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Número 243-244

Serie XXV

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Los católicos y la vocación política

WS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
POR
MIGUEL Aroso ToRRES
A Alberto Rui,; de Galarreta
SUMARIO:. l. LA VOCACIÓN DEL HOMBRE A LA PEJtFECCIÓN MÚLTIPLE.-II.
LA VOCACIÓN Y LA VOCACIÓN SEGLAR.-lII. LA VOCACIÓN POÚTICA.-IV.
LA POLÍTICA; REALIDAD _NOBLE.-V. LA POLÍ'rICA, FOMENT~!)RA DEL ES­
PÍRITU DE CONSAGRACIÓN PROPIO DE iA .VOCACIÓN: a) pobreza; b) casti­
dad,· e) obediencia; d) estilo.-VI. ALGUNAS ·MEDITACIONES PARA.POLÍTI­
cos. HAcIA UNA ESPIRITUALIDAD PROPIA: a) el trabajo en ·equipo' y las
alianzas; bJ la definición y lás decisiones; e) la espiritualidad de las «co­
sas grandes»; d) la soledad; e) el corte de las comunicaciones;.f) la ascé­
tica .de la discreci6n.-VII. NECESITAMOS MUC_HAS VOCACIO~ POLÍTI­
CAS.-VIII.

PROMOCIÓN, DIAGNÓSTICO
y MANTENIMIENTO DE voéA,CIONES
POLÍTICAS: á) promoci6n; b)-diagn6stico;· e) mante,¡imiento. -
I. La· vocación del hombre a la . perfección múltiple
En la XX Reuni6n de aiÍl.igos de la Ciudad Cait6lica desarro-.
llé

el estudio
del deber que la política supone para los rat6licds
(

«La política como deber:
sentido y misi6n de la caridad po­
lítim», en

el volumen
Los católicos y la acción política, Speiro,
Madrid, 1982,

págs. 351-387),
segón la línea enunciada por Pío XI
como
«caridad política», en la prolongaci6n ru orden de la gracia
de la
realídoo que no e5<11Pó ru genio filos6fico de. Arist6teleshajo
el

nombre de
«philia politiké».
En

aquella
ocasi6n, por encima de la tentaci6n maximal.ista
del po,liticismo, señalé la necesidad ----amsecuencia de que el
orden político
minca · reúna tantas excelencias que hagan justifi-
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Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
cable el abstencionismo--de que los católicos se comprometan
con la
Ciudad haciendo política con mayor o menor intensidad
«según

nuestro
temperamento y nuestros particulares carismas,
según la naturaleza de las actividades en que nos afanamos y se­
gún la gravedad y urgencia de la situación de la patria» (Ibíd., pá­
gina 383).
Entre
los tétminos de tan matizada declooación voy a ocupar­
me hoy, continuando ¡¡que! esrudio, de la vocación polDtica como
p llevan
a l,¡ perfección. Pero como en buena lógica lo especifico
sigue

a
lo genérico, . habré de prestar atención, como primera
piedra
de 'oblig'¡ida situación pa-ra el posterior discurrir de nuestra
reflexión, a la vocación in genere.
De acuerdo con el padre Victorino Rodríguez O. P: (Temas­
clave
de humanismo

cristiano,
Speiro, Madrid, 1984, págs·. 35-42),
es un hecho
anitropológico obvio

que el hombte
viene a la vida
como un ser
especlfimmente l:¡umano, odn una irulividualklad · ori­
ginal e irrenuncl..ble, dotado de una herencia biológica riquísima
y sometido a una ley de evolución perfectiva, que es su vocación
fundamental.
Llamad¡¡ c¡ue lo es a la vida, a la humanización y a la divi­
nización.

No me
extenderé en

la
consideración del primér orde­
namiento irnmmiente · al desMrollo del irulividuo humano, que po­
demos llamarley de vida, y que genéticamente supone el derecho
natural fundaniental de

la
persom humana. En cambio, prestaré
mayor atelllción
a

los
~ subsiguientes. En cuanto a L,, llama­
da,

por todos
sentida en la profundidad de la conciencia, a la
perfección
Hbte y personalmente adquirida, nace inmedmtamente
de ella el deber fundamental --- de

toda
¡,emana de

vivir
honestamente, y los derechos naturnTu:s
consiguientes a los medios p sonal de humanización arraig:an todas las diferenci!lciones posi­
bles de perfección, entte las que destaca -por su nobleza y dig­
nidad-1a vocación y profesión políticas en su sentido más au­
téntico de prudencia cívico-gubernamental, de justicia social y de
ciencia del bien común. Por fin, por encima de esa vocación · a
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Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
la honestklad de vida y a la religación con Dios, y como ro eil>­
ooluto y defirutlvo del hombre, está la vocación personal de gra,
CÍA divina, vocación personaMsima, con infinidad de marices, mo­
dos
y
gr¡ados, como respuestas diferenciadas a la única llamada
a la santidad: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es per­
fecto» (Mt. 5, 48). Proceso cuyo último momento es la vocación
definitiva: «Venid, benditos de mi Padre; tomad posesión del
reino prep!a1"ado ¡ma vosotro• desde la creación del mundo»
(Mt. 25, 34).
IL La vocación y la vocación seglar
Recientemente ofia sostener a un escrito.r que si tuviera que
decir cuál es la mayor de las bienaventumnzaS de este mundo,
oeñaliaría, sin vacilar, que la de poder vivir de lo que uno ama;
y
añadma una segunda: la de llegar a amar aquello' de Jo que
uno vive.

Pero que,
curiosamente, parece que son pocos los que
disfrutan
de la primera y no muclros más fos que conquman la
segunda . .!\ún más, un altísimo pc,n:entaje de los humanos se
muere sÍ!I!. llegar a descubrk cuál era su verdadera vocación.
Por

otro lado, un catedrático de Derecho canónico se vio
sorprendido cuoodo, disertando oobre la sacramenmlidad del ma­
trimolnio, fue interrumpido por lia pregunta de un asistente («Y
si los cónyuges no tienen vodación, ¿qué pasa con su matrimo­
nio?»), sin duda imbnido de la idea de que la vocación es cosa
de un pequeño grupo de cristianos selectos.
Curiosa y extrañamente, es éste un vocahlo que en el uso
común

,se
ha empobrecido, resttmgiéndose a las vocaciones reli­
giosas y sacenl.otales sobre todo. Lo que hay en realidad es una
gran ignorancia, porque la vocación no es un lujo de elegidos ni
un
sueño
de selectos.
De

modo
ascendente se
pueden
señalar tres niveles en su
comprensión. En

el primero, la vocación adquiere un sentido re­
duccionista, equival.ente
ail uoo que haroen los que dicen tener
voct,dón
de pintor, o matrimonial, queriendo decir simplemente
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Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
que se sienten inclinados hacia ese estado de vida que, por orra
parre; es
el que satisface su i.nclinaci6n ,mtuml y el que mejor
se
"-dapta a

sus aptitudes y
deseos.
No faltan quienes -y es el segundo nivel~, ahondando un
poco
más y acercándose en mayor gmclo .,¡ ent,.ndimiento cris­
tiatio del 1:énnino, descubren en esa incHoacinn natuml la res­
puesta a una volunmd divina. Pero, cabalmente, no llegan a dis·
cernir
que

su
vocaci6n lo sea en el mismo sentido , que l,¡ sa­
cerdotaL
En el teJ:cer nivel aparece como una llamada personal y sin­
guL,,r · de Dios, que da al sujeto de "'\a llamada una misi6n con­
creta o re ofuece un proyeato de vida. r... vocaci6n, por tanto,
· se inscribe en

el
cuadro de las relaciones entte el hombre y Dios,
enriquecid..s por la dimensión ,sobrenaturru; !le sitúa en el con­
texto
de las relaciom,,s personales del hombre con Dios. Es, en
definitiva, «el producto de la intetvención de Dios en la histotia
humam, de

su
presencia en

ella,
estableciendo un

diálogo
petso­
nail
con los hombres» (Javier Hervada: Diálogos sobre el amor
y el matrimonio, EUNSA, Pamploo:a, 1974, pág. 196).
La
Sagrada Esa.itma nos enseña esta presencia de

Dios entre
los hombres: «Son mis
delicias estar entre los hijos de los hom­
bres»
(Prov. 8, 31). Y con un antropomorfismo tan atrevido como
delicadamoote poético, nos cuenta en las . primeras páginas del
Génesis los paseos de Dios por el Paraíso, aprovechando el frescor
de
la tarde, y la conversación con Adán y Eva. (Cfr. Génesis
3, 8). T..I relaci6n personal y aun dlailogante puede tener lugar
por

un medio
exttaordinario, como muestta mmbién la Escti­
tura

con
profusión, desde Samuel o Jerenúas hasta la Anuncia­
ción de María o

el «camino
de Damasco» de San Pablo .. Sin em­
bargo, no es lo común. El hombre
descubre ,su vocaci6n -la voz
de Dios, la
estrella inrerior-- a. -través de las cirounsrancias de
su
vida y por mooio de la acción tantas veces desconocida de la
gtacia.
Y .muchos-no acientan a escuchar y oolumbrar. No es que
la luz sea oscura, pero la confunden con las tenues estrellas del
ca:prk:ho y

de
ilas_ i,lusioues superficiailes. Y no es que el silencioso
diálogo no sea expresivo, sino que la sordera lleva a ~ar en
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LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
la auaencia de una dclinitiffl vooaci6n, e incluso a no compl:eli­
der el sentido vocacional de ciertos hechos objetivos que, por
generales y comunes, dire Hervada, pueden interpret¡a,rse bajo
el prisma del ooonimato: «y el anonimato es lo contl.'llllio i> la
vocación, porque ésta supone la llamada a carda uno por su nom­
bre»
(!bid., p,íg. 197).
Conocer 1a propia vooación, lo decía,nos l!lltes, es µna in­
mensa
gracia. Es, además, factor de pacificación del alma de pri­
mera magnitud,

pues sobre ese
conocimieotto se oostiene. todo el
sistema de seguridad en el presente --que junto con la despreo­
rupación por el ¡j,,saoo y la confianza en el porvenir ronfigura la
auténtica paz espiritulll según la dc;,ctrirna olásdo,,-,
Es verdad que la seguridad time como punto de partida una
exigencia económica, pues, romo Santo Tomás decíl', un discreto
buen pasar facilita el ejercicio . de 1a virtud .. Pero, sin duda, hay
murno más que este condicionamiento exterior. El núcleo de .la
seguridad en el presente es profuru:lo y escondido y se centra en
el ronocimiet).to de la propia vocación y en la conciencia de fi­
delidad a la misma. ¿Quién soy yo? ¿Cuál es el sentido de la
vida? Contestar estas preguntas es desvelar el centro de grave­
dad

de
la cuestión, entenderla nirida de sentirse en el quicio, de
encontrar la si~n en el mundo.
Don
Quijote en una ocaoión exdalllll·iluminado: «Yo sé quien
soy yo». Unamuno, al final de su vida, comentando esta extmiña
afirmación, se daifa de no haber conseguido lo mismo. No es
fácil
conocer el plan de Dios sobre nuestra vilda y su trascenden­
cia

al resto
de la cresción:. las vidas de los santos lo acreditan ron
nitidez

y, en especial,
en cuanto a nuestro tema, , la biografía de
Santo
Tomás Moro encierra profwlibs enrefuwlaa• (Cfr. Andrés
Vázquez de Prada: Sir Tomás Moro, 3.' ed,, Rialp, Madrid, 1975).
Además, de la misma manera que L, conciencia de una sÜ­
ficiente
fidelidad a L, conocida vocaci6n propm ~la coociencia
de que se está cumpliendo en un momento dado exactamente la.
voluntad de Dios-· es el primero y mayor factor de seguridad
en el presente, SISÍ también la ooncienci<1 de L, infidelidad a la
misma
es
un:a fuente que no deja de manar dlOSllQ:ón e ínseguri-
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Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
dad. Y tanto en lo colectivo como en lo iodividual. Uruununo
no

en vano
decía también que la verdadera cuestión social no
es un
problema de mejor tepa¡llto de riqneza, sino un asunto de
repatto de votilcionm.
111. La vocación polít(ca
No puede terminar este trabajo, pues, con las esp,-cielidadPS
tratadas de la vocación in genere o de la -·seglar. Porque annque
la espiritualidad del político 110 puede· ofrecer particulairidad al­
guna en cuanto a lo furi.damentm, es decir, la contemplación in­
fusa como corolia.tniento de la vida de per.6ección y la vocación
remota a la saotidad, según la doctrina ckúñca interpretada por
el padre Gattigou-Lagrange O. P. (Cfr. Las tres edades de la
vida interior,
Palabro, Madrid, 1980), en cuanto ll! la llamad• ·
próxima
y loo medios que debe ,seguir, los obstárulos que debe
evitar y ilos actos de virtud que debe ejercer, no s6lo autorizan
sino que demandan un estudio separado. ·
Además, tr¡,bajll!t en L,, vocación política tiene todas las ven­
tajas de

la
vocación en general, pero reaUzadas en concreto. Ha­
blar de vocación «a secas», sin lnás concreción, no es nada, o;
poor aión, puede ser un engafio. Por eso, porque no hay vocacio­
nes
abstractllS sino concretas, hablar de vocacióri política es una
de las ineludibles maneras de servir a la veraci Pero en otro orden de ,consideración ,on vocaciones más deter­
minadas
que otras,. por ejemplo Ja de sarcerdote, sin más califi­
cativos,

que
puede simultánea o sucesivamente re.alizar trabajos
muy

distintos y
variados. Porque, al hablar de vocación política,
no me
refiero a algo ru:cidental y frecuentemente mudable como·
es

la
actividad política ll! que es ocasiamJmente destinada nna
persona

con
vocación seglar, sino a quienes tomruda dedicación
política

como
.ámbito propio
e
inseparable de su vocación.
Así,
como los Hermanos de

San
Ju:an de Dios reafu¡¡n su vocación
religiosa en
el cuidado de los enfermos, que viene a resultar, por
tanto, inseparable de la misma.
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Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS .Y LA VOCACION POLITICA
Si a esto añadimos que el servicio de · la política · requiere
-por su natumleza y

por
la preparaci6n extensa que exige-una
latt:ga permanencia, comprenderemos que un paso fugaz y ocasional
sólo puede set mediocre, con la, comiguienrte profunaci6n del ob-
jeto de esa
vocación. · .
En

muchas
ocasioru:s estos · defwtos apuntados provienen de
una ausencia
de verdadera vocación, que apenas pru,a de ser
«hobby»
o
enm!tenimiento. El P"8" del uno a la otra representa
un ·salto: psicológico -aunque no s6lo psicológico, pues en re­
sumidas cuentas es obJ,a de Dios--del «por» al «con». Quien
usa de la política como divertimento, o como trampolín de inte­
reses
egoistas, que

están
excluidos ab initio dé este ensayo, tiene
una dedicación «por»
gusto. Quienes ejercen una vocación libre­
mente

escogida en
el serricio de Dios, realizan sus tamIB «con»
gusto pero «por» Dios.
De lo
dicho se puede deducir que existen dos modos de . en­
frentarse
con
una re¡ilidad pol.itka: haéer ante ella entrega voca­
cional, o
buscar 111 .solución de 1 .. cirCUll&timcia como accidente.
Son

los que Gabriel
Elorriaga (Ensayo sobre la" vocación po­
lítica,
Jornal, Madrid, 1958, pág. 51) ha bautizado politica como
misión
y política como aventura. Modcis,· por otra parte, comunes
a

toda
actividad hum""" y

también.
condroionantes de la calid¡ad
de los frutos: nunca son de la misma categod, los de una tarea
sentida vocaciooolmente que los de una acción eventual frente
a
la que nos sitúa un azar más o menos puro. Porque, como es~
escribe,

«el convencimiento íntimo
de la ocasiomwdad de la ,ta.
rea

política
la desvirtúa. La faceta ,ooci;tl, . al no ser considerada
clave dé la propia personalicl¡¡d, refilejo de las propias aptitudes,
sino

fruto de
una circumtancia aceptada por n¡ediacioru,s exter­
nas, se

convierte en
distracción» (!bid., pág. 53).
Para cur811.'Se de tentaciones aventureras no hay mejor recurso
que la prepa,:aci6n paciente y concienzuda paila la misión. Y para
· tal designio, la meditación de 1"' vidit oculta de Jesús -« Y bajó
en
su compañía y se. fue a Nazaret, y vivía sometido a ellos»
(Le. 2, 51}'---enciema provechosaslecciones. ·
Habituahnente, con. la

misma,
se pre;tende suscitar

dos con-
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MIGUEL AYUSO TORRÉS
vicciones: lía fewndidad del esfuerzo callado y lía necesidad de
W1'l larga preparación para el apostolado o la vida póbli La vid., del político ofrece más situaciones para:lelas con ila
vida oculta del. Seííor que la mayoría de las· demás ll intelectuales.

Común con
ellas es la prepa,ración en la juventud,
pero mracterística propia del. político es ,Ja despropotción entre
la fugacidad de sus actuaciones brillantes y los largos años de
presencia ocul11a que

se
intJercrua entre ellas. Gu!tave Le Bon es­
cribió:
«Napoleón decía en . Santa Helena que el destino de un
país depende, a veces, de un solp día. La Historia así lo justifica,
pero demi:i,estra también que se necesitaron, por lo general, mu­
chos
aiíos pa:m preparar ese día». La referencia no puede sino
hacerse
al político honesto que se prepara para su tarea, sabe
dimitir cuando

es conveniente, no fija
por objetivo de su vida
permanecer en

los
despachos oficiales y desea terminarlía senci­
llamente como el César Carlos en Yuste.
La

vida oculta. de Jesús
se .o:6rece eximo sostén para los que
se cansan de esperar. El «cansaincio de los buenoo» del que tan
elocuentemente habló Pío XII es, en política, una enfermedad
profesional que puede llevar, bien al fatalismo -y por él al
. abandono-,, bien

al
posibilismo.
En lo que hace al primero, wm de las razones que retraen
a algunos de incorporarse a .las tareas políticas e induce a otros
a
abandonarlas· a

poco de
emprendidas es. ila creencki de que son
incapaces .de hacer en .este terreno rosas que merezcan la pena.
Este • desaliento,

muy frecuente en los principiantes,
que desco­
nocen la . dinámica interna de los acontecimientos, puede tener;
a

su vez, dos fuentes:
wm es la contemplación del gobierno y
del. trabajo de Dios sobre el universo a través de prillmas de pre­
destinación; otra, la impresión que produce el conocimiento cabal
y completo de todas
las tlificu1tiades,. pues el acceso a informa­
ciones
poco conocidas acerca de la complejidad de los asuntos y
de Ja magnitud de· 1as fuerzas enemigas puede ser lo mismo un
valioso insm:unento de trabajo que wm cau,;,a poderosa de des­
moralización.

Sagazmente
compendia. los peligros de J., buena
información el personaje de. llafael Sánchez Mazas en La nueva
270
Fundaci\363n Speiro

.,
LOS CATOLICOS Y LA VOCACION 'POLITICA
vida de Pedrito de Alzdía: «Dijeron los carlistas (en el sitio de
Bilbao): "Venir II ver ib,s tropas, .loo cañones y las municiones que
tenemos, Se os tratw:á a ~erpo de rey, mientras en Bilbao co­
méis ya ratas y bacalao podrido. Cuando hayáis visto bien, lo que
se
dice bien, el oampo nuestro, si queréis resistir, " resistir se ·
ha dicho; pero si no podéis, ¿a qué derramar sangre entre her­
manos? De todos modos, con ver nada se pierde". Los de Bilbao,
entonces, reunieron la Junta de Attmattnento y Defensa: Allí di­
jeron
rodos en seguida: "En eso sí tiene raz6n. Con ver ooda re
pierde". Pero un personaje callaba. "¿Qué dices tú? -le pre­
guntaron-. ¿En qué piensas?''. "Pienso -les contestó-'-que
con ver
se pierde todo". "Se pieroe la fe". Y luego añadi6: "Lll .
fe en resistir es lo único que tenemos. Y a veis. Se hacen cartu­
chos de tierra para engañar a la tropa. Si nos dmi el aflalto no
nos
llega
para una hora de fuego. ¿Qué queréis /Saber ya peor
todavía?
¿ Y no queríais resistir ayer y anteayer? Pues a resistir
mañana, pasado

mañana y al
otro, a ciegas. No queremos ver
nada.
Aquí
sólo sabemos

que
hay que resistir"» (págs. 197-8).
Por lo que respecta al posibilismo, se traduce en una ¿bsesi6n
por estar interviniendo en todo oficialmente, aunque para buscar
una justifkaci6n, ante sí mismo, ante los demás, se disfrace de
los más variados
ropajes teóricos. Entre

los que
no es el menos
vistoso el del «mal menor», doctrina que no termina de apren­
der la lecci6n que la historia
confirma con usura de la imposibi­
lidad
de acomodarse con el mal para evitar males mayores. Por­
que,
cómo sostuvo
Maeztu, el mal nunca es limitado,
sino que
lleva

tras de sí
un mal mucho mayor que no se muestra sino
cuando tiene
confiaruia en el triunfo (En vísperas de la tragedia,
Cultura Espafiola, Madrid, 1941, pág. 59). ¡Qué conveniente es
la meditaci6n de la vida oculta para los que no digieren pronto
y

bien ser relevados de
·sus funciones! Y para los activistas, ¡qué
lecci6n

la del diplomático
inglés que

envuelto
en urta crisis te­
legrafi6 a su Gobierno: «Es urgente no hacer nada»!
El ejemplo de saber esperar en grado heroico lo dan los es­
pías. El
caso paradigmático lo describe Georges Mertant ( «Los
espías

entre
nosotros», en

el
núm-de enero de 1966 de la Re-
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Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
vista Ejército): « ... estos espías dúrmientes ron los más peli­
grosos. Tal fue el mso1 antes de 1a última guerra, del famoso re­
lojero de «Scapa Flow» .. Durante quince años, perf,ectamente
aisimilado
a la comunidad británica, este. oñcial de la Kriegsmarine
no hizo nada más que reparar relojes y pasearse por el puerto.
En 1939 bastaron unos
minut~s a

los torpederos alemanes para
encontrar su camino ·a ttavés de J,,. defensas de Ja ha.e y echar
a pique al pottaaviones Royal Oak. El espía durmiente había es­
perado quince añcis ,su día de ¡¡loria». A

estos
días de gloria,
largamente
esperados de los políticos, poode serles aplicada hi
exclamación gozosa de kt liturgia de la Resurrección: «Haec elles,
quam fecit Dominus».
Lo importante es oo caer en la desesperación . que -como
decía Charles Mautms-en política es una «rottise absolue»
(Romantisme et Révolution, Nouvelle Librairie N,tionale, París,
1922,
·pág. 35),

«une.errewc
et une :fiaute», «une concession gra­
tuite er ,saos retour aux puissanoos de l'Ennemi». ( «E1ang de Be­
rre», pág. 308, en Dictionnaire Politique et Critique, Peris, 1932,
tomo
I, pág. 358).
Para evitar

su
rombra esterilizante nada

me­
jor que
contemphir la cantidad de efectos wciados y lejanas con-
. secuencias que

pueden
narei: de cualquier iniciativa humana, por
pequefia que

fuera.
IV. La política, realidad noble
En dos sentidos es la polliica óbjeto digno de ser parte esen­
cial
de una vocación se¡¡lar. Por nn lado, en moon de su dignidad
intrínseca, que

le procura
un lugar preeminente entire las cienclas'
prácticas.
Si

la
jerarquía de l911 ciencias se establece en reLación
a

la
nobleza y perfección del objeto, hay que ooncluir con Sa:nito
Tomás que la política «es la principal de todas lias ciencias prác­
ti perfecto y último de Jas cosas humanas» (Comentario a la Polí­
tica
de Aristóteles, prólogo), No en vaoo se ocupa, sigue el Aqui-
272
Fundaci\363n Speiro

LOS .CATOLICOS Y LA VOCACION PQLITICA
mte, «del bien común, que es mejor y más divino que el bien
de los
pru;ticulares» (Ibid., k,oc, l.", cap. l.º, núm. 11).
Pero, por otro Iado, Ia importJanoo de la politie1a, y por tanto
su
conreptuación de

objeto
digno de

llenar una vooación
seglar,
se
encuentra

reforzada por el
dato -seña.lado por el mismo
Doctor
Común-de que lo social no procede sólo de Ia extrava­
sación

de lo
individual, sino

que
le diferencia entre ambos órde­
nes
es de
«carácter formal»

(S.
th. Ú-II.', q. LVIII, art. 7).
Siendo
fácil
de entender la repercusión' multiplicad., que esa ob­
servación supone.
En mi trabajo al principio cioodo puede encontrarse, de todos
modos, más concreción y mayor detenimiento
en los
problemas
relacionados con esta.
temática. S6lo añadir que la verdad de esas
afirmaciones

no se ve desmentida por el
hecho de que nos hnya
sido

dado conocer
la corrupción de tan noble ootividad, y que,
de
resultas, se

haya
llemdo de

desprestigio el término. No había
de
escapar nuestro caso a la «Jey» en que C. S. Lew;s resumía la
inclinación
de los hombres a sustituir el sentido. de las pad,,bras
éticamente famosas
por su contrario: «Pon

un nombre
a una
cualidad

y pronto .ese
vooaWo designará
un defecto»
(Studies in
words. C.U.P.,
Cambridge, 1967, pág. 173).
V. La política, fomentadora_ del espíritu de consagración
pr~pio de la Vocación
Ofrezco a continuación algu118.s ideas religiosas recogidas de ·
memori11S
esor:itllS de políticos y de Iabios de algunos de ellos.
Una vez
oroenadas y sistematizadas creo

que muestran
cómo en
la dedicación a .la política se pueclen encontrar un medio y unas
ocasiones suficientes
para dar , apoyo a una vida espiritual del
al10 nivel que usualmenre llamamos vocación.
Hemos p~tado1 ya" in concreto, si puede exisrdr una vo­
cación política. Para contestar, hemos imaginado un retrato robot
de un hombre con esa vocación y, a fin de comprobar su auten­
ticidad
y
viabilúlad, le hemos dirigido una serie de preguntas,
273
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
le hemos sometido a una auditoría sobre los pullitos clave para
exarrnnar su

vocación.
Las respuestas, <Úimlativas y codificadas,
son las que siguen. El
espfu:itu religioso

de
consagooción viene definido en

la
tra­
dición eclesiástica lllnto por las virtudes de pobreza, csstidad y
obediencia como por .la coincidencia de las· tres en una interrela­
ción

común
y distinta, Ja traditio, que en lenguaje moderno de­
nominaríamos «estilo».
a) Pobreza
Al empezar a hablar de la pobreza lo primero que hay que
decir, lo
que antes

que
llll<Ía hay que afrontar, es el derribo de
la · leyenda popular y maliciosa de que la política es un gran ne­
gocio; que

los políticos
son amasadores, más o

menos encubiertos,
de grandes fortunas .
. Y

hay,
además, y

por el
contrario, que avisar a
quienes
in­
dagan aoerca de su vocación· política, que ésta no solamente nó
es
un
gran negocio, sino que es exactamenite todo lo contrario,
una inversión
ruinosa. Claro está que fas afirmaciones anteceden­
tes se refieren a la genenalklad del asunto, y no a casos excep­
cionales, para los que no
se legisla ni formula nada.
En
situaciones excepcionales, y durante un breve período de
tiempo, unos ingresos ocasionales que
perciba un político pro­
movido a un
oargo público podrán deslumbvar a personas de

la
misn{a, -u otra~ profesión, que no acaban de encontrar en el
ejercicio de la misma una gran holgura económica. Pero el triun­
fante político admirará, a su vez, y
quizá secretamente envidiará,
a
otros compañeros

de profesión que,
consagrándose por
entero
a su ejercicio, han
alcanzado una estabilidad y una situación eco­
nómica
que
ellos no lograron ni aun en el episodio fugaz consi­
.guiente
a

su triunfo político.
En cuanto a la posesión
del poder, que tantas veces se enoa- .
1:ece
como

decisiva, quienes han conocido o fondo
el porqué de
-la polltica, saben que, como

su nombre
indica, -tiene más que ver
274
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOUCOS Y LA VOCACION POLITICA
con ~a comunidad ( «p.ilis») que con el poder ( «cr01to•»). Y que
si
mi conocimiento se ha difuminado hasta casi perderse es de­
bido a fa interpretación en términos privados y. domésticos de
lo público; a
la contemplación económica de lo político; 'a·· la
consideración del poder como si fuera un bien ( Cfr. Miguel He­
rrero de Miñón: «Vocación política (I)», en ABC de 31 de agos­
to
de 1984).
En
contraste, vemos

que
las ielaciones socia.les mantenidas

por
el político
le obligan a un rango, a una conducta y a un estilo
de
vida muy superiores a sus posibilidades económicas, y cuya
voluntmia aceptación es

un gran sacrificio: es
el «peso de la
púrpura».
. .
Quien esturu,; el abrazar la vocación política debe ponderar
lo que
h= aquí se ha

dicho.
No-debe, de todos modos, tratarse
la cuestión con el énfasis sofista que a veces ha acompañado a
cierta literatura
piados.a, presentando
como
oacrificios heroicos
las

renuncias voluntarias. de la vida sacerdotal o religiosa. La si­
tuación económica del católico vocado a la política es una dura
renuncia, sí.

Pero está
inscrita en una tabla de CU por ,ser inseparables, se

han de
vruomr global
y no
aishdamente.
Del tratiamiento conjunto ·salen menos sangrantes los, sacrificios,
porque

van
unidos a satisfacciones; de las que no es la menor la
esperanm de la vida celesti"1. Af final se entiende cuán justas son
' las palabras del Maestro: «Mi yugo es suave» (Mt, 11, 30).
Pero
la pobreza

no es
sólo desasimiento o amencia de

bienes,
sino inseparable asociación

a
la mortificación

y
la humildad.
Ase­
gurada la

primera,
como trataré de explicar en el siguiente ca­
pítulo, de la
segunda diré que está más vinculada a la pobreza
de los políticos qne a
la de los ,eligiosos, pues a éstos el pueblo·
cristiano
los honra y los quiere, precisa y paradójicamente por
su
pobreza,,
Otros

tres puntos de meditación sobre la
pobre,,a del
político
pueden
ser esbozados:
275
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
l. El desorden de la vida, en función de factores ajenos y
externos, obliga a renuncias constantes de . pequeñas co­
modidades.
2. Las persecuciones, unas claras, objetivas y mensurables
(multas,
destierros y eooaroelamientos); y otras sutiles
e

imprecisas, pero
no menos reales, como dificultades y
entorpecimienws en

las
octividades personales y aun de
miembros de la familia, llevan inherentes quebrantos eco­
nómicos muy vinculados á la ascética de 16, pobreza.
3. La aceptación permanentie de situociones de riesgo e in­
certidumbre,
consustancial al quehacer político, es un ejer"
ciclo
grande de despego y liberación del esp!ritu de la
afición a bienes
concreros, es
decir, si no de la pobreza
real =terial, sí cuando menos de la pobreza de espíritu.
La misma imprevisión con que se ejerce la actividad po­
Htica lleva

a que, al
margen. de organfaaciones, el católico
que
la ejerce se vea a

ca<:tl
paso . en el compromiso de
sufragar o addantar g""tos sobre la nw-cl,a. Esra puede
ser una de las secretas causas que hacen a rautas perso­
nas
retraerse no ya

de la propia
actividad, sino aún de
la
mera aportación

de
horas de

gestión.
h) Castidad
Poco hay que decir s trie to sensu de la castidad. La castidad
en las personas dedicadas a la po!.tica es la misma que en 1as
dedicadas a otras actividades cuando son soltieras.
Pero en las oosadas hay que tener presente la incidencia en
su· matrimonio

de los
destierros más
o menos formales y de los
encarcelamientos.
Conviene

subrayar,
además, el
cambio del
papel desempeñado
por

la
,sexualidad en

las
oonspiraciones. Hastia la época de la apa-
276
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
rición de la guemi psicológica intervenía como una cuestión per­
sonal o afectiva de los protagoní$tas. Su fondKlllalllie:nto em muy
sencillo: se oambiaban dooumenws· militares por placeres seorua'
les; licencias de importación por ai,mpatia patológim; a lo más,
actitudes personai... por amor. El esquema eta tan ,simple y se­
guro

como en
la prostitución, ,sin más aditllmentos o complica­
ciones ideológims.
Después de la imipción de la guenra psicológica, el footor
sexual
en las conspiraciones se carga de ideología. La operación
se desdobla en dos fases: en la primera ,se cambia placer sexual,
incll.160 runor, por ideología; en la segunda se desarrolla la ideo­
logía recién abrazada hacia su materialización en piezas ¡;oncre­
tas. En la primera hay que negociar la itpertura de las puertas
del
alma a

un caballo
de Troya ,aJ que ,se le ve el portillo del
abdomen,
pero siempre es más fácil, más elegante y más pru­
dente ofrec.er, además de una correspondencia sexuaJ, unas ideas,,
que pedir a quemarropa UOO$ _secretos militares o polítioos. Y a
vendrá después, en un segundo tiempo, con ,nás naturalidoo, su
ellltrega
suave, incluso quizás espontánea, nada humillante y hasm
con las apariencias verosímill,s del enn~blecimienro que se con­
cede a todo servicio de um causa ideológica. El sexo tiende a
abandonar su carácter de instrumento de extorsión para susti­
tuirlo por el de champú pam el lavado de cerebro.
Conectadas

con
la oostidad, eh oambio, aparecen. varias ~tio­
nes
que encierran u,n riquísimo contenido para el objeto de nues­
tro interés: ·
1. Ul primera es la muier y el polltico. Se pueden contem­
plar dos esrenas, tomadas, una del Evangelio y otra de la vida
de los
santos, que ilustran a lia perfección la clase de papel de la
mujer. En la primeta vemos a la Virgen Dolorosa, de pie junto
a
la cruz de su Hijo, aoompañ,,da por María de Cleofás y Maria
Magdalena, dando vid.. a la profecía que un ciano Simeón,

En la
segunda -sacada de la película «Un hombre
Plll' aparecen
en la celda de la T otre de Londres dos mujeres,, su
277
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
mujer y su hija, que repiten intentos de clisuad:iirle en el cumpli­
miento de
su deber político y religioso. A eso ban ido a verle,
a
jugar la últim"' carta de fa dificilísima pero no desesperada re­
cuperación de w próspera posición social, que se ha hundido por
la
fidelidad
de Sir Tomás a la Iglesm y, consecuenrt:emente, por
su

oposición, hábil
y matizada, al rey adúltero. No han ido a
sostenerle
y eniardecenle en su lucha política y espiritu:al; en el
mejor de los
rnsos, han initentado quebra~ el

sentido
magnífico
de su vida, a hacerle renuncktt a una muerte gloriosa. Quedan,
pues, coo estos ejemplos, señaladas dos clases de mujeres,.
IJa influencia de 1a mujer -madre, esposa, hija, amiga-sobre
el hombre en coo.tiones políticas o relacionadas con ellas, es tan
interesante como poco atendida, quizá por. respeto a la intimidad
y a Ja vida privada de los políticos, im=sibres a una disección
públk:a ..
Al conjuro de lalS disuasiones femeninOJ•, ¡cuántas voca­
ciones políticas abandonada:,, cuántas traicionarlas, cuántas débil
o
insuficientemente rervidas! Y también, y por S'U apoyo, ¡cuán­
tas
perseveroocias logradas!
De

lo que
se trata es de que fas hijas de Eva pasen a ser de­
votas
de María. Tema que -adecuadamente modernizado---de­
berá
figurar ineludiblemente, el dla en que 11.! fin ·se hagan, en
los tan
necesarios oursil1os. para el fomento y cultivo de vocacio­
nes
politims. Porque

la Cristiandad
tiene pendiente la . «recon­
versión» de la mujer católica culta desde . su· papel· en lia guerra
clásica
de cdfifecciooor prendas de abrigo y ;¡render a los heri­
dos a
·su integración
en Estados
mayores y
otros
órgooos de tra­
bajo inteleciuaJ. Lo ha señailado recientemente con águ,deza nues­
tro
amigo M$1uel de
Sanm Cruz
en
la necrológioa de la querida
Carmela Gambra (Cfr. en Verbo, núm. 229-230 [1984), pági­
na 1119).
Aunque no voy
a entrar. en él, por de pronto en . su trava­
miento

se
puede extmpolar un dato valioso del Evangelio, que
explica
la actitud de la Santlsima Virgen. Cuenta San Lucas a
propósito de la pérdida y hallazgo del Niño Jesús en el templo:
«Y ,sus padres, ru verre, quiecbron sorprendidos; y le dijo su mll­
dre: "Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotJros? Mira que tu
278
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POUTICA
padre y yo, apeoodos, lli!lda'l,amos buscándote". Y El les dijo:
"¿Por qué me buscabais? ¿No
sabíais que

es
preciso que me
ocupe en las cosas de
mi Padre»? "Y su madre conservaba todo
esro en su corazón"»
(Le. 2, 48-51) .. Este aviso guardado en el
corazón de la Virgen · fue después siendo grndualmente compren­
dido
hasta culminar
su
conocimiento al pie de la cruz.
Algo atnálogo ,se puede proponer a los jóvenes con vocación
política. Que desde .el principio dejen las coses c1w:as a sus fu­
turas nov~s, aunque éstas, de momento, no puedan .entender .o
tener vivenciB del aviiso .en toda su magnitud. Que al igual que
la mocita de Toledo o de Zaragoza . ..., pone en relaciones con el
cadete de las Academias mili1lalres sabiendo d""'1e el ptimer día
que se compromete a aceptar el sacrificio de ver partir a su ma­
rido a la guerra, IISÍ también la novia del joven con vocación po­
lítica sepa que
es posible que algún día deba !leVll!rle la comida
a la cárcel.
Ambos darán la más sólida b..se a su matrimonio, no sólo
en
el oirden religioso, sino aun en el natural, si queda firme en
su
base la aceptación de .la advertencia del Señor: «Quien ama
al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt. 10, 37).
2. Materia distinta de la castidad, pero w.mbién vecina de
ella --por lo que tradiciooalmente •se abonm. a continuación-,
es

la
educación de la afectividad. La ordenación de toda ,la afec­
tividad solamente a

Dios es
una actitud propm de niveles altos
en
la vida espiritual. El ejercicio de la política con carácter vo­
cacional es un excelente estímulo para esforzarse en alcanzar esa
ordenación. Porque el pol!tko dispone y dirige a personas con
escasa sujeción a reglamentos, de una manera muy libre y artís~
tioa, como no se da ni en el man.do labocal ni en el militar .. Tiene
frecuentes tentllciones de dejarse lleviar de preclileociones, sim­
patías y antipatías en lugar de datos objetivos ajenos a su per­
sona y a las de los que gobiernan. Caer en esas tentJaciones es ir
al
tavoritismo, al nepotismo, que es una oollrllpción y una infi­
delidad. grave a su vocación. Saber mantener ull!a independencia
de criterio y una recta ordenación de su afectividad, sin acepción
279
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
de pel'sonas, es, a 1a vez que rasgo de ~en mandar,. ejercicio
ascético tan excélente como

a veces
in,,clvertido.
Esto
nos lleva a estudiar la «identificación» ~ política, y su
dependencia ya de la
confianza o de la eficacia. Uno de los con­
ceptos que debemos renovár en nuestro acervo de táctic.as y ex­
periencias es el de la coofianza. El debate se centra en torno a si
la
coofianza es la únioa, o oosi mica, o la predominante medida
de
seguridad; o

si, por el
cont~ario, debe ocupa,r un lugar más
modesto,

menos
preeminente, rodeada de

otros numerosos con­
troles que la sdbrepa,o,.n. No se trata tanto de clesestú:mtt la con­
fianm ~mo de reducirla a sus justos límites.
En
nuestros

medios
políticos la confianza al uso ha brotado,
tanto como de grandes servicios, de una oscura impresión antro­
pológioa de pertenecer al mi,;mo grupo humano;

más
del talante
o

de
la simpatla, que de lá cap¡¡cidad de trabajo; más de lo in­
tuitivo que de
fo rontrolable. El adulaxlor, el que resulm cómodo,
el que no crea problemas, el «yesman», ha sido premiado con la
concesión
de confianza, aullque no ofreciera cooos más sustan­
ciales; es frecuente verle suplir y disimular su inoperancia con
la
externa leall!ad de sus

buenos
modalm. En
cambio,
al que
hace
cosas
importantes para la causa, al más fiel ru espíritu que a la
l.etra,
se le levanta un cerco el,,. recelo, y las· pequeñas fuicciones
-inevitables, en la acción se sobrevalomn hasta «privarle de toda
confianza».
Cuando un equipo está en vía muetta y no sabe qué hacer,
cuando

no
se a,ranza noorn, la habitual inoperam:ia de 'algunos se
disimula mejor y los pequeiios emores · de ejecución se usan para
distraer la atención de lds wrdaderos y grandes problemas.
Se
ha dicho que la
pol(tioai se tecnifica. Aun pernnaneciendo
esenciahnente
un arte -«prudencia pol(tloa»-evoluciona de
manera algo parecida a la medicina: ésta se esfuerza por obje­
tiv,rur los diagnóstioos con radiografías y análisi• que han barrido
a los
viejos prestigios locales de «gran ojo clínico». Hay que tec0
. nificar el contraespionaje político, haciendo descansar la creden­
cial para senitame en un staff político en la obedienoo, en la efi­
cacia, en .la precisión, en el cumplimiento. La seguridad y eficacia
280
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
de ese staff ra,dicy_ en b ftia¡gmentación de su trabajo y en la dis­
locación hábil de esos fragmentos, de ,tal mooerá que pue<)a po­
ner

en juego y
servirse de muchas pellSO!lllS recién inrorpomdas,
que

no inspiran aún
confian:z.a, pero tampoco podrán tr¡rlcionar
porque

no
pueden interpretar lo que hooen o no pueden utilizar
sus interpretaciones.
3. Entre la pobfeza y la castidad está la penitencia corporal,
columna impotrtoandsiml> de la ascética cristiana, que no es preciso
explicar
ni eooarecer. A
veces visiblemente
vincula& a
una vida
austera, y
otras perfectamente compatible

y
realmente coinciden­
te

con una vida en
aipari.encia regalada e inoluro fastuosa. La li­
teratura cristiana está muy poblada de narraciones reales de esra
~idencia, de hi:storms de santos de elevil que

bajo
rioos trajes y uniformes escondl.an cilicios.
Traeré

aquí la
versión CQlltemporánea _de esta coiocidencia de
fiestas

de gala y cansancio físico. Nos la ofrece
el prestigioso di­
plomático español
josé María Doussinague,

director general de
politica exterior en los años de la Segunda Guerra Mundial. Ob­
serva -en su libro España tenia - raz6n-que, así <:orno los obre~
ros manuales más humildes _ creen que los oficinistas' no trabajan,
que eso no es trabajar; así, éstos creen, a su vez, que tampoco
trabaja el diplomático que está bailando en gran salón después
de una cena de gala. Y, sin embargo, su cuerpo padece
fatiga y
preferiría estar en su casa, relajado y en reposo.
No
faltan, ciertamente, ail político ocasiones de castigar su
cuerpo
con la fatiga. Tanto es así, que una de las condiciones
más
apremiantemente
requeridas por
esta actividad politica

es
que
sus promgonistlls tengan una gran resistencia Hsica.
e) Obediencia
Esta virtud es la más difícil de aquilatar en la fórmula de la
espiritualidad del político católico. Hay una dificultad· antropo­
lógica: 1as características del trabajo que realizan van depurando
281
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
los contÍltlgentes primeros de advenedizos y sólo pasan a un se­
gundo escalón hombres bastante homogéneos que, en lo tocante
a la disciplina, se podrían llamar «sui
iuris»; es
decir, que no
admiten más que
la propia ley. .Arostumbrados al riesgo, " la
i:nlciativa y a la responsabiliood, la obediencia ciega y minuciosa
les va m"1.
Los nuevos criterios eclesiásticos de suavizar l,¡ obediencia
mediante cierta moderación en el ejercicio' de la autoridad, la
colegialidad y un mayor cuidado y respeto a 1,,, recta conciencia,
parecen adecuiados a la neoesidad que, en un orden memmente
técnico,
tiene

el político de
descentralizar la obediencia para pre­
venir

sabotajes,
trakiones-e incomprensiones en

y desde
la cumbre.
En
cualquier caso, hablar de obedienci,,, es dificil hasta que
se reelabore su dootrina a hi vista de lo suqooido en la grim crisis
del

Concilio
Vaticano II. Hast!l 1ds · niveles medio y popular ha
llegado la visión de que muchas veoes la voz de Ja jerarquía, y de
los
superiores en genera,!, no es siempre ]ilJ voz de Dios -como
clásicamente se
enseñaba~ sino reflejo de otros espíritus. Y se
ha
visto

el papel que
la obediettria ha tenido. en la rápida exten­
sión
de

numerosos
errores.
Con estas s"1vedades, bueno es meditar sobre la obediencia,
con dos puntos
de apoyo: obediencia ejercitilda en forma de fi.
delidad -de una parte-a ,fu propia vocación; y, de ottll, el
compromiso político establecido con los compañeros de equipo
y
con la base.
No

solamente
se ejercita la obediencia cuando se haioe l luntad

de
otra persona, sino

también
cuando se es fiel a la pro­
pia vocación, conocida, aoep1llllda y ofrecida o con"'!)rada. Aquí
es conveniente '.tec:Otdar que estamos dd,;cu,rriendo acerca

del
po­
lítico

católico, que no
es un mt6lico asomado esporádicamente

a
1" política, sino un oat6lico que ha recibido de Dios la invitación
de
servirle en

la política y
la ha aceptado cerrando un compromiso.
Una
vez enunciada .Ji. propia vocación, su servicio y segui­
miento necesitan de 11> práctiQII de la obedirocia, no nere;aria­
.mente a otra persona, sirio a ella misma, a ·las razones e inspira­
ciones que llaman a cultivarla y a mantenerla pum y libre de
282
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
desviaciones. Rru:ones e-inspkaciones cuya aceptación y cumpli­
miento exigen
con frecuencia el mismo violenfuxse física

y
.pslÍ­
quicamente
que la obeclíencia por ooton01Illlsia. Y, oontmriamen­
te,

hay que
desobedecer a las razones y sen.cimientos que nos
quieren
distraer del servicio a

la vocación o
destJaruralizarla.
El mismo respeto y servicio exige el enuocfudo q,leotivo de
esa
vooación polítioa, que
es el programa -deotoral o no-del
pamido o de orra forma de asociación. El seguimiento de las
razones

e inspiraciones que
invitan a cultivar, servir y mantener
la pureza
de Io pacM ficios

análogos y
actitudes psicológicas semejantes a

los de la
obediencia en su
formul.ación clásica, y de no menor vittud san­
uific'adora.
De

donde
se induce que, en la vooación polítioa, se puede
encontrar el

ejercicio de ese
rercer elemento de la vocación reli­
giooa
que es la obediencia.
Ligadas con
la modulación de la doctrina de la obediencia po­
demos hacer unas reflexiooo.s sobre 1a dirección espiritual y el
espiona¡e.
Porque toda persona que tnaJtJ.de, a cualquier nivel,
precisa de un servicio de información, ,siquiera sea de artesanía.
También
en

la
industm y

en el
comercio, aunque sea en 1" mi­
licia y en 1" política donde fUlll!cionan en grado eminente. De
los servicios de
información se ha dicho que son los ojoa del
mando,
y que, cuando no existen, lo primero que hay que hacer
es
crearlos: sólo

un
aventurero emprendería lttl!ll llOCÍÓn sin preo­
cuparse . del

oonocimiento de
Jia situación.
La

filosofía
toca de cerca estas reflexiones. Según sabemos,
1" verdad es lo que es y, al decir de Machado, «,sigue siiendo
verdad aunque se piense 111 revés»; por ello,

son innumerables
los desastres en todos
los órdems que

tienen por fuente común
la
subjetivización de la verdad. Apareciendo como muy impor­
tante
-1" '1ecupertición de · eS de
n<:Jticills y pruebas exteriores a nosotros que ]a respalden y
garanticen.
En esta tarea de dar seguridad y basamento firme a Jias pri-.
meras inruiciones
de

los jefes,
han tmbajado los servicias de in-
283
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
formoción -desde los más rudimentarios a los más depurndos­
desde l!a !111,úgüedoo. Un9 de ll>S princi¡,ios básicos que dichos
servicios
aplican se

puede enunciat
diciendo que
se ha de
conttt,
para el mismo ilsunto, con vm:ios informadores que se desrono­
cen entre sí, para subsanar los posibles .~ voluntarios o in­
voluntal11ios de o,.da uno de ellos.
Aplicado lo !lllrerior a. la vida espiritual y, en concreto, a la
dirección espiriJtual -que,

no
lo olvidemos, es cl instrumento
adecuado· para desubjetivizar el conocimiento de la situación es­
piritual propia, y .p¡ara corregir],¡ y llevarla a la objetiva verdad-,
'concluímos, con lenguaje político y militar, que el informante ya
no ofrece reguri,d¡¡d: ¡cuántos sacerdotes no nos inspit!lll con­
fianza!
¿Habrá por ello que renunciar a la información? De ninguna
manera. Lo que hay que hacer es multiplicar los servicios de in­
formoción y pedirles verificación de lo que oos transmiten. Con­
sultar cada uno .· de nU<:lrtros problemas con wrios sacerdotes y
pedirles los argumentos y pruebas en que basen sus .consejos.
Cautela imprescindible en el mundo de lía crisis de la obediencia.
d) Estilo
Saint-Exupery, con la lucidez intimi&ta que ha descrito entre
nosotros como nadie . R.afuel Gambm, afirmó que la civilización
no reposa sobre kis COSll5, •sino sobre los lw,oo · invmibl.es que las
!llludan ( «Cttta al General X», en Obrás Completas, Pla,,a &
Janés, Barcelona, 1967, pág. 1281). Algo así pasa con el estilo,
que es un bien Íl!Wi6ible. En ila tradición eclesiástica la vocación
no

resulta de un
conjunto de virtudes ywotapuestas. · No

reposa
tanto sohre la. pobreza, castidad y obediencia como en una sutil
a~adura; Jo import011lte no ,son los sillares, sino la argamasa. De
modo parecido a como los caristnials exceden de lo juridico -y
no se entienda 11quí un desprecio de lo que . es neoesario-, o la
amistad sobrepasa las normas, hary un factor oculto en la !ltlla­
tomfa de la vocación: un facto:r que no es expres,ible en términos
284
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOUCOS Y LA VOCACION POLITICA
exclusiVlllll crisis -por otro lado ·afortunada y enriqueoodora-del racio­
nalismo.
Una dimensi6n de coherencia y unificación que es roda vez
más difícil de
hallar en noostro mundo,

que
es sist<:mátiicamente
violada

por nuestros hermanos. Chesterton ha dedicado páginas
definitivas al

respecto:
las «virtudes crimill!JalS» -y no s6lo ideas,
como inexactamente
se suele transcribir- que puébfan el mundo
moderno enloquecidas, si

por
.algo claman es por 1a lntegmci6n,
por la conjunci6n ( Orthodoxy, vena. castellana de A. Reyes, Obras
Completas,
Plaza & Ja!Ó.és, Barcelona, 1967, tomo I, págs. 522
y sigs.).
Este
estilo,. a veces escur.ridizo, Ot:118JS inaprehensibre, mani­
fiesta la vocación. Porque muchas personas están dispuest¡,s a
servir con lealtad y fidelixlad idea:s dererminaidas desde puestos
remunerados de la adrninisttiaci6n y de la polítioa, y a J.,.. horas
de oficioo. Pero fuera de esa,¡ homs, y aJ resa¡r en los cargos, no
haceo
nada; a,pla>ian su apo~tl:lci6n h~sta ser designad°' para
una

nueva
situaci6n remU1le1'alda. Gumplen con su deber, estric­
tamente.
La

verdadera
conssgmción -vocación-

se
preseDilla de otro
porte. Se ejerce el servicio a las kbs también fuera del horario
laboral
y de los d~os oficiailies. Y, aunque de otria ma,ru,n,;,
cuando no se tienen cargos remunerados ni esperanza alguna de
alcanzarlos. Porque la vocaci6n es
el deber con un halo de ena­
moramiento, una «pasi6n de amor» en opinión de Marañ6n (Vo­
caci6n y ética, Espasa-Catlpe, Moorkl, 1981, pág. 19). Ese suple­
mento wn= oa,:aoterístico la haice alienad.ora y, luego, devo­
rudora. No

conoce de
deooanso o limiw::iones; es una entirega
total

no
condicionada por las cfocunstancias, sino en lucha cons­
tante con éstas. Casi podría decirse que una -de las señales· más
inequívocas de traición a la vocación es e:xrusar los propios cam­
bios de
oriterio o actiitud como exigidos por las circunstancias:
el cambio obedecería a ~ruzorres y exigencias «tácticas». Por eso
no estad de más subrayar cmil es el elevadd precio que cuesta
esa táctioa.
285
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
Conforme con la tradición de Oausewitz. se denomina tác­
tioo el empleo de los hombres y los medioo en el campo de . ba­
talla, y, por extensión " lo que ahoro nos ooupa, la pr,;paganda
de idea,;. y el uso de .argumentos en las lizas y confrontaciones po­
líticas. Pero la t~tioa, en el •sentido peyorativo apuntado, con­
sistiría en ~ una traición ron kt proma;i,. de co~tar sus
efectos

más adelante con otra mayor de signo contrario. La pri­
mera dejación es el exponer ideas contrapuestas con b del acer­
vo

que
posee, desmrolla. y transmite el propio equipo político,
con la intJeoción implíoita de hacerlas realidad en el futuro. Cuan­
do éste llegue, se cometerá la segnnda traición, esta vez a otras
personas ajetll!S al propio equi¡;o, que será implootat .las ideas
de
éste en lugar de ,k,s anunciadas y convenidas en su acturación.
No sé qué

juicio
m01\l.l podrá. ampa,rar tales 1Imllliobras ( «non
sunt
faciendant. mala ut eveniant bona»), pero lo que más inte­
resa aquí no son tanto Jos aspectos morales y racionales del mé­
todo como el desastre psicológico y educativo que lleva consigo,
incluso

en el
caso de que -supen,nclo su &agi,lidard-se desa­
rrolle hasta el final, Li autoexculpación, en cambio, brota es­
pontánea.
Y a Pleter Van der Meer de W alclieren decía que «cm;i
todos

los
hombres tienen una filosofía de ]a vida que adaptan
perfectamente a su

propio
temperamooto y carácter, de forma
que ¡ pau:a cada acción equivocada ,tienen preparado un argumento
que kt justifique!» (Nostalgia de Dios, Lohlé, Buenos Aires, 1955,
· pág.

62).
Y es
que la política, con ser impor11antísima, no se debe oo­
brevalorar.

Por
encima se hallan una
cultura y una civilización
que la
inspiran y sancionan, que son más est!ables y aun nespe­
t\lbles que
ella,

y
más influyentes
también sobre el individuo
y
la oociedad. No se pueden, pues, lesiona,: en beneficio de la po­
lítica y menos aún de una ocasional maniobra política.
Dos heridas g11aves pueden

inferirse,
además, en los ciuda­
danos

por
vi11tud de les contradicciones de la mal llamada «tác­
tica
política». Una es
la difusión de ideas falsas, que campean
incontrolable

y
libremente durante un

tracto
de tiempo que no
tiende
a ser breve.

Otra es
que, así planteada, se ronviente en
286
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
causa de inhibición, pues favoreoe la trasposición · que -pasaru:lo
de lo particulru: a lo genetial-abona fio•hnente la creencia de
que
la política es en csí ininteligihle y algo turbia.
Ambas lesiones pl:'Oduoen efectos oodvos ,sobi:e la educaci6n
política
y, a la postre, generan graves obstáculos para el reclu-
1!amiento
de auténricalS vocaciones de servicio al bien común.
Se

trata de olvidarse de cualquier clase de maquiavelismos
o
po.ibilismos y aposq,r por la generosiaad. «1-Iibrem datorem
diligit Deus», Dios

ama
!11 que da con alegría, pa¡labroo períecta­
metlite aplicables a una lucha de. intereses espirituales y que acier­
tan a sintetraar un «estilo».
VI. Algunas meditaciones para políticos: hacia una:
espiritualidad propia
Lo que sigue no es un grueso apéndice fonoadamente enca­
jado en el corpus que estamos elaborando. Sino que es contenido
propio, sustancia íntima, pie2J completo.
La vocación supone una espirituailidad prop;,,, Tal especifici­
dad
sé observa en pequeños demlles, en algunas \liscretas morti­
ficaciones.
&1'18 meditaciones vienen a preci.sm, oo por las !fnoos, maes­
tras --como el anterior epígrafe--,· sino por los detalJes orna­
mentales,
la auténtica fachada del edificio. Vienen
a. poner
un
punto de barroquismo a
la simplicidad austtera de lo clásico. A
completa,t los rasgos del retrato-,robot ,dcl combatirote po!ftico,
que
según
la declaraci6n inicial mspiraba a ttaal!r.
a) El trabajo en equipo y las alianzas
La convivenci11, íntima y a veces muy prolongada, con otros
luchadores con
aristas de
bohemios, exige, entre otras
CO!lffi, una
gran capacidad de mortificación y caridad.
287
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
El trabajo en equipo remite al tema de la «idenúflcación», ya
tratado,
y
a,l de las,alianzas. &tas, por su pa,rte, son ·ocasión prin­
cipalisima
de mortificaciÓh pam el político, que debe evitar tanto
las
úbimmente defensivas como llls que tienen. su origen en el
amor propio. Veamos.
Los p1anteamientos «anti», aunque apteciables y eficaces, son
defectuosos. Su
vicio, nomble ya en teotía, pero

en la práctica
más
poli.groso, es

que
presenta como primer objetivo el que en
realidad debería

ocupar un
segundo luga,:. Gon ,]o cual se tiende
a
ígnotar y descuidar el primero, con la consecuencia en el otden
práctico de
1a muerte por congelación de la acción politloa.
Adetnás

de
la acción defensiva -que

amén de imprescindible
delimita por
contraste la propia esencia-hay que tener presente
una

aoción
positiva o consrru.:tiva. Ya Santo Tomás subrayó este
orden
de
ideas al señalar que el método correcto de crecer el llllma
en el amor de Dios no es precisamente. lia lucha contra el mal,
sino la directa contemplación en la otación y la recepción de los
sacmouentos, Tesis exhumooa y difundida en nuestros días por
el mrdenal Dani:elou· (L'oraison probleme politique, Fayard, Pa­
rís, 1965). Hay que saber coanbatk sin que se seque nuestro es­
pítitu, sin inutilizarse pa,m, colaborar en el enriquecimiento y
perfeccionamiento de nuestm civilización

católica.
Por lo que ~espeota 111 amor propio, urui buena pa,rte de nues­
tros pecados, y aun de nuestros errores, tienen en él su origen.
Esta
realklad, ¡,aten~ en nuestro fuero interno, se puede .trnala­
dar sin violencia II la política. Un viejo comejo dioe que en ella
hay

que
rtener el corazón caliente y 111 cabeza fría. Muchos erro-­
res

políticos se han debido
®1 llffiot propio de un dirigente o de
un grupo; no conviene, pues, herir el de nadie, porque los erro­
res, aunque los cometa el enelnigo, da.ñon .siempre el bien común.
También en lo militar. Cuentan que el Duque de Alba tuvo
en un momento de la campaña de Flandes a sus tropas inactivas
más tiempo del habitual. Estas, impacientes y ávidas de
botín,
se

alborotaron
y le fueron a pedir guerra. A lo que el Duque
contestó:
<
deben estar dispuestos a
coml,atlr ;J;em­
pre, y los jefes sólo cuando les conviene»: Esta frase, que se ha
288
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOUCOS Y LA VOCACION POLITICA
hecho clásica en la conducción de la guerra, debe presidir taro-.
bién
la política.
El
hecho es de especial relevancia en materia de .JiOJ!lZas, que
muchas veces han . tenido por causa no una decisión política ra­
zonada y razonable, sino el amor propio herido. En la, por otra
parte,
limpisima hlstori,r dd Carlismo se encuentran ejemplos
suficientemente aikcciooadores: votos

a la
Repóblica por der,n;,car
a don Alfonso; coligaciones que favorecieron la ruina del orden
social ...
La norma moral, por
encima de pasiones y rerentiLlllientos, es
l;, que tuvo que recordar el cairdena,J · Merry del Val, Secretario
de Esoodo de San Pío X, ru cardeml Agui<,re, P:riml!do de las
Españas, en las famosas «Normas para los católicos españoles»
(1910). Después de exhon!'alr en la primert, de dlas a defender
la unidad católica y a combatir las libertwcres de perdición del
«derecho
nuevo», dioen al final del punto undécimo: «Cooperar
con

la
propia conducta

o con
la propia abstención a la ruina del
orden
social con la espera.ru,a de que na2Ca de tal ca'táotrofe una
condición de cosas mejor, sería actitud reprobable que, por sus
fatales efectos,

se
. reduciría casi a traición

para
con la Religión
y con J No hace falt:a ser experto mmali.st:a para entJender la firmeza
con

que esta
norma está asentada en la mmal católica. Siempre
se

ha enseñado que, si con un pecado se pudiera salvar al mun­
do,· no
sería lícito cometerlo. Justo lo contrario del métodó mar­
xista, siempre ocupado en explotar las contradicciones y avivar
las
discordia,¡, El polftico católico es sembrador de P"" y tiene
entre sus prime= post,ulados el no por muy citado menos suge­
rente del Conde de Marustre: «la contrarrevolución no será una
Revolución contJraria, sino lo contrario de J., Revolución» (Con-·
sideraciones sobre Francia, vers. caistellllitla de Carmela G. de
Gambra, Rialp, Madrid,
1955; pág. 234).
Quizá se pueda perwr que lo escrito e~puja al conformismo.
Sólo para planteamientos elroientales. Para quienes profundicen
más
no es sino un acicate a su inteligencia, para que la apliquro
a la manera de adel,,ntar sus concepciones fuera de alianzas fá-
289
Fundaci\363n Speiro

,
MIGUELAYUSO TORRES
ciles pero catastróficas ·que; en el fondo, no tienen más base co­
mún que el amor propio herido.
b) La definición y las decisiones-·
Dentro de la espiritualidoo del político·desempeoo un papel
notable.
Hacer. política es

tomar
docisiones y kls deci•iones nos
apremian
urgiéndonos a optar.
i\Jsí, aunque

hoy
-por fulta de
vergüenza o por puro nomioolismo-esté de moda 1a indefini­
ción
y •sea objeto de práctica QaJSi general.
Chesr.erton
lo
puso
en solfa en un pá,rrafu admirable: «El
cerebro
humano es ,una máquina para llegar a conclusiones; ,si
no
puede llegar " ellas es·· ¡,c,rque está mohoso. Cuando se nos
hab1a de

que un hombre es
den1asiado listo para creer, ,se nos
está h<>blaodo de algo que tiene casi el caráot:er de contradkci6n
en IIIS propios ¡,a,labms [ ... } . A medid,, que apila dootrirut sobre
doctrina y conclusión· sobre conolusíón pa:ra formar algún pro­
yecto tremendo de filosofía y religión, se va convirtiendo en más
y más h=no, en el único vencmdero sentido que puede darse
a la frase. Cuando en un refinado escepticismo 11baindonn una
doctrirut trtis otra, cuando se niega a 1adherivse a un sistema, cuan'
do dide que posee definiciones sentad!ls, cuo:ndo afirma que no
oree en una
finalidad, cuando como Dios, no sosteniendo forma ni credo, pero divagando sobre
todos, entonces, por ese milsmo proceso, se va hundiendo lenta­
mente hacia atrás en la indetertnirmción de los anim:ales errantes
y

en
la inconsciencia del campo. Los árboles no alientan dogmas.
Los nabos oon singularmente tolerootes» (Heretics, ven,. caote­
llania de M. J. Barroso, en Obras, PI= & Janés, BairrelonOJ, 1967,
tomo I, pág. 478-9).
La definición tan ponderada por Chesterton se h..ce efectiva,
día tras día, en declsionl!S. El conocido fenómeno de la acelera­
ción de la vlda se manifiesta también en la política como un au­
mento en la velocidad de sas acciones y réplicas; estll mayor
velotldaid reduce el tiempo disponible para decidir ha.ta límites ·
290
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POUTICA
angustiosos. Aumenta el número _de situaciones en que decisiones
graves
se tieoon que romar en tiempos breves, lo cual hace del
mando
una actividad más heroica y tamblén, a veces, más trá­
gí,ca. Porque la decisión es ineludible: no decidirse es . también
wm decisión de valor oonfigurativo y trascendenci" semejante ru .
de la afirmación rotunda. La aoción y la· OlllÍlsÍ.Ón ilStán asociadas
inseparablemente. Una oocisión
gr,ave, pues, requiere una gran
energía psicológi,ca, -que . •ólo puede ser proporcionada por una
apasionada
voluntad de venoor.
Es conocida la i.mp<>rtancia de la ,rapidez en k, conclusión de
los
negocios; 1as jugadss de Bolsa :son ~u mejor ejemplo: la for­
tuna de

los
Rostchild se inició por fa anticipación en la troosmi­
sión, i.nrteligentemente
falseada, del resultado de la batalli de
Waterloo.
En politica se hace más evidente y compneooible cuando el
conjunto de la situación se a<:elena al máximo, romo sucede en
los
golpes de Bs~ado. Siempre hay conjurados que pierden el
control
de los hechos por indecisión. No ta:rdain. en comprender
que aquél no
decidirse tuvo

una
trascoodencia de sti.gno contrario,
pero

de
igual magnitud que 4 decisión. Y entonces tratan de
recuperar la influencia sobre fos arontecimientos intentando eje­
cut!ar kis decisiones que poco antes eludieron. Pero ya sude ser
nmle.
Algunos roroneles que el 18 de julio, por la mañana, no se
resolvieron
a declarnr el estado de guerra,, se encontraron el día
22 sumergidos en una marea de milicianos que decidieron, al fin,
angusti=ioote, controlar. Ya no era posible:

a nadie
inte~a­
ban los servicios de los coroneles del 22 de julio.
En
la religiónla impotiancia de Je decisión no es menox, e
incluso, en

un
estudio de la acturu crisis de la Iglesia, habría
que dedi~ un capitulo al tema. San Agusm <1botrdó el tema ·
de

las
ocasiones perdidas ton la frase «Timeo .Deum transeuntem»,
remo
al Señor que pasa, y que no vuelve a dar otra o¡,ottunidlld.
291
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
c) La espiritualidad de las «cosas grandes-,,
Un tercer gran tema es el de Jas «1ooslliS pequeñas» y 1as «cosas
grandes» y su relación aparentemente inversa en un orden psi­
cológico. La vida del político es desordenada
y el curso de su pensa­
miento
diJstmído frecuentemente por cuestiones v:a:rmdas. Ade­
más
no_ está mentalizado para atender cosas pequeñas, se de.lica
a co""' gl'andes e importa,nres. Son tres ciocunstancias que difi­
cultan W1a espiritualid"'1 centrada en l:a perfección de los peque­
ños
detalles de l!a rutina diw.
Pero,

en
mmbio, · su tailante Je facifüa a tomar decisione& he­
roicas

que
le comprometen globalmente. Ayudll a ki comprensión
de

esta
espirituJtlidad la compamción clá,;ica entre oalor y tem­
peratum. El calor es una cainitidw y l:a temperatura el nivel de
ese calor. Una cerilla tiene mucha ·tempetatum y poco calor. Un
depósito
de
agua templada tiene poca temperotura y mucho calor.
En la espiritualidad del político, en el desarrollo de su voceción,
vemos

un
contiraSi1Je parecido. No es perfecciohista en s.u.s detalles
ascéticos y espitituailes, pero ". Jo 1rurgo del tiempo tiene varias
OClliSÍones de hooer actos perfectos de mridad.
Sin emoorgo, de la misma fuente del Evangelio ha brotado
sobre

toda
l,a historia de b Iglesia la recomendación de ser fieles
y exigentes ert el ,servicio . de Dios en ,tomo de hs cosas peque­
ñlllS. Los ,santos lo han estimado mucho y es tema presente en
todo
los libros de
espiritualidad: «Bien, siervo bueno y fiel; en
pocas coslliS fuiste fiel, sobre muchas·· te pondré: entra en el gozo
de tu Señor»
(Mt. 25, 21). ¿Cómo ,salvar la 11parente dOntra­
dicción?
En este y orros textos del Evangelio parece como si el des­
tino del hombre fuera hacer u ocuparse de cosas grandes, a las
que habrá de
llegar por 1:a· vía de la dedicación y perfección en
las rosas pequeñas. De resultas, serían éstas como la prueba o
preparación pa:ra más ialtas .empresas, y, a 1Su vez, éstas resultadan
el premio de aquéllas.
292
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
Hay que desacreditar, por tanto, la vetisión simplista de des­
preciar
lo coll!tllllrio de

lo
que se qurere ensaha,r; en. este caso,·
de olvklarse de gran,cb empreSIIB en. nombre de 1a santificación
en las cosas pequeñas.
Hay que predicar no s6lo la oompatibilwa pequeños con los
g;roodes, sino . su solidaridad. Más aún, hacer
notair lo llanmtivo y sospechoso de que tant!a supuesta santidad
pequeña no haya ttenido algún asomo a cosas nooobles.
Los politiros, a costa de relegair a veres,. la huwldad, pueden
encontrM impulsos para w -santificación en la virtud que inclina
a acometer obras gr,,ndes: en J,, m!agnal>imiJdad (Cfr. A. Royo
Marín O. P:: Teolog!a de la perfección cristiana, BAC, Madrid,
1954,

pág. 547).
d) La soledad
No podía fu1tar, por breve que ha'.)13 de ser, su romideración
en

un
catálogo de

los problemas
que suscita J,, espiritmlid:ad de
la vocación polltkia.
La F.scritura avisa: «Non in oommotione Domi:nus». No se
baJla
a Dios en d ttáfago, sino en d llpartamierito. No ·hey-vida
espiritual
sin soliedad volunfulria. ·
La soledad es la ausencia o restricción de !,a comunicación
afectiva
con Ot!t'als perso'.ruls, que se produce por su distancismien-.
to físico (mslruniento), pero también de otras formas. El .,¡sJa­
miento
produce soleclad, pero no es verdad que d . acompaña­
miento siempre la suprima. Y a se ha expllcado suficientemente
d fenómeno de fa soledad de dos en cdmpllñía. La ,afeotividad
sólo se dirige hacia Dios ruando esa interrupción de su cauce
habitual hacia

otras personas o
cooos '1a embalsa y dev,, a un
cievto grado. Cuanto

más
solo, mejor dispuesto para el amor

de
Dios.
-t. um distancia suficientemente corta para int~, dis­
rutre, pa,calelamente en un orden natural, la afectividad dd po­
lítico. También él ne,:,,sita, oomo d . hombre religioso, cortar o
293
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
al menos estrech11t lm caures .de la afeorividad, pam. hacerla su­
-
bir a

uu
nivel desde el que . pueda canaliza,rla al ,servicio de unos
' kleales. _ Pocos hombres están más sol® y al mismo tiempo menos
aishidos -más rodeados de gente-e-que Jos políticos en las dos
etapas de su catteni, conspiración y posesión y ejercicio del poder. ·
En ambas situaciones ·su función es mandar y, para desempeñarla
bien, •su razón no pueile •admitir la compaffia de otJra afectividad
que Li del deber y del servicio. Es un duro pero ineludible de­
porte politico estar con&11antemente cortando las ama.rms afecti­
va,; que curul incamables airañas renuevan alrededor del jefe sus
co1"borado-res; Jas cuales ron, por otra parte, valiosísimas para
descamar en el combate.
El
política que

está
ejercitando diariamente este oontrol dre
su a:liectividad y que tiene probablemente para el mismo um pre­
disposición
natural dre carácter, Juego perfeccionada, deben,, con-
-
siderar los beoeficios
y posibilidades que para su vida espiritual
tiene el orientar esa afeotividad tan discipmaclllJ heda la devo­
ción al Sagrado observiatorio extraordÍ!l¡llriamenire bueno para comprender

cómo
N. S. Jesucristo, que tuvo mi""1'icordila de las masat,, padeció en
su Sagrado Coral<ón

la
ingratitud de las mismas. Pum también la
cliedicadón ¡,dli,i,ica
nace -de un .imor a,J prójimo a escala social,
de él_ re sostiene y recibe en compensación un efluvio de ingra­
titudes
e i=mprensiones.
e) El «corte de las comunicaciones»
Es un raso interesante de la mortificadom restricción de la
afectividad de los políciros.
Ellenguaje
es insuficiente para expresar el pen,,a,niento con
absoluta fidelidad. Pero se le han concedido al hombre instru­
mentos co1'tectores de estle defecto: lb intuici6n, el sentidd oo­
mún y otros complementos de Tu, expresión como Tu, mímica y
el tono de voz.
Cada peroo'lla o iootrumento de transmisión de una idea, o de
294
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS -Y LA VOCACION POUTICA
la voluntad de realw.,da, Jas desfigura así ,mismo de un .modo
variable, aunque, puede también, por el contrario, . q,rregir de"'
viaciones originadas
poi otros intermediarios. San Ignacio cono­
cía pot
sn cuenta, mocho antes que los sociólogos modernos, este
desgaste
producido por Jos medios de comunicación y recomen­
daba para subsanarlo coofiiar en «el h0111bte del lugar».
Cuoodo
los mecanismos de tlrans!ni.,¡ión -'-o burocráticos--,
interpuestos entre el hombre del lµgar y 1a lejana centra:1 de que
provienen
las órdenes, son muchds, o parasitiados por el eoomigo,
uno de los medios d« evitar el. deterioro qµe ooasion,an en las
ide•s
y órdenes es cott"1' las CO'JlUUÍcaciorres.. .
Las más diversas eSIJUeJ.is de man¡clos p111ta asuntols variadí­
sitnos 1coinciden en orear en sus rulumnos una· mentalidad.. única
que les permita proceder de manera a,,mónica oon cuando estén
incomunicad.os. Contrariamente a lo que se oree, las comunica­
ciones no son siempre un factor·<½ perfección; pueden ser tam­
bién un fuctor negativo, petjudicial.1 un, vehírulo de confusión.
Por esto, cortar .:Las romunicacio:peS no :-es necesariamente un
acto desleal; tanto menos cuanto ""' disponga de una mayor
unidad de cniterics previa que permita suplli,la. En religión, esta
concordia . an,teripr .es. ,más !l!llplia y· fwme que en . cu\llqwier otra
materia. También se puede ditt en política, pero en grados muy
infetiores.
Decidir
con base eff criterios previos . y. oomunes, eiudiendo
la ganga de una:s comunicaciones en. las que el _pensi¡milento. se
desfigura y las responsabilidades .se diluyen,. -puede .ser · un gran
acietto. Don :Valeri:ano Weyler, con. su actuación en los ,;pisoclids
revolucionarios qúle precedieron 'ª la Semana Tr¡ígica, nos da un
ejemplo notable.
Una potencia eictI!>Uljera trataba de . entorpécer
la expa,n,sión española en Marruecos pe®u en' B-=elona mediionte una agitación aQáiquistia teledirigida. Wey­
ler, capitán IJetleral a la sazón de Cataluña, comprendiendo que
no
podía peroer el tiempo en consul118Js oon -Madrid de Jars que
no obtenía sino ambigüedad como respuesnai, · mandó él mismo
cottar sus comunicaciones con 1a Corte; declaro el es1<1do de g,ue­
rta y sofocó rápidamente .la revudta,
295
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
Ahora bien, el·. actoor de es!Ja marum, exige un CO!lllplero. auto-.
dominio y-ooa ,severa 11eSttkx:ic$n de los propios afectoo, asi-como
un perfecto ejetcicio de Jia sohodad.
f) La ascética de la discreción r
También se baila muy desarrollada en la ~ del
político. La Clll'ioskfad, el deseo de saber, el pJiacer y la vanidad
que ambos proporcionan, están en el mismo comienzo del hom-·
bre, quizá ya cu,mdo Eva se IICe1'la al fruto prohibido en el l'l>­
raísó. Están presentes en mm:has aotividades humanas, en ciettos
jue¡;os
y ro la política, que también es para muchos un pl:ace,
lúidiro.
El polítioo siente más que otros el deseo de saber cosas que
se
están desial1rollando en niveles superiores al habitual. Siente
satisfocción
por

ese
conocimiento que muchos quj&ieran tener . y
no pueden. Siente la tentación .:...de vionidad--de contm esas
cosas
y mostrar afecro al luroer!o: «el secreto quemw».
Además, el político se vre enreciado en cuestiooos osruras que
a veces le colocan en situaciones incómodas o en ooténtiros en­
tredichos para su honót, y que él podrfu, disipat con una breve
explicación. Explicación que podrla dar, pero ... que no debe.
El político «queda mal» con muchas peroonas, COD.Stlantemente,
por

no
poder d,,r explicaciones.
Sobre esros hechos y 'situaciones se proyecte la ascétiaru. de fa
ouriosidoo y de la comutiicadón huma,,es. A la tentación de saber
más de lo necesario para el propio itmbajo y objetivo, se contm­
pone la «rectitud de intención», que e,s uno de los grandes temas
de
la ascética. Se deberá meditar que no se OC11pa un puesto pao:a
reareame o ~se ""hiendo cosas inaocesibles pata o=, si.no
para servir dentro de un ordeµ. T,mbién producká abundantes
frutos espirituales tal meditación para los casos de comunicación
Pa:ra
toda,s 1m · ten!Jaciones de wliscnrión ~d,i;: cosas que
no se deben para dlsipar situadooes incómodas o ...Jwr nuestro
296
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
honor compll)Dlel:ido sin cu1p,--es muy conyeniente la devación
a

San
José, San José puede aer uno de los patronos de los polí,
tiros,
no sol.amrote por serlo ya ,;le. la Igbia Unire11Sal que tantos
y tan im¡,orta'.ntes intereses tiene en política, sino porque todos
los teólogos iosi>sten especialmente en la discreción que gueroó
ante la concepción de Jesú.s, que comprometía aparentemente su
honor.

Y cuando
el ángel Je revaló lo ocumido, no divulgó la
explicación a sus convecinos de Nazáret, 61ino que practicó la as­
cética del silencio. To:mbién San Juan Nepomureno, como se ne­
gara

a
revelrur al Emperador Wenreslao la roiñfesión de su esposa,
fue ahogado en el rlo por orden del sobemno.
VII. Necesitamos muchas ·vo~acion~ políticas
Cuando va11Dos a una tienda a compra,, un regalo lo primero
que
necesi.tamds saber es cuánto queremos o podemos gast'1lrnoo.
Algo parecido OOUl,1te cuando ,;e va la escoger la meinera de orga­
ni= políticamente Ul1'I masa humana. De las primeras cosas que
hay que saber es el número de ¡,ensonas con capacidad para di­
rigir que hay en ella di,sponibles. Si no se ven en ,su seno quienes
den señales de vida politica sana, o solamente muy pocos, e'nton­
oes podemoo
caloobr que está condetmd,i a la díct,adµra. Si no
tiene
capacidad propia paira organbJattse natunilmenrte, habra que ·
organizar.la a.rtili:iru.mentle. Cuando
fultall l:ms vocacianes políti­
c,¡¡s,
no

hay otra
solución ---,,¡,arte de crearlas-que poner én
lais manos de los poros capacioodos, y, &i ""1:05 son muy poros,
bata en las de .Jgunos incapacitados, una gran cantidad de asun­
tos. Este es uno de los posibles orígenes de l:ms dictaduras. Lis
ruales, viendo claa-amente este mecanismo .,[ que deben, entre
otros,
la vida, tratan de asegurarlo evitando la formación de di­
rigentes, con lo cu,.J se cienra y esl!ll!blece un dmJlo vicioso.
En el extremo opuesto oe dain las cirounstancias que permiten
a la masa configurame en uria sociedad de esti1o tradicioml, y
que ésta tenga vida lozana .. La primera es que hay¡,J un gran nú­
meiv .ck.•pei:sona,s que oomprendan el ~ del 1S0tVicio al!'' la
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Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
sociedoo, que tengan U!M 'vocación polítiea esmemdamente cu.1-
tivada h""ta para los mé.s modestos cometidos.
Bsro
último en.laza ron el hecho de que; en nuestros días,
· quizá se vea difícil acometer -groo.eles empresas polítiic:<18 por los
católicos ortodoxos.

En
ocasiones habrá que qui1m de nuestra
mente ,tan g,randes pretensiones.
Pues

basta
con hacer «'algo».
Jesús
exige previamente una lllJ)Ortlación hultli!lla mínima, si­
quiera simbólica. Serán las hidria,; de agua en las bod<>s de Caná
(J n. 2, 6-11 ); serán los pams y lcts peces en las multiplicaciones
militgtosas
(Jn. 6, 1-15, y Mt. 15, 32,39). ·
Bstla primera ,apontación hum,ma, inadecu,,ic\a en un orden na­
tural, ,se repite rigurosamente ,en otros sudeSOs del Evangelio.
También en el Antiguo Testamento que que

es Dios
quien oorá !la vicroria a Lslllel y no G.:deón, pero
ahí están combatiendo los trescientos ,soldados (Jueces, 7).
Dios y el hombre co1aboran en la textura de la hlstoria y,
por tanlto, de 1a política. Es difíciJ saber exootiamentle cómo, pero
hay indicios aleccionadores de que alguna,; rosas S'U=len como
en
el milagro de Ganá. Algunos grandes movimienroa idrológkos
que aparecen en

momentos decisivos
de. Ja historia, de """ pue­
blos
han tJenido m período de incubación largo y s&rioso.
Pa,,ece que es a pa,,tir de un pequeñó núcleo -,pusillus grex­
de oorvidor.es inreductibles de una buena causa, como Dios itTUm­
pe visiblemente
en

los
,arontecimientos políticos. Multiplicando
y perfrociO!llando lo que ya existe más que creando broocamente
de la Mela. Haciendo reálid•,cLdlls sueños de unos pocos hombres
que han
ido preparando una minúscula ofrenda material, que han
lreniado a tiempo 1,,s hidrios de agua.
Cuando llega la hora de Dios ,sié ve que lo mismo prende un
incendio con una anrorcha que

con
una cerilla.
Es curioso ver cómo, i,;,conscientJemente, los hombres proce­
den muchas veces tambiéb. as!. Condicionan su generosidad a la
seguridad de un
complemento pre;io; 'es

más fácil conseguir
di­
"ne~o
para

una ampliación de algo que
yii está en marcha, que para
fundar ex nibilo algo que sólo exi.Je en ptoyttfo.
En el orden poj¡tlco interho.cional es aún más tajante: casi
298
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
todos los grupos políticos reciben peticiOl!leS de .,yooi por parte
de extranjeros que quieren instalan, esa ideología en w pais. La
respuesta es siempre la misma: pre¡,,tten «algo» propio; cuando
'tengan «.,Jgo» hecho, ya les ayudruemos a crecer.
Impo11ta tener a l,a vista aquellos taJ&tros de Dfos pam no des0
mayar en el mantenimiento ,de un ideario o lllt1lbición política
exigent<:s. Nuestra pe,,sevrerancia hará que no se m!ailogre su mi­
sericondia por futta de eSk': pequeño pero n<:C<:ISl8!tÍo factor humano.
Sobre la itnpormocia de que la vocación política trablajosa­
mente ron.seguida se
aplique

a «algo»
dedioaré ulterior conside­
ración.
En definitivá, la propia perseverancia re halla comprome­
tida
en esta cuestión. --.
VIII. Promoción, diagnóstico. y mantenimiento
de vocaciones políticas
a) Promoción
Llegamos a.! fiml de l,a investigación. ,Presupuesta pritnéio
y mostrada después ~así lo espero-la· existencia de una vo­
cación propiamente política, se trafu ,ahora de promoverla y fo­
mentarla. De animar a muchos católiros exoelentes, bien dorados
para
esta tarea y ,rusentes de la misma, a ponerse en la presencia'
de Di.os y medirtlai ~osaniente, ,aimorosmnen~ sus voces
y sus silencios. Lo que imperiosamente les demanda, en "'1tlla.
Y que tiene poco· que ver con esa gente que a:nd,, «pesc!ando»
curas; médicos
'CJ poetas .. , o polítiros. En ningún oampo son inás
graves las violacioires .que en™ decisiones del adma.
Uno de los más import!alnites problem,m de la Iglesia en Es­
paña es la escasez de seg;bres dedicados al servicio de sus inte­
reses ¡,olíticoo, Cuesta dar el p «eoce ego quia vocasti me» (I Reg. 3, 9). Cuesta perforar el
muro de recelos e incomptemiones. Cueata desarbolar los con­
sejos -fa,miliares, •amÍ8tXl'so&--eaterilizarlores, ecos eremos del
«¿Acaso soy yo guandián de mi hem,,m,o?» (Gén. 4; 9) cainita.
299
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
Es un fen6fi!eno curioso que corre pa,ralelo a lo que ocurre
en o!ll:m vocaciomis, en ooocreto la oaoondotal o religioaa,. Ha­
bhlrulo de ella -y es perfectamente extrapob,ble a nuestro caso--,
deda Gustavo Cor,ao: «¿De dónde quieren·= personas qué
.,.Jgan los cmas y .ia,s monj""? ¿De .dónde quieren que selga'n los
sanros? Lo que parece bien claro es que no quierern,anros en la.
familil,. No digo que no los quieran delibeiradanmnite, positiva­
mente,
que sean capaoos .de oofucat,los, no. El modo de no que­
rerlos es evasivo y negativo: una especie de anticoncepcionismo
espiritual» (As fronteiras da técnica, Agir, Sao Paulo, 1955; y
en Permanlncia, núm. 50-51, nmyo-júnio 1981, pág. 19).
Todos estiman evidentemente la civilización cristiana, rodas
l!a desean. Con lo cum, y dodo que los politiros son necesarios,
querrán que se produzoain por generación espontánea o que ven-
gan de otiros planetas por ¡,¡,inespernnia. .
Y es que los herederos de h, civifuación cristillm somos una
ima serulaimente habituada a recibir. O mejor, somos una raza
~ hab]UJOOa a d..r. Por aso, los divensos p~ de produc­
ción
nos pa,recm ajenos y wbre todo debidoo; indiscutiblemente
debidos.
Si «¡Precimmos
de bmzos!» ... Se reclama pureza, abundancia, pero
como ·si .esas cosas se debieran a un oervicio municipal.
Una .die. b; caums de. tal mentalidad, si hacemos caso caso si
mencionado Cor~, está en la mievit!able complejidad del mundo
moderno combinada con 1a falta de unidoo moral ¡,ropi sociedlid burguesa, Nuestras activi&ades son poco ptoductivwo, o
muy
indireotamoote productiv0JS. Somos burócratas, funciomirios,
intermediarios, profesores, dirigentes, etc. Esta situación, a falta
de una rectifidación, inculca el hábito .de no es1"'blecer ila nece­
saria lig,ación entre el trabajo y sus frutos.
La única rectificación posible, el único modo .de reSitaUJt'ar la
inteligencia del problema, sería si ~mente a 1a creciente
e inevfrab1e complejidoo socml creciese también la conooicia de
fmternidad politica y de bien común. ¡Siempre el bien OOl!nún
despuntando,'éDtile Jos lntemticios
de oualquier manifestación po­
lítica!
300
Fundaci\363n Speiro

LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
Esa rectifioación pasa, sin duda, por el florecimiento de la
generosidad, por J,. i.drotificacián con J,. vieja divisa: «Da,, es
nobleza; recibi~, serridumbre».
b·) Diagn6stico
Yendo más allá es precisó diagnosticarila en el sujeto que :me­
dita sobre su vocación seglar específica y, a lo mejor, no se ha
dado
CUietllta.
Pero no podemos pretender crearla. ~ Je compete il Dios.
De
ahí que para llegar a su diagnóstico lo primero que se precisa
es su existencia. Que hwy,, vocación, entrega pellSOnaJ a Dios con
ocasión de sentir un enca,tgo, que es secundario, aunque apairezca
en prim& ¡,],uro.
Si se descuida estJa constatación queda,mos abocados a con­
fundir -por la semejianza de actividad pem no de vocaci6n-la
vocación política con cualesquiera otras dedicaciones a la misma;
y de eat!a confusi6n ;gualitarlsta nacen afirmaciQnes y actitudes
que
pueden llevax a una confraterllÍ2JaciÓn con los enemigos de
la fe. Con el consiguiente riesgo de haoerlés odm:es:iones en detri­
mento de la leal con
Dios.
Pero ,si bien la vOCllción es cosa de Dios, en su fructificación
tienen
que ver los hombres: la acción del Gtea,dor viene asociada
a causas segundas. Entre estos factoros. humaitllQIS, muy-numerosos,
se pueden · señalar en una primeM .aproximación -destacadamen­
te-el «amor» Y. la. «aptitud».
Y preck,a,mente suele denunciarse ,m presencia por

la
inven­
ci6n
del

deber.
Ya el flsico Osiw;,Jd decia que el único síntoma
que pod1,i pdner a1 proEesor robre. -la pista de la e,ooelencia de un
estudianre novato

era
el que no oe contentaJse con la labor im­
puesta y se creare otras a sí mismo. Y Marañón, comentando esta
idea,
Ja entiende no sólo en un sentido cuantitativo __.,..,. decir,
en
que el joven
cumple rus deberes y, adem~, loo nuevos'--, sino
también

en
el cualitativo -,esto es, que pueda dej,ar de lado al-
301
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES
gunas obliigaciones y reatlizar con otmor las que él se creó--( G11e­
g<1rio. Mm-añón:
.op. cit.,. págs. 44-5); por más que esfu segunda
parte sea niás discutible desde el entendimrenrto católico, pues
no en
vm,o ,su aocésis es msepamble del cumplimrento de los de­
beres menos ag,,,, de la voluntad de Dids.
Una vez denunciada y rastreada por los factores citados se
acredita no por una tem¡,omda de fervor pasajero, que todos loo
hdmbres
pasan, sino por !la perseverancia.
Como slíntom podemos
fijarnos pam .rea:li,ian-el diaignósciro, está la conoun-encia
o ausencia de ,la., siguientes citcunstancia,s:
302
l. Si tiene afición al.seguimiento en prensa o 1ldl.evisión de
arsuntoo políticas e hi.státioos. El colecciorus.m.o es una
forma de oeguimiento que puede · resultar indicil!ri,a. En
defünitiva, Ja historii« y la cultura son una prepollítica y
por
eso los políticos de vocación les prestan gtallJ. atención.
2. Si se. encuentra a gusto en compañía de ~as de re­
conocida vocación polltica. AJ. iguail. que s!Í un joven aca­
ricia lia idoo de ser religioso, ,será medida de obligada
pnudencia que trate familiarmente 'a lo. religiosa; de la
orden •añada y que frecuente ilas olmis que llewn entre
manos. La hoy tan olvidada recomendación espiritual del
cuidado de lias «amistades» alcanzá aquí pleno siguificado.
3. Si harre proyecto5 sobre estos temas o pacrticipa en los
de 01Jro.s, y si realiza sacrificios al servicio de esos pro­
yectos. A este respecto no debe pooocupacr la despropor­
ción entre los ,proyecto,; y lars realizaciones. El padre Ra­
món Omoodis S. I., " quien mootmra un amig<1 su de­
sasosiego por .eoe hecho, le tranquilizó diciendo que los
proyectoo
son como l,is flores

de un
árbol, y aunque no
todrus produzcan fruto skven a:! menos paira chrle visto­
sidad. Lo mismo los proyectoo, que sirven parn alabar a
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LOS CATOLICOS Y LA VOCACION POLITICA
Dios con mrestlra buena voluntad.
4. Si. la práctica de las air>reriores circunstancias le estimu.la
a ser mejót; Y mejor no quiere d.:cir más agradable o
mejor educado -que no son gentlemen lo que se bus­
. ca-, sino que le estimule en la oración, práctica de los
sacramentos

y
vida espiritual.
A
-sensu contrario, ver si de su vida espiritual. salen
fuemis y entusiasmo pata ,sus actividlides políticas.
5. Si dejamos que el conjunto se pose y vlailo:tlllllOS el tiempo
que viene du=do esa co"elación entre vida espiritual
y dedicación polí1ooa, estamos ya en ¡,uet'.llls de que re
haga consciente y claro y de que se acepte su enunciado.
Una rez en este esvado, confimmida reiteradamente
la comilación, y mantenido dmante largo tiempo, pasa
a formular una con.,¡¡gtllCÍÓn. La vocación se consolida
luminosa, nítida,
pacificadora.
c) Mantenimiento
Es uno de los verdaderos puntos decisivos, y sobre el que
teootnos · obligación de pensair •sin descanso. No cabe. duda que 1a
renovación del tl!ato con los compañeros de faitig,,s --e!Il especial ·
los principmtes
y

dudosos
con los

veteranos-
mediante tertu­
lias
o

clubs,
o la iniciación de rugum empresia común en que se
respete Ja libertad de concreción de cada uno, pueden ser muy
útiles para la finailidad perseguida.
Pero

lo
má6 impont1lllte, quizá, sea «caer en

la
cuentia»: pen­
sar en el !ISUnto, divuagarlo eD a,tíÍCWOSO conferencias ...
El
ingenio y la inispimción abren aquí amplios caminos. Lo
que es ur¡iente e inexcusable es COll!Seguir lo propuesto. De ello
depende que no oe apague la estrella tantas veces maJtrecha de la
vocación.
303
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL AYUSO TORRES •.
Manuel de Santa Cruz, que como nadie ha comprendido la
trascendencia de. esms cuerstiones, lo que nos jugoo,os en eote
envite, tiene un párrafo extraordinariatnente lúcido: «El Señor
pasa
llamando gen re. A unos, a !kl hom de prima; a otro,;, a la
de nom. Son muchos fo• que a ,su paso hacen en breve tiempo
qne gran revolnci6n intema y 1a ganan, pero no 1a consolidan
y acaban ¡,erdiendo el contooto ron Dios, entre otros razones,
-parque en el momento preciso pam esta corusolklll0i6n nadie les
contesta efi=menre a 1a pregunta que les brota generosamente
del alma: «¿Qué? ¿Qué hay que hacer?». Si los principios que ·
en el momento de

su
convensión han sido revekidos a estos nue·
vos Saulos rui · descienden pronto a impregnar los ~enores detalles
de ®U vida natuml, oe marchltan y se pierden» (Más allá de la
deontología médica, Fa¡¡:, Madrid, 1962, pág. 7).
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