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1971

Cristiandad y sociedad pluralista laica

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Para que El Reine. Plática en la X Reunión de Amigos de la Ciudad Católica

PARA QUE EL REINE
Plática en la misa del domingo 31°X-7l del Roo. P. MoNSEGÚ C. P.
Unas palabras de saludo y exhortación, mientras nos dispo­
nemos, J_XJr meclio de esta celebración litúrgica, a entrar en los
trabajos de esta X Reunión de amigos de la Ciudad Católica.
Que en ella quede patente nuestro deseo y nuestro empeño
por conseguir que
la causa de nuestro rey y señor Cristo Jesús
tenga en nosotros
y por nosotros, en 1os demás, esa realización
individual y social, privada y pública, a la que Cristo
por su rea­
leza tiene derecho, y a la que nosotros venimos obligados a con­
tribuir por nuestra condición de servidores o vasallos de tal
Señor,
Cristo -decía Pío XI en su Encíclica Quas primas-no
sólo tiene derecho al reinado sobre nuestra mente, nuestra volun­
tad,
nuestro corazón y nuestra vida, erigiéndose en Camino, Ver­
dad y Vida nuestra; sino que lo tiene también a reinar sobre
todo
el cuerpo social, impregnando de su doctrina e iluminando
con la luz de su mensaje todas sus instituciones, así privadas
como públicas. Y los que nos profesamos suyos, hemos de pro­
curar serlo de verdad, ajustando nuestra conciencia a su ley y
trabajando por que todas las cosas sean instauradas en El, según
el lema paulino. Que todos le conozcan y le amen y que el mundo
como totalidad humana se configure y estructure a la luz de su
doctrina hasta conseguir
el ideal de una genuina, auténtica y
deseable cristiandad.
Para conseguir esto necesitamos dos cosas: llenarnos nosotros
de Cristo,
de su fe y de su gracia, cosa que conseguiremos por
el estudio y la oración constantes, conectando directamente con
E1, fuente de todo bien; y tratar de llenar luego al mundo y sus
instituciones, convirtiéndonos en apóstoles y hombres de acción
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PARA QUE EL REINE
a la medida de nuestra capacidad y según las necesidades de los
tiempos.
Es un deber la acción por Cristo, ya que El vino a traer fuego
a
la tierra y ¿ qué va a querer sino que arda? (Luc. 12, 49). Pero
esa debe tomar su fuerza
en la oración, donde se templan las ar­
mas para una acción auténticamente cristiana, que no degenere
en naturalismo o simple búsqueda de nosotros mismos ; en una
como evasión, que disipa y no santifica. O, cuando mucho, quede
reducida a una acción desacralizada y desacralizante que, lejos
de interesarse y dar la primacía a lo espiritual y eterno, sólo se
preocupa por lo efímero y transitorio, buscando la promoción hu­
mana con mengua de la promoción cristiana.
No olvidemos la hermosa doctrina del Angel de las Escuelas,
cuando dice que, estando
el bien de las criaturas más en Dios
creador que en las. criaturas mismas, cuanto más seamos de Dios
y más le tengamos de nuestra parte, más y mejor trabajaremos
por el bien de las mismas. Sólo se puede ser amigo del mundo
y de los hombres como conviene, cuando se es de un modo con­
veniente amigo de Dios. La buena acción necesita de mejor ora­
ción.
Como esto es lo que ~oy olvidamos con mucha frecuencia, por
eso conviene que lo recordemos. Pues ni el que planta ni el que
riega es algo, sino el que da el incremento, Dios (I Cor. 3, 7).
Y
el mismo Apóstol nos recuerda en ese lugar que no somos más
que simples cooperadores de Dios, y nuestra acción debe fr su­
bordinada a
la suya, pues somos arada y edificación suya. Por lo
cual nos exhorta a mirar bien
qué y cómo edificamos y nos edi­
ficamos. Porque, aunque todos se digan creyentes, no todos tra­
bajan igualmente por Cristo.
Por la sencilla razón -añade--de
que no todos se dejan edificar previamente por él como conviene,
perdiéndose en
sus propios diseños y esfuerzos personales, con
olvido de Dios. Así se verifica el dicho de la Escritnra: Si Dios
no edifica la casa, en vano trabajan los que ia contruyen; si él
no guarda la ciudad, en vano vigilan sus centinelas (Ps. 126, 1).
Por eso ---<:oncluye el Apóstol-examinémonos y probémonos
bien para ver cómo trabajamos y edificamos sobre ese fundamento
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RDO. P. MONSEGU C. P.
único, que es Cristo. "Si sobre este fundamento uno edifica oro,
plata, piedras preciosas o maderas, heno y paja, todo eso quedará
de manifiesto
en. su día, y en su día se probará cual fue la obra
de cada cual"
(I Cor. 3, 12-13).
Como Cristo así el cristiano. Antes de empezar su carrera
apastólica se retiró al Monte de la Cuarentena. Y mientras ella,
pasaba largas horas en oración. Imitémosle pues nosotros.
Sepa­
mos alternar la acción con la oración. Y haremos de la buena
cristiandad ( entendida ésta como una etnarquía en la que impera
Cristo, llenando
sus. cuadros familiares, sociales y políticos, los
cuadros todos
de la ciudad terrena en la medida que sepamos
mantenernos muy unidos con Dios y ser muy de Dios. Así gana­
remos el mundo para
Dfos sin dejarnos ganar nosotros por el
mundo. Cosa que hoy, desgraciadamente, tantas veces sucede.
Vamos, pues, a trabajar, pero vamos también a pedir mucho
para que los
ideale.s de la Ciudad Católica se realicen en nosotros
y fuera de nosotros como Dios quiere que se realicen, está en
nuestras aspiraciones y exigen las circunstancias de la Iglesia y
del mundo de hoy. Busquemos lo primero el reino de Dios, y
todo lo demás
se nos dará por añadidura (cf. Mt. 6, 33). Que
a ello nos ayude esta celebración litúrgica.
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