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Número 435-436

Serie XLIII

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Enrique Moradiellos: Los mitos de la guerra civil

INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
sis interpretativas que algunos autores han defendido como tesis
sin el suficiente soporte critico.
En conclu.sión, en este· libro de síntesis, Pío ·Moa realiza un
importante esfuerzo para acercar al público los resultados de su
citada
trilogía, ofreciendo no obstante perfiles nuevo.s. Lo consi­
gue
gwcias a una clara estructuración de los contenidos (perso­
najes y hechos), al dedicar monográficamente un capitulo dife­
rente a cada hecho escogido,. a la sencillez cómunicativa,. a ali­
gerar notas y aparato critico a pie de página por simplificarlas y
situar al final de la obra, a la claridad de los apéndices (12 mapas
sencillos, uná breve semblanza de lo_s líderes por regiones, y una
cronología general de 1923 a 1939), y a un útil indice onomás­
tico.
La claridad comunicativa, y el evitar excesivos datos -su
abuso nunca es clarificador-distingue a este libro de otros que
sobre lo mis1no ap_árecen en el mercado editorial.
La amena exposición de los contenidos, y la facilidad narra­
tiva, mantienen el_ interés en la lectura de este _.libro de síntesis,
que recoge las novedades historiográficas y realiza el noble ejer­
cicio de la crítica histórica.
Jos8 FERMfN GARRAIDA AruzGUN
Enrique Moradiellos: LOS MITOS DE LA
GUERRA CIVIL''l
En la banda de esta obra pone como. reclamo publicitario:
contra las mentiras de Pío Moa.
Uno, optimista impenitente; espera encontrar una polémica
de cierta altura, pero prOnto se ve defraudado y no encuentra
más que la confirmación de lo que ya es habitual. Un pretendi­
do historiador, que encima
es profesor de Historia Contemporá­
nea
en la Facultad de Historia de la Complutense, que desgra­
ciadamente confirma hasta
que punto ha caído buena parte de la
enseñanza universitaria en España.
e) Ediciones-Península, 1." ed., Barcelona, 2004.
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INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
Supongo que para dar la impresión de que los ha leído, en
la introducción menciona una serie de obras de historia tales
como
El laberinto español de GERAID BRENAN (Ed. Ruedo Ibérico,
Patis,
1962), Historia de España de PmRRE VII.AR (Pañs, 1963), La
Guerra Civil de HuoH TuoMAs (1967), que por aquellas fechas cir­
culaban con cierto éxito en España gracias a su aureola de con­
dena y que a mí entonces me parecieron estimables a pesar de
su evidente sesgo marxis·ta o izquierdista.
Después en una especie de "bla ... bla ... bla", transcribe una
serie de párrafos de varios autores que no son más que verbo­
rrea, para disimular la carencia de aportación
.de datos. Entre
ellos mcluye párrafos, escritos con
un evidente tono panfletario,
de Trosky,
del ingenuo poeta León Felipe, de José Díaz, el des­
graciado secretario del
PCE, suicidado en Moscú. en extrañas cir­
cunstancias cuando no tuvo la habilidad de Carrillo o Dolores
Ibárruri para plegarse a Stalin y junto a esto
una carta del carde­
nal Gomá
al Vaticano para dar la impresión de ecuanimidad.
Ahora bien, datos, esCascis, y ·cuando se aportan resultan fre..:.
cuentemente contradictorios.
Hay algunas constantes
en los al.l.toies de izquierdas sobre la
República, una es presentarla como una seráfica Republica demo­
a·ática
en la que el Partido Comunista era un elemento residual
y
otra que los asesinatos y destrucción de nuestro patrimonio
artístico y cultural que se producen bajo los diferentes gobiemos
republicanos
son poco menos que al azar y por elementos incon­
trolados. Sin embargo estas afrrmaciones Son desmentidas por tan
incompetentes autores
en cuanto aportan el más mínimo dato, así
en la página 184 al recoger las declaraciones de Negñn, ante la
Comisión Ejecutiva del PSÓE en Septiembre de 1936, justifica la
entrega a la URSS y al Partido Comunista en que son el mayor
apoyo
al Gobierno del Frente Popular y el PC la única organiza­
ción eficaz, desmintiendo lo que es sabido sobradamente,
pero
que cierta izquierda se empecina en negar: La dependencia de la
URRS y de su correa de transmisión el PCE, es total, al menos
desde el inicio de la guerra.
En cuanto a otro de los tópicos 1nachacones, el de que los
asesinatos eran
cometidos aleatoriamente por elementos incon-
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trolados en la · zona gobernada por el Frente Popular, el propio
autor
se contradice (pág. 83), contabilizando que de los 7.624
jefes y oficiales de la zona, unos
l. 500. fueron asesinados, . l. 500
encarcelados, unos 1.000 se refugiaron
en embajadas o huyeron
y los 3.600 restantes sirvieron
al Gobierno del Frente Popular. Si
aceptamos las cifras, vemos que en las fosas · comunes de
Paracuellos del Jarama se sigue el sistema empleado pocos años
después
por la URRS con la oficialidad polaca en las fosas comu­
nes de
Katyn, y si eso añadimos el asesinato de 7.000 sacerdotes
y religiosos de ambos sexos,
de la mayoña de los afiliados y sim­
ples simpatizantes de organizaciones religiosas y politicas
no
integradas en el Frente Popular, se ve que estos autores, además
de su ignorancia histórica, descono.cen totalmente el significado
del ténnino aleatorio.
Pasando a los tópicos
que se aplican a la Zona Nacional, hay
algunos repetidos también insistentemente. Uno de los más ex­
tendidos es que fue
una sublevación de generales y capitalistas
contra la legalidad republicana. No deja de ser curioso que
en el
prólogo pretenda dar
por supuesto que el Alzamiento se trató de
una sublevación de capitalistas y generales poco menos que cona
tra
tod" España, y 'cita como apoyo y prácticamente como argu­
mento de autoridad
un texto nada menos que de Trosky Oo qµe
demuestra las tonteñas que es · capaz de decir µna persona inte.li­
gente pero sectaria e ignorante de la realidad), y sin embargo en
al página 103 da la cifra de 37.000 falangistas encuadrados en las
milicias y 22.000 requetés,
que se alistan como voluntarios en el
Ejército
en octubre de 1936. Si en. la zona nacional, que era poco
más de un tercio de España, y justamente la más pobre, había
más de 60.000 familias capitalistas que mandaban a sus. hijos
voluntarios al frente, ¿cuántos capitalistas había
eh. la zona repu­
blicana o roja,
que era donde estaban casi todos puesto que
inciuía Bilbao, Barcelona, Madrid y Valencia? En cuanto a los
generales
(1), basta contarlos para saber que precisamente en ese
(1) La mayoría de los considerados como generales nacionales, eran· coro­
neles
coino Vare1a, .AraÓda o Moscardó, o tenientes cororÍeles- como Yagüe y
Asensio o incluso comandantes como Muñoz Gr.andes, Alonso Vega o Castejón.
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estamento fueron más ·numerosos los que permanecieron junto al
gobierno del Frente Popular que los sublevados. En fin, para qué
seguir "el juego de los despropósitos".
Otro
de los latiguillos es .la lentitud de la guerra y encima que
esto fue un plan deliberado de Franco. A estos autores en lugar
de ver solo la televisión no les vendria mal un poco de cultura
general o
al menos si se hubieran molestado en leer algún
manual de histo1ia se hubieran dado cuenta de que
por ejemplo
la Guerra Civil americana con una población semejante y con
unos medios semejantes
-puesto .que la Guerra Civil española
estaba más próxima
al siglo XIX que al xx-, a pesar de que el
Norte poseía más del doble de recursos económicos
y humanos
que el Sur, duró prácticamente el doble de tiempo, y lo mismo
cabría decir de la 1ª guerra carlista, y si la comparan1os_ con la
conquista de Italia por los Aliados durante la Il GM, con una
marina aliada poderosísima contra-otra ine,tistente; con una avia­
ción que. ejercía un dominio total y coti unos medios acorazados
de una superioridad literalmente aplastante, vemos que tardaron
casi el mismo tiempo desde el desembarco
en Sicilia hasta el fin
de la II Guerra Mundial, para conquistar un territorio semejante
al controlado por el Frente Popular.
Este autor es paradigma de adónde ha llegado no solo la
enseñanza en España, sino incluso la industria editorial y proba­
blemente contra lo que pretende suscitará la curiosidad por cono­
cer la obra de ou·o hombre de izquierdas, pero
con los ojos y la
mente abiertos como Pío. Moa, y el lector inevitablemente hará
comparaciones.
Aparte del sectarismo, el entusiasmo por la retórica y el
horror
por los datos y documentos a que nos tienen acostum­
brados buena-parte de los a11tores de izquierdas pretendidamen­
te historiadores., parece como si quisiera seguir stis freruentes
¿métodos?, de hacer primero un esquema mental según los dog­
mas
malXistas y después si la realidad no se adapta a su esque­
ma, "tanto peor para la realidad", puesto que se modifica el rela­
to de los hechos a conveniencia.
De~graciadamente él sectarismo no es más que una peque­
ña parte del problema generacjo por personas cegadas por la
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ideología, que están plenamente convencidos de que mintiendo
u ocultando los hechos realizan
un servicio a una supuesta causa
de la revolución.
La plaga de ver der prebendas, cátedra, trabajo, favores, ... ,
que engendra un
afán desmedido por hacerse agradable, llegando en el servilismo
y la mentira incluso mucho más lejos de Jo que pedirla el amo.
Muchas de estas reseñas
podtian sustituirse por el revelador
artículo de Estanislao Cantero, "Ideología e historia"
[Verbo, núm.
413-414 (2003), 275-286], en el que se pone de manifiesto el
alcance al que ha llegado
la distorsión y la falsificación de la
Historia, especialmente descarada
en el tratamiento actual de la
II República y de la Guerra Civil española.
Ante esta situación de saturación me he propqesto.no perder
1nás tiempo en leer estupideces y 1nucl10 1nenos en comentarla$,
lo que es seguro ine agradecerán los lectores.
ANTONIO DE MENDOZA CASAS
Pío Moa: LOS CRÍMENES
DE LA GUERRA CIVIL Y OTRAS POLÉMICAS(')
Este libro recoge nueve trabajos divulgativos de histor.ia. Si
bien cuatro de ellos proceden de diversos libros o revistas, los
restantes son inéditos, recogiendo diversas conferencias, presen­
taciones, así
como una entrevista en TV2.
El autor sale al paso de algunas de las criticas que, a veces
de una forma gratuita
y descalificadora, l¡a recibido su libro Los
mitos de la Guerra civil (2004). Por ejemplo, al cliente de cual­
quier
libretia le puede llamar la ateneión aquella provocadora eti­
queta de ventas qU:e dice ''Contra las mentiras .de Pío Moa", y que
cubre la portada del libro de Enrique Moradiellos titulado 1936.
Los milos de la guerra civil (2004).
(*) Madrid, La Esfera de los Libros, 2." ed., 2004, 286 págs., 163 x 24:5 mm.,
22
euros
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