conclusión de un Concordato con
la Santa Sede y la reforma del clero, emprendida de. acuerdo con el
Papa.
¡ Exrraño comiemo!, me diréis. Como el Ecuador agonizaba a
causa de una Constitución ultrademocrática que a
cada instante po­
nía al Poder en conflicto; a causa de los pronunciamientos militares
que privaban al Estado de toda estabilidad; a causa de una
ruina
económica producida por tanras guerras; a causa de la falta de co­
municaciones entre regiones separadas por altas montañas, por pan~
ranos y por desiertos; a causa, en fin, de una ignorancia crasa en que
vegetaban espaiíoles

e indígenas.
¡ Y cuando ese hombre de Estado a quien elogiáis quiere regene­
rar su país, negocia desde luego un Concordato!
¡ El fanático!
Sí;

y el porqué de su conducta lo
expuso él

con una Iógica
admi­
rable ante el Congreso de 1863, en que sus adversarios formaban la
inmensa mayoría.
Queréis el progreso material; el progreso científico, el progreso
tal como lo entiende
la mayor parte de las naciones modernas y de
que tanto se enorgullecen; ese progreso, yo también lo quiero como
vosotros y más que vosotros; quiero desarrollar la instrucción, quiero
explotar las
tierras incultas, quiero

restaurar la
fortuna pública y a
ello me aplico sin tregua ni descanso.
¿Pero de qué servirán tales progresos si
la moralidad pública,
alma y vida de la sociedad, cae en una decadencia irremediable?
¿ Y cómo reformar la moralidad de este pueblo si el clero, con­
vertido en esclavo de los partidos, y
quizá de

las
sectas, olvida su
misión evangélica? ¿A
quién escucharán,

pues, esos ciudadanos y
esos campesinos, sino a sus curas?
¿Pero cómo reformar al clero, si .no se restituye a la Iglesia su
libertad de acción y
la independencia de que la dotó su divino fun.
dador?
He aquí por qué quiero romper las cadenas
de la Iglesia y renun­
ciar a todos esos viejos derechos del Estado que tanto interés tienen
en conservar los Gobiernos hostiles a
la Iglesia. He aquí por qué
envío mi representante a Roma, no para dictar leyes al vicario de
1109
Fundaci\363n Speiro

MONSENOR BAUDRILLART
Jesucristo, sino para exponerle nuestros males "como un enfermo al
médico". He

aquí
por qué pongo a sus pies el exeqllfitur y la apela­
ción a los tribunales seculates, por qué restablezco los tribunales
eclesiásticos, por qué dejo al jefe de la Iglesia
el cuidado de nombrar
a los obispos y a éstos
el derecho de proveer las fondones eclesiásticas.
Quiero que los curas sean lo que deben ser, y yo, hijo humilde y
sumiso del Papa, reclamo de él, como una condición .sine qua non
de la ratificación del Concordato, que use inmediatamente y sin de­
bilidad de todo su poder
para realizar la

reforma necesaria. La iglesia
vigilará la

escuela y los dos poderes unidos procurarán, conforme a la
voluntad de Dios, salvaguardar la pureza de la fe y la integridad de
las costumbres.
¡ Ah! He aquí el verdadero fin de un Gobierno cristiano que no
tiene
únicamente por
objeto -¿no estuvieron convencidos de ello
Cario Magno y
San Luis?-

la prosperidad temporal de los pueblos.
Además, la prosperidad temporal ¿no guarda relación estrecha con la
prosperidad moral

de una
nación?
Mientras se negocia el Concordato, García Moreno lucha con
una energía casi feroz contra la calamidad de la anarquía militar;
tal
general sedicioso será Instigado como un simple soldado; tal
otro, rebelde a mano armada, será fusilado. "Quiero, dirá García Mo­
reno, que la
casaca negra mande a la casaca encarnada". ¿Y no era
necesario
para que el orden renaciese en un país donde la autoridad
civil estaba al capricho de una
banda armada mandada por un am­
bicioso sin escrúpulo? Ciertas ejecndones
parecieron crueles
¿Repro­
charnos a Richelien el haber dejado decapitar a Montrnorency? Al mismo tiempo también la Hacienda se rehace, las escuelas
se fundan, la
grandiosa carretera de Quito a Guayaquil, hasta enton­
ces reputada imposible, se emprende. Verdaderamente, el Ecuador
empieza a

renacer.
¡ Qué importa! Los revolucionarios se agitan; el Presidente de
Colombia, Mosqueta, se presenta como libertador
para ••
substituir el
régimen teocrático con el régimen republicano"; el Perú interviene
a su
v._,; y sostiene a los conspiradores; es la guerra en el exterior y
la traición en el interior; las asechanzas multiplicadas, las tentativas
de
asesinato repetidas. Durante cuatro
años, García Moreno hará
1110
Fundaci\363n Speiro

ELOGIO DE GARCIA MORENO
frente a rodo y a todos y vencerá. Su primera presidencia termina:
ha
reaccionado rontta el mal.
Por segunda vez, en 1869, la voluntad del pueblo le llama al po­
der. "No volveré a subir, había
dicho, sino

en el caso de que me
obliguen a ello
los irreconciliables enemigos de la Iglesia y de la
patria". Este
era el caso; hablan transcurrido cuatro años y su obra
amenauba ya

ruina. Se trataba de hacerla
duradera, no

sólo de reac­
cionar, sino de organizar. Era necesario investir la autoridad de una
fuerza suficiente para resistir a la anarquía, y armonizar las institu·
dones con la doetrina católica. Una Convención nacional reforma la
Constitución; un
plesbiscito la confirma. Constitución razonable y
sabia que pone un
término a la omnipotencia del Parlamento, dismi­
nuye la intolerable frecuencia de
las elecciones y da a1 Presidente,
elegido en Jo sucesivo por seis años
y reelegible una vez, el medio de
seguir
una política y de hacer el bien. Constitución cristiana tam­
bién, promulgada en nombre de la Santísima Trinidad, y que, en
pleno siglo
XIX, "disipó la pretendida imposibilidad de apli¡:ar el de­
recho cristiano a las sociedades modernas y de establecer el reino SO·
cial de Jesucristo" (5).
Entonces García Moreno pudo consagrarse enteramente a su obra
civilizadora.
Como los más grandes soberanos cristianos, como nuestro San
Luis, tuvo el cuidado, demasiado ajeno a los gobiernos modernos, de
velar por la moralidad privada, base de
la moralidad pública; bias·
fernadores, concubinarios, borrachos, libertinos, fueron persegnidos y
castigados. Los funcionarios de todo orden
y de toda categoría fueron obliga­
dos a cumplir estrictamente con su deber. El Presidente los vigiló, y
a veces, no lo niego, obró con ellos como
los buenos califas de la
historia o
de la leyenda. En el hospital de Guayaquil había enfermos
acostados sobre
una simple estera.
-¿Por qué?, pregunta
él al
administrador.
-Por
falta de

recursos.
¡ Usred, que está bien de salud, tiene una
( 5) Monseñor Gay: Carta al reverendo Padre Berthe, autor de la célebre
Vida
de Garcia Moreno, 2 de septiembre de 1887,
1111
Fundaci\363n Speiro

MONSESrOR. BAUDRJUA.RX
buena cama, al paso que esos dolientes miembros de Jesucristo no
tienen para
descausar más que

el
duto. suelo!
-Dentro

de algunas
semanas, habré remediado

eso.
¿Dentro de
algunas

semanas? No.
Dormirá usted
como ellos
y a su lado sobre
esas esteras hasta que
todos tengan CllJDa5.
Asegutan que en veinticuatro horas el hospital qued6 provisto. ¿No es cierto que otros países
ganarían afirmando
así la respon­
sabilidad de los administradores respecto a sus administrados? Igual energía, igual honradez muestra en la reforma de todas las
administraciones, en la
ejeruci6n de las obras públicas que abrían
aquel espléndido país a la vida económica; las carreteras salvaban
los
abismos
y escalaban las montañas; se consttnían puertos y se. for­
maban
factorías.
Sobre todo la lucha
contra la

ignorancia
era sostenida

con una
incomparable
tenacidad. ¡ Nada de derechos cívicos para los ~alfa­
betos!
En

seis·
años, la transformación fue tal que puede decirse que
en su país García Moreno había pronunciado el
¡ Fi«t lux! El nú­
mero
de alumnos de las escuelas primarias se había elevado de
8.000 a 32.000.
En los principales centros se crean como por encanto colegios
secundarios, escuelas profesionales
V técnicas para var0Des y señoritas;
en Quito, una nueva Universidad, verdaderamente católica por la
doctrina
y maravillosamente provista de todo lo necesario para el
trabajo científico;

un observatorio astronómico, una escuela de Be­
llas Artes, un Conservatorio de música religiosa y profana.
los mismos

indios tenían sus escuelas
y su iglesia. El Evangelio
les abría el
camino de la vida civilizada.
"Dios

nos
bendice", decía
García Moreno contemplando la obra
realizada.
O,mo su

Presidente, bajo la influencia del cristianismo
in­
tegral, el Ecuador iba a convertirse en una de las flores más bellas del
genio español. A esa obra civilizadora
habían sido

asociados muchos extranje­
ros, sobre todo franceses; sabios, religiosos
y religiosas que · alegre­
mente
se hablan puesto a
trabajar. ¡ Honra a vosotros, hijos de Santo
Domingo
y de San Ignacio, hijos e hijas de San Vicente de Paúl,
hijos de San Juan Bautista de La Salle
y de San Alfonso de Liguori,
1112
Fundaci\363n Speiro

ELOGIO DE GARCIA MORENO
y vosotras, religiosas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María,
que

habéis hecho
bendecir, en tierra exttanjera, al mismo tiempo
que el de Jesús, el de nuestra amada Francia!
¡ Uníos a mí en el
homenaje que hoy rendimos al
héroe de

la civilización cristiana que,
tan justamente,

había puesto en
vosotroS una

confianza a que nunca
habéis faltado!
• • •
¡ El héroe de la civilit.aeión cristiana! Al principio de este discur­
so, inspirándome en las propias palabras del Congreso de Quito, dije
"el mártir".
¿Mártir?

¿Por qué
él y no otros? ¡ Qué de Presidentes, qué de
Soberanos, en la América del Sur y en
otras partes, han

muerto
ase­
sinados! ¿Para cuánros la muerte violenta no ha sido más que un
supremo accidente, consecuencias de sus propias violencias, o sim~
plemente del odio de los partidos? Pero los hay que han dado su
vida por su causa; y a· esos, cualesquiera que sean, les respetamos;
nos inclinamos ante la nobleza de su sacrificio. ¿Les reconoceremos,
sin embargo, un derecho al
título sagrado
de
mártir?
Recordad,

hermanos míos, la fuerte doctrina de San Agnstín: """"
ra non poena m,wt1rem facit; es la causa, y no el suplicio, la que hace
el mártir.
Ser mátir es morir por una
justa causa,

es morir por la verdad,
es morir por la
fe, sabiendo que se ha expuesto a morir y prefiriendo
la muerte al
sacrificio, no

solamente
de su fe, sino de la manifesta­
ción
exterior de

su
fe.
Su fe, hacía afios que García Moreno la exponía a la faz del
mundo.
No sólo era la
inspiradora de
sus actos públicos y
de su vida
privada, sino que tenía empeño en proclamarla muy alto en circuns­
tancias que

lo elevaban al estado de heroico. ¿No se le había visto,
desdelíando los

sarcasmos de otros jefes de Estado, llevar a hombro,
por
las calles de Quito, una pesada cruz, a imagen del Salvador, y
plantarla sobre un montículo?
En 1870,
cuando el universo callaba, ¿no había dirigido al con­
quistador de Roma su protesta indignada
y enviado subsidios a Pío IX
• un
Fundaci\363n Speiro

Mi)NSENOR B4UDRILLART
despojado? "¡ Ah! Si ese fuese un techo poderoso -había exclamado
<;! Santo Pontífice---el Papa tendría un apoyo en este mundo".
, En 1873, en fin, habla tealliado su gran acto, ruyo reruerdo elo­
giaba la Santa Sede estos dlas: de acuerdo con· el Congreso y el tercer
Concilio de Quito, había · sido el primero en consagrar solemnemente
su país al Sagrado
Corazón.
El

futor de los enemigos de la
Iglesia y
sobre todo el de los franc­
masones, en ambos mundos, no
tenía límites. Veían con rabia acer­
carse el día en que, justamente
recompensado por
el sufragio popu­
lar de la prosperidad que él habla asegurado a su país, García Moreno
iba
a

ser nuevamente· elevado
a la
Presidencia de la República
y po·
dría

consolidar su obra antes de
retirarse a

la vida
privada. En mayo
de

1875 fue reelegido.
En seguida se afilaron los puñales; Lima fue
el .centro

de la
conjuración.
García

Moreno no ignoró nada de
lo que se tramaba; durante
tres

meses,
miró a

la
muerte dé. frente

y la saboreó· de antemano,
sin
cambiar en nada su conducta, sin• dejar ceder una sola de sus
resoluciQlles. En el mes
de julio escribía ya al Papa una
carta admi­
rable, que respira la piedad de un · santo y como la sed del mártir.
"Hoy día en que las logias de los países vecinos, excitadas por
Alemania (

era
el· tiémpo del· Ku!rurkampf nacional e internacional)
(6), vomitan contra
mí toda clase de injurias atroces y horribles ca'
lumnias, procurándose en secreto los medios de a,resituwme, tengo más
que nunca necesidad de la protección divina a fin de vivir y morir
en defeusa de nuestra santa religión y ·de ·esta
amada República
que
Dios
tne llama a seguir gobernando. ¿Qué mayor honor puede ca­
berme, Santísimo Padre,
que verme detestado y calumniado por amor
a tHtestro divino Redentor? ¡ Y qué· mayor honor también si vuestra
bendición me
obtúviese del Cielo la gracia de ve,ter mi sangre por
Aquel que siendo Dios, quiso verter k suya por nosotros en la cruz!
Dios ·no le negó esa gracia. Desde que, . para la salvación de los
hombres, dejó

que
su Hijo ·subiese al
Calvario,
el Calvario corona las
(6) Véase en la obra· de Goyau_: Bismarc~ y la Iglesia, t.: II, caps. VIII
y· IX, la organización del Kulturkampf intema'.cional y encamizamiellto de
Bismaick contra 10s gobiefflos· que 'tenía· i,or amigos Pío lX. ·
1114
Fundaci\363n Speiro

BLOGIO DB GARCIA MOIUlNO
vidas más útiles y generosas. Los hombres no lo oomprenden; Dios
sabe lo que hace.
El
4 de agosto, despidiéndose de: un
amigo, le dice: "Voy a ser
asesinado; me alegro de
mom P°" la /•; nos 11eremos en el cielo".
Y, oomo si leyera en el oorazón de aquel amigo la pregunta que hay
en
el fondo
de los

nuestros:
"Dios mío, Dios mío! ¿Por qué dejáis
partir así a los que os sirven, y a la hora en que parecen deber ase­
gurar el

triunfo de vuestra causa?",
añadió: "Los enemigos de Dios
y de la Ig/esú, pueden ,matarme; Dios no m11ere' Ya sabéis que esta
era su máxima favorita; ella expresaba tan perfectamente su hw¡ill,
dad y su fe, que ha sobrevivido en la ~emoria de los hombres oomo
la frase
c¡ue le

resume
enteramente.·
El

5 de agosto, un
cura le

previno que, probablemente, el
crimen
sería

intentado al siguiente
día. El' Presidente, imperturbable, no cam,
bió nada de

sus
oostumbres y

trabajó
gran parte del día en el Mensaje
que debía
leer al

Congreso y
en que exponía la obra realia:ada • desde
que la religión presidía los
destinos del país".
El día siguiente, 6 de agosto,
era la festividad de la Transfigura­
ción
y el primer viernes del mes. García Moreno comulgó piadosa­
mente.
Ya los oonjurados le acecliaban; no pudieron alcanzarlo a la·sa­
lida de
la iglesia.
Régresó a su casa· y

dio
la· última. mano a su Mensaje. A la una,
provisto

de ese
papel; qué debía

comunicar a los
ministros; salió, Los
asesinos

estaban apostados en
tornó del · Palacio · Presidencial.

El sol
resplaodecía en el cielo. García Moreno entró en la catedral
yoró. Temiendó

que se les
escapara otra

vez, los
oonjurados le hicieron decir por un cómplice
que se

le
esperaba para un asunto urgente. El salió entonces.·
Apenas llegaba
a· la plataformá de Palacio ciiando el cótijutado
Rayo

le dio una
cuchillada en la espalda y otra en la cabeza, 'mientras
los demás descargaban sobre
él sus

revólveres. Rayo se
encarnfaó en
su
víctima, le

sajó el
brazo faquierdo, le oorró casi oompletamente la
mano

derecha
y le infirió numerosas heridas en la cabeza.
"Dios no muere", murmuró por última vez el héroe cristiano.
Transportaron su cuerpo a la catedral, y allí, sobre el suelo sagrado,
111'
Fundaci\363n Speiro

MONS/JROI( BAUDRJLLAR:r
después de haber atestiguado con una mirada que perdonaba a sus
verdugos,
entregó su alma a Dios. Su escapulario, la imagen de Pío IX
y su
último Mensaje estaban tintos en su sangre.
Tal
fue la muerte de García Moreno ¿Se le puede dar el título de
mártir?
Sin prejuzgar más de lo que yo lo hago el juicio definitivo de la
Iglesia,
la mayor parce de
los oradores sagrados que han pronunciado
el elogio fúnebre de
García Moreno

no
han vacilado en servirse de
ese
vocablo. Circunspecto, porque la palabra de un Papa, aunque no
se pronuncie
ex cathedt-d, es cosa grave, Pío IX dijo que había caído
··víctima de

su
fe y de su amor a la patria". León XIII fue más lejos.
Cuando, en 20 de
enero de

1888, Antonio Flores, enviado
extraor·
dinario y ministro plenipotenciario del Ecuador, le present6 como una
reliquia preciosa, en un
cofrecito de crista!, el Mensaje tinto en san­
gre

del antiguo Presidente, el Papa, en su
contestación, no
vacil6 en
aplicar a
García Moreno

las palabras de que
la Iglesia se sirve para
celebrar la memoria de dos mártíres canonizados: Santo Tomás de
Cantorbery y San Esranislao
de Polonia,
citando
la oraci6n misma de
su oficio litúrgico:
"Pro Eccle,ia gladiis impiorum occubuit; por la
Iglesia cay6 bajo
la cuchilla de los impíos".
Santo
Tomás de
Cantorbery, San Estanislao de Polonia, Gabriel
García Moreno, ¡ qué afinidad!
Basta, hermanos míos, no disputemos a nuestro protagonista el
título glorioso

que, en su dolor y su admiraci6n, le confirieron sus
conciudadanos a
la hora misma de su muerte. Flor del genio español
en el Nuevo Mundo,
García Moreno
fue
mártir de la civilizaci6n
cristiana.
¡ Honor a los pueblos que producen tales hombres! ¡ Honor
a
la Iglesia que suscita tales servidores! ¡ Que Dios nos permita seguir
humildemente sus huellas, a fin de que, menos grandes que ellos,
pero fieles como ellos mientras vivamos, les encontremos un día en
el seno de la bienaventurada eternidadl
1116
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