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1971

Cristiandad y sociedad pluralista laica

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1971
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Desde el sansimonismo a la tecnocracia de hoy

DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
DE HOY
POR
MlCHELE FEDERICO SCIACCA.
Trataré el tema limitadamente al problema religioso, esto es, hablaré
del «nuevo cristianismo». Decimos
una_ vez por todas que en nuestra
ponencia no pensamos desconocer cuanto de positivo han aportado
los fermentos progresistas o antitradicionalistas (purificación de la
concepción de Dios, caída de supersticiones y de anacronismos, etc.),
pero una cosa es liberarse de lo viejo y otra echar al mar con la en­
voltura deteriorada_ también el contenido. Cámbiense esquemas, com­
portamientos
y modalidades históricas, abandónese lo caduco, pero
para reconquistar
para nueva vida cuanto no está sujeto a la erosión del
tiempo :
y s.ólo esto es la tradición y" también la historia, que es lo que
«queda»
y no lo que «pasa».
El sansimonismo y su historia se identifican con la historia
de la impiedad; de ella son un capítulo. En
la cultura occiden­
tal
se encuentran dos formas fundamentales de impiedad, ambas
de antigua fecha, pero que se propagan desde el momento que
el Occidente se va corrompiendo. La primera desde el Seiscien­
tos y desde el ilumiiiismo hasta hoy, coincide, en el fondo, con
el ateísmo vulgar del llamado libre pensamiento : ruptora de los
vínculos con Dios o irreligión
y tentativa del hombre de ponerse como
autosuficiente para poderse congratular consigo mismo, autoglorifi­
cación heroica o prometeica.
La segunda, que se enlaza con la pri­
mera,
se configura en formulaciones cada vez más precisas y perfec­
cionadas a medida que avanza el progreso técnico-industrial
y con él
la transformación ambiental
de la sociedad : natoralización y huma­
nización pura
y simple de Dios en vista de la «gran esperanza» de la
organización mundial en la que convergen, de un lado, Saint-Simon,
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MICHELE FEDERICO SCIACCA
los sansimonianos y el socialismo francés del Ochocientos, y, de otro,
Feuerbach, Marx y los diversos marxismos hasta la actual «teología
de la muerte de Dios». Tal humanización
de la religión comporta
«forzar ... a entrar
en los confines de la limitada naturaleza humana
aquel elemento inmenso, sobrenatural>> ( A. Rosmini, Frammenti di una
storia
dell' empieta, Torino, 1966, pág. 13 7), es decir, una doble vio­
lación o desconocimiento del ser, del hombre que
ya no ve sus limites,
y del de Dios «reducido» al hombre. En vista de la humanización, la
magnificación de la influencia saludable de todas las religiones y de
los beneficios que han aportado a la humanidad; pero, excluído lo so­
brenatural, todo esto es debido a la obra del hombre mismo aunque
por
él atribuído a un Dios. Los beneficios de que se habla son de
exclusivo orden mundano y social ; de aquí la reducción de la compo­
nente religiosa en la historia humana al nivel político-económico, es
decir, al quantum de su contribución al progreso del status social de
la humanidad ; de ello se sigue que una religión
es verdadera y el
Cristianismo auténtico en la medida que colaboran con la política,
la industria, la técnica, etc., es decir, «legitiman» este progreso en
cada una de sus fases. Las llamadas revelaciones divinas no son más
que inspiraciones que la humanidad revela a sí misma «y Cristo es
aquel hombre que fue mejor que todo otro, hasta respecto de los
suyos, inspirado por esa humana naturaleza, la cual se desarrolla
desde luego felizmente, hasta coger aquella forma que tuvo en este
hombre admirable, que fue a propósito nombrado Mesías o Cristo»
(A. Rosmini,
ob. cit., pág. 147). Por lo tanto, Dios, que es la hu­
manidad entera, se realizará en un nuevo estado político, social y
moral de la humanidad misma. La religión significa, por consiguiente,
lo mismo que la política en el sentido sansimoniano de la cual forman
parte las ciencias, las bellas artes
y la industria; y a todo esto los san­
simonianos lo llaman religión.
Vamos a ver unos pasajes del
Nouveau Christianisme (Diálogo
entre un innovador y un conservador) donde se encuentran casi todos
los motivos del actual «nuevo cristianismo>>.
«Conservador. ¿Crees
·en Dios? -Innovador. Sí, creo en Dios-.
C. ¿Crees que la religión cristiaria tiene un origen divino? -1. Sí, lo
creo.-C. Si la religión cristiana es de origeri divino, no es sus~
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
ceptible de perfeccionamiento: sin embargo, Ud. incita, con sus es­
critos, a los artistas, a los industri'1.les _y a los científicos a perfeccio­
narla. Ud. está en contradicción consigo mismo, porque su opinión
y su fe se encuentran en oposición.-1. La oposición que Ud. _cree
ver entre mi opinión y mi fe, es sólo aparente : es preciso distinguir
lo que Dios ha dicho personalmente de lo que el clero ha dicho en
su nombre.
Lo que Dios ha dicho no es ciertamente perfectible, pero
lo que el clero ha dicho en nombre de Dios constituye una ciencia
susceptible de un perfeccionamiento como todas las demás ciencias
humanas. La teoría
de la teología tiene necesidad de ser renovada en
ciertas épocas, como
la de la física, de la química y de la fisiología
[ como si el contenido revelado
y el criterio de la teología, que es la
Revelación, fueran idénticos a los de
la física, etc. Tal afirmación
presupone
la negación de la Revelación como cosa de curas]-. C.
¿Qué parte de la religión cree Ud. divina? ¿Y qué parte considera
hu.mana? -1. Dios ha dicho: Los hombres deben comportarse como
hermanos entre sí¡ este principio sublime encierra todo lo que hay
de divino en la religión cristiana. [Basta aceptar esta afirmación
para que el cristianismo venga humanizado
y secularizado en formas
diversas, pero con éxito idéntico. En efecto, reducir la religión cristiana
a este solo principio, que a fin de cuentas
es el segundo mandamien­
to,
es excluir el primero --«amarás al Señor tu Dios con _todo tu co­
razón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el máximo y el
primer
mandamiento>>---y hacer del mensaje de Cristo una mera
doctrina moral que, trasladada al terreno meramente social, coincide
con el humanitarismo socialístico
y después con la tecnocracia so­
cialista o socializante] ... Según este principio que Dios ha dado a los
hombres como regla de su conducta, ellos deben organizar la socie­
dad en
el modo que puede ser más ventajoso al mayor número [y
así el cristianismo es identificado con la organización de la sociedad
en ventaja de los más]
... Yo digo que en esto, y sólo en esto, está
la parte divina de la religión
cristiaoa.-C. Admito que Dios haya
dado a los hombres
un solo principio; admito que les haya mandado
organizar la sociedad en modo de garantizar a la clase más pobre
el mejoramiento más pronto y más completo de su vida física y_ es­
piritual [ya el «conservador» ha cedido, se ha pasado al otro carn-
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l\lICHEUJ FEDERJCO SCIACCA
po, se ha caído de rodillas frente al mundo]; pero le hago observar
que Dios ha dejado guías a
la humanidad. Antes de volver a subir
al Cielo, Jesucristo confió a
los apóstoles y a sus sucesores el oficio
de dirigir la conducta de
105 hombres, indicando las aplicaciones que
debían hacer del principio fundamental de la moralidad divina y
facilitándoles los medios para las consecuencias
más justas. ¿Reco­
nocéis a la Iglesia como una institución divina? [pregunta superflua,
interrogación retórica, después de haber cedido más arriba J. -1. Y o
creo que Dios ha fundado El mismo la Iglesia cristiana; estoy pene­
trado del máximo respeto y de
la más grande admiración por la con­
ducta
de los padres de la Iglesia. Los jefes de la Iglesia primitiva [he
aquí cómo despunta el pretexto de la Iglesia primitiva o evangélica
e inmediatamente después
el del pacifismo] predicaron abiertamen­
te la unión de tod05 los pueblos, los exhortaron a vivir pacíficamente
entre sí ; declararon con la máxima energía a los poderosos que es su
primer deber adoptar todos los medios a su disposición para el más
solícito mejoramiento posible de la vida espiritual y física de los
pobres. Estos jefes de la Iglesia primitiva hicieron el mejor de todos
los libros que jamás se hayan publicado, el Catecismo primitivo, en el
que distinguieron
las acciones de los hombres en dos clases, las bue­
nas y las malas, es decir, las que son conformes con el principio fun­
damental de
la moral divina, y las que son contrarias a este principio.
[Naturalmente, sin preocuparse del amor de Dios, de la purificación
y-de la salvación eterna.]-C. Ilústreme mejor su idea y dígame si
considera la Iglesia cristiana infalible. -1. Toda vez que la Iglesia
tenga
a su cabeza a los hombres más capaces de dirigir las fuerzas
de la sociedad hacia el fin divino [la organización de la sociedad,
no
la salvación eterna J, creo que la Iglesia puede, sin peligro, ser
reputada infalible [ infalible según los hombres, es décir, si es regi­
da por hombres que colaboran al progreso técnico-industrial y al bien­
estar]
y que la sociedad obre sabiamente dejándose guiar por elJa ... -
C. Po:r consiguiente, ·¿se enruentra la religión cristiana, ségún Ud., en
una difícil situación? -1. Por el contrario: nunca ha habido un nú­
mero tan grande de buerios cristianos; pero, hoy, 'forman parte casi
todos de la clase de los laicos. [Los buenos cristianos serían los in­
dustriales, los banqueros, los técnicos, etc. J La religión cristiana ha
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
perdido, después del siglo xv, su unidad de acción. Desde esta época
en adelante no existe un clero cristiano : todos los eclesiásticos que,
hoy, tratan de injertar sus opiniones, su moral, el culto
y los dog­
mas en el principio moral que los hombres han recibido de Dios,
son heréticos, porque sns opiniones, su moral y el culto y los dog­
mas de ellos
-se encuentran más o menos en oposición con la palabra
divina: el clero más poderoso de todos
es también aquel cuya herejía
es más grave. [Si se quiere decir que buena parte del clero se ha
desinteresado de la condición social de la mayoría de los hombres
y
que ha habido una colisión entre el alto clero como clase y la clase pri­
mero de los nobles y después burguesa y capital!stica, como también
una instrumentalización de la religión con fines políticos, Saint-Simon
tiene razón de sobra, pero esto no significa que el Cristianismo sólo
tenga una
«función>> social y secular].-C. ¿Qué será de la religión
cristiana si, como Ud. piensa, los hombres investidos del oficio de en­
señarla,
se han hecho ·eréticos? -1. El cristianismo llegará a ser la
religión única y universal; asiáticos y africanos se convertirán ; los
miembros del clero europeo volverán
-a ser buenos cristianos, aban­
donarán
sus diversas herejías que hoy profesan. La verdadera doctrina
del cristiano,
es decir; la doctrina más general que pueda ser dedu­
cida del principio fundamental
de la moral divina, será fundada y de
súbito cesarán
las diferencias que existen en las opiniones religiosas ...
[Hay todos los ingredientes del «ecumenismo» secularizado y desacra­
lizado: el cristianismo
mundano· y social sola «religión». universal, a
la que se convertirán incluso los actuales católicos
y protestantes, todos
heréticos por sus dogmas, para formar la «organización mundial»
regida por la indnstria
y por los bancos para el mayor bienestar. J ...
La nueva organización cristiana deducirá, tanto las instituciones tem­
porales como las espirituales, del principio de que todos los hombres
deben comportarse el uno
hacia el otro como hermanos. Ella dirigirá
todas las instituciones de cualquier naturaleza que sean, hacia el cre­
cimiento del bienestar de la clase más pobre ... La moral más
gene­
ral, la moral divina debe .llegar a ser la única mciral: es la consecuen­
cia de su naturaleza
y de su origen. -El pueblo de Dios ... siempre
ha sentido que la
doctrina cristiana, fundada por los padres de la
Iglesia, era incompleta; siempre ha proclamado que
surgirá una gran
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MICHELE FEDERICO SCIACCA
época, a la que ha -dado el nombre de mesiánica, en la que la doc­
trina religiosa- se manifestará en toda
la vastedad de que es suscepti­
ble; que ella regulará igualmente la acción del poder temporal y la
del poder espiritual,
y que entonces todo el género humano tendrá
una sola religió'n) una sola organización. (Como se ve, no falta el
mito de
la «gran espera», el fraude en que siempre ha esperado y
espera la impiedad.}
* * *
El secularismo de origen iluminista, sansimoniana y marxista, se
ha infiltrado también en la Iglesia católica; después de la última
guerra ha hecho explosión
en su clero y en su laicado a todos los ni­
veles, y no hay por qué sorprenderse en cuanto que la Iglesia en
su aspecto histórico está ligada al tiempo; de aqu! no sólo el la·
boreo en su interior, renovación saludable: sino desde el interior la
fuerza trayente que
trata de trastornarla en el momento mismo que la
solicita a hacer propia una de las dos sociedades impías, la neoca­
pitalista o la marxista en sentido lato,
caminadas a encontrarse en un
socialismo tecnológico o en una tecnocracia socialista. La sociedad del
bienestar habr!a encontrado su Hmite y con él descubierto su verdad
si hubiera acompañado al progreso con un poderoso despertar reli­
gioso capaz, sin disminuir su impulso, de contrastar su impiedad, de
vencer la desacralización; en cambio, se ha verificado una colusión
cada vez
más creciente entre los católicos y el seculafismo más radical
implacablemente perseguido por aquellas dos sociedades. De aqu! el
«nuevo cristianismo» parecido al cristianismo de los sansimonianos
como religión laica, comprometida
en favorecer la unificación de la hu­
manidad en una especie de organización mundial que iguala a todos
los hombres en un uniforme nivel de vida, realización terrestre de las
promesas
rriesiánicas, donde la paz será perpetua ya que la opulencia
de la seguridad vital y la libre satisfacción de todos los deseos, sobre
todo sexuales, sin
el peligro de «apostarlos» por un valor o por una
verdad superior a la vida: habiendo
sido ya demolidos todos los tabús
y las supersticiones entre las cuales las de Dios y de una vida eterna,
vencida cualquier oposición del pensamiento
y de la voluntad. Y así
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
el pacifismo, el progresismo, el modernismo y todos los temas del
laicismo más intransigente desde el Setecientos hasta hoy llegan a ser
temas del «nuevo cristianismo», que cesa de existir como religión
y se identifica con la sociedad impía desposando sus métodos y fina­
lidades.
El laicismo occidental,
fuera y dentro de la Iglesia, se ha puesto
en estado de alarma inmediatamente después de la segunda guerra
mundial.
El neocapitalismo tenía dos grandes temores: el comunismo,
que avanzaba
detrás de la potencia rusa, y el renacimiento católico;
por otra parte, era consciente
de que sin la ayuda de las fuerzas católi­
cas habría sido trastornado; de aquí la necesidad de utilizarlas contra
el comunismo, de comprometer a fondo políticamente a los católicos
en modo de hacer prevalecer en ellos los intereses políticos y econó­
micos sobre los religiosos, remitiendo a después la operación de rega­
miento del mismo comunismo". Y así ha sucedido: ha habido una afir­
mación política
de las fuerzas católicas, una eficiencia social de las
mismas, pero no ha habido un renacimiento de fe católica y de ca­
ridad cristiana, sino más bien un proceso acelerado de secularización
o de corrupción del catolicismo hasta
e1 punto de que los primeros
en correr
para adecuarse a las interpretaciones y a las críticas que el
laicismo de todo color ha hecho y hace del catolicismo verdadero,
son muchos católicos con un arsenal de especiosos pretextos y sofis­
mas y son, sobre todo, los .eclesiásticos, que corren mejor, Tal ope­
ración miraba
y mira a un «encuentro» complejo: de los católicos y
de los comunistas sobre la común plataforma de la sociedad del bien­
estar -tecnológicamente organizada de modo que, por la parte que
atañe a
las dos «teologías», se desteologizaran o desmitificaran al
máximo, y al encuentro de todos en una república mandada por la
tecnocracia a la vez «socialista» y «cristiana>> a su manera. Así es per­
fectamente realizada
la «continuidad» iluminística y neoiluminística
entre liberalismo, sansimonismo, comunismo y modernismo.
Otra alarma suscitó en el laicismo occidental
e1 anuncio del Con­
cilio Vaticano II: donde, por un lado, el dicho laicismo tuvo uu nue­
vo temor por el impulso renovador respecto a los fines de revigoriza­
ción de la fe, por otro organizó una nueva y más vigorosa ofensiva
( el temor comunista habla disminuído mucho) para desnaturalizado,
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MICHELE PEDERJCO SCIACCA
para hacerse de él un instrumento de liquilación de la fe misma y de
reducción primero
y de destrucción después de la Iglesia católica.
En otros términos, forzar la mano a fin de que
la renovación de las
llamadas estructuras desviase en subversión tal que atacase a las mis­
mas verdades reveladas ; impedir el despertar de fe dentro de
la so­
ciedad del. bienestar; hacér pasar por verdadero mensaje cristiano re­
Yelando la «nueva fe», las tablas redactachs por la comisión mixta
de tecnócratas, marxistas
y freudianos con el auxilio fervoroso de
cristianos católicos
y protestantes o disidentes.
El tema de la lograda «madurez» del hombre moderno, en la ver­
sión iluminística actualizada durante todo el siglo pasado
y el nues­
tro,
se ha repropuesto en pleno: reconquista de los poderes de la
razón alienados en Dios de modo que se substituya el prejuicio da­
ñoso de la
·Providencia por el benéfico orden racional descubierto y
dominarla; rescate
del trabajo alienado en el amo-explotador y ca­
pacidad del hombre, una vez 'despertada y madurada la conciencia
social, de
construir por sí un orden perfecto de justicia, que antes
alienaba en
un Dios amo y tirano, invención del hombre mismo,
explotada· por las clases dirigentes para conservar privilegios e in­
justicias; conciencia totalmente desplegada de la potencia de los medios
cognoscitivos
y operativos que, gracias al desarrollo de la ciencia y de
la técnica, hacen al hombre diariamente cada vez más autónomo
y auto­
suficiente. Llegados a este punto, no se trata sólo de racionalizar la
fe (religión natural que
se remonta a la antigua Gnosis), de «puri­
ficarla>> de lo sobrenatural, del misterio y de toda profundidad mís­
tica
y ascétl.ca, sino de «espulsarla», de signar el exilio o la defunción
de
la religión entendida como el con junto de vínculos del hombre
con Dios para substituirla por
la socialidad o el conjunto de las rela­
ciÜnes de los hombres entre sí; no se tiende a difundir el ateísmo,
sino de eliminar también éste, incompatible, al igual que la afirmación
de Dios, con
la sociedad humana universal y autosuficiente y, por
evolución, respecto a la cumbre de su madurez.
La sociedad del bienestar
fin de sí misma -- ladrón», que es Dios, «y a sus encubridores>>, que son la «Iglesia>>­
tiene una sola
chance que imponer: la sociedad del bienestar es la
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
felicidad esperada desde el antropoide al hombre de hoy y, finalmen­
te, inminente, .sin reflexionar que lo «perfectísimo»
es ab aeterno
o no será nunca ya, que precisamente por perfectísimo, no puede ser
el fruto del devenir o de la evolución. Reducidos todos los valores
a los productivos de la sociedad del bienestar liberada de todos los
tabús morales
y religiosos y puesta ésta como el op:imum de la feli­
cidad y la completa liberación de la humanidad, inevitable el odio
contra cuanto
se le oponga; y el mensaje de Cristo, del Dios viviente,
depósito de la Iglesia católica,
es el opositor más irreductible.
De aquí el plan de reducción del cristianismo a la «madurez» del
hombre moderno : un «nuevo cristianismo» aceptable por el adulto
hecho crecer deprisa por la técnica,
por la ciencia y por las varias
democracias liberales y progresistas. Todo el progresismo, interno a
la Iglesia católica y a las protestantes, ha puesto manos a la obra a
nivel de periodistas,
airas, frailes y laicos, como a nivel de teólogos,
obispos e
incluso cardenales, para hacer comprensible el mensaje de
Cristo al hombre llegado a adulto
y por esto lleno de legítimas pre­
tensiones. Juan
XIII había aconsejado a los padres conciliares «no
imponer nuevas doctrinas, no formular nuevos dogmas, sino hablar
de la fe de modo nuevo
y lúcido al hombre de hoy, con sus pala­
bras y con su modo de pensar». Optimo consejo: hablar de la
fe
al hombre de hoy con sus palabras, dejando sin cambiar e inmutables
la fe
y su contenido dogmático. En c;ambio, no, no sólo la teología
«romana» ha sido atacada, desde
la divinidad de Cristo a la infali­
bilidad y al primado del Papa, sino que
el lenguaje teológico ha sido
traducido en términos de democracia, de sociología, de tecnología:
cada Iglesia, de Holanda, de Alemania e incluso de pueblo, se ha
sentido
guía de «transformaciones» conciliares en lugar de Roma. e
incluso en contra, con el apoyo de este o de aquel grupo de todas las
fuerzas laicistas de las dos sociedades impías, según las cuales una
iglesia al compás de los tiempos debe transformarse en una especie
de «rotary» presidido por
el Papa y en que cada uno expone sus opi­
niones y hace un poco de_ bien.
¿Y qué es lo que el hombre de hoy, «madurado» por el progre­
so, no comprende del mensaje de Cristo?
Si es el hombre tal y como
lo ha hecho el laicismo occidental cul_minante en la; tecnológica y so-
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MICHELE FEDERICO SCIACCA
cialista sociedad del bienestar, no comprende absolutamente nada por­
que se ha o ha sido puesto en la condición _de no comprender, en el
estado de estupidez,
el único para que pueda aceptar o creer como
verdad infalible, o al menos como esperanza fundada, el mito del pro­
greso infinito cual su felicidad y
su cumplimiento, optimismo infantil
por debajo de toda madurez, favorecido y explotado
por la malicia
de quien detenta
el poder y quiere aumentarlo y extenderlo. De ello
se sigue que, a fin de que el hombre de hoy pueda comprender, es
necesario restituirlo a su inteligencia, hacerlo volver a «pensar>>, obrar
el milagro de hacerlo
«ver>> ; y no se obran milagros sin fe viva, sin
permanecer
«fieles» al auténtico mensaje de Cristo. En pocas palabras,
volver a dar al hombre de hoy el ojo de la mente o -el logos humano
y ayudarlo a abrir el ojo de la fe al Lagos revelado; y no se com­
prende este último sin el otro, sin el principio de verdad, el único
que hace creer como hombres, es decir, como seres pensantes y libres
y no
por ciego fideísmo. En cambio, se acepta el hombre de hoy tal
cual
es y se nos plantea el problema de cómo hacer aceptable a tal
hombre el mensaje cristiano. El «cómo»
es illevitable: diluyendo el
cristianismo
et1 aguas contaminadas, corrompiéndolo de modo que sea
aceptado por los corrompidos. ¿Cómo se puede hacer aceptar la vir­
tud
a un vicioso que se deja tal cual es y se le anima al vicio sino co­
rrompiendo la virtud o, si se quiere, elevando al rango de virtud el
vicio y mandando a paseo a la. aburrida de agrio rostro? Pero esto es
un círculo «vicioso» incluso en el sentido moral, unido a una ca­
rencia de conciencia religiosa; dice claro que quien se presta a la
operación de aceptabilidad del cristianismo en estas condiciones
ya
ha ateptado su adulteración hasta la negación; no es un cristiano
que quiere «atravesar», con todo el sufrimiento y el empeño exigidos,
la sociedad nueva para hacer operante en ella la Palabra de Cristo
y
restiruir tal sociedad a sus límites o a la inteligencia de sí misma, sino
un colaborador activo del sistema materialístico-tecnocrático que con­
tribuye a corromper al cristianismo y a cualquier religión hasta 'su
identificación con el programa
de la secularizaci6n. En efecto, dado
que la sociedad del bienestar
no comprende ni acepta el dogma del
pecado original en conflicto con el evolucionismo histórico
y con el
seguro mañana de felicidad, no se hable de
él; dado que ha llegado
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
a ser «madura», póngase el acento sobre Cristo -hombre, como
dice Saint-Simon-, o, mejor dicho, d!gasele que en el fondo su di­
vinidad no es necesaria para ser cristianos, y exilíense los ángeles, sin
lugar en la sociedad de hoy ; dado que la virginidad no
es apreciada
como en el pasado
y ya no se creeen .ciertas «fábulas», entiéndase el
artículo de fe «nacido
die María Virgen>> en el sentido de que el na­
cimiento de Cristo, superior a la posibilidad
de José y de cualquier
hombre,
es un fruto de la Gracia; dado que la vida ascética y morti­
ficadora, la oración personal
y la contemplación -la primera, como
tal, siempre comunitaria, y la segunda capaz de
una actividad que los
activistas ni sueñan-han perecido ya a causa del cambio de las
costumbres, sean perseguidas como imposiciones autoritarias de la
religión y de la moral represivas. En pocas palabras : puesto que la
sociedad del bienestar
es radicalmente impía y arreligiosa, interpre­
temos el cristianismo de modo
que ella, avanzando en su impiedad,
tenga también el
comfort de considerarse todavía cristiana, en vez de
despertarla
de su estupidez trocada por madurez y de restituirla a la
verdadera fe, a fin
de que el bienestar pueda ser de verdad un bien
y no su corrupción y su muerte espiritual.
Y así se elaboran catecis­
mos que ponen en duda o niegan todo lo que el hombre de hoy no
comprende
-no por maduro, sino por ofuscado y corrompido--, y lo
que no comprende
es la vida auténticamente religiosa y moral, lo so­
brenatural
y la vida eterna; no se pierda tiempo en hacérselas com­
prender, sino que se manipulen con el lenguaje de
la sociología, de
la política, de la técnica, de la economía, para una completa desacra­
lización presentada como
la nueva religión del porvenir, en que pue­
den creer sólo
quie11es niegan la Revelación, aceptada la cual, toda
la historia humana
es siempre nueva y contemporánea.
De aquí el profetismo y el mesianismo seculares, la ostentación
de
la «espera» inminente del reino terrestre, donde el mal no será ni
siquiera
un recuerdo, sólo porque todo será lícito a todos -«si Dios
no existe, todo
es lícito>>, escribe Dovstoievskij-y nada será peca­
do.
Péro la «inocencia» que se promete no es el fruto de una puri­
ficación interior, de
la liberación del ·mal, el precio de la ascesis; al
.contrario
es una «pureza» que Coincide con la pérdida de la con­
ciencia mor.il
de modo que lo que eta·· servidumb.te del vicio y d.el pe-
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MICHELE FEDERICO SCIACCA
cado se .haga libertad en el vicio y en el pecado. No se trata de ha­
cerse «chicos» para ser
más sabioi; que Salomón, sino de hacerse
«grandes», desde la primera adolescencia, para ser libres
de serun­
dar todos los instintos y vicios predilectos, realizar la libertad sexual
y con ella la felicidad. La purificación y la ascesis, el alto precio, son
instrumentos del Dios muerto, tirano cruel, y de sus secuaces car­
celeros esperihlales, enemigos de todo sentimiento humanitario a que
es reducida la caridad cristiana, lo único que hace a todos bienaven­
turados. Este es el nuevo· apocalipsis secular e impío, sin ni siquiera
ya la máscara religiosa: renovación de la humanidad sin purificación,
sino sólo a través de
la organización tecnológica universal que propor­
cionará los medios para todas las satisfacciones. En efecto, los nue­
vos «cátaros» quieren que
la Iglesia retorne a· la pureza de los tiem­
pos apostólicos y al mismo tiempo redamao el máximo de indulgen­
cia
y de laxismo para todas las «libertades» de la sociedad de los
consumos; protestan contra la actitud < pecto a regímenes totalitarios
de derecha, sobre todo si es en países
católicos, pero le quieren el crisma al socialismo tecnológico
y a la
tecnocracia socialista, a las dos sociedades impías; gritan contra la
«riqueza» de
la .Iglesia y ansían ahogarse en la opulencia.
De este nuevo mesianismo se sigue que lo que hay de divino o
por divinizar no está en el pasado de las viejas religiones, todas ellas
malas o por lo menos muy imperfectas, sino, a través de un presente
siempre en transformación
y proyectado hacia adelante, en el por­
venir garantizado, como pensaba Saint-Simon,
por la organización
industrial y social; que todo lo <¡ue del Cristianismo y del Catolicis­
mo no soporta una relectura según el dictado de la sociedad del bien­
estar, es prejuicio, superstición e ignorancia. Naturalmente, también
el" comunismo y el marxi_smo en cada una de sus formas deben redu­
cirse a esta perspectiva.
Los secuates
de Saint-Simon asignaban a' Cristo --como hoy al­
gunos de los continuadores de ellos-un puesto de honor en la
nueva- organización mundial: «Moisés prometió a los hombres la
fraternidad universal; Jesucristo la preparó; Saint-Simon la realiza».
Desde entonces el nombre
de Saint,Simon ha sido substituído por
más de
un preténdiente, por Marx, por Lenin, por Stalin, por Ken-
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DESDE EL SANSIMONISMO A LA TECNOCRACIA
nedy, etc.; los de Moisés, la antigua ley, y de Cristo, la nueva ley, se
mantieneo
firmes, son insubstituíbles. Y es esto lo que cuenta para
la inteligencia;
el tercer nombre es confiado a la propaganda de la
estupidez. El cristianismo no es problema de «quantidad» si no de
«qualidad», de fe intensa. Al comienzo eran doce, y uno traicionó;
quedaron once
y hicieron fracasar el imperio romano. j Qué vuelvan
once, pero como aquéllos!
• * *
De aquí el prograrua para la Iglesia: revisión y abandono de lo
viejo para una Iglesia presente
y operante en el mundo de hoy tal
como
se va haciendo, pero actuados de modo que, intacto el depósito
de las verdades reveladas, puedan _purificarla incluso a través del su­
frimiento de su fatiga,
y con el fin de que así purificada y sufrida in­
cluso por los hijos que
se rebelan y la odian, pueda atravesar la im­
piedad que se le opone
y recuperar dentro de sí, también con motivo
de tal oposición, un nuevo impulso apostólico y misionero. La re·
novación de la Iglesia para el renacimiento y el fortalecimiento de la
fe mantenida en su integridad favorecerá el cometido de la Iglesia
misma de ser, como en cada momento de la historia y de
la vida de
cada hombre, «contemporánea» en
la nueva cultura creadora que he­
redará al Occidente y al Oriente redescubiertos, una vez se haya
di­
suelto el occidentalismo, el cual, por su parte y en vista del peligro,
ataca con todos los medios a fin de que pueda extender
y perpetuar
su corrupción.
Desgraciadamente
se han intentado todas las revoluciones, menos
una,
la interior, la ¡.tE'távma, el «cambio» radical de las propias con­
vicciones, sentimientos y decisiones, consecuencia del estar en condi­
ción de
«ver» y por eso de «conocer después» (µe,a-voiro). De nada
sirve alterar las cosas sin el renacimiento interior, operación
y res­
ponsabilidad personales : «no son las instituciones más o menos trans­
formadas las que salvarán a la Iglesia, sino el espíritu que animará
sus estructuras». Y el mismo Cardenal Léger precisa que «hay pun­
tos firmes sobre los que
la Iglesia tiene necesidad de certezas y de
ejemplos y no de opiniones, como la fidelidad al Vicario de Cristo,
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MICHELE FEDERICO SCIACCA
la unión de los Obispos y de los Cardenales en tomo a la Cátedra de
Pedro. El Papa puede ser exhortado, hasta reprendido como hizo
Santa Catalina de Siena con los Papas de Aviñón, a condición de que
se le considere, como lo definía aquella grandísima italiana, el dulce
Cristo en la tierra». La Iglesia,
por esto, tiene necesidad de fe y de
oraciones, de recogimiento y de silencio, mucho menos de asam­
bleas a chorro continuo, para nada de la 1tpoam,ro'ltol1a. de curas y car­
denales que se prodigan malgastándose en conferencias de prensa
y en entrevistas televisivas, en la redacción repetida
y perfeccionada de
la magna e harta del progresismo católico mundial, que se identifica
desde cuatro siglos con la historia de la impiedad.
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