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1986

La doctrina social católica

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1986
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La Doctrina Social Católica. Ante la XXV Reunión de amigos de la Ciudad Católica

LA DOCTRINA SOCIAL CATOLICA
ANTE LA :XXV REUNION DE AMIGOS DE LA CIUDAD CATOLICA
Un año más ... , con estas palabras comenzábamos el pasado
año, en el número 237-238 de Verbo, al convocaros a nuestra
XXIV Reunión sobre
el tema de La verdadera liberación. Y casi
concluimos con
un año menos para lograr una sociedad católica,
una
. Cristiandad.
Ha pasado un año y de nuevo volvemos a citaros para nues­
tra próxima Reunión. Pero en esta ocasión
se trata de una con­
vocatoria especial. No se trata tan sólo de otr.o .año más. Y ello
por un doble motivo.
Se trata de nuestras bodas de plata, de la
XXV Reunión. Un hecho sin duda insólito en
la sociedad actual.
Extraordinario por
dos razones. Por la perseverancia y asiduidad
en
la celebración de la reunión anual, tanto por parte de quienes
la organizan
como por parte de los concurrentes. Y por el espe­
cial significado del tema elegido· para celebrar lo que, sin
falso
pudor, con todo orgullo, podemos denominar un hecho sin pre­
cedentes. Un año especial requería también un tema especialmen­
te importante: la doctrina social católica.
De la doctrina social de la Iglesia nos hemos ocupado con
reiteraci6n, !lo solamente en nuestras ~euniones; en las -que, ade­
más de tratarse los diversos temas a la luz de la doctrina de la
Iglesia, con frecuencia se han incluido conferencias o foros en
los que, específicamente,
se trataba una determinada cuestión
segón la doctrina social católica. Y de V er_bo, cuya serie XXV
está saliendo este año, puede decirse que su principal caracterís-
·
. tica
ha sido la de ser una revista de doctrina social ca¡ólica.
Durante años hemos reproducido en Verbo la exhortación de
San Pío X a los católicos: Omnia instaurare in Christo. Instau-
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rar y restaurar 1a ciudad católica- sobre sus fundameotos natura­
les y divinos, Para que El reine. Este es el titulo del primer libro
que publicamos. Podríamos decir que
ha sido nuestro libro de
cabecera. Y para que El reine, para ei reinado social de nuestro
Señor Jesucristo,
la doctrina social católica es. un pilar impres­
cindible.
Se puede, aunque no se deba, reounciar a la religión católica
como fundameoto de la sociedad. A lo largo de la historia, con
frecuencia,
el hombre ha seguido caminos errados. Pero eotonces
no se puedeo lameotar las trágicas consecueocias que se · produ­
cen .. Y el remedio no está eo una doctrina humana, cualquiera
que ésta
sea, sino en la doctrina divina, como advitti6 Donoso
Cortés. León
XIII había advertido que un Estado «si se olvida de
Dios eo el gobierno de la república y se despreocupa de ateoder
a
las leyes morales, este Estado se desvía lastimosamente del fin
que la naturaleza
misma le presc,;:ilx,. No es ya una comunidad o
sociedad humana, sino
más bien una falsificación y simulación
· de sociedad». Y que «desde el momento eo que el Estado niega
a Dios
lo que es de Dios se sigue, necesariameote, que niegue a
los ciudadanos todo aquello a que tienen derecho
como hombres.
Quieran o no los adversarios
de la Iglesia, los verdaderos -dere­
chos del hombre nacen precisameote de sus obligaciones para
con Dios. De lo cual
se sigue que el Estado que falta eo esta ma­
teria destruye en realidad el fin principal de su institución y
niega, .en cierto modo, la razón sup_rema de su propia existencia».
Pío XII había señalado con toda claridad que la doctrina so­
cial de la Iglesia ·«está. definitivameote fijada en cuanto a sus pun-
. tos fundamentales», es «clara en todos sus aspectos» y «es obli­
gatoria, nadie puede separarse de ella sin peligro. para la
fe y el
orden moral». A pesar
de ello, algunos osaron afirmar la caduci­
dad de la doctrina social de la Iglesia o incluso su muerte o pre­
firieron sustituirla por la «teología de la liberación». Y, sin em­
bargo, como en Verbo hemos recordado, Juan XXIII, Pablo VI
y Juan Pablo
II,. no han cesado de insistir en la perentoria ne-
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cesidad de difundir, seguir y poner en práctica la doctrina social
católica.
Al
elegir este tema, pues, respondemos a· la llamada del Papa
y, al mismo tiempo, a nuestra especifica vocación en la Ciudad
Católica.
Como puede verse en el programa, la doctrina social católica
no
se limita a lo que restrictivamente se denomina «lo social»,
sino que
abarca también otros aspectos que configuran la socie­
dad como es la política, tal como ha sido expresada y formulada
¡,or los Romanos Pontífices.
Veinticinco años ininterrumpidos de existencia
y de tr~ba­
jo constituyen un motivo adicional de concurrencia. Para volver
a encontrar a los amigos que quizá hace años a los que no
se ve.
Para invitar, incluso, otra vez, ~ quíenes desconocen nuestra
obra y que, sin embargo, siendo capaces de comprender su va­
lor y sentido, no acuden porque no somos capaces de darles ese
empujoncito que precisan, Para volver a reunirnos, en fin, quie­
nes
pensamos que nuestra labor es necesaria.
Un año
más volvemos, pues, a deciros a los amigos de la
Ciudad Católica que hay que trabajar. Volvemos a solicitar
vues­
tro trabajo para preparar la próxima reunión, del mismo modo
que
lo hicimos el pasado año. El · éxito alcanzado en la última
reunión fue vuestro éxito. Lo que suceda este año de vosotros
depende. Pero no olvidemos que si muchas. veces, con mayor_
frecuencia de la deseada, no vemos el fruto de nuestros esfuer­
zos,
·no hay que desanimarse. Dios no nos pide la obtención del
éxito, sino que luchemos. Y a esto
no cabe renunciar. Fieles a
lo que SpeirO sigajfica, con sor Cristina de la Cruz', repitamos y
hagámoslo realidad:
Sin saber quien recoge, sembrad.
, ........................................ -.
No os importe no ver germinar.
EsTANISLAO CANTERO
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