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1971

Cristiandad y sociedad pluralista laica

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1971
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Autonomía, derechos y deberes de la familia en la enseñanza

AUTONOMIA, DERECHOS Y DEBERES DE LA FAMILIA
EN LA ENSE~ANZA
POR
J. GIL MORENO DE MORA.
Observación previa: es curioso notar que esa autonomía de la
familia en materia de la enseñanza es tan indiscutible que nadie la
discute, simplemente se silencia y se ataca por medio de hechos con­
sumados posibilitados por la previa condición de vida que ambienta
la abdicación
dé los padres en sus deberes a favor del Estado.
El Estado moderno, de raíz hegeliana,
al producir con la dialéc­
tica entre la Idea que encarna
y la realidad sobre la que actóa la ace­
leración de la Historia, cada vez más vertiginosa, conduce a que
finalmente abdique quien no quiere abdicar. Después de producido
un clima agobiante de horarios,
exceso de trabajo, dificultad.es fi­
nancieras, etc., queda preparado el ánimo de los padres a acoger
con agrado el· papel de una enseñanza estatal presentada como sub­
sidiaria después de haber retirado a las familias gran parte de su
posibilidad propia de acción
y financiación. Por otra parte, se des·
arrolla en los medios de comunicación una gran campaña de publi­
cidad ( encuestas seleccionadas, propaganda de las rea'lizaciones socia­
listas extranjeras, nivel de vida, subdesarrollo), dotando a las ins­
titu.ciones estatales de prerrogativas y medios que no tienen las pri­
vadas. Todo lo cual se adorna con gran tabaleo de igualdad de opor­
tunidades, de justicia social
y de todos los slogans conocidos.
Por otra parte, se favorecen todas las antítesis posibles entre la
enseñanza estatal y la privada que es categorizada como clasista y
discriminatoria.También se favorece
el clima mediante las sabidas cam­
pañas sobre conflicto de generaciones, emancipación de la mujer,
libre albedrío de los jóvenes, trabajo de la mujer fuera del hogar,
etcétera.
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Y, finalmente, se montan sistemas de enseñanza que de hecho
invadan al máximo el tiempo del alumno de ,modo que éste no pueda
estar en compañía de
sus padres, favoreciéndose, desde la guardería
hasta las vacaciones en campamentos1 el alejamiento del niño fuera
de la órbita familiar.
El
contexto de todo esto es conociclo: se forman hombres y mu­
jeres sin alienaciones, es decir, sin vinculadones familiares algunas,
pero que son manejables por quienes detentan las riendas del poder
según pura doctrina de Estado hegeliano.
Coincide con esto, en nuestro país, la crisis del clero católico
que asumía gran parte de la
ens~ñanza privada, y que, en parte, ahora
se desliga de las faµiilias para coincidir con los criterios más totali­
tarios del Estado en materia de enseñanza.
El resultado palpable
es un consenso generalizado de abdicación
de los padres, los
qiales llega,n a creer realmente que no pueden diri­
gir la educación
y enseñanza de sus hijos, y que son cuidadosamente
halagados a cada abdicación
que cometen. Es un resultado de diso­
ciación, pues el hijo que
se forma sin influencia familiar ~e halla
pronto en oposición no sólo con su _ familia, sino
con toda tradición,
porque en esta abdicación los padres dejan de transmitir
d depósito
que a ellos les fue transmitido.
El socialismo ataca por ello .al ver­
dadero patriotismo, pues despoja, como bien decía Donoso Cortés
én su discurso sobre Europa, al legítimo propietario ( despoja a los
hijos del patrimonio familiar,
no tanto material como espiritual), y
un propietario despojado no puede ser patriota. La idea de Patria
sólo
se puede vincular a la de patrimonio.
El fruto de esta abdicación será
el de una generación empobre­
cida; sin patrimonio de
valores sobre el bien y el mal, sin escala de
valores, con un gran
cúmulo de informac;:ión informe, pero sin la
menor ciencia del saber vivir y convivir, que
es únicamente transmi­
sible
por la familia. Una generación que forzosamente tenderá al
nihilismo por lógica de propietario despojado.
No es fácil luchar para defender el papel de la familia en la
enseñanza, pero tampoco
Je es fácil al Estado hegeliano atacarlo,
porque hay demasiada carga de
ley natural para que no haya resis­
tencia
y hay una resistencia subsconciente y actuante de las familias
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LA FAMILIA EN LA ENSE1'ANZA
que debemos aprovech.:!,t. _S~n e_mbargo, urge pensar en cómo se puede
dar conciencia de la realidad de cuanto sucede a las familias y, sobre
todo, urge hallar un medio de dar a las verdaderas familias verda­
dera representatividad que puedan ejercer en las Cortes
y sobre el
Gobierno la presión .. necesaria, para que sean respetados sus derechos
y facilitados sus deberes. Parece que en materia de enseñanza el
montaje de verdaderas sociedades
de padres de familias es un paso
forzado no sólo para organizar
más adelante una auténtica repre­
sentatividad frente
al estado, sino porque asociaciones actuantes de
este tipo son las únicas que pueden influir sobre los instih1.tos reli­
giosos enseñantes, demasiado tentados
por la trampa tendida, y son
las únicas que podrían llevar acciones incluso judiciales para la de­
fensa de sus derechos. Las asociaciones de padres
de familia son
las únicas que pueden poner veto y coto a la cantidad de hechos
consumados que
se realizan sin siquiera consultar a los padres, como
en cierto colegio diocesano de mi comarca donde ha sido implanta­
da por sorpresa la
coedu:::ac'.ón de niños y niñas, sin que los padres
de los alumnos supieran nada ni fueran consultados para nada.
Parte de
la enseñanza que toca a las familias no puede ser dele­
gada a nadie. Hay que dar conciencia a los padres de que si pueden
delegar la instrucción científica, histórica, etc., a maestros
y profe­
sores, queda, sin embargo, un sector de
la enseñanza donde por di­
fícil que sea no puede ser realizado más que
por la familia. Se trata
de todo aquello que no pueden dar ni colegios
ni universidades, la
ciencia de vivir y convivir que se aprende desde la lactancia y a la
que se han de añadir todas aquellas bases de pensamiento precisas
para que el hombre-niño adquiera escala de valores, concepto de
bien
y de mal, conocimiento de las verdades básicas; hablamos, pues,
de lo que
es la Religión, con la Fe, la Moral, etc. Esto no puede ser
renunciado en ningun caso
y aun ayudándose con confesores, cate­
quistas
y directores espirituales, los padres siguen teniendo pri­
macía en este aspecto fundamental
y que constituye, además de la
información básica, la educación por pr,áctica cotidiana del niño en
la vida.
Ahora todo
giira en tomo a la cuestión religiosa; por ello se
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j. GIL MORENO DE MORA
produce nna fuerte presión sobre los ánimos educadores de los
padres, so pretexto de coacción sobre el niño, de libertad religio­
sa, de. falta de formación paterna, de nuevas formas de la !eligi6n,
etcétera, paar que las familias cedan en este punto fundamental. Una
vez se ha cedido en este punto básico lo demás cae como un castillo de
naipes.
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