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Número 413-414

Serie XLII

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José María Martí Bonet y Teresa Montserrat Recoder: Epistolario del Dr. Joaquín Masmitjá

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José María Martí Bonet y Teresa Monserrat Recoder:
EPISTOLARIO DEL DR. JOAQUÍN MASMITJÁ (•)
Joaquín Masmitjá de Puig (1808-1886) fue un sacerdote sin­
gular
en una época en la que Cataluña produjo tal cantidad de
figuras singulares, que bien podemos decir que ninguna otra
región
de España dio a la Iglesia un conjunto tan asombroso
de santos, hombres y mujeres, muchos de los cuales están ya
en los altares. Se me vienen en estos momentos a la memoria
tal cantidad de nombres, y de tanta talla eclesial, que parece
imposible
que cien años después sea Cataluña la tierra más
descristianizada
de España. No entraremos en el porqué de
ello. Sería un largo estudio que haría muy extensas estas líneas.
Sólo
afirmaré, aunque sé que hay quien lo discute, que no
poco, o mucho, tiene que ver en ello un nacionalismo desbo­
cado que quiso la religión al servicio del catalanismo y no
Cataluña al servicio de la religión. Y como los que niegan esta
afirmación militan en ese campo, no ya estéril sino suicida, nos
parece que sus argumentos son más bien una desesperada
defensa de una causa que se muere que lúcida exposición de
realidades esperanzadoras.
Si figuras impares como Balmes o Ciare! bastarian para jus­
tificar a cualquier región,
bien podemos decir que son apenas
una pequeña muestra de lo que en el siglo XIX Cataluña ofre­
ció a la Iglesia y a España.
Y, entre los nombres que vamos a
aportar, no se encontrará el menor atisbo de catalanismo.
Todos
se sentían, naturalmente, cordialmente, españoles. Y
curiosamente, todos, o
la inmensa mayorla, eran antiliberales.
Y si alguno, o más bien, alguna, no se manifestó como
tal, era
porque en sus afanes apostólicos no se preocupaban de la
política. Pero, aun así, su vida y su obra eran antiliberales. Lo
otro vino después. A finales del siglo XIX y comienzos del xx.
Los resultados hoy se ven.
(*) Dos volúmenes. Archivo Diocesano y Biblioteca Pública Episcopal de
Barcelona, 1982, XLIX, 33 láms., 480 págs. y 6o4 págs.
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Santa Joaquina Vedruna (Barcelona, 1783-1854), fundadora
de las Carmelitas de la Caridad; la beata Ráfols (Villafranca del
Penedés, 1781-1853), fundadora
de las Hermanas de la Caridad
de Santa Ana; Santa Maria Rosa Molas (Reus, 1815-1876), fun­
dadora
de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación;
la beata Maria Ana Mogas (Corró
de Avall, 1827-1886), funda­
dora
de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino
Pastor; el beato Francisco Palau y Quer (Aitona, 1811-1872),
también fundador; San Enrique
de Ossó (Vinebre, 1840-1896),
fundador
de la Compañía de Santa Teresa; el beato Manuel
Domingo y
Sol (Tortosa, 1836-1909), fundador de los Operarios
Diocesanos; Santa Teresa
Jomet (Aitona, 1843-1897), segundo
santo
que da la pequeña población de Aitona y paradigma de
caridad que con sus Hermanitas de los Ancianos Desampara­
dos alivió el desamparo de tantos miles, cientos de miles
ya,
de viejecitos y viejecitas en España y en el mundo; el
P. Francisco Coll (Gombrén, 1812-1875), fundador de las domi­
nicas
de la Anunciata; el beato Mañanet (Tremp, 1833-1901),
fundador
de los Hijos y las Hijas de la sagrada Familia; Santa
Paula Monta! (Arenys
de Mar, 1799-1889), fundadora de las
escolapias; el obispo
de Segorbe Francisco de As!s Aguilar
(Manlleu, 1826-1899); el obispo
mártir de Vich fray Raimundo
Strauch
OFM (Tarragona, 1760-1823); el abad Deás OSB (Sant
Pol
de Mar, 1837-1921); el arzobispo de San Francisco de
California José Sadoc Alernany (Vich, 1814-1888); el obispo de
Vich y Barcelona, Palau y Termens (Valls, 1806-1862); San
Pedro Almató, mártir del Vietnam (San Félix Saserra, 1830-
1861); Maria Antonia París (Vallmoll, 1813-1885), fundadora con
el
P. Claret de las claretianas; la venerable Paula Del Puig, reli­
giosa vedruna camino
de los altares (Malgrat, 1811-1889); el
gran obispo
de Pamplona Severo Andriani, defensor de los
derechos
de la Iglesia frente al arzobispo intruso de Toledo,
González Vallejo (Barcelona, 1774-1861); Félix Sardá y Salvany
(Sabadell, 1844-1916), autor del celebérrimo El liberalismo
es
pecado y alma de la leidísima Revista Popular, Teresa Arguyo!
(Sarriá, 1813-1853), fundadora
de las clarisas de la Divina
Providencia; la sierva
de Dios Librada Ferrarons, alma angeli-
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cal santificada en el sufrimiento (Olot, 1803-1842); el gran
misionero dominico
Juan Planas y Congost (Navata, 1810-1886);
el jesuita Francisco Javier Butiñá (Pla
de l'Estany, 1834-1899),
fundador
de las Siervas de San José, tanto en su rama caste­
llana como
en la catalana; Isabel de Maranges (La Bisbal, 1850-
1922), cofundadora
de la rama catalana; Magín Ferrer, O de M.
(Barcelona, 1792-1862), polemista notable y escritor fecundo; la
venerable Filomena
de santa Coloma (Mora de Ebro, 1841-
1868), mística importante; Teresa Toda Juncosa (Riudecañas,
1826-1898) y
su hija Teresa Guascb Toda (Riudecañas, 1848-
1917), fundadoras
de las Carmelitas Teresas de san José; el
célebre historiador jesuita Fidel Pita (Arenys
de Mar, 1835-
1917); Vicente Pou (Maiá
de Montea!, 1792-1848), uno de los
principales teóricos del carlismo; Teresa Gallifa (San Hipólito
de Voltregá, 1850-1907), fundadora de las Siervas de la Pasión;
el cardenal Casañas (Barcelona, 1834-1908); María Gay Tibau
(Llagostera, 1813-1884), fundadora
de las Religiosas de San José
de Gerona; Gertrudis (Mataró, 1824-1883) y Marcos (Mataró
(1815-1878) Castañer y Seda, fundadores
de las Filipenses de
la Enseñanza; el jesuita Antonio Goberna (Santa Coloma de
Queralt, 1828-1897); Maria Esperanza González Puig (Lérida,
1823-1885), fundadora de las Misioneras Esclavas del Inmacu­
lado Corazón
de Maria; Lorenzo Pujo! (Vicb, 1805-1877), fun­
dador de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento;
José Gras y Granollers (Agramunt, 1834-1918), fundador
de las
Hijas
de Cristo Rey; Buenaventura Codina (Hostalrich, 1785-
1857), obispo
de Canarias, en proceso de beatificación; Ramón
Lázaro
de Dou (Barcelona, 1742-1832), ilustre diputado en las
Cortes
de Cádiz y alma de la Universidad de Cervera; Catalina
Coromina (Oristá, 1824-1893), fundadora
de las Josefinas de la
Caridad; Miguela Grau (San Martín
de Provenzals, 1837-1885),
fundadora
de las Hermanas de la Doctrina Cristiana; el obispo
de Astorga Juan Bautísta Grau y Vallespinós (Reus, 1832-1893),
que dejó a la ciudad leonesa la joya modernista del palacio
episcopal
de Gaudí; Maria Güell (Valls, 1848-1921), fundadora
de las Misioneras Hijas del Corazón de María; Ana María Janer
(Cervera, 1800-1885), fundadora
de las Hermanas de la Sagrada
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Familia de Urge!; José Caixal (Vilosell, 1803-1879), belicoso y
notable obispo
de Urge!; Costa y Fomaguera (Calella, 1828-
1911), obispo
de Lérida y arzobispo de Tarragona; el cardenal
Vives y Tutó, martillo del modernismo e íntimo colaborador
de
San Pío X; Ana Ravell (Arenys de Mar, 1819-1893), fundadora
de las Franciscanas Misioneras de la Inmaculada Concepción;
el cardenal Lluch (Manresa, 1816-1882); Pedro Reig y Conill
(Cruilles, 1832-1898),
uno de los más declarados clérigos inte­
gristas del Principado; José Mach (Barcelona, 1810-1885), jesui­
ta, uno de los misioneros apostólicos más destacados en una
tierra en la que tanto abundaban; Lutgarda Mas (Barcelona,
1830-1862), fundadora
de las Mercedarias Misioneras de Barce­
lona; Primitiva Munsuñer (Figueras, 1850-1905), fundadora
de
las Franciscanas de San Antonio; Enriqueta Rodón (Barcelona,
1863-1903), fundadora
de las Franciscanas del Buen Consejo;
José Benito Serra (Mataró, 1810-1886), benedictino, obispo titu­
lar
de Daulia, fundador de las Oblatas del Santísimo Redentor
y declarado carlista; Jacinto Verdaguer (Folgueroles, 1845-1902),
el genial poeta; Francisco Xarrié (Barcelona, 1792-1866), famo­
so dominico antiliberal; José Xifré (Vich, 1817-1899), cofunda­
dor con San Antonio
Maria daret de los claretianos ... Y podría­
mos añadir bastantes más nombres a esta larguísima lista de lo
que Cataluña aportó a la Iglesia de España.
Pues
en ella merece figurar con todo derecho Joaquín
Masmitjá (Olot, 1808-1886). Sacerdote, canónigo penitenciario,
vicario capitular y general
de la diócesis, uno de los clérigos
más respetados en sus días en Gerona, confesor de sus obis­
pos ... Y fundador de las Misioneras Corazón de Maria.
En esta obra en dos volúmenes, de más de mil páginas, se
recoge una breve biografia de Masmitjá e innumerables cartas
dirigidas en su inmensa mayoria a sus monjas. Y en su inmen­
sa mayoría
de escasísimo interés salvo para quien quiera tener
un conocimiento exhaustivo de los primeros años de la
Congregación
de las Misioneras. Las que enfermaban y de qué
enfermedad, las que morían o mejoraban, los remedios que se
les aplicaban,
cómo se llamaban y de dónde eran las que ves­
tían el hábito, las que profesaban, las que cambiaban de casa,
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las díscolas, pocas, las regulares, las santas, bastantes, lo que
comían, lo que regalaban, lo que recibían, dónde se debían
comprar los colchones, la tela para los hábitos,
si podían tener
cerdo para la matanza, ... Todo está contado, ordenado, acon­
sejado por el Fundador. Y eso que han debido perderse otras
muchísimas cartas a las superioras· de otras casas.
Por supuesto que, de la lectura de las mismas, resulta la
virtud, en incluso la santidad del fundador y su amor a la con­
gregación
que fundó que era la niña de sus ojos, el cofre en
que guardaba sus dineros y el objeto de sus trabajos y preo­
cupaciones. Sin embargo, es lo menos interesante de la vida
de este canónigo, hombre de confianza de sus obispos, respe­
tado
en la localidad y con relaciones civiles y eclesiásticas fue­
ra de ella, de lo
que nos quedamos sin saber casi nada. Sus
monjas, sus monjas y sus monjas. Y algo, muy poquito, de
aquella hermosa figura de santidad y sufrimiento que fue
Librada Ferraróns, a la
que Masmitjá asistió espiritualmente en
sus últimos tiempos y que le dejó un recuerdo imborrable.
Libro, pues, que quizá fuera necesario escribir pero de lec­
tura insoportable. José María Marti Bonet y Teresa Monserrat
Recoder desarrollaron
un ímprobo trabajo para situar a casi
todas las personas
que Masmitjá cita en sus cartas. Y a decir­
nos dónde y cuándo nacieron, cuáles eran sus apellidos, qué
cargos ocuparon... Pero, ¿a quién importa saber si Magdalena
Massegur tenía una hermana, Manuela, también religiosa del
Corazón de Maria? ¿O que muriera muy joven, de tuberculosis,
a los
25 años, el 2 de septiembre de 1854, coincidiendo con
el primer aniversario de su hermana Manuela? ¿O que la pri­
mera monja fallecida en la congregación se llamara María Ribas
y Masoliver, nacida
en Olot el 27 de septiembre de 1820 y que
muriera, también de tuberculosis, el 7 de enero de 1851, en
casa del párroco de San Jorge Desvalls, que era pariente suyo
y a
donde había sido llevada por ver si mejoraba? Pues así,
páginas y páginas.
¡Más de mil!
FRANCISCO JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA C!GOÑA
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