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1971

Cristiandad y sociedad pluralista laica

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1971
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Capitalismo - Socialismo – Tecnocracia

CAPITALISMO. SOCIALISMO. TECNOCRACIA
POR
JUAN V ALLET DE GoYTISOLO.
La primera dificultad que presenta este tema es semántica. Se
trata de precisar el sentido de las palabras que forman su enunciado.
Hoy nuestra confusión no
es producida, como en Babel, por el uso
de palabras· distintas para expresar
la misma cosa, sino, al contrario,
dimana del empleo de
las mismas palabras para significar cosas dis­
tintas. Capitalismo
y socialismo, han venido a ser, así, palabras pro­
teicas.
I. CAPITALISMO
Pata unos, es simplemente el reg1men de propiedad privada de
los medios de producción, que sus titulares ponen en acción,
em­
pleando trabajadores asalariados mediante el contrato de arrenda­
miento de servicios.
Menos latamente se emplea el concepto al aplicarlo restrictiva­
mente dentro de la sociedad industrial, que los m~xistas distinguen
de
la precapitalista a la cual, dando un sentido despectivo a la pala­
bra, denominan feudal.
Entre
loo seguidores de la llamada doctrina social de la Iglesia
predominan quienes, partiendo del primer concepto,
cen_trado en
la distinción entre detentadores del capital y prestadores del trabajo
unidos por una relación laboral
asalariada, han señalado que el único
aspecto malo del capitalismo
es extrínseco al mismo, pues deriva_ del
liberalismo económico, que considera
-el provecho_, como fin supremo,
-el trabajo, como mercancía,
-la ley de la oferta y la demanda, como norma exclusiva.
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JUAN V AUET DE GOYTISOW
Sin embargo, creemos que cabe profundizar, más allá de ios ca­
racterísticas del liberalismo económico, algunas particularidades del
capitalismo propiamente hablado, intrínsecamente analizado.
Consisten en ciertas creaciones humanas que, en sí mismas, son
puramente técnicas, meramente instrumentales
y, como tales, moral­
mente neutras :
-el papel moneda, y su circulación fiduciaria, aceptado como
un valor en sí y como medida del valor de todas las cosas,
- la sociedad anónima, como forma que se interpone entre
las
personas nahlrales y las cosas, convirtiendo aquéllas de propietarios
en accionistas.
Pero, estos dns instrumentos superdesarrollados, han invadido toda
la vida económica y su hipertrofia ha dado lugar a los efectos si­
guientes:
-el pensar en dinero, que presupone la cualificación cuantitativa
de todo; todo se compra y se vende, todo tiene un precio ; el beneficio
pecuniario
es apreciado por encima de las demás cualidades de las
cosas,
y así lleva a tomar el provecho como objetivo, norma y me­
dida de todo,
-la pérdida de inmediatividad de la relación hombre-cosa, que da
lugar a que
el copropietario, que pasa a ser accionista, pueda aban­
donar la cosa salvando el capital ; de modo tal que la empresa es
abandonada, en seguida de realizado el negocio, antes de dejar que
caiga en bancarrota, pues
la propiedad es sustituida por el capital
fácilmente movilizable,
-tiende a disociar capital y gestión! que se encarga, muy a me­
nudo, a mandatarios ajenos a aquél,
-contribuye a separar pro piedad y responsabilidad, o por lo
menos a limitar ésta y, con ello, a desolidarizar persona y cosa; a
liberar de lo que, con palabras de Saint Exupéry, podemos llamar
el. engagement .
. -hace, fácilmente, al capital invasor, imperialista, pues, como
nada meramente cuantitativo tiene límites definidos, esa indetermi­
nación se conjuga fácilmente con
el afán de provecho que el hombre
siente, que así tampoco siente límite: como
ha dicho Chesterton, el
propietario puede amar
su fuodo con lindes que forman su perfil,
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CAPIT AUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
mientras que el capital, por ser informe, no tiene límites &finidos
que le contengan.
Por ello, llegó a escribir Edouard Drumont, eu
La France fuive,
que «El capitalismo se parece a la propiedad como la obra de un fal­
sario hábil se parece a una pieza auténtica. Uno de los pergaminos
es la verdad, el otro la mentira: ambos son, no solamente diferentes,
sino fundamentalmente opuestos : son lo contrario y la negación el
uno del otro ... El capitalismo se parece a la propiedad como el so­
fisma se parece al razonamiento, como Caín tal vez se parecía a
Abe!».
El capitalismo, estructurado en torno a la figura jurídica de la
sociedad anónima, como instrumento de su desarrollo, producido
fundamentalmente en regímenes de democracia política, estructura­
da en sistema de partidos y bajo el principio atomizador de «un hom­
bre, un voto», ha dado lugar al fenómeno de la economía
al revés,
recientemente estudiado por Marce! de Corte. Es decir, a una eco­
nomía orientada primariamente, más que a la mejor satisfacción de
las necesidades humanas, a la mayor producción. A su incremento
indefinido, que ha dado lugar a la llamada sociedad de consumo que,
debidamente trabajada por la
,nanipulaci6n propagandista, tiene como
función propia la de consumir todos los excedentes de la producción
en serie-, como si fuese un inmenso saco elástico. En ella innumerables
individuos forman «el tipo de ser humano exigido por los objetivos
del sistema industrial>>, es decir, con palabras de Galbraith: «un
hombre que gasta regularmente su renta y trabaja regularmente por­
que siempre necesita más>>, que «sirve al sistema industrial no porque
le suministre su ahorro y el capital resultante: le sirve, consumiendo
sus productos».
Tanto Friedrich Engels, en Antidüring, en la parte publicada
también como separata con el título de «Socialismo utópico y socia­
lismo científico», como
Karl Marx, en El capita/1 trataron de expo­
ner las que denominaron las
contradicciones del capitalismo de su
tiempo, que puede convenirse
en llamar paleotécnico.
Engels partió como teorema inicial
de que «las fuerzas de pro­
ducción nuevas (la gran industria) habían desbordado la forma bur­
guesa de su empleo», produciendo un conflicto, de una parte, entre
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
«las fuerzas productivas convertidas en sociales» -por lo que la
producción social eliminaba la producción individual,
es decir, la
gran industria
al pequeño productor-, y de otra «las formas de
apropiación
que permanecían individuales». Esta contradicción había
producido:
l.Q el antagonismo del proletariado y la burguesía; 2.Q
la anarquía de la producción social, y 3.º el antagonismo entre la
organización de la producción en
la fábrica y la anarquía de la
producción en el conjunto de la sociedad.
Marc Paillet, en su teciente libro Marx contre Marx, del que
luego hablaremos, explica y comenta
el segundo fenómeno con la
indicación de que
la producción capitalista, «exterminando la eco­
nomía de subsistencia, ha extendido de forma revolucionaria la
producción mercancía, ha colocado bajo su dependencia todas las
capas sociales y, con ello, ha originado la anarquía ... [ de ese tipo de
producción] a un raro grado
de fuerza explosiva». Y, acerca del ter­
cero, en la parte más vigente, indica que la expansión de los mer­
cados no puede ir a la par con la expansión de la producción a
la
que cada empresa es impulsada, por lo cual se han producido las
crisis de superproducción, con las dilapidaciones a que da lugar,
y la concentración de capital para servir al perfeccionamiento inde­
finido del maquinismo y a la creación de una organización industrial
de reserva.
Marx profundizó
más este punto y· enunció que la contradicción
del capitalismo, desde
un punto de vista muy general, resulta de que
el modo de producción capitalista tiende al desarrollo absoluto de
las fuerzas
procl.U.Ctivas, ffiientras que, por otra parte, persigue la
conservación del valor capital existente y su mayor puesta en valor,
es decir, su acrecentamiento acelerado. Siendo así que, el modo de
conseguirlo, implica: la baja de la tasa del provecho, la depreciación
del capital existente
y el desarrollo de las fuerzas productivas del
trabajo a expensas de las fuerzas productivas
ya producidas.
Editions sociales, de Pal'ís, acaba de publicar con el antetítulo de
Traité marxiste d'économie politique, dos volúmenes titulados Le
capitalisme monopoliste d'Etat, Cn el cual --con la parcialidad que
sigllifica el preju.Ício ·de creer ·é¡ue '1a organización socialista de la
economía, realizada por burocracia
esta.taÍ, equivale a··su aprovecha-
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
miento por el pueblo-analiza la evolución del capitalismo en sus
tres estadios :
a) Primitivo o manufacturero, también llamado paleoindustrial.
b) Clásico o de libre concurrencia.
e) Monopolístico o «imperialista>>, caracterizado por: el des­
arrollo de empresas
con tendencias monopolísticas ; el desarrollo del
capital financiero, en
el que se interpenetran el capital industrial
y el capital bancario1 con prolíferación de los grupos financieros, y
la exportación sistemática de capital para empresas coloniales e «im­
perialistas», que lleva consigo
la reducción del número y el aumento
de volumen
·de los monopolios, que incrementa la socialización de las
fuerzas productivas, con lo cual conduce, según Lenin, a
«la ante­
cámara del socialismo».
d) Monopolista de Estado, que pone a éste al servicio de los
grandes monopolios u oligopolios capitalistas
~según dice la obra de
referencia, y del cual
t~emos una más profunda descripción en los
trabajos del Profesor
De Corte, el aludido «La economía al revés>>
(cfr. en VERBO 91-92) y «El Estado y la dinámica de la Econo­
mía» (cfr. en VERBO
87-88)-y que se caracteriza por:
-las crecientes intervenciones del Estado en todos los órdenes
de la Economía,
-la asunción por el Estado de ciertas empresas de servicios con
precios políticos que se financian en parte
por los impuestos,
- el desarrollo del crédito estatal, hasta
la dominación de aquél
por el Estado,
-la creación -u.na política fiscal, de una parte, y de estímulos, de otra,
con finalidad de influir en la Economía,
-el absoluto control de importaciones y exportaciones,
-una inflación de la cÚa( a la vez, se trata de contrarrestar
sus efectos con muy diversas medidas econóillicas y fiscales que ·a.ere~
dentan más el intervencionismo estatal, --·
-la planificación centralizada. y tecnocrática.
Las dos últimas fases referidas han llevado: ·
-la primera a la revolución de los directores, que describió
James
Bufnham, én su Íibro The menegerial fevolution1 traducido
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
al castellano con aquel título, y, en su enlace con la segunda, al
predominio de
la tecnoestructura, descrita por John Kenneth Galbraith
en El nuevo Estado industria/,/
-la última, a su vez, engendra la tecnocracia estatal, única capaz
de hacer girar la economía al revés, clase que puede llegar a ser
intercambiable con
la de los directores detentadores de la tecno­
estructura.
Lo cierto es que, como ha notado Marcel de Corte, el Estado
«se convierte únicamente en el órgano de redistribución de los pro­
ductores, de la riqueza producida, y del acrecentamiento de la pro­
ducción», y se llega
«a erigir la producción en criterio «único» de
la salud de una sociedad moderna y de la solidez de su
economía>>.
El Estado ha dejado de ser lo que siempre había sido considerado,
es decir, defensor del bien común consistente en la armonía de todos
los bienes particulares, para convertirse en dueño de
un inmenso
interés colectivo parasitario, con lo que tiende a dejar de ser
Es­
tado, en el pleno sentido jurídico de la palabra, para convertirse en
«un enorme poder despótico, ejercitado sobre una inmensa máquina
industrial
y únicamente destinado a perpetrar el monopolio de quie­
nes de una forma cualquiera o bajo la máscara de cualquier ideolo­
gía, se hayan
apoderado de ella».
Conviene, a veces, escuchar lo que dice el enemigo para saber
mejor a qué atenerse. Para eso, el citado libro
El capitalismo mono­
polista de Estado, en su último epígrafe, puede servimos. Leamos:
«El capitalismo monopolista de Estado desarrolla, por su propio
movimiento, las bases materiales para
dar paso a la democracia eco­
nómica y política y al socialismo. Simultáneamente, frena el paso al
socialismo reforzando el papel central del Estado bajo el control de
la alta burguesía que restringe la democracia
y extiende la hegemo­
nía de los monopolios sobre la sociedad.»
Pero esta contradicción del capitalismo, se autosubsume y con­
vierte en interacción, pues :
En lo econ6mico, modifica profundamente su estructura: «inten­
sificando la monopolización, socializa cada vez más el capital y la
produrción de la empresa hasta la sociedad entera, más allá del ám­
bito nacional» ... así, «cuanto más se acreciente el peso de los gru-
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CAPITAUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
pos monopolistas en la sociedad, más el desarrollo de su producción
necesita la intervención creci~te del Estado», que, a su vez, «contri­
buye a desarrollar la socialización objetiva de las fuerzas produc­
tivas».
En lo político es evidente que su cuidado primordial «es y será
siempre, cada vez más» : «guardar a todo precio, incluso a cualquier
precio, el control de las palancas de mando del Estado. Pero hacién­
dolo hace
más hondos en última instancia los antagonismos del ca­
pitalismo monopolista de Estado. Por ejemplo, acelerando los pro­
cesos de centralización y concentración del capital monopolista, el
Estado contribuye a reducir
la concurrencia en el interior». Pero al
lograrlo
«la traslada al nivel internacional en condiciones de agra­
vación profunda cualitativamente nuevas» ... «en el seno de la cual,
acumulándose a los factores económicos, los factores políticos in­
tervienen cada vez más activamente».
Por otra parte:
«Al intensificar la acumulación del capital, el capitalismo
mo­
nopolista de Estado extiende al mismo tiempo y necesariamente el
asalariado» .. . «su tendencia es reducir relativamente las bases so­
ciales
de la burguesía monopolista», pues como: < reses inmediatos de
la oligarquía financiera a los de las otras capas
sociales de la burguesía, crea las condiciones objetivas que deben
conducir al aislamiento de la burguesía monopolista al mismo tiem­
po que a la reagrupación alrededor de la clase obrera
de las clases
y capas sociales distintas de la oligarquía».
II. SOClALlSMO
Si el empleo de la palabra capitalismo es ambiguo, lo es muchí­
simo más el de la palabra socialismo.
Si qrieremos entendernos, y no pretendemos sembrar confusio~
nismos, ni intentamos sacar provecho con fines políticos de ciertas
palabras que suscitan reflejos favorables de las masas, tendremos que
partir de un solo concepto, del primig~nio. El Diccionario de la
Real Academia española nos lo brinda:
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
«SOCIALISMO: Sistema de organizaczon social que supone de­
rivados de la colectividad los derechos individuales y atribuye al Es­
tado absoluta potestad de ordenar taS rondiciones de la vida civil,
económica y política, extremando la preponderancia del interés co­
lectivo sobre el particular.»
Notemos que este concepto lo define como-un sistema de orga­
nización social del que indica tres característias :
-supone derivados de la colectividad los derechos individuales,
-atribuye al Estado absoluta potestad de ordenar las condicio-
nes de la vida civil, económica y política,
-extrema la preponderancia del interés colectivo sobre el: par­
ticular.
La primera característica, ontológica, y la tercera, teleológica1 son
evidentemente coherentes entre sí, y reclaman, como consecuencia
lógica de la primera y como medio adecuado para la consecución de
la tercera, la aplicación de la segunda, es decir, la atribución al Es­
tado de la enunciada absoluta potestad,
Esta concepción abarca, sin duda, no solo el socialismo marxista,
sino también los nacional-socialismos,
e, incluso, los ahora pretendi­
dos ·socialismos regionales. Variantes que sólo difieren· en cuanto al
plano en el cual ·sitúan al Estado propiamente dicho, es decir, sobe­
rano, sea: en un ·supe-restado mundial; en la que hoy se llama na­
ción, pero que en
su superestructura no es sino el Estado propia­
mente dicho en su versión ·contemporánea, o bien, en las
regiones
-más o menos nacionalistas-(!Ue por su falta de estructura na­
tural, se entrelazarán en un federalismo de tipo revolucionario, que
pretende ser federalista frente a las entidades superiores (Europa,
superestado socialista, etc.) pero se niega a serlo con respecto a los
cuerpos sociales menores ( municipio, familia, colegios, cámaras,
gremios),
Es la concepción opuesta a la que nosotros denominamos foral,
que el Obispo Torras y Bages llamó regionalista y el profesor Emil
Brunner
.ha calificado de federalista, que. sigue el orden de la Crea­
ción, esto es, la organización por cuerpos intermedios! que se desarro­
lla como los árboles, desde abajo hacia arriba, presidida por el prin­
cipio de subsidiariedad.
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CAPIT ALISMO-SOC[ALISMO-TECNOCRACIA
Sin embargo, la palabra socialismo se extiende · por doquier . con
significados diversos. En
un artículo titulado SocitUisme au Quebec
( en L' homme nouveau, 1 agosto 1971), Pierre André Marcotte,
ha escrito que esta palabra equivale para muchos a la reivindicación
de una sociedad más justa; pero que, al aludirse a una < más justa», según quien emplea este adjetivo, se quiere signifi~ car actitudes y finalidades muy diversas, desde las más legítimas a
las más extremistas, sea :
-la eliminación de la pobreza,
- la reducción del paro,
-la humanización de las condiciones de trabajo para los menos
favorecidos,
-la posibilidad de producir las decisiones políticas y econó­
micas al nivel de las necesidades reales
del pueblo,
la cogestión o
la autogestión,
- el estatismo o el colectivismo,
-la toma del poder por una clase que, eliminando a cualquier
otra concurrente, se identifica a sí misma con el pueblo.
Pero, excepto la penúltima
actitud, de las demás, ni siquiera de la última, no puede decirse que sean monopolizadas por el socia­
lismo.
En Quebec, dice Marcotte, ser socialista puede significar tanto:
-una feroz oposición al americanismo (tanto o más puede de­
cirse de todo Iberoamérica) que impulsa al deseo
de sustituir toda empresa libre por una red de empresas del Estado,
-
una secreta envidia de la riqueza que se representa como el símbolo, en especial si es anglosajona, de las medidas vejatorias que
han cortado
la expansión del Canadá francés (lo mismo que en los
países árabes, o en
todo. los que han· sido víctimas de cnalquiet co­
lonialismo económico).
-por generosidad ; o bien, por sed de poder; o también por odio: contra sí mismo; contra 1a sociedad, o contra todo lo que man­
tiene las estructuras de
1a soci~dad: 1a autoridad -civil, la· religiosa,
el poder económico, la
autorida.d familiar y escolar: contra el «orden
establecido», contra
el «sistema>> ( aquí oímos decir, contra «las· es­
tructuras»),
y, entone.es_, ser so_cialista es tratar de «abatir el ·sistema».
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
-«por moda intelectual, como quien atrapa un virus, porque
ser socialista
es W1 componente normal del espíritu de izquierda,
y no se puede serlo si se es intelectual de derecha ... » ( es decir, por
una alienación o condicionamiento, siguiendo la terminología mar­
xista, que, en cuanto tal, no puede ser sino pseudo intelectual, signo
de ausencia de personalidad o
de falta de valor para soportar los
calificativos en uso ... ) .
Se suele contraponer capitalismo y socialismo. Sin embargo, no
hay tal
antítesis, como resulta cada día más evidente. La antítesis
se plantea entre
la propiedad privada y el socialismo, pues aquélla
-que perfectamente puede coexistir contemporáneamente con formas
comunales
y colectivas de propiedad-pierde sus esencias vivifican­
tes en un régimen socialista estatificador.
Como ha explicado
De Corte, capitalismo y socialismo son dos
formas de la
achlal economía de productores} aplicada a la suma de
individuos que forma
la disociedad actual manipulada tecnocrática­
mente con fórmulas que suelen ser democráticas, en el primero,
y
son totalitarias, en el segundo. También, en esa misma perspectiva,
ha escrito Canetti que,
uno y otro, «no ven sino la producción».
«Capitalismo
y socialismo -habla escrito Spengler-brotan de
la misma raíz espiritual, del pensar en dinero, del comerciar con di­
nero ...
»
El ansia monopolista del capitalismo llega a su paroxismo en el
socialismo. Este, como notó Chesterton, al ver que «la propiedad
ya está concentrada en
trustS>>i estima que «la única esperanza es
concentrarla más en el Estado». Y, sin embargo, como objetó este
ilustre escritor,
la solución no está en ir adelante sino atrás, no en
concentrar más sino en desconcentrar.
La «fiebre
devoradora>> -de la pequeña propiedad y la pequeña
empresa, del campesinado
y de la artesanía, de la libertad de todos
convertidos en «productores»
y «consumidores» de reservas, de tiem­
po
y de contemplación de tradiciones y costumbres-como ha notado
Gustave Thibon (cfr. VERBO, núm. 60),
es característica de una
not•ble parte del gran capitalismo, pero mucho más del socialismo :
«Allá donde están los pozos
de la tradición, de la autoridad, de la
experiencia, los pozos donde se reposta
la caravana social, el socia-
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CAPITALISMO.SOCIALISMO-TECNOCRACIA
lismo no ve más que parásitos y obstáculos. Confunde las -reservas
con la inutilidad. Todo lo que conserva, tanto en el mundo de los
cuerpos como
eµ el de las almas, provoca su' aversión ... »
Para centrar el estudio que del;>emos efectuar, estimam9s que nada
nos será más
útil que el examen en sus grap.des líneas de los siste­
mas socialistas
que la realidad nos ofrece, y que para simplificarlos
reduciremos, prescind'iendo del maoísmo y-del castrismo, · a los-_ cuatro
siguientes:
1.2 Socialismo marxista-leninista, caracterí~tico de la U. R. S.· S.
y
de la casi totalidad de los países dd otro lado eje! telón de acero
y bastantes del tercer mundo.
2.º Socialismo de tipo yugoeslavo y, especialmente, del checo­
eslovaco experimentado en la
llam,ada «primavera de Praga».
3 .2 Social_ismo de )os partidos sbcialistas clásicos de fos países
occidentales.
4.Q Socialismo· ~meco.
Procuramos, del modo más esqu·emático que nos sea· posible, tra­
zar las líneas principales de. cada sistema.
A) Socialismo marxista-leninista de U. R. S. S.
Es sabido:
- que fue
r~Iiza talitarismo estatal, que
abarca no solam~nte ·1o político sino lo.-eco­
nómico y lo cultural; y se efectua bajo la vigilancia ideológica del
partido,
por una inmensa y poderosa b11;roC~acia;
-que sólo ha alcanzado -según se afirma-el · prim_er _ 1:).ivet
del socialismo «a_ cada un~ según sus méritos», ( fase s9~iáJ.is_ta )_ y· se
halla lejos del segundo nivel < (fase propiamente comunista); . .. . .

.
:._ que, para todó ello, todos los bienes de pr_oducción, excepto
algunás
granjas familiares, son del Estado, convertido de hecho en
el único pairo~o, que· planifica Ímpe!'ativa~etite toda la economía,
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
como si se tratara de una inmensa y u.ruca empresa dominada por
quienes, además, detentan el poder poHtico.
Según Marx, la abolición de la propiedad privada de los medios
de producción debía dar lugar a la desaparición de las
clases, a la
abundancia,
con lo cual el Derecho y el Estado -que para él no
son sino instrumentos de la dominación de la clase dominante---al
no tener ya razón de ser desaparecerían.
Lo cierto es que hasta ahora no se ha · producido la abundancia
prometida, ni
han desaparecido las clases -aunque hayan cambiado-­
ni
el Derecho ni el Estado.
El primer fracaso, es decir,· el económico --en un sistema que
basa precisamente en. lo económico sus esperanzas de redención del
hombre en este mundo-es patente. Nos remitimos fundamental­
mente a los datos consignados por los tecnócratas neosocialistas del
Club «fean Mo111in», en Le socialisme et l'Europe, libro del cual
tenemos una referencia
en la carta de Yves le Penquer a Claude
Brouclain sobre
la «debacle» de la vieja doctrina socialista en VER­
BO 47-48, ampliada en el trabajo de Michel de Penfentenyo «El
socialismo ruina o chafallo», en folleto o en VERBO 68-69, y asimis­
mo
--como luego veremos-en las experiencias narradas por Ota Sik,
cerebro rector en lo económico de la Primavera de Praga. También son
de fácil consulta para nosotros el trabajo de Francisco de Gomis «Agri­
rulhlra, socialismo y socialización>>, o en VERBO 77, y más reciente
el Jean de Saint Chamas «El socialismo contra el progreso», en VER·
BO 94.
Ahora nos interesa aquí más el segundo fracaso, es decir, el re­
lativo a la profecí~ tle la sociedad sin Derecho, ni Estado, ni clases.
Notemos que por muy breve tiempo, entre 1917 y 1918. Rusia
fue verdaderamente una sociedad de obreros, cuando éstos a conti­
nuación
de la Revolución de Och.Ibre empezaron a posesionarse de
las fábricas.
El VIII Congreso, en marzo de 1919, del Partido comunista, pro­
clamó que: «El aparato organizativo de la industria nacional debe
estar basado primordialmente en
los sindicatos». Pero pronto con­
cluyó el papel independiente de éstos. Una lucha desgarradora entre
los sindicatos y el Partido, terminó con el triunfo de éste y final-
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
mente con la pérdida de la independencia de la dirección sindical.
Stalin, en el
II Congreso Panruso de los Mineros de diciembre de
1920, exclamó: «¿Es que todos los trabajadores saben cómo gobernar
el país? La gente práctica sabe que esto son cuentos de hadas». Lue­
go se implantaron: la necesidad de obtener permiso del jefe de planta
para cambiar de empleo; los castigos por no alcanzarse los cupos
previstos, las fuertes multas por llegar tarde aí trabajo ...
Leon Trotzky, ante
esta realidad,

trató de explicar el
por qué
del incumplimiento de las previsiones de Marx, en lugar de las cua­
les resultaba que la burocracia se había erigido en la nueva clase
dominante. Para justificar el fallo buscó razones contingentes, even­
tuales:
~ en el interior, Rusia era el eslabón más débil de la < imperialista», por donde ésta se rompió: un país en el cual las con­
diciones económicas y sociales eran particularmente difíciles, con
un proletariado numéricamente débil en relación a la inmensa masa
campesina, lo cual significaba que los datos objetivos precisos para
la desaparicióo
de las clases y, por ende, más lentamente del Estado,
no podían producitse sino en muy largo término ; además, la guerra
civil, los enfrentamientos de los grupos sociaíes, el atraso de la eco­
nomía, la penuria de víVeres y mercancías, la anarquía de las mi­
graciones interiores, habían favorecido el incremento de la fuerza de
la burocracia para arbitrar la siruadón, que habla aprovechado ésta
en su propio beneficio ;
-en las relaciones con el exterior, la presión ejercida sobre una
Rusia débil y aislada contribuía a reforzar el poder del Estado so­
cialista y, por lo tanto, de la casta burocrática que lo dominaba.
Pero, a medida que
el tiempo transcurr!a iba pareciendo más
evidente que la explicación del dominio burocrático como
un fenó­
meno contingente no resultaba sostenible. Había que buscar otra: ¿ Se
había producido una reacción termidoriana? Sin embargo, tal for­
mulación
resultaba imprecisa, pues en ella cabían tres distintas expli­
caciones concretas, que el comunismo no ortodoxo discuti6 violen­
tamente desde 1934-1936.
-la U. R. S. S. es un Estado proletario degenerado.
-1a U. R. S. S. es un neocapitalismo restaurado por Stalin.
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/UAN VALLET DE GOYTISOLO
~ la U. R. S. S. es una--sociedad de un género nuevo, Uflª so­
ciedad· burocrática.
Trotzky continuó, hasta su muerte, defendiendo la primera tes~s.
Como consecuente marxista, se daba cuenta de fa enorme .imp<:>rtancia
de la respue5ta: «Reconocer a la burocracia el carácter de clase fll!l­
damental y a la sociedad burocrática- un papel histórico, era ni más
ni menos que arruinar las esperanzas de toda su vida, lo que sin duda
hubiera admitido, pero, sobre todo, revisar-
el marxismo en una de
sus partes esenciales : todo el· análisis según el CU.al el soci.alismo de­
riva científicamente de la crisis del capitalismo, e inviste al prole­
tariado, transformado por la Revoluóón en clase dirigente, de la
mi­
sión de dar lugar al nacimiento de una sociedad que superara la
lucha de clases
y en la cual ef Estado iría desapareciendo» ... En caro­
bio: «Sería erigir la sociedad burocrática- en ·soltición mundial alter­
nativa o, mejor -dicho, en etapa histórica "necesaria"».
Transcribimos este planteamiento de Marc PaiIIet, en su reciente
libro
Marx contre Marx. La société technobur-eaucratiq'ue. Se trat~
de un trabajo de ·análisis serio pero marxista, que trata dé manténet
los principios de Marx contra las previsiones del propio Márx que
han resultado equivocadas. Su critica sigue el método dialéctico del
materialisino histórico, totalmente determinista, pero liberado.de todo
optimisnio respecto al futuro progreso.
Naturalmente,
nO podemos compartir ni Sti determinismo ni su
materialismo, ni su visión dialéctica total, ni su concépto de
la plusvalía,
plenamente marxistas;
y menos aún su irreligiosidad manifiesta. Tam­
poco su noción
dé clase que el marxismo -como ha dicho De Corte,
en «intrínsecamente perverso» (VERBO 55, págs. 355 y sigs.)-,
«ha foi-jado en· todas ,slls piezas» y «fa ha introducido en el vocabu­
lariO político y soCfal»; aunque no s·ea silla uri , espejismo, real ·en
tanto que espejismo, que preciS:lmente _ como tal actúa ... » como-«un
mecanismo auxiliar ·que ·tiende· a dirigir ·-ta imaginación· eri el seritido
que la impriinen los niecanismos
de la propaga.ricia, de tal ·manera
que la aiención de los hombres se eocueritre dirigida hacia la sola
representación mental de
la clase y que ésta les magnetice hasta un
punto tal que formen cúerpO con.ella,-:no apreéibféndose--de· que en
ella diluyeo su personalidad»: <<¿Qué especie de sociedad pueden
84
Fundaci\363n Speiro

CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
formar entre ellos? -pregunta, en «La educación política» (VERBO_
59, pág. 648)-el secretario general del partido comunista de Mospí
o de Pekín ... , y el intelectual de tumo de l'Humanité o de Témoi­
gnage chrétien, e_l metalúrgico de la Renault, el dócker_ de Londres, el
campesino de Vitnam? Su colección es pura y simplemente una fic­
ción del ingenio apuntado hacia
una sociedad que .n_o existe en nin­
gún sitio, ya que estos 'trabajadores no viven unos con otros ni tienen
lazo real alguno
entre sí.»
Pero resulta interesante seguir a Paillet en su crítica ~arxista de las
ilusiones de Marx y en su explicación del fenómeno burocrático. en
los
países comunistas.
Los hechos contemplados
sori estos :
A ·medida -que los años
se han ido sucediendo, los traZ!'.>'S buro­
cráticos han ido endureciendose,
afirmándose y reforzandose en la
U. R. S. S. El fenómeno de la nueva clase burocrática se ha exten­
dido -a todos
· los país~ en los cuales triunfa el comunismo, como
Djilas
desctibió con respecto· a Yugoeslavia.
Por lo
deníás, resulta evidente que el Thermidor staliniano no fue
una reacción capitalista. La propiedad privada (individual o colecti­
vamente privada)-
de los medios de producción había desaparecido.
Los mecanismos
de formación de los precios nada tenían que ver
en la
U. R. S. ·s. cbn los mecanismos capitalistas. El provecho se.
materializaba de modo diferente,- en lugares diferentes, y -jugaba un
papel diferente. E igual el mercado y la moneda. La actuación y las
relaciones de las clases sociales nada tenían de
común- con las es­
tructuras de la sociedad , capitalista.
Paillet
sorrieté el pronóstico socialista a un anáHsis marxista, que
aplica al propio ma,xismo.
Si el marxismo acusabii' a la burguesía de disponer de la· plúsva­
lía ( en su
concepción marxista) producida por el trabajo: «la. plus­
valía real
en:u. R. ~-s.-nó puede aparecer o no es ·contabilizada sino
en el escalón central» ... «Ese Estado que contabiliza
la plusvalía y
la ·reparte conforme ál Plan, ·no 'es en modo alguno abstracto. Se
compone de personas indudablemente vivas ... Ahora bien, estos diri­
gentes actúan·
c6mo · una colectividad de ·poseedores ·respecto· de los
trabajadores obreros
y campesinos. "Pódrfa decirse que se trata de
85"
Fundaci\363n Speiro

JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
una gigantesca sociedad por acciones cuyos títulos, de modo varia­
ble, estarían distribuidos entre los burócratas».
Así «la sociedad tecnoburocrática tiene como motor un sistema
original de extorsión de la plusvalía, que viene a producir la «ele­
vación» de la explotación capitalista al escalón nacional», y «aún
hoy al internacional».
Según la opinión de André Philip, basada en un análisis mar­
xista de la dinámica social, «una sociedad con clases ( esclavista, feu­
dal ... ) ha dado siempre lugar al nacimiento de otra sociedad con
clases ( feudalismo, capitalismo) y nada hay esquemáticamente que
resulte· escandaloso en que continúe siendo de igual manera: es decir,
que el capitalismo engendre la tecnoburocracia».
Paillet interroga también acerca de la lucha entre la burocracia y la
tecnocracia, que se viene observando en todos los países del otro lado
del telón de acero, pero que se ha exteriorizado, especialmente, en las
crisis de Polonia y Hungría de 1955-1956, las de Yugoeslavia y en la
de Checoeslovaquia de 1965-1968. El problema, a su juicio, consiste
en determinar si se trata de dos clases diferentes o bien si son dos
manifestaciones diversas del m~smo tipo de poder, de modo para­
lelo a las observadas en las distintas fases del capitalismo (manufac­
tluero, financiero, imperialista). NQta que mientras la burocracia
se centra en el Partido y los niveles políticos del Estado y se man­
tiene
en un dogmatismo doctrinal, la tecnocracia se desarrolla en las
empresas menos interesadas por los a priori doctrinaJes y más pre­
ocupadas por las soluciones técnicas
y progresivas. En los conflictos
antes aludidos, esta última ha aparecido aliada al proletariado, pero
ello puede ser debido simplemente a una posición táctica en
el com­
bate por la hegemonía.
Precisamente, hoy el aparato de dirección se transforma y se tec­
nocratiza.
La tecnocracia, ayudada por las revoluciones técnicas, tiende a
trasladarse al nivel del Estado con sus métodos de gestión extendi­
dos desde la empresa.
No obstante, ambas capas sociales, burocracia y tecnocracia, ·están
ligadas por una doble solidaridad:
-frente a la clase capitalista que se pretende eliminar,
-respecto del neoproletariado, al que se trata de dominar.
86
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CAPITAUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
El tránsito o el mantenimiento de la propiedad de los medios de
producción en manos del Estado es una exigencia común a ambas.
No olvidemos que su dominación y posesión efectiva del aparato de
dirección se
a:poya en su función. No olvidemos la observación de
Djilas
de que la clase dirigente, al poseer de facto todos los 'atribu­
tos de
la propiedad, en ausencia de verdadero propietario jurídico,
se convierte en el verdadero detentador del instrumento económico.
Fenómeno, por lo demás, observado reiteradamente a través de la
Historia, como especialmente ha sido subrayado por Beltrán de Jou­
venel. Ello lleva a la existencia de un «patronazgo» único
y a la vigi­
lancia multiforme
y omnipresente de todos por todos. A todo pro­
letario, por tanto, esta situación le coloca enfrente de un solo pa­
trono, que le expide la carta de trabajo, el pasaporte interior, los
certificados de empleo ... y, en caso de ser rechazado por él, le coloca
en una situación de semi condena: con pérdida del derecho de in­
quilinato, por miserable que sea, del salario y de los servicios socia­
les, amenazado aun de sufrir persecución ...
No olvidemos, como destaca el propio Paillet, que el dominio
por la función, < globalmente»; «es menos cómoda, menos «naturab>, más fácilmente
discutible que el dominio por la propiedad» : «produce por ello en
los dirigentes reflejos de temor
y, por consiguiente, de defensa aún
más profundos, más organizados, más sistemáticos que en los an­
teriores dueños». Por ello la tecnoburocracia necesita dominar todo
el aparato
y cada una de sus ruedas ; las organizaciones sindicales, la
prensa, la cultura, la religión,
el arte ... , y eso hace que esa sociedad
sea hiper-represiva.
Ello tiende a dar lugar a que burocracia
y tecnocracia se fusionen en
una tecnoburocracia, única clase dominante,
y tendente ·--como ya
se observa en Rusia--a convertirse en hereditaria a través de la uti­
lización de su enorme influencia, no contrapesada, para el nepotismo.
Según concluye Paillet, por todas las razones
expuestas, debe re­
conocerse que
«no se trata de un fen6meno de desviaci6n burocrá­
tica provisional ni aun de
larga duración, sino por el contrario del
curso normal de la revolución tecnoburocrática», contra el capitalis-
81
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JUAN; VALl.JJT'. VI!. GOYTfSOLO
mo; Y que, .-«_en;,vano· los·· gamhistes se -esfuerzan en mostrar a esa
burocracia en flagrante delito_ .de traición», pues ésta «no traiciona
sino
el mi-to socialista, pero no a su. destino, no al destino esencial y
verdadero ·.de~ 1a ._ revolución que ha ... realizado». Decepcionante para
llUlchos socialistas, pero real ...
B) Socialismos yugoeslavo y de la primavera de P;aga.
· Las mayores espranzas, pu.estas aún por algunos, en que pueda
llega-rse a un socialismo con ro~tro huniano se concretan prácticamen­
te en los intentos yugoeslaVo y, especialmente, en el checoeslovaco
de la denominada primavera de Praga;
La base de esta revisión se halla en la crítica del sistema socia­
lista revolucionario de la U. R. S. S. y de los países que han-seguido
su sistema.
La crítica del socialismo de la U. R. S. S., bajo el aspecto político
social, fue efectuada por vez primera por un Jefe de Estado comu­
nista
en el discurso que el 26 de junio de 1950 pronunció Tito ante
la Asamblea Nacional de la República Federal de Yugoeslavia, al
formular· su acusación contra la burocracia soviética, en estos términos:
< nos todos los nied.ios de producción, y estos medios se encuentran aún,
al término de treinta y un años [hoy pasan ya de los cincuenta y dos],
en manos del Estado. ¿Es ésta acaso una realización de la diVisa
«la fábrica para los ·obreros»? ES evidente que no. ·Los obreros
no · tienen en el momento actual
ni la menor parte en la dirección
de las empresas: ésta
es ejercida por los directores nombrados ·por
el Estado, que s011 funcionarios. ·Los obreros no tienen sino· la posi­
bilidad y el derecho a :trabajar; y en esto no existe gran diferencia
con el· pápet que tien:en ·én loS países capitalistas. La única difereflcia
para los obreros está · en que en la Uriión Soviética no haY pato, y
es todo.e Así los dirigentes soviéticos no hán. ·cumplido -hasta ahora
uno de los· hechos· más caraderíSticos de un socialismo, la transfe­
rencia
de la gestión. de las fábricas y demás empresas industriales
de las manos del Estado a fas de los obreros' ... »
ss,,
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
Ert la crítica, referida de modo especial al aspecto_ económi­
co, vemos una notable coincidencia entre las formuladas por el
tecnocrático Club Jean Moulin, a que antes he:ro.Os aludido, y las
que Ota Sik, el teórico de «la primavera de Praga», ha expuesto
en su libro La vérité sur I' économie tchécoe.rlovaque y explicado
en las mesas redondas .mantenid_as en Madrid, que podemos hallar
reseñadas en Actualidad Económica,·
núms. 653, · 654 y 655 de 19
y 26 sept. y 3 oct 1970. Cierto embrión de esa revisión fue
observado en
el discurso de Krucheff del 1.3 de julio de 1964 ante
el Soviet Supremo, en el que insinuó
la conveniencia de introducir
«ciertas formas de economía de mercado»,
tr~nsformando el espí­
ritu primitivo del Gros plan
y de reforzar la emulación sociali§ta
de los trabajadóres interesándolos materialmente en los resultados
obtenidos. Veamos la crítica de Ota Sik, que
se centra en :
a)
La dirección de la economía totalmente central-izada que
asegura, no puede corregirse con el intento puesto en práctica en
la
República Democrática Alemana y en Polonia, que trata de mejorar
el viejo sistema centralista administrativo pero sin apartarse ·de -la
centralización. El órgano central, dice, no es capaz de tener en cuen­
ta cómo van a evolucionar todas las empresas individuales
y todas sus
producciones para deducir la producción óptima.
Es imposible que
el órgano central compute los «miles» de factores de los que de­
pende el beneficio, como son :
. la maquiá.aria utilizada, las innova­
ciones técnicas, los nuevos productos, el ahorro de material, la forma
de utilizar
y aprovechar el tiempo de trabajo, el régimen de segu­
ridad social.
Lo único posible de prever, más o menos a grandes ras­
gos,
es la evolución macroeconómica. Incluso califica Sik de tontería
el intento sovié_tico de dirigirlo todo a base de un sistema de orde­
nadores electrónicos
enormes, dado que no puede encomendarse a·
los ordenadores la enorme cantidad de factores en juego, especial~
mente por faltar la base de información, que no puede suministrár­
seles o que les llegará deformada.
«Resulta simplista imaginar
-dice-----:'." en países de elevado nivel
de_ desarrollo que la totalidad del desarrollo económico s~-pueda_
dirigir desde un centro.»
89
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/UAN V ALLET DE GOYTISOLO
La dirección centralizada «decidía lo que había que hacer en
las empresas,
decretaba cuántas personas debían trabajar en la pro­
ducción, qué cantidad de mercancías era preciso producir, qué ramas
no hacia falta desarrollar. Así, los trabajadores que según la. ley eran
copropietarios de la propiedad socialista, no tenían
un sola palabra
que decir en todo esto». Así, el productor se desinteresó del mercado,
y nadie se ocupó de las necesidades del consumidor. «Las empresas
se transformaron, pues, en ruedas de esa inmensa máquina econó­
mica, carentes de poder de decisión y sin iniciativa».
Y, por otra parte, la coacción sobre el consumidor, que en los
países occidentales ejercen oligopolios
y monopolios que dirigen la
producción con arreglo a sus intereses de productores, llega a su
ab­
soluta generalización con el capitalismo estatal soviético.
Por otra parte -reconoce Ota Sik-«en los mismos órganos del
partido comunista,
la mayoría de los representantes proceden de la
extensa industria pesada
y éstos imponen sus intereses en· los plenos,
y los representantes de la pequeña industria son minoría y no tienen
fuerza frente
a los representantes de la industria pesada». Así son
los mismos quienes manejan «el aparato del partido, el aparato del
Estado, los órganos que son controlados cada
vez más».
b) La falta de mercado, indicador de las necesidades de los
consumidores! función que el socialismo no puede sustituir en forma
alguna, pues
------ cen mayores beneficios a través de una actividad que sea útil a la
sociedad.
e) La falta decisiva de incentivos materiales¡ no sólo entre las
capas y niveles de orupación sino también según el éxito de la em­
presa, sin que los incentivos morales basten, como pretende la «nue­
va izquierda» que, de acuerdo con el criterio teórico
y romántico
del Che Guevara, considera el incentivo material como algo absolu­
tamente antisocial, criterio que
Sik estima una desviación del mar­
xismo.
Cree este profesor que
el crecimiento intensivo es imposible con
estos defectos del capitalismo
so;viético. «Mientras existan en un
país suficientes fuerzas de mano de obra libres, el crecimiento ex­
tensivo puede ser de utilidad, pero cuando
se agota la mano de obra
90
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CAPIT AUSMO-SOCIAllSMO-TECNOCRACIA
( este fue muy pronto el caso de Checoeslovaquia) y prosigue el cre­
cimiento extensivo, entonces sucede que la industria crece a expensas
de todos los demás sectores.
Se va sacando mano de obra de los ser­
vicios, de los transportes, de la agricultura, de la construcción, del
comercio, o sea de todos los demás sectores para incorporarlos a la
industria.» Tal sistema, dice
«no corresponde ni mucho menos, a las condi­
ciones de los países industrialmente desarrollados»; en ellos
«se con­
vierte en un gran freno o en un gran obstáculo, tanto para el des­
arrollo económico como para el desarrollo cultural de[ país». «La
Unión Soviética
se ha estancado con este sistema, tras lograr una
industrialización bastante rápida».
Hoy el sistema, incluso en ella,
«representa
un obstáculo para el futuro desarrollo», siéndolo más
para aquellos países, como Checoeslovaquia, que habían alcanzado
un elevado nivel de desarrollo industrial. Sio una restauración de las
relaciones comerciales «la economía oriental
no podrá alcanzar el
desarrollo de Occidente; por el contrario, el gapp, el abismo que
separa a ambos
se hará cada día mayor» ... < mente desde los años cincuenta
y siete y cincuenta y ocho que con
el principio de este
sistema comunista no ha.y futuro progresista para
la nación y, voy más lejos, no sólo para el pueblo checoeslovaco, sino
para ningún pueblo de los países comunistas
de hoy».
Es de destacar, además, la dominación colonialista ejercida por
Moscú, de
los países europeos calificados de democracias populares,
que, según indica Paillet, se manifiesta a través del
Comecón:
El socialista francés Giles Martinet, en su reciente libro Les cinq
communismes, al ocuparse del comunismo yugoeslavo, destaca tam­
bién este «imperialismo socialista>> ruso. En las empresas mixtas ruso­
yugoeslavas, los soviéticos pretendían contabilizar los campos petro­
líferos yugoeslavos al precio ordinario de los terrenos agrícolas;
la
aportación yugoeslava a la sociedad aérea JUSTA fue evaluada al
precio de 1938, mientras las rusas al de 1946-47; la superficie del
aeropuerto de Belgrado fue estimada
al precio de un terreoo ordinario
por el Director ruso ...
Los soviéticos actúan en esta materia, dice Martinet, «como si las
relaciones económicas entre las naciones socialistas continuaran
fu.n-
91
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JUAN VAUET :OE GOYTISOLO
dándose en los principios capitalistas del intercambio de bienes». ¿Por
qué
los soviéticos han tratado de explotar a las democracias popu­
lares? Según el mismo autor, no ha ·ocU.rrido sino que~ de hecho, la
U. R. S. S. «ha proyectado en sus relaciones con los demas países
socialisias las mismas re-ladones de e'xplotatión existentes en el in­
terior
de su propio sistema», que ya Tito, en su discurso antes citád6
de 1950, había denunciado.
Pero, veamos sucintaffiente cuáles. han sido los intentos de recti­
ficación yugoeslavo y checo.
a) La autoge,tión yugoeslava.
Las correcciones yugoeslavas al comunismo han producido evi­
delltemente un alivio en la agricultura, el artesanado, la pequeña
industria y el comercio al por menor ( de los tenderos). Las fincas
de menos de treinta hectáreas, las industrias de ·menos de diez obre~
ros y las pequeñas tiendas fueron· reintegradas al régimen de pro­
piedad privada con ·un éxito prOductivo e ifldudable alivio para el
consumidor.
Las demás empresaS se rigen por un sistema de autogestión. Per­
tenecen al Estado, pero son entregadas a la colectividad de sus obre­
ros como a unos «fiduciarios». Su .gestión Se efectúa por un consejo
obrero, que teóricamente detenta
la autoridad suprema, el comité de
gestión y el director, elegido generalmente por el órgano estatal, que a
la vez es órgano del self governement de la fábrica y representante
de la comunidad general, por lo que puede interponer
su véto a las
decisiones del consejo obrero y del comité obrero. ·
En una primera reforma, en la década de ·1950 a 1960, las em­
presas dejaron de ser simples agencias estatales, pero la libertad de
decisión de esas empresas autónOmas quedaba sumamente condicio­
nada por la completa reglamentación de los precios y por los ·im­
puestos
que absorbían todos sus posibles excedentes y que servían
para
constituir los Fondos de Inversión públicos, de los que dispo­
nían.
los organismos político-administrativos que asumían todaslas
decisiones de· inversión·. ·
92
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CAPIT AUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
A fines de 1960 la economía yugoeslava conoció dificultades
semejantes a las de los
demás países del Este: Tito recurrió flexible­
mente a las posibilidades ofrecidas
por el mercado internacional. El
sistema crediticio fue modificado,
.el .de los precios ieadaptado, _ y se
concedió a las empresas una parte importante de su. producto neto.
Con ellas Yugoeslavia obtuvo importantes préstamos del
;Fo.ó.do mo­
netario Internacional del Banco Mundial
y de U. S. A. y de otros
países occidentales.
Ello dio lugar a la deseada expansión, pero con extraordinario
desorden. La administración continuaba absorbiendo todos.
los pro­
blemas
de inversión y los consejos obreros sólo se preocupaban del
aumento de los salarios, olvidándose algunas
veces incluso de renovar
los
stoks. El resultado fue la inflación y el dinar tuvo que ser· de­
valuado en 1965.
Esto Originó que se discutiera- si el reinedio debía
buscarSe Vol­
viendo a la .«planificación total» o bien acerituando áún más la· re­
forma. La duda fue resuelta por Tifo, según explica Maitinet, por
una cuestión de prestigio. El argumento ideológico: Yugoeslavia se
juega su prestigio en lá experiencia de la autogestión, su aba11do11o
sería una decepción, _confesar wi fracaso>
Así, en 1964 y 1965 se realizaron las _nuevas reformas. _Se liberó 1~
empresa de gran parte de sus caigas fiscales, permiti_éndoles así no
sólo
en cierta medida, autofinancia~e, sin~ incluso paticipar en la
creación de bancos. También fue autorizada
la formación qe empre·
sas mixtas en las que pueden participar empresas capitalistas extran°
jeras con empresas yugoeslavas. Sarda Dexeus,
en los Anales de. la
Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de 1968, núm. 44,
definió la nueva economía yugoeslava
-como «una· economía de ~et~
cado, aunque no una economía de libre competencia>>, que «se aceréa
más a un sistema de oligopoHstico», y, en algunos aspectos, < más que .una coricurrencia de monopolios», como Ocurre --dice:..__,;,· en
las econom!as capitalistas más desarrolladas.
Sin embargo, las limitaciones
· impuestas por el Estado · son' aún
exorbitantes. Lo cnal, como ha destacado Sturmthal, es perfecta­
mente explicable; porque
«la autogestión es incompatible con _ un
régimen totalitario», pues
si los obiero.s llegaron a ·regir libreril'ente
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
la empresa, tendrían que acabar por afirmar su derecho a determinar
la política económica y financiera del gobierno que tenga una in­
fluencia vital en la marcha de cada empresa.
¿Cuál ha sido, en la práctica. el resultado de este ensayo? Un
fino observador
como el periodista José Pla (Destino 1720 de 19
sept. 1970), relató, en una de sus crónicas desde Belgrado: «todas
miS preguntas encaminadas a saber si en términos generales este sis­
tema produce los resultados que esperaron los que lo implantaron
han dado
como resultado la natural ambigüedad, porque algunas em­
presas de la cogestión andan bien, otras regular, y otras mal» ...
«cosa que en el sistema liberal del capitalismo es igual, awique en
este sistema el quebranto sea de los directamente interesados y en
el de aquí el quebranto sea del Estado. A mí me parece que este ré­
gimen es de transición, que durará lo que durará y que si dependiera
más del Estado que de la situación
genera:!, aun tratándose de lo
difícil que es hacer profecías en éste aspecto, su duración sería escasa.
Se trata de un régimen comunista arrendado o alquilado -el hecho
me parece cada Vez más claro--para asegurar en lo posible su ren­
tabilidad.»
Adolf Sturmtbal, en
La participation ouvriere a l'Est et a l'Ouest
(París, 1967), ha considerado negativa la experiencia yugoeslava y
Ota Sil:, ha expresado su creencia de que en Yugoeslavia predominan
todavía
los resultados negativos y las dificultades de orden práctico.
Expuso que se debía diferenciar este país, poco desarrollado, de un
país altamente industri.Jizado como Checoeslovaquia. Narró que en
Yugoeslavia surgió una evolución del mercado que más bien recordaba
los comienzos del capitalismo, con sus enormes dificultades; se pro­
dujo una enorme inflación, generó paro, etc., que
la poca experien­
cia de los obreros hizo que sus intereses inmediatos se admitieran
desordenadamente a costa de la evolución, y significaron una barrera
ante la necesaria integración. Sin embargo, se le hizo notar que en
las regiones autónomas, concretamente en
1a de Vojvodina, en el
Navi Sad, se elevaron los niveles de vida con relación a los del país;
que hizo surgir una nueva clase: los tecnócratas, lo que ha dado
lugar a una crisis política a'ún sin resolver.
Es en especial interesante el informe que emite Giles Martinet
94
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CAPIT ALISMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
en su citado y recientísimo libro. No se ha detenido la inflación. Todo
el país vive «por encima de sus medios». Progresa el sector privado ;
no sólo ya en la agricultura
y el artesanado, sino también en el tu­
rismo, la hostelería, los transportes, equipo y reparación de automó­
viles, gestión de parques de aparcamientos.
Se inicia cierto comercio
particular y, en algunas regiones, el ejercicio privado de la medicina.
Incluso se ha intentado
-desarrollar empresas industriales privadas,
las G. G. P., a las cuales, sin embargo, se les exige la autogestión
y una expresa autorización para constituirlas. Pero, sobre todo, el in­
cremento de las
inversiones extranjeras que ha llevado hasta crear
en
1?69 una sociedad internacional de inversiones extranjeras, par­
ticipando el Banco Mundial, 15 bancos yugoeslavos y 40 bancos occi­
dentales, y protegida por el secreto bancario.
Según algunos comentaristas, Yugoeslavia está efectuando mo­
mentáneas concesiones al capitalismo para asegurar
más efectivamen­
te la transición del «socialismo
de Estado» al «socialismo de auto­
gestión». Pero veamos de qué modo juzga Giles Martinet la realidad
de la autogestión yugoeslava.
La autogestión no ha suprimido el salariado. Salvo el caso de
las pequeñas unidades, en el cual un pequeño grupo de trabajadores
recibe sensiblemente la misma remuneración y se reparten con igual­
dad la parte de los beneficios correspondientes ; en las demás, las
relaciones societarias son salariales. «El «socialismo
de mercado» ha
segregado un mercado «socialista» de trabajo.» Se reclutan obreros
especializados que son disputados para
las empresas. Ello ha dado
lugar a luchas entre distintos niveles salariales y ha favorecido
la
reaparición de los «paros» de trabajo como protesta, pese a no ser
legar la huelga en Yugoeslavia.
Interrogado por Jean Dru, había manifestado en 1969 Kardelj que
la «intelligentzia técnica» se habría declarado siempre en favor de la
autogestiórt, pero que si se le permitiera gobernarla según su criterio
la liquidaría rápidamente. El dilema, a su juicio, es este: «O bien el
obrero ncontrolará" la tecnocracia y entonces las vías de la libertad
y de la democracia estarán abiertas, o bien el tecnócrata será ''con­
trolado"" y dirigido desde lo alto, y en ese supuesto, nos hallaremos
95
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
en la s1tuación inversa de la dominación y el absolutismo tecno­
crático>>.
Sardá Dexeus ya había observado que «el. sistema gerencial yu­
go eslavo tiende claramente a evolucionar hacia una gerencia efectiVa
de los cuadros técnicos, únicos capaces de llevar adelante. la empresa»,
y que. _ésta resulta más fácil de dominar por los técnicos cuando el
poder reside en una asamblea de obreros que cuando lo detenta
un
accionariado capitalista y consejos de administración apoyados en el
póder financiero.
Tratándose de los intereses inmediatos de los ·asalariados de una
empresa -determinada, la experiencia yugoeslava muestra:
1, . que los
intereses pueden ser contradictorios ( como las huelgas han puesto
de manifiesto) ; 2, que pueden ser contrarios al i_nterés _de· la -erri.-_
presa, reduciéndose con el aumento de salarios las posibilidades de
autofinanciación;
y 3, que pueden afectar a .los· intereses de los tra­
bajadores de
·otras ·empresas y ramos. De tratarse de los intereses su­
periores de. la clase obrera, ésfos no pueden_ ser determinados en el
ámbito
de una empresa particular. Lo que niuestra · ru3.l es la «mayor
contradicción
-del sistema», a juicio de Martinet, pues ·«es absurdo
separar la autogestión obrera de.la planificación· dCmocrática. ¿Cómo
es posible imaginar que los trabajadores puedan superar el estadio de
las reivindicaciones corpotativas o el del egoísmo de empresa,
si ca­
recen de los méclios para pesar en las·grandes decisiones nacionales?».
Asi,
partido único» y, especialmente, cori «la ausencia de organizaciones
obreras no infeudadas ·en el Estado, es decir, de organiza.dones in­
dependientes de la dominación del estamento social
que se 1dentificá
con el Estado».
A
-falta de· ({U1)a intervención políticm>, que exigiría Sindicatos
aut6nomos, «la expe!iencia de ·1a autogestión no pasa de ser, en lo
esencial, una tentativa de liberalización· emprendida bajo la égida
de la nueva clase>>. · · · - -
«L1ls realizaciones· sociales ·----co1ltinúa escribiendo Martinet-se
imponen siempre por encima de las esttllchlras (y ficciones) Juridic3.s.»
Estas realidades sbn, a sli juicio: · · · ---
96
Fundaci\363n Speiro

CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
-la separación entre «propiedad» y «posesión» de las nnidades
de producción;
-la persistencia del salariado y de la distinción entre las tareas
de dirección y ejecnción;
- el nacimiento de nna capa tecnocrática al lado de la capa
bu­
rocrática;
- la oposición entre el plan y el mercado, y
- la lucha por el reparto de la plus valía social, que da lugar a
fenómenos mutnos de explotación.
Y de
ahí· nace nna < partido perdiese el poder?» Hoy el aparato central del partido
asegura el frágil equilibrio entre las distintas repúblicas de la fede­
ración yugoeslava, frena la expansión tecnocrática y de la pequeña
empresa y contiene el movimiento estudiantil, gracias a que ocupa
los puestos de gobierno y detenta poderosos medios de coerrión.
Se señala que a la muerte de Tito podría «ponerse en ru.estión
el mismo sistema>>. Los detractores de la experiencia dicen que ésta,
«preconizando el socialismo de mercado, se ha alejado de los grandes
objetivos del comnnismo. Se ha aproximado a los del capitalismo y
de las concepciones burguesas. Como Rusia ha traicionado -dicen­
Ia causa de la revolución proletaria».
b) La primavera de Praga.
El intento checoeslovaco, sólo en parte ensayado y frustrado an­
tes de su total realización por los tanques de las fuerzas del Pacto
de Varsovia, nos ha sido explicado por Ota
Sik en su planteamiento
general. «Nosotros no pretendemos separamos del desarrollo socialista»
---dice-; nO renunciamos «a los principios fundamentales del socia­
lismo», ni «a la propiedad socialista», ni «a la planificación de la
ecoonomía nacional».
De lo que trataban era:
1.2 De nna modificación básica del carácter de la planificación
de la economía nacional, restattr-ando, en ella;-la función, orienta­
dora y estimulante, del mercadó reglamentado.
97
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JUAN V ALLBT DE GOYTISOW
2.Q De asegurar una participaci6n proporcional de toda la po­
blación traba¡adora en la renta producida, regulándose tres formas
fundamentales de propiedad:
- propiedad estatal en aquellos campos en los que una direc­
ción central tenga realmente un sentido racional y económico, v.
gr.,
energía eléctrica y nuclear, metalurgia pesada, algunos sectores de
la minería, etc., lo que debería investigarse concretamente;
-propiedad privada en los sectores en que se conserva la pe­
queña producción, la del artesano, pequeños comercios basados en
la actividad familiar, pequeños servicios; en síntesis, «donde se trate,
más o menos ,de una empresa familiar».
-propiedad colectiva, en la industria normal y en ~os grandes
almacenes, con distribución del capital entre todos aquellos que tra­
bajan en estos sectores y empresas.
3,2 De que la distribución de las rentas fuera desigual entre
las distintas capas o niveles de explotación. Lo cual, para él, no está
contrapuesto al marxismo, pues, a su juicio, la diferencia de clases
no radica en la diferencia de ingresos sino en su diversa procedencia
del capital o del trabajo.
4.Q De instaurar una verdadera democracia econ6mica en la em­
presa.
-Ahora bien; < sonas altamente cualificadas ( así, pues, subrayo la necesidad
de unas
direcciones altamente cualificadas)».
Si los trabajadores «ya están
adiestrados en las cuestiones del desarrollo económico», pueden par­
ticipar, a través
de representantes de sus intereses en el Consejo de
Administración,
en las empresas en las que están interesados en la
propiedad de las acciones y en sus beneficios ( no en otro caso, pues
su interés de obtener para sí una elevación· de salarios, pugnaría con
el
interés de la empresa)». Así, en Jorma concreta, proponía tres
instituciones
·con sus respectivos cometidos :
-el gerente, para forzar la producción al logro del mayor re­
sultado económico posible, como en Occidente,
_,. ·unos .. sindicatos, que representen los intereses inmediatos de
los
trabajadores,-es decir, los relativos a la mejora de las condicio­
nes de trabajo, seguridad en
et trabajo, etc.,
98
Fundaci\363n Speiro

CAPIT ALISMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
-el Consejo de empresa, representante de los intereses a largo
plazo de los trabajadores, en las futuras inversiones, en el desarollo
del capital; con facultades de «control» de la gerencia e incluso de
destituir al gerente si rige mal
la empresa.
5.2 De extender a nivel de la economía nacional la democracia
económica, mediante la democratización de la planificación, y ase­
gurar que en las planificaciones macroeconómicas no se realicen sólo
los exclusivos intereses de los productores, mediante
la instirudonali­
zadón de dos Cámaras en el parlamento:
-
la cámara de productores, en la que estarían representados los
sectores de la industria;
-la cámara de consumidores, en la que se integrarían < ficos, escritores, médicos, representantes de las organizaciones de
consumo e incluso, personas sin intereses particulares de producción
no representando sino
< «el
desarrollo cultural y humano».
6.Q De una democratización pol!ticaJ con un sistema pluralista1
y no único, de partidos, en el que, <;: se puedan expresar opiniones e intereses diversos. Se hubiese recti­
ficado así
la afirmación de Marx, que califica de errónea y de sim­
plismo peligroso, según la cual:
< de clase tienen que existir diversos partidos,
y allí donde desaparecen
las diferencias de clase sólo existe
un interés único para todos los
trabajadores,
y por ello sólo se precisa también un partido».
Un interés único de toda la población: «es una abstracción» ...
«No es verdad que el partido único busque la generalización de los
intereses
de los trabajadores, sino que en este partido único ( ... ) sólo
se realizan los intereses del grupo dirigente, de la pandilla que
manda. Estos intereses son los que deciden
y no los de la gente tra­
bajadora».
¿Qué hubiese ocurido de no haber sido barrida por la fuerza la
primavera de Praga?
Caben varias hipótesis, que pueden sintetizarse en las tres si­
gitlentes:
Primera: La «primavera de Praga», de haber progresado, hubiese
conc/yido por regresar el sistema de la propiedad privada, pues la de-
99
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
mocratización del régimen habría conducido a ello. Dijo Ota Sik
que «tal posibilidad, como demócrata, no puedo negarla en el plaoo
teórico>>, si bien aseguró que no creía en ella, como socialista conven­
cido de su compatibilidad con la democracia. Sio embargo, no parece
que el Kremlin pensara como él, y así
lo ha demostrado siempre,
y no únicamente en ese caso concreto, sino
al mantener un rígido to­
talitarismo no sólo en lo económico y lo político sino incluso en
lo
cultural y en el arte. Los otros países en los que el socialismo mar­
xista se ha afianzado, han mostrad.o, como, p. e., patentemente Cuba,
un endurecimiento creciente en aras del logro y mantenimiento de
este objetivo, que confirma la opinión de que sólo así puede
lo­
grarse, precisamente por ser contrario al orden natural de las cosas
(Cfr. en VERBO 97-98 en el ap. III de las Ilustraciones con recortes
de periódicos). A esta misma ruta podría haber llegado también con­
forme la
ley histórica, expresada por Beltrán de Jouvenel. de que una
vez el poder del Estado ha destruido todos los núcleos de poder
so­
ciales, tiende a desprender de su seno nuevos poderes que detentan
sus funcionarios quienes de
la descomposición de aquél extraen in­
numerables feudalidades.
Segunda:
y de haber alcanzado éstos los puestos rectores de la economía nacio­
nal, hubiesen
recaldo en el totalitarismo, aunque fuera con procedi­
mientos menos brutales
pero sí más sutiles, por la misma lógica ins­
titucional y por
la fuerza de los hechos. necesarios para la conse­
cución de
sus objetivos, si bien dando preeminencia sobre la buro­
cracia clásica a los tecnócratas, dentro de la sociedad dominada por
la
tecnoburocracia, conforme al pronóstico que, como hemos visto,
ha emitido Paillet.
Esta parece ser también la opinión de Martinet, que después de
señalar que la llamada «primavera de Praga» fue fruto de una triple
alianza entre
la tecnocracia, la «intelligentziá'J> y la clase obrera, sub­
raya que la tecnocracia checoeslovaca no era favorable a la institución
de los consejos de empresa, pero que se vio constrefiida a aceptarlos
para obtener la colaboración de los obreros en la lucha contra la bu­
rocracia del partido.
100
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
Tercera: Sin la intervención militar, que la frustró, hubiese po­
dido consolidarse un socialismo democrático o humano; que es la
hipótesis a la que se agarra ansiosamente, acariciándola mentalmente,
el .progresismo católico.
La formulación de esta última posibilidad, nos invita a hacer al­
gunas observaciones al sistema expuesto por Ota Sik.
Una, al sistema en sí mismo, en el punto fundamental de la ex­
clusión
de la propiedad privada de los medios de producción más
allá del ámbito estrictamente familiar.
¿No significa ésta una especie
de maltusianismo de las iniciativas y energías creadoras de las que
individualmente se hallan dotados algunos hombres? ¿No equivale a
una mutilación de las posibilidades de expansión de
las empresas fa.
miliares en tomo a las cuales se coloca un anilio de hierro que no
pueden trasponer sin convertirse en colectivas? ¿No es tanto como
privar a la sociedad de uno de los estímulos más eficaces para sn pro­
greso y reducir el ámbito de las iniciativas en forma perjudicial no
sólo para el desarrollo económico, sino incluso el de todas las facul­
tades que la libre iniciativa estimula?
Otras van referidas a su dinámica, a su futura evolución insti­
tucional. Notemos, de una parte, que el mismo Ota Sik, afirma «la
necesidad de unas decisiones altamente rualificadas» en las empre­
sas, en las cuales los obreros sólo pueden participar si «ya están adies­
trados eo las cuestiones del desarrollo económico».
De otra, que las
posibilidades de una empresa, en un régimen socialista aun siendo
éste del tipo propugnado, vienen limitadas por la planificación de
materias primas, créd,itos, precios, incentivos y detracciones, que de
hecho sólo una tecnoburocracia puede establecer. Y no olvidemos,
en fin, que
el pluralismo político propugnado se circunscribía, se­
gún el mismo profesor dice, «dentro de cierto campo político». En
estos términos, pluralismo político, cámaras económicas y participa­
ción en la gestión,
es muy difícil que escapasen al «control» de la
tecnoburocracia cuando ésta tuviese todos los resortes en su mano.
Por esto nos parece que el pronóstico más verosímil es el emitido
de modo general por Marc Paillet con relación a los países del otro
lado del telón
de acero, respecto de los cuales nos muestra lo fácil
101
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/UAN V ALLET DE GOYTISOLO
que resulta hoy a la burocracia dominante dirigir todos los hilos de
las elecciones
y manipular los parlamentos.
C) Socialismo de los partidos socialistas clásicos de los países
occidentales.
V arios factores de la experiencia socialista han dado lugar a un
revisionismo muy pronunciado en los socialismos
de los países occi­
dentales. En especial, según ha notado Hayeck: I.2, la evidente me­
nor productividad en un orden socialista que en el régimen de libre
empresa;
2.2, la implantación de un orden jerárquico arbitrario y
más infranqueable de
un escalón a otro; y 3.2, la comprobación de
que el socialismo, en lugar de la mayor libertad prometida, origina
un nuevo . despotismo.
a) Por una parte, el socialismo distributista tradicional fracasó
ya, como bajo el citado pseudónimo de Claude Brouclain; reconoce
el Club Jean Moulin
en «Le socialiste et l'Europe» ( cfr. en los
citados números VERBO, que publican los trabajos de Le Penquer
y Penfentenyo, también un 'resumen de ese reconocimiento).
El
aumento de los salarios resulta inútil desde el momento en
que los obreros, en lugar de hallarse frente a pequeños empresarios
sometidos al rigor de la concurrencia,. se enfrentan a sectores indus­
triales
lo suficientemente fuertes y organizados para repercutir en los
precios el aumento de costes que aquella subida signifique. De ese
modo los asalariado~ pierden como consumidores lo que ganan como
productores. La espiral inflacionista desarrolla sus efectos.
Los precios socia/,es, con tasa inferior al coste de producción,
dan lugar a la carestía del bien o servidos tasados, con
lo que se frena
el desarrollo económico
y se llega a resultados antieconómicos.
La nacionalización de estas producciones o servicios lleva, de una
parte, a disolver
el sentido cívico y de la responsabilidad, a pedirlo
todo al Estado sin ofrecerle nada,
y, de otra, a que cuesten aún
más caros al país que los paga con los impuestos.
b) De otra, la moderna tendencia sociali'sta occidental de los
social-demócratas, sigue Claude Brouclain, ha tratado de poner en
102
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
marcha la actividad económica en especial mediante las nacionaliza­
ciones, un complejo sistema de intervenciones
y el plan.
La creación. de un vasto sector público en la economía ha sido
considerado como condición indispensable para poner en manos del
Estado las palancas de mando
.de la economía. Pero, «la experiencia
nos muestra que en
muchos sectores el Estado apenas manda en -lo que
posee»,
y, «para poder asentar la situación de sus empresas públicas,
ha debido concederles confortables márgenes de beneficio, tras
los
cuales se acogen igualmente las compañías privadas extranjeras». Por
otra parte· «los intereses de los asalaridos
empleadoa en las empresas
monopolistas se hallan siempre al lado del monopolio»,
Jo cual
en nombre de socialismo, contrapone
.«~1-interés particular de ciertas
categorías de asalariados al interés general -de los consumidores». Así,
las intervenciones del Estado, conducen a que «omnipresente y dis­
tendido deje escapar de su seno mil feudalidades que le quitan la
sustancia».
Y el plan, impuesto como obligatorio al conjunto de factores eco­
n6micos, no puede superar la dificultad de que «un-a organización
centralizada de
la economía es un obstáculo- al desarrollo de las so­
ciedades avanzadas, -que precisamente constituye el objetivo primor­
dial
el.el plan».
Pero,
_sobre todo, estas medidas conducen necesariamente a in­
crementar el poder de coacción que el Estado detenta posibilitando
una mayor opresión.
No es de extrañar que de los partidos socialistas con solera en
los palses occidentales, haya escrito Galbraith que el socialismo al
haber abandonado la lucha por la propiedad pública ha llegado «a
significar meramente el gobierno
por socialistas que han aprendido
que el socialismo, tal como se entendía antiguamente,
es irreali--­
zable».
Ni hay por que asombrarse de que Ota Sik declare que los mo­
vimientos socialistas occidentales sólo constituyen metas abstractas y
proclamas hacia el socialismo ; que, en
la práctica, h~ llevad.o cierta
política social a favor de los trabajadores bajo las condiciones del
sistema capitalista,
pero en ninguna parte, hasta la 'fecha,' se ha es-
103
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JUAN VALLET DE GOYTISOLO
tablecido por su acción un verdadero sistema socialista en que el
capitalismo haya sido vencido.
Salieron en Itinéraires 143, de mayo de 1970 (cfr. extractos suyos
en VERBO 87-88, págs. 784 y sigs.) recordaba que en Bad-Godes­
berg eo 1959, el partido social demócrata alemán,' declaró que «la
propiedad privada de los medios de producción merece protección
y estímulo, en la medida en que no entorpezca la instauración de un
ordeo social equitativo». Lo cual resulta vago en su fórmulación y ha
sido ambiguo en los hechos, como observa el mismo Salieron: «Ya
que los socialistas se hallan en el poder en Alemania, y Alemania es
considerada como el país más capitalista de Europa. Los socialistas
están en el poder en
Suecia y Suecia es un país en el cual los me­
dios de producción son propiedad privada en un noventa y cinco
por ciento, lo cual tal vez sea el record del mundo. Los socialistas
están en el poder en Gran Bretaña y Gran Bretaña continúa siendo,
después de los Estados Unidos, el país capitalista por excelencia».
Al reseñar la conferencia de
los partidos socialistas celebrada la
primavera pasada en Helsinki, comentó
Y A, bajo el título «El socia­
lismo ante el muro» ( cfr. su extracto en VERBO 97-98), que el
socialismo, como el capitalismo, parece haber llegado a su etapa final:
<<... los partidos socialistas, únicos que han estado presentes en
Helsinski, constituyen hoy, al ·menos en Europa, unos equipos de
profesionales tecnificados de la política, más que unos movimientos
reivindicad.ores. Desde que el socialismo de cátedra entró a formar
parte de los gobiernos -tras la primera gran guerra-asimilando a
su estilo a
fos viejos líderes sindicales, difícilmente se puede decir
que entre
los llamados partidos socialistas «a la europea» y los sin­
dicatos obreros haya una simbiosis y menos una subordinación. Todo
lo más puede haber una armonía sobreentendida» ... que se orienta
y muestra en las urnas.
Pero, frente al socialismo de cátedra, aparece:
-un socialismo de los medios de comunicación de masa, idealis­
ta y utópico, que ha penetrado profundamente en grandes sectores
clericales
y estudiantiles,
- un rebrote de nihilismo anarcoide, que se mostró en el < 104
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CAPITALISMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
rojo» en Francia y es exhibid.o en las «huelgas salvajes» del Reino
Unido, Francia, Italia y otros países;
-la rebeldía de los «líderes de fábrica>> o elementos de «base»
que
se imponen a la superestructura o cumbre jerárquica de líderes
sindicales, que se observa en· huelgas de empresas nacionalizadas, co­
mo la Renault francesa ( en la cual los obreros declararon que no
les interesaban las acciones, «porque son un ahorro que nos impone
la empresa», sino que querían aumento de sus salarios), los ferro­
carriles británicos y de Estados Unidos, en las minas y otras empre­
sas chilenas ( en las que los obreros se oponían a su nacionaliza­
ción).
En definitiva, el revisionismo socialista se orienta a medidas fis­
cales, a la llamada igualdad de oportunidades en materia educativa
( que habría de llevarnos : de una parte, a una sociedad de fracasados
y resentidos dirigidos por la minoría triunfadora, en la cual como
en fa educación de la U. R. S. S. se intercalarían masivamente los
hijos de los líderes politicos y de la alta tecnoburocracia; y, de otra,
a una masificación cultural que degradaría
el verdadero saber o,
posiblemente, al /,wado de cerebro de la revoluci6n cultural) y a una
planificación calificada de indicativa, pero no-menos impet'ativa por
las presiones eo~ómicas que la rodean. Es decir, como la tecnoestru­
tura capitalista, este socialismo deriva hacia la tecnocracia.
D) El socialismo sueco.
La idea base del socialismo sueco ha consistido en actuar no
sobre la producción sino
sobre el consumo, tratando de conseguir
que éste se realice con la máxima igualdad posible, mediante medidas
fiscales que doten al Estado de medios para financiar
el consumo a
través de circuitos de distribución colectivos, y, en lo posible, gratui­
tas. Así resultan aseguradas por la colectividad las necesidades de
enseñanza, obras educativas ( inclusive colonias de vacaciones), los
deportes,
las diversiones y esparcimientos ( casas de cultura, radio,
televisión, etc.), la seguridad
social~ etc.
Como ha observado Saint Chamas ( op. cit., VERBO 94), Suecia,
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
por medio de nna presión fiscal que permite la colectivización de
todo lo que concierne a la formación, a la cultura y a la protección
del hombre, ha realizado este proyecto socialista, economizando así
las cargas
y los albures de una nacionalización de los bienes de pro­
ducción.
La propiedad de éstos sigue siendo privada, pero tividad toma a su cargo las personas, progresivamente despojadas de
su personalidad, de su iniciativa, de
lo esencial, de lo que hace li­
bres a los hombres».
En VERBO 97-98 podemos ver algunas ilustraciones acerca del
socialismo sueco. Suecia -----el país menos socialista del mundo, en
cuanto a los medios de producción, pero que socializa la renta na­
cional por el impuesto directo-ha tenido unos años de éxito eco­
n6mico, favorecido por circunstancias excepcionales -aparte de la
guerra principalmente-, pero se le presenta un porvenir inquietante.
El profesor Jeao Paren!, Decano de la Facultad de Derecho y Cien­
cias económicas de Clermont Ferrand, en su reciente libro El mo­
delo sueco, sefíala que las reformas- de los socialdemócratas suecos
hasta ahora sólo han atacado los bastiones exteriores
de la libre em­
presa, respetando la ciudadela, es decir, el derecho de las empresas
de tomar decisiones por
si mismas ; pero que hoy el gobierno sueco
se halla en la encrucijada entre no poder seguir el camino del
crecimiento del nivel de vida y hacia la mayor igualdad, o inva­
dir aquella ciudadela con el riesgo de que al hacerlo queden fre­
nadas la producción y el consumo. Recordemos con Salleron que si
el socialismo sueco ha funcionado hasta ahora bien, ha sido
más por
lo que tiene de capitalismo que por lo que tiene de socialismo, é in­
cluso gracias a que el fraude fiscal ha ido permitiendo corregir los
efectos de esta presión. Hoy, tanto desde Antdyse et Prevision (S.
E. D. E. I. S.) como en L'Hummanité se hace notar que en Suecia
se observa:
-Una emigración de élites, que tratan de buscar fortuna en
el extranj,ero. Parent dice que «eminentes personalidades llamadas a
percibir salarios altos
y a ocupar cargos de responsabilidad», prefie­
ren hacetlo en
los Estados Unidos, donde la presión fiscal es dos
veces menor.
-Grandes dificultades en las pequeñas empresas, mientras el
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CAPIT AUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCR.ACIA
gran capital sigue concentrándose. Mnestra también Parent que el
capitalismo privado está más concentrado que en otras partes y do­
mina absolutamente en la esfera de producción.
-La creación de más puestos de trabajo fuera de Suecia que
en
Suecia, hasta el punto que su producción textil se halla en vías de
transferencia hacia Finlandia, Portugal, Yugoeslavia, facilitada porque
los beneficios de los grandes grupos capitalistas suecos se realizan
principalmente en el extranjero; y éstos ya amenazan con su emigra­
ción. Así se ha deteriorado la balanza de pagos, y la hemorragia de
divisas
ha sido muy importante en 1969 y 1970, segóti explica Parent.
-El incremento del fraude fiscal pese a las medidas cada día
más draconianas que se adoptan. La proximidad al techo de los im­
puestos directos lleva_. a que se eleven los impuestos indirectos.
- Pero, sobre todo, una gran falta de estímulo a
la iniciativa,
que decae cada vez más. Dice Parent que «el peso de la imposición
es cada vez más insoportable y destruye poco a poco los incentivos al
crecimiento», mientras «la evolución espontánea vuelve a crear des­
igualdades».
Lo más grave, como dice Saint Chamas, es que el gusto de la
iniciativa y de la libertad se pierden ,en el régimen de la facilidad;
como ya había profetizado Tocqueville, a su estado de dependencia: pueblo de menores de edad eternos,
bajo la providencia de una colectividad cada
vez más atenta a eli­
minar los «fallos» del sistema».
Parent termina su libro recordando que, a
veces, «creyendo li­
berarse y marchar hacia la libertad, lo que se encuentra al final del
camino es la tiranía».
La encrucijada sueca se halla entre: ir cayendo en un verdadero
socialismo, con sus consiguientes nacionalizaciones, por
la vía que
conduce desde el Impuesto-Providencia al Estado-Moloch; o bien
hacer marcha atrás por el camino de la responsabilidad e iniciativa
privadas.
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
III. TECNOCRAClA
Hemos visto que tanto la moderna tecnoestructura del gran ca -
pitalismo y, especialmente, el capitalismo dirigido por el Estado de
los
países occidentales, como el neosocialismo occidental y las nuevas
tendencias socialistas que desde la base se manifiestan en los países
del otro lado de telón de acero, conducen a la tecnocracia. Esta
es
la conclµsión determinista del citado libro de Marc Paillet, como lo
es
-sin tal determinismo pero con lógica consecuente a las actuales
causas que llevan a ella, en tanto no se rectifiquen de raíz-la de
Marce! de Corte en La economía al revés. Una máquina complica­
da, que funciona en contra de
la naturaleza, necesita ser artificial­
mente manipulada e impulsada
por técnicos especializados en ello.
Estos hombres constituyen la tecnocracia, que, al decir de
Billy, «dota
de eficacia en su acción ( al poder político) al poner a su servicio las
técnicas modernas de dirección de
la economía y de la sociedad: pla­
nificación, presión fiscal, acción psicológica, etc., y de
J05 medios
para
la realización de los programas: crédito, grandes trabajos, cons­
trucción, etc.»
Meynaud, señala que así
se forma la ideología tecnocrática, que
se centra en el hecho de reservar el lugar central a los fenómenos
económicos de modo tal que: su construcción
y articulación se realiza
en función de la vida económica;
se auto justifica en términos de
eficacia económica, para descubrir las soluciones óptimas
en el terre­
no del bienestar social.
En un estudio reciente hemos señalado como características suyas :
1.2 La primada que otorga al desarrollo económico, al incre­
mento de la productividad
y la elevación del nivel de vida.
2.º La praxis «neo-ortodoxa» u «ortopraxin>, como la deno­
mina Julio Garrido, con sus nuevos dogmas: el relativismo, que con­
fiere al tecnócrata mayor libertad de movimientos al excluir la exis­
tencia de principios generales universales; el
evolucionismo, que do­
ta a
aquél de un aliento pseudo espiritual, y el naturalismo, que evita
a
los dos anteriores el riesgo de hallar contradicciones en principios
trascendentes.
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CAPITAUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
3.2 El empleo de los métodos de las ciencias físicas y la téc­
nica de la planificación para lograr una racionalización que se apoya
en una prefiguración mental elaborada en lo alto, que hay que apli­
car mecánicamente a personas y cosas.
4.2 Procurar la concentración industrial y la homogeneización
del género de vida, favoreciendo las aglomeraciones urbanas, la or­
ganización científica de los mercados,
la automatización.
5.2 Optar para conseguir esos logros por un poder ejecutivo
fuerte
y una organización burocrática que lleve la iniciativa y domine
todos los proyectos de legislación
y de planificación, con el empleo
de los medios y técoicas de propaganda precisos para conducír una
sociedad masificada por
la dirección prevista.
6.2 Tener como motor una mística del progreso, declarado
ineluctable,
y en cuya línea evolutiva sitúa su propia acción, de modo
tal que «cambio» y «progreso» van íntimamente unidos.
7 .2 La adaptación de esa marcha a una evolución que escapa al
proyecto, y para no rezagarse de ella: «razonar los hechos -como
dice Bloch Lainé-, registrarlos y, de ahí ordenar los acontecimien­
tos», aunque se llegue a un término muy diferente del previsto, pues,
según este tecnócrata, «lo desconocido de toda reforma»
es «preferi­
ble» al «inmovilismo».
Como el socialismo, la tecnocracia supone una concepción ideo­
lógica del mundo que admite .ru mecanización dirigida centralmente
por unos
cerebros capaces de ordenarla e impulsarla del modo más
perfecto. La diferencia entre ambas se halla:
- en el
fin preponderante, que en el socialismo es la utópica
sociedad sin· clases, regida por una igualdad adecuada según las di­
versas necesidades;
y que en la tecnocracia es el incremento de la
producción y del nivel de vida.
- y en los medios predeterminantes, que en el socialismo se
centran en la estatificación de los medios de producción,
y en la
tecnocracia en la planificación central de la economía y la redistri­
bución de las rentas por el impuesto,
para que así aumente el nivel
de consumo.
El análisis
de la tecnocracia lleva a la siguientes conclusiones :
1.2 La tecnocracia es una ideología! que contempla como un oh·
109
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
jeto-deseo, y no como un puro objeto, su concepción de la racionali­
zación de la sociedad.
2.2 A fin de realizar dicho objeto-deseo, desarrolla una praxiJ
mediante técnicas de manipulación de personas y cosas para articu­
larlas mecánicamente al plan trazado.
3.2 Esta acción conduce necesariamente a un totalitariJmo es­
tatal, en el sentido de que é~te ---con sus órganos centralizados o dis­
tribuidos periféricamente---- necesita dominar todos los resortes de la
cultura, la economía
y la política para poder imponer y realizar los
planes de un modo eficaz, bajo la dirección de tecnócratas especialis­
tas, unos, en la manipulación de la opinión, y otros, en la de las
cosas y los hechos.
4,Q Desde la más actual perspectiva científica la estructuración
tecnocrática se halla en plena contradicción con lo.r criterios socia/,es
que pueden deducirse de la visión cuántica del universo, conforme a
los últimos hallazgos de la física moderna.
5.2 La eficacia tecnOcrática es desbordada por sus resultados
que escapan al. ptoyecto1 en forma tal que éstos imponen la conduc­
ta de quienes provocaron su producción. El autor queda condicionado
por su obra. Así se produce el efecto que se llama aceleración de la
historia,
que no permite detener la carrera a quienes creen cabalgar
en la máquina y realmente son arrastrados por ella en aquella di­
rección por
la cual aún pueden esquivar o diferir, al menos, una
caída definitiva.
6.º Conocida la realidad de este hecho, se trata de compensarlo
con una
fe en el mito del progreso indefinido, que cree en la pró­
xima formación de unas
masttS con reflexión, en una especie de
noosfera que esperan conduzca a algo así como un punto omega,
que no pasa de ser un ectoplasma emitido con nna mezcla de teo­
logía-ficción y de ciencia-ficción.
CONSIDERACIONES FINALES: ¿EXISTE ALGUNA
OTRA VIA?
Recordemos que Chesterton, en Lo qu.e está mal en el mundo,
escribió que «este mal consiste en qne vamos adelante porque no
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CAPIT AUSMO-SOCIALISMO-TECNOCRACIA
nos animamos a ir atrás. De este modo el socialista dice que la
propiedad ya está concentrada en trusts y en monopolios: la única es­
peranza, es concentrarla más en el Estado. Digo que la única ·espe­
ranza es desconcentrarla: es decir, arrepentirse y regresar ; el único
paso hacia adelante es el paso hacia atrás».
Se nos dirá que esto es imposible, que la evolución a que asis­
timos es irreversible. Marcel de Corte lo niega: «No hay ninguna
necesidad impla<:able en el orden humano, salvo la muerte. Ciertamen­
te se producen las consecuencias, pero siempre en la medida· que
hayamos introducido las causas. Una economía ·tan llena de artificios
como la nuestra no tiene, por otra parte, nada de irreversible. Al
contrario, girando al revés de los mandatos de la naturaleza a fuerza
de procedimientos ficticios, no tiene otros resortes que la coacción
bajo todas
sus formas, colectivas e individuales. A la naturaleza, prin­
cipio del movimiento, le repugna,
en sí, d movimiento inverso que
se le quiere imponer».
¿Cuáles son, pues, las rectificaciones precisas en las causas para
evitar
sus efectos perniciosos? El mismo Profesor de Lieja traza un
esbozo en el que en síntesis indica:
En
lo social hay que rehacer la sociedad, reconstrl.lyendo desde
la familia y el mnnicipio, su tejido natural, roto por la disociedad
creada por el principio democrático de considerar el Estado formado
por una suma de individuos
libres de todo vínculo social. Sólo así
puede equilibrarse la «sociedad» industrial, que según de Corte pro­
viene «históricamente de hibridación insólita de la «antisociedad» de~
mocrática de elémentos iguales y de comunidades organizadas en
vista a la producción, cuya armadura técnica está irreductiblemente
jerarquizada».
La empresa como único elemento natural de ésta,
puede ser la base de la vuelta a la realidad económico social; for­
mando cuerpo en ella los jefes y colaboradores, sabiendo que su fi­
nalidad es servir al consumidor en lo que su interés coincide con su
deber manteniendo la necesidad de su organización jerárquica y hu­
yendo de convertir las empresas en máquinas, ruedas y correas de
transmisión de la inmensa tr.láquina estatal.
En lo económico debe ser orientada la economía hacia el consll~
midor, a la vez que deshaciendo esa económfa de producción que ha
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
provocado la constitución de la llamada <>,
como un receptáculo inmenso destinado a -consumir los excedentes de
aquélla. Con lo cual, poniendo las cosas en su sitio y el movimiento
en su orden, no será precisa la complicada organización desde arriba
necesaria
hoy para que la economía pueda marchar al revés y contra
pendiente.
En lo
económico-político, el Estado podrá así liberarse de fun­
ciones que no son suyas y que hacen de él no
ya el guardián del bien
común,
es decir de la buena ordenación de los ip.tereses particulares
de todos, sino
d portador de un interés colectivo que no es, a fin
de cuentas, otro que el del grupo que maneja sus palancas de mando.
En
lo político, hay que reintegrar al Estado, liberado de lo que
no
es su misión y vuelto a deslindar lo público y lo privado, a su ver­
dadera función de árbitro del bien común, que así podrá regir
con
plena imparcialidad y mayor eficacia en lo que le es propio, actuan­
do
con perfecta adecuación al principio de subsidiariedad, como ci­
ma de una sociedad a la cual debe coronar pero no absorber, a la que
ha de estimularse su vitalidad pero en modo alguno absorber ni ma­
nipular.
En
lo jurídico ·es necesario elevar a convicción general que el orden
jurídico debido no
se circunscribe a la ley económia de la oferta y
la demanda,
ni tampoco depende solamente de la voluntad del Es­
tado -sea democrático o totalitario-, sino de un orden jurídico
moral que los trasciende, y que debe conocerse buscando en los hechos
lo que significa orden y lo que produce desorden, con un criterio
axiológico y teleológico.
Las enseñanzas sociales de la Iglesia nos
ilustran este camino con
la doctrina social católica.
En nuestro reciente estudio sobre
la tecnocracia, concluimos que
el único remedio social frente ella radica en una organización por
cuerpos intermedios, que oponga
la solución biológica a la organi­
zación mecánica impuesta desde
un centro tecnificado. En Soluciones
de la organización
por cuerpos intermedios dejamos esbozados algunos
caminos concretos, que conviene profundizar.
Henri de Lovingfosse, en
la sesión de su presidencia del Congre­
so de Lausanne 1969, sefialó las
líneas de una ordenaciót jurídica de
la economía en un régimen de libre empresa, que puede ser base
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CAPITAUSMO-SOCIAUSMO-TECNOCRACIA
de estudios en esta dirección (la traducción de ese discurso podemos
consultarla en VERBO 87-88).
Finalmente, el remedio ~ge hombres con sentido de responsa­
bilidad y espíritu de iniciativa, comprometidos en una acción pa­
ciente, diversificada y multiforme en todas las raíces sociales. Tal
como Jean Ousset nos enseña en su libro La Acción, que no sólo
merece que lo leamos y releamos, sino que está escrito para ser
llevado a la práctica, pacientemente pero sin pausa alguna.
PATRIA -NACION -ESTADO
por JJt.AN ÜUSSET.
L ESTA COMUNIDAD SOCIAL DE LA QUE SOMOS HIJOS
IL DEFINICIONES PROPUESTAS
III. LA EDUCACION DEL PATRIOTISMO
IV.
EL INTERNACIONALISMO
V. LA NACION CONSIDERADA COMO ABSOLUTO
VI. UNIDAD
DE RAZA Y UNIDAD DE LENGUA
VIL ERROR
DE UNA CONCEPCION DEMASIADO DESENCAR­
NADA
DE LA NACION
VIII. ERROR
DE UNA CONCEPCION MATERIALISTA DE LA
PATRIA O
DE .LA NACION
IX. MAQUIAVELISMO O TOTALITARISMO ESTATAL
144 págs, 90 ptas.
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