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1986

La doctrina social católica

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1986
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La alegría cristiana. Plática del Rvdo. P. Manuel Martínez Cano durante la Santa Misa del 7 de diciembre

LA ALEGRIA CRISTIANA
PLÁTICA DEL RVDO. P. MANUEL MARTÍNEZ CANO DURANTE
LA MISA DEL DÍA· 7 DE DICIEMBR~
Veinticinco años de servicio a Dios y a su santa Iglesia bien
merecen un recúerdoi una conmemoraci6n. ¡Cuánto nos gustarla
tener aquí, junto a nosotros, a todos los amigos de la Ciudad
Cat6lica, a ese eiército anónimo que con tanta generosidad, en­
. tusiasmo y sacrifició ha mantenido viva, y en toda su pureza, la
doctrina social ,y polltica de· Nuestra Santa Madre Iglesia! No
puede ser
así; pero alegrémonas y gocémonos porque los que
nos deiaron
gozan, en toda su plenitud, del Reinado Celestial de
Nuestro Señor Jesucristo.
Sí. Alegraos y gozaos en este veinticinco aniversario de los
amigos de
la Ciudad Cat61ica. Y celebrémoslo uniéndonos fer-·
vien,temente al Santo Sacrificio del Altar, al Sacrificio de Nues­
tro Rey y Señor Jesucristo. Y
en esta Santa Misa pidamos al ·se­
ñor
y a la Virgen Santisima que· suscite ·de entre nosotros, hom­
bres y
111ujeres integros,. valientes, inasequibles -al desaliento. Fie­
les a la tradici6n cat61ica de nuestra inmortal España.
Si. Alegraos y gozaos, porque la alegria es una virtud cris­
tiana. Que si, que ya lo sabemos todos, que el humo de Satanás
y hasta el mismlsimo diablo anda suelto por la Iglesia de Cristo.
Que
si, que España, nuestra Patria está cercada, como nunca lo
estuvo, por
sus enemigos seculares y con el caballo de Troya en
sus propias entrañas. Qtie si, que tenéis toda la raz6n del mun­
do,
pero «alegraos y regoci¡aos porque vuestros nombres están
escritos
en los cielos» (Lucas, 10. 20).
Sí. «El que piensa y espera en el cielo, no puede tener en la
tierra un solo mo111ento de tristeza» (Tomás de Kempis). Levan­
tad, pues, vuestro
coraz6n al cielo y estad siempre alegres.
Si, «estad alegres, porque la tristeza es la más perniciosa de
todas las emboscadas del demanio; porque aquellos a quienes el
demonio domine,
serán dominados por la tristeza» (San Juan
Gti~ó~JO!llo >-·· ·
Nunca .estéis frisles. Potque ·estar· tristes significa haber per-
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LA ALEGRIA CRISTIANA
dido la esperanza en Dios. Efectivamente, la tristeza es aptitud
pecaminosa. Y lo es tanto, tanto, que dice San Agustín que «lo
que
más odia Dios, después del pecado, es la tristeza». Estad,
pues, siempre
alegres; «de penas que se acaban no hagáis caso
de ellas» (Sta. Teresa de Jesús). Alegraos siempre en el Señor.
Dios Nuestro Señor nos
ha creado para vivir eternamente fe­
lices. Por tanto, es absurdo estar tristes en este relámpago que
es la vida. No tenemos motivos para estar ni un solo instante
tristes. Y menos aún en la perseéuci6n, por muy sangrienta que
sea. «Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cris­
to, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Si os ultra;an por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, por­
que el Espíritu de la gloria, el Espiritu de Dios, reposa en voso­tros» (Filipenses 4,4).
Siempre alegres. Alegraos y gozaos en el Señor, «hermanos,
estad
alegres en el Señor, no en el mundo: es decir, alegraos en
la verdád, no en la iniquidad; alegraos en la esperanza de la eternidad, no en las flores de la vanidad. Alegraos de tal forma
que, sea cual sea la situaci6n en la que os encontréis, tengáis
sie!7Zpre presente que el Señor está cerca; nada -os preocupe»
(San Agustín). Alegraos. «No os entriztezcáis, porque la alegría
de Y avhé es vuestra fortaleza» (Nehemias, 8,10).
Tenedlo siempre muy presente. El hombre espiritual, la mu­¡er auténticamente cristiana irradia. álegria, siembra alegría. Para
mí, Cristiano· es aquel que lucha con entusiasmo_ y alegría por es~
tablecer en el mundo el Reinado Social de Jesucristo.
El cristiano auténtico no pierde
la alegría ni ante las inius­
ticias cometidas contra él, ni ante las in¡usticias contra los. de­más. Está siempre alegre porque sabe que al final todo acabar{, como lo tiene previsto Dios Nuestro Señor: en el mayor de los
éxitos. Ni
tan siquiera la muerte puede quitar la alegría del cris­
tiano, porque también la muerte será vencida.
Hermanos, la alegria cristiana nace de Dios y nadie os puede quitar a ·Dios. Por eso, nada ni nadie pued~ quitaros la alegría. No, «la alegría_no es signo de disipación ni de ligereza. Los que
temen la alegria por sus peligros confunden». (P. Poveda). Dios
es alegria. Estad en Dios y estaréis siempre alegres.
Nuestro Señor nos pide que seamos perfectos como su Pa­
dre celestial es perfecto. Ahora bien, ya Aristóteles enseñaba
que «la tristeza corrompe
la obra y la alegria la perfecciona».
Por tanto, para ser perfectos, «cuando hacemos el bien, hemos
de hacerol con alegria» (San Gregorio Nacianceno). Porque así fo hicieran los santos. «Los santós~ 1'11-ientras vivían en este mundo}
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estaban siempre alegres, como si siem¡,re estuvieran celebrando
fiesta» (San Atanasio).
Perfeccionemos, pues, nuestras obras con la alegría, porque
para ·ser perfectos, para ser santos, es necesario vivir la ale_gría_:
«Ser santo, entre nosotros, es problema de at.egria; uno se hace
santo a base de alegria» (Santo Domingo Savio). Con mucho sa­
lero lo ha dicho nue~tra Santa Teresa: «un santo triste es un
triste santo».
No. No confundamos hermanos. Nosotros sigamos el conse­
jo de los santos, que ellos, saben mucho y nosotros bien poco
sabemos. Siempre alegres. Caiga quien caiga, y aunque nos due­
la el
alma. «Yo me pregunto a mí mismo c6mo es posible que
un alma que h_a llegado a sospechar el amor inmenso que Dios
le ti~ne, no viva de .continuo, aún-_ en m_edio de sus torturas y
sufrimientos, radiante de alegria» (Beata· Isabel de la Trinidad).
Ritdiantes de alegria. Siempre alegres. Por eso, «cuando nos
sobreviene una cruz hay que llevarla como si no la notásemos.
Ama Jesús los corazones
alegres, le gustan a Nuestro Señor las
almas sonrientes» (Santa Teresita del Nifio Jesús). Pues ya lo
sabéis: Sonriamos y gocemos, para que Nuestro Padre. Celestial
se goce ,y alegre en nosotros: Seamos el gozo y la alegria de Diosc
No hay que darle más vueltas: la alegria es el más puro Evan­
_gelio. Su primera página es alegría: «Alégrate Virgen Maria». Y
su última alegria será el Aleluya de la Resurrección. A.si lo des­
cubrió
el gran convertido Chesterton: «la alegria ... se convierte
en el gigantesco secreto del
cristianismo» ..
Estar siempre alegres. Eso es ser cristiano. Porque la alegría
es la vida del alma y la tristeza su muerte. Vivir siempre gozosos
y
alegres en este nuestro empeño de establecer en el mundo el
Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo. Tenedlo mu,y pre­
sente
en vuestro apostalado,. porque la talla del _apóstol se mide
por
la dosis de alegría que sabe infundir a los demás. El mundo
lo necesita y el Papa os lo ha recordado a los seglares, no hace
mucho. El mundo «necesita
d~ vuestra fe, vuestra pureza, vues-
tra alegria, vuestra ayuda, vuestra sonrisa». ·
SI, hemanos, el mundo necesita hoy de vuestra sonrisa, de
vuestra
alegria; porque el mundo está triste, muy triste. Y está
triste porque le
han arrebatado a Dios, puesto que es imposible
tener a Dios y estar triste. ·
Lo ha detectado perfectamente el doctor Rof Carbal/o: «Yo
nunca he tenido enfermos tan tristes como en los tiempos actua­
les. Y nuestros enfermos están tristes porque les falta Dios. ¡No
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hablan con Dios! Esta es la explicación cientifica que yo doy a
la tristeza de mis enfermos». .
El mundo está triste porque no habla con Dios, porque no
hace oración. ¡Hablemos nosotros con Dios! ¡Hablemos al mun­
do de Dios! Seamos mensa¡eros, apóstoles, de la alegria de Dios.
Esto
es lo que quiere Dios Nuestro Señor de nosotros. Lo dice
expresamente
San Pablo: «Estad siempre alegres. Orad constan­
temente. En todo
Jad gracias; pues esto es lo que Dios quiere
de vosotros»
Y qué bien ha entendido esto, esa sonrisa viviente, la Ma­
dre Teresa de Calcuta. Ella nos dice que «hoy la enfermedad
mortal no
es_ cáncer, la túberculosis o la lepra, sino la sensación
de ser marginados y
no amados. Seremos ;uzgados por el cui­
dado y ternura que demos a los demás ... , sed generosos y com­
prensivos ... , que nadie venga a vosotros sin 'que pueda irse me­
¡or y más feliz; sed la viva expresión de la bondad de Dios: bon­
dad en vuestro rostro, bondad en vuestros o;os, bondad en vues­
tra sonrisa, bondad
en vuestro caluroso saludo».
Hermanos,
orad tninterrumpidamente y vigilad vuestra ale­
.g,la, pues un alma sin oración y sin alegria no es enteramente
cristiana. Lo ha recordado muy bien el Cardenal Ratzinger: «una
de las
reglas fundamentales de discernimiento de esp/ritus podia
ser: donde hay tristeza, donde muere el humor, allí no está
ciertamente el espíritu de Jesucristo. Al revés: la alegría es una
señal de_ la gracia. Quien se alegra profunda y cordialmente, quien
ha sufrido ¡y no ha perdido la alegria, no está lejos de Dios, que
es el esplritu de la alegria eterna».
Tenedlo muy presente:
el máximo interés del demonio es que
nos desanimemos, que nos convenzamos de que ya no podemos
hacer
nada: Satanás quiere que nos pudramos en la tristeza que
sufren los condenados. Guerra, pues, a Satanás. Siempre alegres,
siempre gozosos: «Tienes que borrar de tu diccionario de amor
la palabra desaliento. Cuanto _ más experimentes tu debilidad y
mayor dificultad encuentres.,.· y
te parezca que más se enconde
Nuestro Señor, tanto
más debes alegrarte» (Beata Isabel de la
Trinidad).
Confiad contra toda desconfianza. Confiad en Dios, nuestro
amoroso
Padre. Si, confiad, porque la confianza consigue cuan­
to espera» (San Juan de la Cruz). Confiad en el Sagrado Cora­
zón de Jesús, que prometió reinar en España y con más venera­
ción que
en Otras partes. Confiad en Cristo Rey. Zambull/os en
lo más profundo de su corazón1 saboread su dulcísimo amor y,
como Santa Teresita del Niño Jesús, nada temeréis: «desde que
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se me ha dado comprender el amor del Corazón de Jesús, con­
fieso que se ha ale¡ado de mi todo temor». ·
Los españoles de hoy debemos vivir en su plenitud gozosa el
grito glorioso de los mártires de núestra última cruzada: ¡Viva
Cristo
Rey! SI, que Cristo reine en nuestras puras y sonrientes
almas. Ese es el camino, y no hay otro, para que Cristo reine
en la sociedad toda.
SI. Confiad en el señor. Alegraos y regoci¡aos en la Causa
de Nuestra Alegria,. la Virgen Santlsima. Ella ba¡ó del cielo a
Fátima
para decirnos a ti y a mi; a todos y cada unos de sus bi¡os:
«No estés triste, mi Inmaculado Corazón será tu refugio». Ale­
graos y gozaos porque «al final mi Corazón Inmaculado triun­
fará».
SI. Siempre alegres aunque nos corten el cuello.
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