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1986

La doctrina social católica

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1986
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La doctrina social de la Iglesia y la empresa

LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y LA EMPRESA
POR
PATRICK JOBBÉ~IluvAL
La empresa es definida habitualmente como un medio de
conseguir beneficios, y esta definición debe tener su fundamento
puesto que cuando no cumple esta finalidad
se vende o se cierra.
¿Cómo, aplicar entonces, de manera
eficaz para la empresa
y útil al empresario en su quehacer cotidiano, la doctrina social
de
la Iglesia proclamada desde Roma y, ciertamente, por la má­
xima autoridad moral del mundo actual pero que, evidentemente,
no está inmersa en las
necesidades cotidianas de la empresa?
Mi ambición, probablemente excesiva, es hoy la de intentar
ofrecerles algunos argumentos que
·1es sean útiles, pensando que
si están aquí durante estos tres días de reunión es por que no
solamente les interesa el tema, sino que, además, les preocupa.
Para ello,
me permito utilizar un pequeño libro escrito por
MarceLClement, Director de
l'Homme Nouveau, y publicado en
1985,
La doctrine sociale de l'Eglise est elle applicable?
Y, si es aplicable esta doctrina social de la Iglesia, ¿qué me­
dios les ofrece para ello el Centre d'Éstudes de l'Entreprise,
C.E.E.?
l. Donde se encuentran las documentos auténticos de esa
doctrina.
Juan Pablo II, en 1979, afirmó en Puebla que la llamada
doctrina social o enseñanza social
de la Iglesia se forma a la luz
de
la Palabra de Dios y de la Enseñanza del Magisterio auténtico.
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Es, pues, en los textos pontificios de León XIII, San Pío X,
Pío
XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II donde
enconttaremos la doctrina social
de la Iglesia.
Es evidente que estos textos no pueden
utilizarse eficaz­
mente sin tener
un idea bastante precisa de las épocas y de las
circunstancias
en medio de las cuales estas enseñanzas han sido
promulgadas. Tanto así que se altera el
verdadero-sentido,_ de
estos textos al sacarlos dé su contexto.
Porque, evidentemente, la Iglesia jamás proclama «principios»
u «obligaciones» artificiales como ocurre con las ideologías· apli­
das siempre por espíritus dogmáticos
y de las que se derivarán
consecuencias casi siempre nefastas, cuando no .perversas. ·
Los excesos de liberalismo han llevado al capitalismo salvaje,
al proletariado industrial
y a la sobreproducción.
El socialismo exacerbado destruye toda iniciativa individual,
rebaja el
nivel de vida y lleva al paro y a la ruina.
Nada más lejos del quehacer de la Iglesia, pues ésta, cons­
tantemente y
en cada situación aplica lo que proclama Santo
Tomás de Aquino en el tratado sobre
la virtud de prudencia,
que es
la virtud de gobierno en todas las cosas.
Marcel Clement precisa:
«En la acción humana el fin perse­
guido tiene
razón de principio. En el actuar social el fin es el
respeto y el desarrollo armonioso
de la dignidad de la persona
humana.
Por lo tanto, el respeto del hombre considerado como
sujeto, jamás
. como objeto, en las relaciones humanas, es el
"principio común", el principio absolutamente
universal a par·
tit del cual deben ordenarse todos los medios que se utilizan» ( 1 ).
Es, precisamente, a la lu,; de las encíclicas como mejor se
comprendetan los «principios comunes», así como los medios
que deben ser considerados y para
adquirir, poco a poco, la ex­
periencia propia para formular los juicios prudenciales que las
circunstancias requieran.
No se trata, pues, de deducir de las encíclicas de forma te6ri-
(1) La Doctrine Socia/e de l'Eglise est elle applicable?, Marce! Qe;.
ment, Editions L'Escalade, París, 1985, «Diffosion L'homme nouveau».
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LA ~NA SOQ ~-~ tecnocrática, a pattir de los «principios comunes»,
-100 compottamientos. Esto sería caer en una nueva ideologiac
Se trata más bien de reinventar los medios adecuados al fin
social petseguido, teniendo siempre a la vista lo que es necesario
y lo que es posible. .
2. Fundamentos de la doctrina social de la Iglesia: el de­
recho natural y la revelación.
Es evidente que en primer lugar su fundamento es la Reve­
lación. Pero sin
excluir eY derecho natural.
La Iglesia, .depositaria - convergen naturaleza
y gracia, tiene la misión de formar las con­
ciencias, y, por consiguiente, también las conciencias de los que
son llamados a encontrar las soluciones
y ordenar los deberes
impuestos por la vida
social (Pío XII el 1 de junio de 1941 en
el 50 aniversario de la Rerum novarum ).
Pero, también: En la ley natural está el fundamento sobre
el cual descansa la docrrina social de la Iglesia. Precisamente su
concepto cristiano del mundo es lo qne
ha inspirado y sostenido
a la Iglesia en la edificación de su doctrina sobre tal fundamento
(Pío
XII en su alocución de 25-IX-1949).
Por naturaleza,•
el hombre es una persona, unidad de un
cuerpo mortal
y de un alma espiritual e inmottal.
De ahí que, por su naturaleza, el hombre sea el sujeto de
derecho en su actuación tanto en
la empresa, como en la ciudad
y en el Estado.
Pero la gracia eleva la naturaleza,
la ennoblece y la restaura
a pattir de la Cruz.
Pío
XII proclamó el día 21 de febrero de 1948 que, lejos
de existir oposición entre
la doctrina social católica y la doctrina
social natural,
la primera tiene esencialmente en cuenta el des­
tioo eterno del hombre en
las aplicaciones de 1a segunda.
El Evangelio, dice Marce! Clement, no contradice la antigua
ley sino que le colma; su mensaje es infinitamente superior
al
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orden naturaÍ, como la caridad teologal es superior a la -...síiiipk,-<:­
justicia natural. Pero también la caridad presupone la justicia. ·
Es más exigente, pero no ,la deroga. Organizar la sociedad según
el Evaneglio obliga pues, realmente, a comenzar respetando las
exigencias de la justicia natural
y, por consiguiente, del orden
natural, porque el objeto de
la justicia consiste . en respetar el
derecho de cada uno.
3. Establecido as/ el fundamento de la doctl'ina social de
la Iglesia, ¿cuáles son los principios esenciales que la
orientan?
á) El primer principio es que la persona humana está re­
vestida de una dignidad que le faculta para ser causa responsa­
ble del fin de sus actos.
Todos los derechos humanos proceden de esta dignidad (Pa­
cem in terris).
b) De este principio dimana toda la organización social con
sus· tres instituciones fundamentales: la
familia, la propiedad y
el Estado. Pero:
-Propiedades demasiado grandes c!añru, y rebajan la fami­
lia y el Estado. ·
-
Demasiado Estado ·daña y rebaja la familia Y· desanima
la propiedad. ·
-Familias demasiado poderosas rebajan el Estado y absor­
ben el reparto equitativo de la propiedad. El marxismo dice
«todos proletarios». La doctrina social de
la Iglesia dice «todos
propietarios»,
y reclama su más amplia difusión posible y lo más
multiforme que quepa .para servir de base a la familia.
El Estado tiene la misión de asegurar el bien común
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político y, por ello, ha de velar por el respe_to de los derechos
legítimos; para que siempre sean respetados
y restaurados entre
todos los ciudadanos del mismo Estado.
e) El tercet principio es que el trabaio humano es prolon­
gación de la familia,
es un medio de expresión de cada uno, con
el que
se realiza.
La organización del trabajo debe ser un sistema de
relacio­
nes humanas que respete la dignidad humana, dando un especial
sentido a ese medio de expresión profunda que
es el trabajo, el
cual, al mismo tiempo, permite obtener la remuneración justa
para asegurar, a cada uno y a
su familia, el bienestar adecuado
a
la época, al lugar y a las posibilidades c<>ncretas.
d) El cuarto priocipio requiere que las relaciones entre gru­
pos de personas, entre las familias y la ciudad, ente los que apor­
tan su capital y los que
aportan su trabajo, y todas cuantas re­
laciones tengan o puedan ser de rivalidad o de competencia, sean
orientadas por
negociaciones equitativas entre miembros del mis­
mo cuerpo social, de cuya armonía y equidad, en un clima que
debe ser de fraternidad, dependen su unidad y su salud.
e) Y, en fío, el quioto priocipio es el de la solidaridad en
todos los niveles tanto sobre el plano profesional como en
el
político, ya sea municipal, nacional o ioternacional; pero, den­
tro del cuadro del principio de
subsidiariedad, que deja la mayor
iniciativa a las comunidades o sociedades básicas, favoreciendo
su desarrollo en vez de suplantarlas.
4. ¿Puede la empresa ser el lugar d6nde se aplique la doc­
trina social de la Iglesia?
En primer lugar, se impone una primera observación, la doc­
trioa social católica recibe su nombre de católica por su ámbito
universal de aplicación,
xGtaol-ixoa, en griego significa universal.
Su ámbito de aplicación abarca, pues, no sólo todos los
tiempos y lugares sioo también todas las actividades humanas,
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· públicas o privadas, así como también · todo nuestro comporta­
miento individual y todas nuestras actividades personales.
Dicho esto, volvamos a
la empresa y a su figura que mejor
conozco,
es decir, la empresa industrial, donde el aportante del
capital, los aportantes de técnica y los
ap<>rtantes de trabajo
tienen el común objetivo de unir
. sus esfuerzos con el fin de
producir bienes útiles para
la comuoidad humana.
El año pasado indicaba que la doctrina pontificia señala cua­
les son las condiciones necesarias que permiten uoa verdadera
«liberación» del hombre; mi propósito, hoy, es
indicar rápida­
mente como debe actuarse conforme esa doctrina social católica.
Jorge Dussaut, actual presidente de Aeronáutica Dassaut,
decía
haoe uo año en una emisión de la Televisión francesa:
«El error capital de los empresarios franceses
es menospre­
ciar el aspecto humano en
la empresa», y añadía, «los motivos
de insatisfacciones
no son forzosamente de orden material... El
obrero quiere "existir", quiere "saber" y quiere "poder". La
necesidad de "tener" viene después».
Creo que en estas pocas palabras está contenido el esquema
de uoa verdadera acción social católica dentro de
la empresa.
Lo que se dice del obrero, puede decirse igualmente del
mando intermedio, del contramaestre, del
técnico, del adminis­
. trativo o del ingeniero.
El obrero, digo, quiere «existir», es de­
cir, quiere ser autor y sujeto de su trabajo y ser considerado
como tal. Poque, sencillamente, como
dice Juan Pablo II en la
Laborem exercens. «El hombre es la imagen de Dios y especí­
ficamente lo es por el
mandato_ de Dios, por el mandato que
recibió de su Creador de someter
y dominar la Tierra».
~ Consciente o no de esta verdad, el obrero quiere ser
autor
de su trabajo y no · un instrumento en manos de otros
para realizar su obra, cualquiera que sea.
Esto requiere que sea reconocido como «persona»
y no como
uo «número» dentro del taller; es decir, que su jefe inmediato
le conozca, reconozca sus posibilidades e incluso sus deseos para
llevar a cabo
y bien su trabajo.
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El contramaestre que limite su papel a un mero control ad­
ministrativo, como vigilante de la actividad será rápidamente
considerado como
un guarda en una cárcel, más que como una
persona a la cual
se puede acudir para recibir un consejo, o una
información. El obrero quiere dignificarse en su trabajo; si ve
el trabajo
sólo como un medio de conseguir su sueldo,
y no ve que el tra­
bajo dignifica, ¿d6nde encontrará su
dig¡ridad de hombre? Pue­
de que
la busque en una protesta permanente.
-El obrero quiere «saber».
Este ~specto es poco reconocido en las empresas, sobre todo
en las grandes en casi todos los niveles de la jerarquía.
El concepto de
«saben> tiene dos facetas principales.
~Saber» es obtener mayores conoan11entos~
«Saber» es también obtener una información sobre el tra­
bajo
y su contorno.
Si bien el primer significado puede no caber en la mentali­
dad de todos,
el segundo sí es universal
La información es la forma más eficaz de interesar y de in­
teresarse. Esto supone que la información circule.
Generalmente lo que se busca
es que circule de abajo arriba;
esto es bueno, pero no suficiente, lo más necesario es que circu­
le de arriba hacia abajo.
En efecto, este modo de actuar demues.tra al subordinado
que «existe»,
y que interesa al mando que los ejecutantes «sepan»
el porqué de
tal. decisión, de tal comportamien,to; que efectiva­
mente existe un diálogo que revaloriza y crea un clima de con­
fianza mutua.
-El obrero quiere «poder».
No quiere poder en
el significado del substantivo «poder»,
pero si en el sentido del verbo «poder», es decir, disponer de
los medios adecuados para cumplir
sus obligaciones laborales:
«Poder» en tanto. ser
autor y sujeto de su trabajo.
«Poder» en tanto ser responsable.
Lo que significa, en todos los casos, tener una del~gación
dentro de los límites de su responsabilidad.
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De alú que cada eslabón de la jerarquía debe tener la preocu­
pación
de «delegar» la parte ·correspondiente de su responsabi­
lidad
al . eslabón inferior de ejecuci6ri.
Esta
delegación de responsabilidad lleva como consecuencia
inmediata
la necesidad de facilitar, también, los medios necesa­
rios para la feliz ejecución del trabajo.
Medios que no
son sólo matetiales, como las herramientas
y las máquinas, sino también técnicos y humanos, intelectuales,
morales. En efecto, dotar de medios sin responsabilidad
es una in­
sensatez; dar, conferir responsabilidad sin los medios adecuados
es una estafa.
He simplificado hasta el límite esta última parte de mi ex­
posición paM hacer pensar sobre la enorme necesidad de efec­
tuar frecuentemente un examen de conciencia profundo acerca
del modo como un cristiano fiel debe actuar en la etnpresa, en
especial
si tiene un cargo de responsabilidad sobre hombres.
Al concluir este sencillo examen, que no es sino. una medi­
tación acerca de la doctrina social católica, quiero insistir acerca
de la ayuda que puede prestar el
Centre d'Étuaes de l'Enterprise.
Un primet paso para conocer el e.E.E., es adquirir en la librería
los libos
de Salieron: Poder y propiedad en la Empresa, Empre­
sa y Propiedad en la Gaudium et Spes.
Y los dos libritos,
compendio de textos del e.E.E,, editados
por Speiro, número 1,
Mando y atHoridad en la empresa, y nú­
mero 2, La subversión. en la empresa, mandos intermedios y cli­
ma social, que bajo diversos puntos de vista desarrollan lo que
acabo de decir, peto de
forma más práctica y mejor adaptada a
sus preocupaciones diarias.
Por otra
parte, puede solicitarse ayuda al e.E.E., para apli­
car esa doctrina en sus respectivas etnpresas y llevar a feliz tér­
mino, en ellas, la formación de sus mandos con ese· nuevo «tra­
tamientos» social de los problemas laborales.
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