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1989

589-1789

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1989
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El sentido de la Revolución Francesa

EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
POR
MIGUEL PoRADowsn
«El sentido de la Revolución francesa» es un tema que, pro­
bablemente ba sido tratado y sigue siéndolo por la mayoría de
los estudiosos de la historia de Francia, lo que se expresa en los
mismos títulos de las obras al respecto. El primer libro sobre la
Revolución francesa, el de Burke (1 ), aparece con el título Re­
flexiones sobre la Revoluci6n en Francia, y casi inmediatamente
es seguido por mudúsitnos otros autores, con la pequeña dife­
rencia de que la palabra «reflexiones» es
reemplazada por «con­
sideraciones».
Así, desde Burke y MacKintosh (2), pasando por
Rabaut de Saint Etienne. (
3 ), Barnave ( 4 ), Jacques Mallet du
Pan (5), Mme.
Stael (hija de Necker) (6) y, ante todo, Joseph de
Maistre (7),
y un centenar de otros .autores hasta Charles Mau­
rras (8), llegando
luego· a los innumerables

escritores del bicen-
(1) EnMUND Burum, Reflectlons on, the Revolution in France, 1790.
(2) JAMES MAcKrnrosH, Vindiciae Gallicae, 1791; en la traducción
francesa lleva el título: Apologie de la Révolution _franraise.
(3) JEAN-PAUL RABAUT DE SAINT ETIENNE, Précis de l'histoire de la
Révolution, 1791.
(4) &lToÍNE PIÉRRE JoSEPH-_ MARm BARNAVE, Introduction a la Ré­
volution fran,aise, 1792 (publicado por primera vez en 1843).
(5) JACQUES MALLET DE PAN, Considérations sur la nature de la Ré­
-volution fran,aise.
(6) ANNE LomsE GfillMAINE N:ECKER, baronne de STAEL-HOISTEIN,
Considérations sur-:la -Révolution.
(7) }OSEPH DE MÁISTRE, Consídérations sur la France, 1796.
(8) CHARLES MAURRAs, Réfle"ions mr lii ''ltévo/ution.
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tenario, con Albert Soboul (9) y Fran~ois Furet (10), se busca
el «sentido de la Revolución francesa».
Lo curioso es que, a pe­
sar de tantos estudios, «reflexiones» y «consideraciones», d tema,
hasta ahora, no parece estar suficientemente aclarado.
Casi para todos.
·estos . autores, con muy pequeñas excepcio­
nes, la Revolución francesa aparece como una misteriosa e inexM
plicabJ~ calamidad; de ahí la pregunta que se plantean con tanta
frecuencia: ¿cómo Dios pudo permitirla?
Valmigere, sintetizando
el pensamiento al respecto de muchísimos autores, pero dando
preferencia a dos de ellos,
La Harpe y Joseph de Maistre, como
pensadores más profundos, escribe: «durante medio siglo los fran­
ceses han pretendido que la ley de Dios hacía mal a la humani­
dad,
. mientras que la ley humana asegurarla su felicidad. Dios
les ha permitido hacet un ensayo, para confundirlos. Y la con­
fusión durará mientras persistan
en su orgullo y en sus preten­
siones. Sin embargo, Dios
no ha permitido que la Francia su­
cumba. Eso (la Revolución) fue, como lo dicen los mismos auto­
res, una fatalidad de carácter satánico, pues la Revolución tiene
algo de
inexplicable si se toma en cuenta sólo al hombre. ¿ Cómo
justificar, por ejemplo,
el hecho de que un pueblo civilizado como
el nuestro comiera carne humana, lo que ocurrió varias veces du­
rante las masacres?» (11).
Además,
en el umbral de su vida, durante la misma ceremo­
nia del bautismo de Clodoveo y con él de toda la Francia ( año
496
), San Remigio profetizó sobre Francia: «Este reyno será
grande entre todos los de la
tierra, Victorioso y próspero mien­
tras sea
fiel a su fe, será duramente castigado cada vez que se
aparte de ella. Sin embargo, permanecerá hasta el fin de los tiem­
pos» ( 12).
En la imposibilidad de sintetizar aquí todas las opiniones
sobre
el «sentido de la Revolución francesa», nos limitamos a
(9) ALBERT SoBOUL, Comprendre la Révolution, 1981.
(10) FRANc;;:ors FURET, Penser la Révolution. franraise, 1978, 1983.
(11) VALMIGERE, Enquite sur U Révolution, NEL, 1956, pág. 15.
(12) Cit. por V ALMIGERE, op,. cit., .. ~. 5.
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
mencionar s6lo algunas de ellas, que, tal vez, sean las más in­
teresantes.
Cronol6gicamente aparece en primer lugar la «teoría de -la
venganza», que tiene varias presentaciones.
La primera de ellas se refiere a la venganza de los galos. Es
la tesis de James MacKintosh ( 1765-1832). Escandalizado con el
libro de Edmund Burke
(Reflexions on the Revolution in France,
1790), MacKintosh sale en defensa de la Revoluci6n francesa. La
tesis principal de este eminente hombre público de Inglaterra,
abogado, médico, político e historiador,
es de que la Revoluci6n
francesa vino como una
venganza del pueblo galo sojuzgado por
los francus. Esta teoría, que
busca la explicaci6n del sentido
misterioso de la Revoluci6n francesa,
viene después a ser desa­
rrollada y profundizada por Augustin Thierry (1795-1856), el his­
toriador francés especializado en la historia de Francia de los
tiempos
de los merovingios ( 13) y la trata en su obra Lettres sur
l'
histoire de France, 1827. Así, el «sentido de la Revoluci6n
francesa» es
-para MacKintosh y para Thierry-la «venganza
de los galos sobre los francos» ( «la revanche des Gaulois sur
les Francs»
), como lo sintetiza, en esta corta frase, V almi­
gere (14).
Al respecto recordemos que los galos
se adueñan de esta par­
te de Europa casi diez siglos antes de Cristo, constituyendo una
sociedad independiente, que dura hasta
el final del siglo quinto
después de Cristo, cuando los conquista
el pueblo germánico de
los fráncos, imponiendo la dinastía de los metovingios. Los quin­
ce siglos de vida independiente de los galos, s6lo parcialmente
dominados por el imperio romano en el primer
siglo (lo que los
protegía de la invasi6n germánica), no podían ser fácilmente ol­
vidados. Ver, pues, en
la Revoluci6n francesa una venganza de
los galos sobre los francos
no parece ser una teoría gratuita; lo
cual
es cÓnfirmado también por la ·actual resistencia de los pue­
blos de origen céltico
en Irlanda y en una parte de Inglaterra.
(13-) Véase; su obra Relatos de los .. tiempos merovingios.
(14) VALMIGilRE, op. cit., pág. 15.
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Otros autores buscan a estos «vengadores» en los distintos
estratos hit6ricos de Francia. Así, por ejemplo, algunos los ven
en
los descendientes de los masacrados albigenses (cátaros), du­
rante la cruzada del año 1209. Es sabido que esta peligrosísima
secta religiosa (por sus inmorales costumbres), que dominaba
gran parte del mediodía de Francia, teniendo su centro en los
al­
rededores de Albi (de ahí su nombre), no fue liquidada comple­
tamente por la mencionad.a cruzada e, incluso, se extendió tam­
bién a España, principalmente al reino de Le6n. Los partidarios
de esta teoría invocan como argumento el hecho de que
el te­
mble ejército de los voluntarios revolucionarios, reclutados en­
tre los bandidos de Marseille y sus alrededores ( ellos fueron los
primeros que cantaron el himno compuesto por Rouget de Lisie,
y por esta raz6n este himno tom6 el nombre de «MarseiUaise» ),
expresaba en sus crueldades (las matanzas, fos incendios, el cani­
balismo, etc.)
el espíritu .de venganza de los descendientes de los
albigenses.
También algunos partidarios de
la «teoría de la venganza»
se refieren a los herederos de los Templarios. Se trata de la or­
den militar y religiosa fundada en 1119, con la finalidad de
de­
fender la Tierra Santa contra los musulmanes. Sin embargo, con
el tiempo, poco a
poco, 1os Templarios cambiaron de costum­
bres, dando preferencia a los negocios, adquiriendo enormes ri­
quezas y llegando muchos de ellos a ser banqueros de los prín­
cipes, reyes y papas ( 15).
Se les ha acusado también de ser pre­
cursores de
la masonería. El rey de Francia, Felipe IV el Her­
moso,
los hizo procesar con el gran maestre Jacobo de Molay a
la
cabeza. Algunos de ellos, condenados a muerte, fueron que­
mados en la hoguera
(16). Como argumento en favor de la re­
laci6n entre el caso de los Tetnplarios y la Revoluci6n francesa se
invoca tanto el supuesto vínculo · de la masonería y los Templa­
rios, como el hecho de que
el Luis XVI y su familia fueron to-
(15) P:rQUET, Des banquiers au moyen dg:les Templiers, 1939.
(16) }ULES MICHELET, Le proces des Templiers, 1851; ÜURsEL, Le
proces des Templiers, 19,9; M. ME.LVILLE, La vie des Templiers, 1974; C.
G. AnnISoN, The history o/ tbe Knights Templars, 1842.
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mados presos y quedaron encarcelados precisamente en el T em­
ple, es decir, en la antigua sede de los Templarios, siendo condena­
dos a muerte y guillotinados, en lo cual
se sospecha la vengan­
za
de los masones como supuestos herederos de la orden T em­
plaria.
Otra versión de la «teoría de la venganza» se refiere a los
hugonotes, es decir, a los protestantes franceses. Según esta teo­
ría, el terror de la Revolución francesa se explica -ante todo
en su fase de persecusión
de los católicos-como la venganza
por la «noche
de San Bartolomé». Conviene recordar al respecto
que
la principal matanza de hugonotes tuvo lugar en París du­
rante la noche de San Bartolomé ( el 24 de agosto de 1572 ), bajo
el reinado de Carlos IX a instigación de Catalina de Médids y
de los Guisas (17). Pues bien, durante la Revolución francesa
hubo frecuentes referencias a esta noche de San
Bartofomé. Ri­
varol anota: « ... hasta fines de agosto de 1789, en el aniver­
sario de la
matanza de San Bartolomé, el pueblo había decidido
asesinar a todos los nobles ...
» (18). Incluso todavía antes de la
«toma» de la Bastilla
(el 14 de julio de 1789), el 12 de junio,
Camille Desmoulins excita a las turbas, anunciando una nueva
noche de San Bartolomé ( 19).
Los mencionados casos· de venganza son solamente suposi­
ciones más o menos fundadas. Sin embargo, hay un caso indiscu­
tible, a saber: la venganza de parte del duque de Orléans.
Al respecto, P.
C. Lecomte escribe: «El duque de. Orléans,
(17) Catalina de Médicis, hija de Lorenzo de Médicis, nacida en Flo­
rencia (1519-1589) fue esposa de Enrique
11 de Francia y madre de Fran­
cisco 11, de Carlos IX y de Enrique 111, siendo la Regente durante la mi­
noría de edad de Carlos IX.
Los Guisas fueron una familia ilustre de Lorena; Francisco cie Lorena
(1519-1563), duque de Guisa, defendió Metz contra Carlos V; Enrique I
(1550-1588), duque de Guisa, hijo del anterior, dirigió
la matanza en la
noche de San Bartolomé e intentó quitar la corona a Enrique III, quien
lo hizo asesinar.
(18) RivAROL, op. cit., pág. 91.
(19) Histo!ire et dictionnaire de la Révolution franraise, ob. cit., pági­
na 567.
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castigado por la autoridad real (20), desde ese momento pensaba
cómo vengarse ... , un día dijo a su valet, el hombre de su confian­
za: ... me lo van a pagar muy caro ... , sí, incluso si tuviera que
perecer, pere=é, con tal de que haga perecer también. al rey
y sobre todo a la reina, lo juro, los
voy a llevar a eso; los voy
a hacer tan desdichados como las creaturas vivas lo pueden estar;
para lograrlo gastaré toda
mi fortuna e, incluso, perderé mi vida,
si es necesario ... » (21).
Pues bien,
es sabido que no se trataba s6lo de palabras, pues
el duque de Orléans había atentado varias veces contra la vida
del
rey y de la reina, sirviéndose de sicarios. Más todavía, apo­
Y"ba todo tipo de complots para destronarlo y matarlo.
Así, la venganza personal del duque de Orléans probable­
mente llega a ser una venganza «representativa» y «acumulati.,.
va» de todas las venganzas anteriormente mencionadas, pues
consta que Felipe Igualdad había apoyado casi todas las
cons­
piraciones contra la vida del rey Luis XVI y también consta que
casi todos los complots contra la monarquía organizados por
la
masonería ( de la cual el duque de Orléans era el más alto diri­
gente (22)
y la cual, en sus publicaciones (23 ), reclama ser con­
tinuadora de los Templarios) y por los protestantes (24), herede­
ros (25) de
los hugonotes. Además, el duque de Orléans se sir-
(20) Debido a sus permanentes conspiraciones contra el rey Luis XVI,
fue relegado-de París, por corto tiempo, a una de sus haciendas.
(21) P. C. LEcoMTE, Mémorial de la Révolution fran~aise, 1801. Ci­
tado. por VALMIGERE, op. cit., pág. 59.
(22)
«Le duc d'Orléans... avait été singulif:rement secondé par le
franc-ma~ns, dont il était grand-ma1tre en France». Le marquis de BmLLÉ,
M.émoire.s, 1797, citado por VALMIGERE, op. cit., pág. 122.
(23) Véase: Diccionario Enciclopédico de la Masoneria, Editorial Kier,
Buenos Aires, 1947, vol. II, págs. 818"822.
(24) «Le duc d'Orléans ... il eut pour lui tous les calvínistes du ro­
yaume». GALART DB MoNTJOIE, Hi.stoire de la conjuration du duc d'Or­
léans, 1796. Citado por VALMIGERE, op. cit., pág. 122.
(25) «Herederos» en el más estricto sentido de la palabra, pues se
trata del mismo programa político: los protestantes en Francia, durante la
Revolución francesa, vuelven a los proyectos de los hugonotes respecto a la
abolición de la monarquía católica y a la instalación en su lugar de una
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
vio en varias ocasiones del «ejército de la Marsellesa», es decir,
de los que reivindicaban la venganza de los
a!lbigenses.
El sentido de la Revolución francesa es también el principal
tema de las obras (26) de Joseph de Maistre (27), tratado por
él ante todo en
Consideraciones sobre Francia (28), una obra ex-
república federativa. Al respecto esctibe el duque de Lévis: «Cette chimel"e
de république fédérative, révée pour la premiel"e fois au temps de la té-­
forme par des ministres calvinistes... prit tout a coup de la consistance
en 1793 et donna lieu a la factlon des Girondins». Le Duc de LÉVIS, mem­
bre de l'Academie ftan9Úse, Souvenirs et portraits, 1857, citado por VAL­
MIGERE, op. cit., pág. 65.
(26) Las principales
obras de JosEPH DE MAISTRE son las siguiehtes:
Considérations sur la France; Etude sur la Souveraineté (a veces citado
también como «Traité ... » o «Etudes ... » (en plural); Essai sur le príncipe
générateur
des Constitutions politiques,· Les Soirées de Saint-Pétersbourg,
ou Entretiens sur le gouvernement temporel de la Providence; Du Pape,
y la Co"espondencia (muy abundante e importante).
(27) Joseph de
Maistre nace en 1753 en Niza, en una familia culta
y muy numerosa (catorce hijos), siendo el hijo primogénito. Estudia en el
College Royal de Cambéry y después en la Universidad de Turín, reci­
biendo el grado de Doctor en Leyes en 1772. Su padre es senador e in­
cluso Presidente
dcl Senado dcl reino de Saboya. Joseph de Maistre, du.
rante su vida adulta, sirve a este reino en calidad de diplomático, pasando
el más largo período, de quince años, en Rusia, en Saint-Pétersbourg (San
Petersburgo,
hoy Leningrado), Escribi6 mucho; las ediciones de sus obras
completas en
algunos casos llegan a los 17 volúmenes. Al final de sus es­
tudias universitarios se acercó a la Masonería, suponiendo que en esta
«sociedad filosófica», como ella tiene la costumbre de llamarse, tendría
ocasi6n de profundizar su vida espiritual. Decepcionado, la abandona, e in­
cluso la combate en sus escritos, especialmente en la obrita Mémoire au
grand-duc de Brunswick sur l'essence de l'Ordre, 1782. ·
(28) Considérations sur la France es un libro publicado por primera
vez en 1796. Aquí se aprovecha la edición dcl año 1~36 (Librairie Philo­
sophique Vrin, París, con una introducción y comentarios de los profesores
René
Jo}:lannet y Fran~is V ermale, los cuales completan el texto del año
1796 con algunos fragmentos del manuscrito, redactado por Joseph de
Maistl'e en varias versiones, de las cuales sólo una es tomada en cuenta
en
la primera edición; y con los textos de otras obras del autor, que afir­
man
y aclaran su pensamiento y sus opiniones.
Existe una esmerada traducción
al castellano de Carmela Gutiérrez de
Gambra, con
un estudio preliminar. de Rafael· Gambra (Ediciones Rialp,
S. A., Madrid, 1955); aquí se usa, a veces, esta versión castellana.
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traordinaria, que .se encuentra en la base de casi todas las polé­
micas futuras de los siglos XIX y XX sobre. el tema del sentido
de la Revolución francesa e, incluso, tal vez, mucho más que la
obra anterior de Burke. Es
imposible comprender esta polémica
sin el previo conocimiento de esta obra de Joseph
de Maistre, y
por esta razón se le dedica aquí
una' atención muy especial.
Joseph de Maistre
ve en la Revolución francesa, ante todo, el
«castigo de Dios» por la infidelidad de Francia a su compromiso
con la
fe cristiana contraído en el día de su bautismo.
Claro está que no se puede identificar
el «castigo de Dios»
con la «teoría de la
venganza», pues el castigo de Dios es siem­
pre expresión del amor de Dios hacia el hombre, de su
infinita
misericordia, Cuando. un padre castiga a su hijo, lo hace por
amor y por la obligación de ocuparse de su comportamiento.
En
la venganza-hay algo de odio y casi nunca hay algo de amor.·Dios
es Amor y, por ende, no se le puede atribuir una actitud de ven­
ganza, pero sí de
~siigo. Por esta razón la posición de Joseph
de Maistre, quien, hablando del «sentido» de la Revolución fran­
cesa, lo ve como castigo de Dios,
no se incluye aquí·. dentro de
las teorías
de venganza, sino que se la clasifica separadamente;
como una «teoría del castigo».
Joseph de Maistre
es un escritor político muy excepcionai,
pues para· él la historia .no es solamente la descripción, en la
perspectiva del· tiempo, de los acontecimientos y obras humanas,
sino también de las divinas y satánicas,
pero efectuadas por el
hombre. Por esta razón sus consideraciones sobre los aconteci­
mientos políticos pertenecen más bien a
la filosofía de la histo­
ria y

a la teología de la historia. Además,
para él, la cienc41 po­
lítica no es una ciencia abstracta y puramente teórica, sino esen­
cialmente histórica, es decir, que
saca sus conclusiones de los
hechos concretos históricos; es, pues, una ciencia empírica y no
puramente especulativa, ya que fa eSPecUlación se hace sobre datos
históricos, «La historia
es la política experimental», dice (29); e
insiste: «Conviene siempre recordar
la historia, pues ella es la
(29) op. cit., pág. 163.
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mejor maestra de la política, o mejor dicho, es la única maestra,
lá única que vale; en la política no se puede admitir ningún sis­
tema que no tenga una verificación en los hechos comproba­
dos» (30).
La Revolución francesa, siendo un acontecimiento excepcio­
nal y directamente observado
por Joseph de Maistre, viene a ser
para él una ocasión para las reflexiones sobre el sentido de .la
historia. como tal. Sus opiniones teológicas sobre la Revolución
francesa presenta por primera vez en
el ensayo Discours a · /a
Marquise de Costa, publicado en agosto de 1794. En este ensayó
se encuentran las principales ideas que después desarrolla .en Con­
sideraciones, a saber: el «providencialismo», es decir, la presen­
cia de la Providencia divina en los acontecimientos históricos,
lo que también
se llama el «gobierno temporal de la Providen­
cia», y la idea
de. la «reversibilidad» de las penas, es decir, ,una
situación en la cual los inocentes sufren por los culpables ..
Para comprender el pensamiento de Joseph de Maistre es
indispensable, primeramente, conocer su
«teoria del conocimien­
to», la que puede ser aceptada sólo porlos.creyentes; Segónjo­
seph de Maistre, un cristiano siempre conoce todo, lo penetra
y lo descubre a .la luz. de la razón y de la fe, es decir, a la luz de
la ciencia
y de la Revelación; ambas luces . se complementan,
formando una sola luz, la que ilumina con excepcional claridad
todo
y permite conocer incluso lo misterioso, que, para un agnós­
tico, siempre queda en la oscuridad. Se trata, pues, de una epis­
temología de una especial importancia para el análisis de los acon­
tecimientos históricos, la cual se inspira · principalmente en · la
lectura de la Biblia.
Antes de pasar
al análisis de su obra principal respecto á la
Revolución francesa, es decir, a Consideraciones, conviene recor-
(30) « ... l'histoire est le premier mai.tre en politique ou pour mieux
díre le settl ... »; « ... dans la science politique, nul systetne ne .pe~t ette
adnús, s-'il · n'est pas corolfaire ·plus ou moins :probable de faits bieÚ attes-­
tés». Ettude sur la souveraineté, Ed. Vitte, t. I, pág. 426, citado eil Con­
si_dérations ... , por los editores, pág. 163.
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dar cuáles son sus más importantes ideas. Se las puede resumir
y reducir a los puntos siguientes:
1) La Providencia está presente tanto en la vida de cada
persona como también en los acontecimientos históricos.
2) La Providencia se sirve no solamente de las personas pia­
dosas, .sino de todas, incluso de los criminales
y ateos, para que
los acontecimientos históricos
se desarrollen según la voluntad
de Dios, pues Dios no solamente castiga, sino que al mismo tiem­
po bendice
y protege.
3) De ah! se plantea el problema de la libertad humana y
su relación con la intervención de la Providencia.
4)
La intervención de Dios en algunos acontecimientos his­
tóricos tiene carácter, sea de castigo, sea de bendición.
5) Las profecías y predicciones de Joseph de Maistre, que
plenamente se cumplieron,
y el problema de la presencia de Sa­
tanás en los acontecimientos históricos.
6) El asunto de la «reversibilidad» de los castigos, por la
cual los inocentes sufren en lugar de los culpables.
7) Las opiniones de Joseph de Maistre
respecto a la Revo­
lución francesa .
. 8) Sus opiniones respecto a la relación entre la Revolución
fraricesa y la anterior revolución inglesa.
l. El «providencialismo», como la presencia permanente de
Dios en la vida del hombre
y de las sociedades, especialmente en
los acontecimientos históricos de importancia, es el tema prin­
cipal de la
historiosof!a de Joseph de Maistre. Es evidente que
no se trata de algún «descubrimiento» original de nuestro autor,
pues esta creencia es parre integral de
la cosmovisión cristiana.
Sin embargo, Joseph de Maistre no solamente
nos recuerda esta
verdad en un ambiente descristianizado
y laicizado de los tiem­
pos de
la Revolución francesa, especialmente en la vida política
y en las ciencias históricas, sino que de ella ha hecho la «espina
dorsal» de su pensamiento pol!tico
y un criterio para la valora­
cióp de los acontecimientos históricos. Según sus biógrafos, esta
idea
se fue afirmando en él gracias a las frecuentes conversacio-
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
nes con el grupo de sacerdotes y obispos franceses refugiados en
Suiza, en los primeros años de la Revolución francea.
Joseph de Maístre empieza su obra
Ccmsideraciones con la
frase: «Estamos todos atados al trono del Ser Supremo (31) con
una cadena flexible que nos retiene sin sojuzgamos»
(32). «En
las obras del hombre, todo
es tan pobre como el autor. Las con­
cepciones son estrechas; los medíos, rígidos; los movimientos,
penosos y los resultados, monótonos.
En las obras divinas, las
riquezas del Infinito se manifiestan hasta
en los menores deta­
lles: su poder actúa solozándose;
en sus manos todo es flexible,
nada le resiste; para El, hasta los obstáculos sirven de medíos;
y las irregularidades producidas
por la actuación de los agentes
libres encuentran
su puesto en el orden general» (33).
Esta presencia
de la Providencia en la vida social humana se
manifiesta, ante todo, en el orden, mientras que el desorden vie­
ne del hombre. «El orden es el elemento de la naturaleza hu­
mana,
es decir, que el hombre debería realizar la voluntad de
Dios» (34 ). «La Providencia garantiza el orden, pues todas las
cosas expresan la voluntad
· creadora; no se puede admitir que
Dios abandone
el mundo» (35).
Para comprobar su tesis sobre la presencia de la Providencia
en el acontecer humano respecto a la Revolución francesa,
Jo­
seph de Maistre menciona varios hechos ilustrativos, de los cua­
les mencionaremos sólo algunos, a saber: en
el tiempo del ma­
yor hambre en Francia (junio de 1794), provocado por una ad­
ministración incompetente del gobierno revolucionario, los 38
barcos de
la armada británica no fueron capaces de impedir que
el transporte de trigo desde Santo Domingo a los puertos de
Francia llegara
sin problemas; gracias a las temperaturas muy
(31) Joseph de Maistte pocas veces usa la palabra «Dios» y más
frecuentemente usa la expresión «Ser Supremo», una costumbre introduci~
da por J. J. Rou.sseau y Robespíerre.
(32) Considérations, pág. 1.
(33) Considérations, pág. 64.
(34) Considérations, pág. 3.
(35) Ibid.
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bajas, los ríos se transformaron en fantásticas autopistas para el
ejército revolucionario francés, durante el invierno de 1795, gra­
cias a lo cual las tropas bajo el mando del general Pichgru ocu­
paron fácilmente Holanda, y un destacamento de caballería con­
quistó la flota inglesa inmovilizada por
el hielo; algunos enemi­
gos de la Revoluci6n francesa morían inmediatamente después
de declarar la guerra a Francia; es
el caso de Catalina II, la go­
bernante de Rusia, el 17 de noviembre de 1796; también de
Gustavo III, el rey de Suecia (asesinado el 16 de marzo de
1791);
el ejército francés conquistó Italia sin usar la artillería,
pues el
transporte de ésta exigía 5.842 caballos y había solamen­
te 738; varias veces los ejércitos enemigos, mucho más grandes
que el francés, se rendían a éste, entregándole sus armas, como
ocurrió, por ejemplo, en Mondoví, en Dego, en Cera, etc. (36).
Este concepto de
la Providencia es, para Joseph de Maistre,
casi la única luz para valorar
(3 7) todos los acontecimientos
de la Revolución francesa;
escribe: «Pero jamás es más visible
el orden, jamás es la Providencia más palpable que cuando la
acci6n superior sustituye a la del hombre y obra por sí sola:
eso es lo que
.estamos viendo en este momento» (38 ). Por eso
comparte con otros testigos la opinión
de que « ... la Revolu­
ción francesa conduce a los hombres y no
es conducida por
ellos» (39); de
abí su confianza y su esperanza de que la voelta
al orden y a la vida normal va a venir pronto y sin mayores obs­
táculos (lo que
se cumplió completamente): «El retomo del or­
den no puede ser doloroso,
porque será natural, y porque esta­
rá favorecido por una fuerza secreta cuya
acción es totalmente
creadora» ( 40). «El rey tocará las llagas del Estado con mano
(37) Considérations, pág. 31.
(37) «Casi», pues insiste también en la presencia de Satanás, de ma~
neta parecida a LAVATEUR, quien escribe: « ... considero que la Revolución,
igual que la Pasión de Cristo, es la obra, tanto del Diablo como de Dios».
ConsüUrations, pág. 5, en la· nota de los editores.
(38) Consídérations, pág. 5.
(39) !bid.
(40) Considérations, pág. 164.
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Fundaci\363n Speiro

EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
tímida y paternal» (41). «El restablecimiento de la monarquía,
que lla,man contrarrevolución, no será una revolución contraria,
sino lo contrario de la Revolución» (42).
2. Todo está subordinado a la Providencia, incluso los
ma­
lechores (43). Los que establecieron en Francia la república lo
hicieron contra su voluntad
y sin saberlo ( 44 ), y precisamente
así ocurrieron las cosas, pues la república fue instalada por los
monárquicos (para evitar
la toma del poder monárquico por el
duque de Orléans
), mientras que los republicanos se declararon
en este momento partidarios de la monarquía, pues deseaban
que gobernara
e!l duque de Orléans, quien fue la cabeza visible
de todo el movimiento revolucionario.
Joseph de Maistre recuerda también que Robespierre, Callot
y Barrere nunca desearon que se impusiera el gobierno revolu­
cionario,
y menos el régimen de terror, y, sin embargo, obliga­
dos por las «éircunstancias» (las que, según Joseph de Maistre,
fueron providenciales), lo hicieron contra su voluntad.
«Estos
hombres, vulgares hasta la exageración, ejercieron sobre una
na­
ción culpable el más espantoso despotismo · de que la historia
hace mención, y seguramente
eran ellos, de todo el Reino, los
más asombrados del propio
poder» (45); desde el momento en
que cumplieron su papel, quedaron aniquilados ( 46
).
«Todo les ha salido bien, porque no eran más que instrumen­
tos de una fuerza
más sabia que ellos. No han cometido errores
(41) Ibid.
(42) «Le retablissement de la Monarchle, qu'on appelle contre'-révo­
lution, ne sera point une révolutí.on contraire, mais le contraire de_ la Ré­
voluti.on». Considérations, pág. 164.
( 43) «Les scelérats m~ qui paraissent conduire la révolutí.on, n'y
entrent que comme de simples insltUD:lents». Considérations, pág. 5.
(44) Ibid.
(45) Considérations, pág. 5.
(46) « ... un soufle les renversa». Considérations, pág. 6. Se trata de
una alusión a la sorprendente caída de Róbespierre.
323
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MIGUEL PORADOWSKI
en su carrera, como el flautista de Vaucanson no dio jamás una
nota falsa»
(47).
«El torrente revolucionario ha tomado sucesivamente distin­
tas direcciones; y los hombres
más notables de la Revolución,
sólo siguiendo
la dirección de la corriente, han adquirido esa cla­
se de poder y celebridad a que podían aspirar; en cuanto han
querido llevarle la contraria, o, simplemente, apartarse para tra­
bajar
por su cuenta, han desaparecido de la escena» ( 48 ).
Ese fue el destino de Mirabeau, La Fayette y de un centenar
de otros ( 49): «
... cuanto más se examina a los personajes que
parecen más activos de la Revolución, más claramente se apre­
cia en ellos
un algo de pasivo y mecánico. Nunca se repetirá bas­
tante que no son los hombres los que dirigen
la Revolución, sinb
la Revolución la que utilli:a a los hombres. Se expresa una gran
verdad cuando
se dice que marcha por sí sola. Esta frase signi­
fica que
jamás la Divinidad se ha mostrado de una manera tan
clara en ningún
llCOlltecimiento humano. Si emplea los instru:
mentos más viles, es porque castiga para regenerar» (50).
3. La presencia de la Providencia en la vida humana no per:
judica a la libre voluntad. Joseph de Maistte lo explica algo en
una de sus obras:
Les Soirées de Saint-Pétersboug, donde escri­
be: «Dios mueve a ios ángeles, a los hombres, a fos animales, a
la materia y a todos los seres; sin embargo, lo hace según la na­
turaleza de ellos: al hombre lo ha creado libre y lo mueve respe­
tando su libertad. Esta es una ley eterna, en la cual hay que
creer» (51
).
En una redacción algo distinta nuestro autor lo repite en su
obra
Etude sur la Souveraineté: «Ciertamente, el hombre es li-
( 47) Considérations, pág. 7. Aquí el autor hace uua alusión al flilnoso
constructor de mecanismos automáticos, .... entre ellos, de un flautista.
(48) Considérations, pág. 7.
(49) Ibid.
(50) En la Revoluci6n bolchevique en Rusia ha ocurrido lo mismo.
(51) Les Soirés de Saint-Pétersbourg, Ed. Vitte, t. IV, pág. Z75; ci-
tado por los comentaristas en Considérations, pág. l.
324
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
bre; el hombre puede equivocarse, pero nunca hasta el punto
de que se oponga a los
proyectos generales (de la Providencia).
Todos estamos atados al trono de la Eternidad con
una cadena
flexible, la cual sincroniza
la libre voluntad del actuante con la
voluntad de Dios»
(52).
También en Consideraciones explica algo este problema: «Es­
tamos todos atados al trono del
Ser Supremo con una cadena
flexible que
nos retiene sin sojuzgamos. Lo más admirable que
existe en el orden universal de las cosas
es la acci6n de los se­
res libres bajo la mano de Dios. Libremente esclavos, operan a la
vez voluntaria y necesariamente: hacen realmente lo que quieren,
pero sin poder trastornar
los planes generales. Cada uno de es­
tós seres ocupa el centro de una esfera de actividad, cuyo diá­
metro varía a voluntad del Eterno Geómetra, que sabe ampliar,
restringir, detener o dirigir
la voluntad, sin alterar su naturale­
za» (53
).
«Pero en los tiempos de la Revoluci6n, la cadena que ata
al hombre se acorta bruscamente, su libertad de accí6n dismi­
nuye, y sus medios le defraudan. Y, al sentirse arrastrado por
una fuerza desconocida, se
írrita contra ella, y, en lugar de besar
la mano que le oprime, la niega o la insulta. No lo comprendo:
es la frase del día. Esta frase es muy sensata, si nos conduce
a
la causa primera que en estos momentos ofrece a los hombres
tan grandioso espectáculo;
es necia, si no expresa más que des­
pecho o abatimiento estétiles» (54).
4.
Según Joseph de Maístre, Dios se sirve de los malhecho­
res especialmente en
los casos del castigo por la infidelidad de las
naciones respecto de sus vocaciónes, pues «cada p.ación --como
cada hombre-ha recibido una misí6n que cumplir» ( 5 5).
«Francia ejerce sobre Europa un verdadero magisterio, que sería
(52) Etude sur la-Souveraineté, Ed .. Vitte, t. I, pág. 479; citado por
los comentaristas en Considérations, pág. 1.
(53) Considbations, pág. l.
(54) Comid·hatians, p'i¡s. 34.
(55) Considérations, ·.¡,ag. 9.
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MIGUEL PORADOWSKI
inútil discutir, y del cual ha abusado de la manera más reproba­
ble. Sobre todo, estaba a la
·cabeza del orden religioso, y no sin
razón era su rey llamado cristianísimo: Bossuet no ha exagerado
sobre este punto. Pues bien: ya que
se ha servido de su influen­
cia para desmoralizar a Europa, contraviniendo su vocación, ·no
hay que extrañar que haya sido conminada a volver a ella por los
medios más terribles» (56).
Entonces, según Joseph de Maistre, la Revolución francesa
es un castigo de Dios que Francia recibe por cometer un doble
crimen:
el abandono de su misión ·de ejercer un «magisterio»,
es decir, la difusión a todo el mundo de una cultura cristiana,
y
por dedicarse, contraviniendo su vocación, a extender a todo el
mundo
el pensamiento pagano, materialista, ateo e inmoral de
la así mal llamada
«filosofía» de los enciclopedistas del siglo
XVIII.
Estas reflexiones de Joseph de Maistre no se refieren exclu­
sivamente a Francia, a pesar de que· son formuladas con ocasión
de la Revolución francesa, pues tienen carácter general, siendo
más bien unas reflexiones sobre el sentido de la historia y de la
existencia de
las naciones y de sus vocaciones.
El análisis de este «castigo de
Dios>>, presentado por Joseph
de Maistre,
es muy largo y detallado. Bl autor describe cómo
los que prepararon la Revolución francesa son los primeros que
sufren sus efectos. Así, por ejemplo,
se refiere a !as ejecuciones
de algunos científicos: «Nos lamentamos al ver que sabios ilus­
tres caen bajo
el hacha de Robespierte. Humanamente hablando,
nunca
se lamentará bastante su pérdida, pero' la justicia divina no
tiene el menor respeto por los
geómetras o los físicos (57). De­
masiados sabios franceses han sido actores principales de la Re-
(56) Ibid.
(57) Se trata de una alusión a la ejecución de Bailly y de Lavoisier.
Jean Sylvain· Bailly es uno de los más grandes científicos de la época, as­
trónomo, miembro de la Academia ·de Ciencias, gran partidario de la Re­
volución francesa y una de las primeras víctimas de la, guillotina. Antoine
Laurent Lavoisier, químico, descubridor del oxígeno, entusiasta de -la Re­
volución francesa y su víctima, guillotinado el 8 de máyo de 1794.
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
volución; demasiados sabios franceses la amaron y la favorecie­
ron mientras, como
el bastón de Tarquino, no abatió más que
las cabezas dominantes: es imposible que
se realice una gran re­
volución sin causar desgracias. Pero cuando un filósofo se con­
suela de estas desgracias en vista
de sus resultados; cuando dice
en su corazón: "Toleremos cien
mil asesinatos si con ello logra­
mos la libertad", sí la Providencia le contesta: "Acepto
tu apro­
bación, pero tú entrarás
en ese número", dónde está la injus­
ticia? ¿Juzgaríamos de otro modo en nuestros tribunales?» (58).
Joseph de Maistre opina que
el rey Luis XVI fue culpable,
pues no cumplió con su deber de gobernante, permitiendo que
se divulgase una propaganda inmoral (59),
y por eso fue aparta­
do del
poder por la Providencia (60). También considera que la
guillotina
y el terror fueron 1admitidos por la Providencia para
castigar
de inmediato a todos los culpables, especialmente el mis­
mo regicidio: «Costará torrentes
de sangre a Francia cada gota
de la de Luís
XVI; tal vez cuatro millones de franceses paguen
con su cabeza
el crimen nacional de insurreoción antirreligiosa y
(58) Considérations, págs. 10-11.
(59) «Le roi de France était a la tete du systeflle religieux de l'Euro­
pe; il était le pape temporel et l'Eglise ca:tholique était une espece d'ellipse
qui avait
un foyer a Rome et l'autre a Paris. 11 est impossíble de dire ce
qu'aurait
pu faire le roi de France dont les devois égalaient nécessaire­
ment la puissance ( car ces deux ch oses dans le monde, puissance et obli­
gations, sont
une équation éternelle). Au lieu de ce qu'aurit pu faite ce
grand souverain ... , qu'a-t-il fait?
11 a per:mis Q une secte exécrable de saper
tous les principes, d'empester ses sujets qui ont empesté l'Europe, et de
détruire complf!tement et ímpunément la souveraineté religieuse et la re~
ligion politique. Voltaire surtout recut du roi tres chrétien una esJ>ece
de sauf-conduit en vertu duque! il lui fut ·permis de blasphém.er un siecle
dans les Etats du toi... Qu'est-il arrivé? .Hélas! tout ce qui devait arriver.
11 faut baisser la tf:te et· se ·frapper la poitrine». Es un fragmento de la
corta de Joseph de Maistte a M, de Blacas (3 de junio de 1812), ERNEST
DAUDET, Joseh de Maistre et Blacas, pág. -126; citado por los editores en
Considérations, pág. ·9.
(60) ·,Lo ·cuál_ no· impide considerar su muerte como martirio; es sabi­
do· ·que el papa., Pío VI lo reconoce camo -mát,ti~ de la fe, en un docu­
mento ya anteriormente citado.
327
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MIGUEL PORADOWSKI
antisocial coronada por un regicidió» (61). Tóda la sociedad fue
culpable del crimen de
la Revolución y de su terror, y por eso
también el castigo tenía que ser extendido a toda la nación. Jo­
seph de Maistre polemiza con
la opinión de que bastaría castigar
«a unos cuantos culpables,
y todos los demás habrían obtenido
gracia». «Esto es, precisamente, Io que
la Providencia no que­
ría. Como ella puede cuanto quiere, ignora estos perdones ori­
ginados por
la imposibilidad de castigar. Era necesario que el
metal de Francia, libre de sus escorias ásperas e impuras, lle­
gase más limpio y más maleable a las manos
del rey futuro. Cla­
ro es que la Providencia no necesita castigar en el tiempo para
justificarse; pero esta época se pone
. a nuestra altura y castiga
como un tribunal humano» (62).
Recuerda también que, en el pasado, «ha habido naciones
li­
teralmente condenadas a muerte, y sabemos por qué» ( 63 ), y
cita muchos ejemplos sacados de la Biblia.
Un castigo muy concreto en la Revolución franéesa fue la
institución del Comité de Salud Pública. Este Comité ha recibi­
do el apoyo de parte del ejército, en lo cual Joseph de Maistre
también ve
la mano de la Providencia, porque si el ejército hu­
biera
estado contra él, la guerra civil habría sido inevitable y, en
consecuencia, Francia habría sido repartida de manera parecida
como ha ocurrido con Polonia ( 64
). Tomando esta posici6n, el
ejército no sabía lo que hacía ( 65), siendo instrumentalizado por
(61) Considérations, pág. 16. Esta profecía de Joseph de Maistre se
ha· cumplido exactamente, pues la cifra de cuatro millones de víctimas de
la Revolución francesa es considerada actualmente coíno la más probable.
(62) Considérations, pág. 18.
(63) Considérations, pág. 19.
( 64) «Le maréchal de Ca:striés, anden ministre de la marine de Louis
XVI, écrivait au comte de Provence, alors Régent, en avril-mars 1793: 0n
cráirit que, depuis le partage de la Pologne, la Cour de Vienne ne veuille
grossir sa part sur la France en acquérant l' Alsace et une lisiCre plus ou
moins
large sur la lisiCre des Pays-Bas». E. DAUDET, Histoire de l'Emigra­
tion, t. I, pág. 225. Citado por los· editores en Considérations, pág. 2i.
(65) « ... l'armée l'a réalisée, ·sans savoir ée qu'dle faisait ... ». Consí­
déralions, pág. 21.
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
la Providencia y, de esta manera, oblig6 en este momento a los
jacobinos a apoyar a la monarquía. Así, los jacobinos, también
instrumentalizados por la Providencia, no sabían
lo que hacían,
actuando en contra de sus planes y en contra de su voluntad de
acabar con la monarquía. «Todas las vidas, todas las riquezas,
todos los poderes, estaban en manos del poder revolucionario;
y este monstruo de poderío, ebrio de sangre
y de triunfos, fenó­
meno aterrador que nunca se bahía visto y que, sin duda, jamás
volverá a verse, era al mismo tiempo un castigo espantoso para
los franceses y el único medio de salvar a Francia» ( 66 ).
«¿Qué pedían los realistas cuando pedían una conttarrevo­
luci6n tal como ellos la imaginaban,
es decir, hecha bruscamente
y por la fuerza? Pedían la conquista de Francia, pedían, por tan­
to, su
división, la anulación de su influencia y el envilecimiento
de su rey; es decir, matanzas durante quizás tres siglos, conse­
cuencia infalible de una tal ruptura del equilibrio. Pero nuestros
sucesores, que sin preocuparse de nuestros sufrimientos, bailarán
sobre nuestras tumbas, se reirán de nuestra actual ignorancia;
y
les será muy fácil consolarse de los excesos que nosotros hemos
presenciado y que habrán servido para conservar la integtidad
de
el más bello Reino después de los cielos ( 67). Todos los mons­
truos que
engendtó la. Revolución han trabajado, según las apa­
riencias, s6lo para
la realeza. Por ellos, el brillo de las victorias
ha forzado
la admiración del Universo y rodeado el nombre fran­
cés de una gloria de la que ni los crímenes de la Revolución han
podido despojarle enteramente; por ellos,
el rey volverá a su­
bit al trono con todo su esplendot y todo su poderío, quizá hasta
con un poderío acrecido» (68).
Así, la Providencia
se sirve también de los malhechores para
devolver a Francia el orden
y el esplendor.
5. Las profecías y predicciones de Joseph de Maistre. Una ·de
( 66) Consiá€rations, pág. 21.
(67) Es tina cita de autor del libro de Huco GROTIUS, De ;ure belli
ac pacis.
(68) Considérations, pág. 22.
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MIGUEL PORADOWSKI
las predicciones más interesantes de Joseph de Maistte es la que
se refiere a la pronta vuelta de la monarquía en Francia. Precisa­
mente en el momento en que casi todos en Francia abandonan
la
esperanza al respecto, él predice la pronta Restauración, indican­
do; incluso, los pequeñísimos detalles relacionados con este
acon­
tecimiento; todo lo cual se cumplió de una manera asombrosa,
cuando el hermano del rey ckcapitado, el conde de Prove!!Za, se
instala en el ttono como Luis XVIII, y en el preciso momento
en que Napoleón
se consideraba a sí mismo invencible.
También se cumplió exactamente su profecía de que, gracias
a la intervención de una dama,
los franceses iban a recibir de
nuevo a un monarca ( 69), pues fue Amédée de Coigny la que
convenció a Telleyrand para que arreglase diplomáticamente
la
vuelta del rey Luis XVIII.
Además, se cumplieron otros detalles, como, por ejemplo,
que las ciudades
de Lyon y de Bordeaux serían las que primero
iban a recibir
la noticia de la llegada del nuevo monarca (70).
Sin embargo,
la más importante· profecía se refiere a la situa­
ción en
el interior de Francia en el momento de la vuelta de la
monarquía. Todos los demás preveían protestas, disturbios y,
ante todo, un clima de venganza, mientras que solamente Joseph
de Maistte profetizó que habría calma,
paz, tranquilidad, perdón
y nada de venganzas. Dos largos capítulos de las Consideraciones
los dedica a la descripción de este estado de ánimo en Francia en
los días de
la vuelta a la monarquía, lo cual se cumplió exacta­
mente.
Lo importante en esta profecía es que este ambiente de
tranquilidad, paz, orden
y alegría es atribuible sólo a la presen­
cia en estos acontecimientos de la Providencia
y a la colabora­
ción con ella de toda
la gente. He aquí uno de los textos: «Para
hacer la Revolución francesa, ha sido preciso · derribar la · reli­
gión, ultrajar la moral, violar todas
las propiedades y cometer
todos
los crímenes; ·para esta obrá diabólica ha sido preciso tal
número de hombres viciosos que quizá nunca
se han reunido
(69) Considérations, pág. 128.
(70) Considérations, pág._ 123.
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCIQN FRANCESA
tantos vicios para realizar un mal. Por el contrario, para estable­
cer
el orden, el rey convocará a todas las virtudes; sin duda
será ese su deseo, pero bastaría
la naturaleza misma de las cosas
para forzarle a ello. Su interés más inmediato será aliar
la justi­
cia a la misericordia; los hombres
más estimables vendrán por sí
mismos a colocarse en los puestos en que pueden ser útiles; y
la religión,
prestando su cetro a la política, le dará las fuerzas
que sólo de esta augusta hermana puede recibir» (71).
Además, lo
más importante de lo que va a ocurrir con la
restauración de la monarquía
es la desaparición de la «magia ne­
gra». «La magia negra que opera en este ·momento desaparecerá
como la niebla al sol. La bondad, la clemencia, la justicia, todas
las virtudes suaves y apacibles reaparecerán repentinamente, y
traerán consigo cierta suavidad general en los caracteres, cierta
alegría enteramente opuesta
al sombrío rigor del poder revolu­
cionario» (72).
Joseph de Maistre estaba influenciado por
el pensamiento de
Orígenes [185-264], el famoso teólogo, oriundo de Alejandría,
algunas de cuyas opiniones son discutibles y otras rechazadas
por
la Iglesia; sin embargo, nunca fue declarado hereje. Pues
bien, Joseph de Maistre conocía los escritos de Orígenes, espe­
cialmente su teoría sobre las dos magias: la blanca y
la negra.
Al respecto, conviene recordar que la magia, de la cual se
trata aquí,
es el arte de poner a su servicio las fuerzas invisibles
de los espíritus; la magia
bfanca es el arte de entrar en con­
tacto con los ángeles, para conseguir de parte de ellos
el apoyo
en la práctica de
las virtudes, mientras que la magia negra es el
arte de vincularse con los demonios para ser secundados por
ellos.
Oaro está que, así concebida la magia, no tiene nada que
ver con el concepto vulgar, y menos todavía con
los magos que
sacan
los conejos del sombrero.
Hablando de la desaparición de la magia negra en
el proceso
de la Revolución francesa, Joseph de Maistre
se refiere proba­
blemente a
la posibilidad de que, con la vuelta .. de la monarquía
·(71) Considérations, pág. 132.
(72) Considirations, pág. 22.
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MIGUEL PORADOWSKI
católica (lo que es, para él, la evidente obra de la Providencia),
las fuerzas satánicas quedatían neutralizadas. Según nuestro autor,
durante
la Revolución francesa actuaban ambas magias: la blan­
ca y. la negra. La magia blanca, en el pensamiento de Joseph de
Maistre, se identifica tal vez con la presencia de la Providencia
y la influencia de los ángeles sobre los hombres de buena volun­
tad, para que resistan a las malas influencias
y actúen siempre
de acuerdo con las
exigencias de la moral; mientras que la ma­
gia negra consiste en la influencia de los demonios sobre las ac­
titudes y actividades humanas, fomentando la inmoralidad: el
odio, la envidia, la sobetbia,
la lujuria y, principalmente, el ho­
micidio. El espantoso terror, las torturas, la bestialidad, la antro­
pofagia
y el beber la sangre humana; estos horrores, tan frecuen­
tes durante la Revolución francesa, fueron atribuidos a la magia
negra, es decir, a la presencia real de Satanás en el proceso de la
Revolución francesa. Por eso, la expresión de Joseph de Maistre
y de otros escritores de la época, de que la Revolución france­
sa es «satánica», no es una expresión puramente t'etórica, sino
una valoración teológica. Joseph de Maistre, pues, profetiza
que, con la vuelta de la monarquía católica, del orden deseado
por Dios,
y de la moral cristiana, las fuerzas del mal quedarán
neutralizadas
y que Francia va a volver a una vida tranquila y
plenamente normal. Incluso profetiza que esto va a ocurrir den­
tro de unos diez años (73), lo cual también se cumplió (74).
No menos asombrosa es su profecía que se refiete a la toma
del poder en Francia por Napoleón. En este caso no
se trata de
una sencilla observación de los acontecimientos de la Revolución
francesa por un experto
y erudito diplomático, sino de una pre­
dicción, basada en un análisis sutil del concepto de «soberanía»,
como autoridad política, fundada en
la suprema autoridad de
Dios, Creador, Providencia
y el único Gobernador del Universo.
(73) Consídérations, pág. 24.
(74) La monarquía fue restaura.da en 1814, siendo interrumpida por
los ~cien días» (la ruelta de Napoleón) y definitivamente restaurada en
1815, después. de Waterloo, y afirmada en el derecho internacional por
el Tratado de Viena, en 1815-1816.
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
En el pensamiento de Joseph de Maistre, la «soberanía» es
vinculacht con la monarquía, en el sentido aristotélico, es decir,
como el gobierno del uno (75). Nuestro autor es un monárquico
y para él la soberanía es un elemento integral y esencial del po­
der monárquico, es decir, que «reside» en el monarca, en el rey,
y no en el «pueblo». Una vez más hay que recordar que el pen­
samiento político de Joseph de Maistre está siempre fundado en
la historia, es decir, en los hechos concretos, reales,
y nunca en
las especulaciones abstractas;
. en consecuencia, siempre recurre
a la historia,
como única maestra en las ciencias políticos. Pues
bien, siempre según Joseph de Maistre, la historia enseña que
el
«pueblo» (la multitud) nunca gobierna, sino que siempre es go­
bernado; nunca escoge a sus gobernantes, sino que siempre los
recibe
de Dios (76); buenos o malos, a. veces como premio y -a
veces como castigo (77), es decir, recibe gobernantes excelentes
o mediocres e, incluso, tiranos. Siempre ocurre que, cuando
el
«pueblo» quiere deshacerse del gobernante recibido de . Dios, cae
bajo la más odiosa esclavitud de un ~ruel tirano (78 ), pues siem,
pre
gobierna la Providencia, sirviéndose de los gobernantes bue­
nos o malos para
premiar o castigar a los pueblos. «Todos los
hombres que
han escrito o meditado la historia han admirado
esa fuerza ·secreta (
es decir, la Providencia) que se burla de las
previsiones humanas. Como nosotros pensaba aquel gran capitán
de la antigüedad que la honraba como a un poder inteligente
y
libre y no emprendía nada. sin encomendarse a ella (79). Pero
(75) ARisTÓTELES, La Polltica, libro III, cap. VIL
(76) Considérations, pág. 125.
(77) Considérations, rodo el capítulo IX.
(80) Así ha· ocurrido en Francia, cuando el «pueblo» se rebel6 con­
tra el legítimo monarca, el bondadoso Luis XVI, y lo guillotinó; entonces
recibió, como gobernantes a unos tiranos como Danton, Marat y Robes­
pierre. Cuando el pueblo . de Rusia se rebeló contra su legítimo monarca:,
el bondad.oso zar Nicolás 11, y lo mató, recibió como gobernantes a los
crueles tiranos Lenin y Stalin.
(79)_ «Nihil rerum humanarum sine Deo numine geri putabat Timo­
leon». CoRNELIO NEPo'I'E, Vita Timoleona, cap. IV. Citado por JoSEPH
DE MAisTRE, Considérations, pág. 124.
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donde Ja acci6n . de la Providencia brilla de modo impresionante
es en
el establecimiento y la caída de las soberanías. No sólo no
entra en esos grandes movimientos la masa de
los pueblos más
que como la madera y las cuerdas empleadas por un mecánico,
sino que sus mismos jefes no son tales más que para una visión
superficial: de hecho, son dominados lo mismo que ellos domi­
nan al pueblo. Estos hombres, que, tomados en conjunto, pare­
cen los tiranos de la multitud, son a su vez tiranizados por dos
o tres hombres, a quienes tiraniza uno solo. Y si este
individ110
único pudiera y quisiera decir su secreto, se vería que él mis­
mo no sabe
cómo
se ha apoderado del mando; que su influencia
es para, él mayor misterio que para los demás, y que unas cir­
cunstancias que él no podía, ni preparar ni prever lo han hecho
todo por
él y sin él» (80).
Así, este «uno», profetizado por Joseph de Maistre, que
re­
sultó ser Napole6n, será un instrumento en las manos de la Pro­
videncia para restaurar la monarquía: el gobierno del uno, de
Napole6n, primeramente como Cónsul, y después como
,Empec
rador, va a preparar el ambiente político para un gobierno del
uno legítimo,
es decir, del monarca de la dinastía tradicional, de
Luis
XVIII, y, después de su muerte (en 1824), de Carlos X
(hermano de Luis XVI y de Luis
XVIII).
6. El asunto de la «reversibilidad» de los castigos, cuando
los inocentes sufren en lugar de los culpables.
Uno de los temas más importantes en el pensamiento
.· de
Joseph de Maistre es el de
la «reversibilidad» de los castigos,
cuando los inocentes sufren en lugar de los culpables.
Esta si­
tuación es bien conocida y practicada en distintas culturas, desde
tiempos casi inmemoriales hasta hoy día, estando también
, pre­
sente en la historia de Israel y en las narraciones de la Biblia,
y
con un significado muy especútl en los anuncios proféticos so­
bre la llegada del Mesías, el Redentor de la Humanidad, el in­
maculado e inocente Cordero de Dios, esperado por los pueblos
(80) Considérations, pág. 126.
334
Fundaci\363n Speiro

EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
bíblicos. Su presencia en la persona de Jesús de Nazaret, recono­
cido como Mesías por una parte del pueblo israelita,
y, ante
todo, en su Pasión y muerte en la
cruz, coronada con su Resu­
rrección, es el caso supremo, por antonomasia, de la reversibili­
dad del castigo.
Se puede suponer que los sacrificios humanos, en su mayoría
de niños inocentes, practicados en muchas religiones antiguas y
que ocurren esporádicamente en algunos países hasta hoy día,
prefiguraban
el Sacrificio del Calvario, como también, sin duda,
esta prefiguración se expresa en la matanza de los «inocentes»
por Herodes, según es relatada en los Evangelios. El Sacrificio
del Calvario también, probablemente, fue prefigurado en
fa ins­
titución bien conocido en muchísimas religiones, llamada el
«chi­
vo expiatorio».
J oseph de Maistre trata este problema con ocasión de las tan
frecuentes, durante la Revolución francesa, matanzas de gente
inocente, especialmente de niños, bajo
el pretexto de ser nietos
y bisnietos de las personas condenadas por los tribunales revo­
lucionarios a ser guillotinados. Entre estas víctimas inocentes
se
encontraron también miles de monjas, especialmente las dedi­
cadas a obras de caridad, y que trabajan en los hospitales.
Los comentaristas de las obras de Joseph de Maistre suponen
que
él, en este asunto, tomó en cuenta las opiniones de Plutar­
co (50-125?) y de Orígenes. Sin embargo, es sabido que; por
principio, siempre en cada tema religioso
se subordinaba a la
enseñanza oficial de la Iglesia.
Probablemente, los sacrificios de inocentes por los crímenes
de los culpables son más apreciados por Dios, especialmente
cuando son consciente y voluntariamente
aceptados y ofrecidos
a Dios. Precisamente, eso
ocurrí• con frecuencia durante la Re­
volución francesa, cuando estas 'víctimas inocentes aceptaban con
alegría sus sufrimientos, para de esta manera conseguir la •mi­
sericordia de Dios para con su país. Existen a:! respecto muchísi­
mos testimonios, pero, tal vez, el más emocionante es el .ejem­
plo dado por el mismo rey Luis XVf, quien, previendo su, in­
justa ejecución, ya un mes antes de su decapitación, ofrece su
335
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL PORADOWSKI
vida por la Francia en un largo y bellísimo testamento (81); tam­
bién en el último momento, antes de ser guillotinado, lo hace
públicamente en sus últimas palabras dirigidas
al sacerdote que
lo asiste.
El ejemplo dado por
el rey Luis XVI es imitado por su her­
mana, una persona de reconocida santidad, que voluntariamente
compartía el encarcelamiento de su hermano, ocupándose en la
prisión
de toda la familia real y especialmente de 1os niños, has­
ta su ejecución en la guillotina, que tuvo lugar poco después de
la ejecución del rey. Joseph de Maistre la llama «la celestial Eli­
sabeth» ( 82
).
Estas espantosas masacres de gente inocente durante la Re­
volución francesa inspiran en la mente de J oseph de Maistre
unas reflexiones más generales sobre la
«horrible efusión de san­
gre humana» ( 83 ), lo cual caracteriza no solamente a la Revo­
lución francesa, sino, desgraciadamente, a toda la historia de la
humanidad; de ahí que a este tema dedica todo el capítulo ter­
cero
de sus Consideraciones.
Conociendo muy bien toda la historia, y, especialmente la
antl¡iw¡, afirma que «la historia prueba, desgraciadamente, que
la guerra es el estado habitual del género humano en cierto sen­
tido; es decir, que la sangre humana ha de correr sin interrup­
ción. sobre la tierra, ya en un lugar, ya en otro, y que la paz, en
cada nación no
es más que una tregua. Se puede citar la clausura
del templo de Jano bajo Augusto; se puede citar un año del
reinado guerrero de Carlomagno (el año 790), en
el cual no
hizo
la guerra; una corta. época después de la paz de Rayswick,
en 1697, y otra igualmente corta después de la de Carlowitz,
en 1699, en las que no hubo ninguna guerra, no solamente en
Euri:,pa, sino en tod_o el mundo conocido. Pero estos son _sólo
(81) El texto completo del testamento del rey Luis XVI se encuentra
reproducido en el libro de l'Abbé ALPHONSE CoRDIER, Martyrs et Bou.
rre4u.,x de--1793, París, 1856.¡ nueva edición en 1982, dos volúmenes, volú·
me!) I, págs. 276-281.
{1!2) Considérations, pág. 45.
{8-3) -Considération-s, pág. 32.
336
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EL SENTIDO DE LA REYPLUCION·''.ER4.NC4fiA.
ejemplos excepcionales. Por otra parte, ¿quién-puede saber lo
que suce¡le en
toch el globo, en una época determinada?» (84).
Y siguen los datos concretos. minuciosos: «Marius extetmi.
na .en una batalla doscientos mil cimbrios y teutones. Mithrídate
manda degollar ochenta mil romanos. Sila mata noventa mil
hombres en un combate entablado. en Beocia en que él mismo
pierde· diez mil. En
,¡¡éguida vienen las guerras civiles y las pros­
cripciones. César, por sí solo, hace morir un mill6n de hombres
sobre
el campo de hataca (antes que él había tenido Alejandro
tan funesto honor). Augusto cierra
un instante el templo de
J ano; pero lo abre pará siglos al · establecer un imperio electivo.
Algunos buenos príncipes permiten que
el Estado respire; .· pero
la guerra no
cesa jamás, y, bajo el imperio del bondadoso Tito,
seiscientos mil hombres perecen en
el sitio de Jerusalén; La des­
truc:ci6n de hombres realizada por las: armas de los romanos es
verdaderamente aterradora» (85). Y .nuestro autor sigue propor'
clonando los horribles datos en muchas páginas más, para com­
probar su tesis de que «la efusí6n de sangre humana no, se de­
tiene jamás en· d universo: unas veces es menos abundante .so­
bre una gran superficie y otras más abundante sobre una super­
ficie menos extensa; o sea, que es, poco más·.'o menos, constante.
Pero de cuando en cuando suceden acontecimientos extraordina­
rios que
la aumentan prodigiosamente, como las guerras Púnicas,
los triunviratos,
·]as victorias de César, la irrupción de los Bár­
baros, las Cruzadas, las guerras de Religi6n, la de Sucesión en
España, la Revolución francesa» (86).
Sin duda, estos datos, a la luz de los conocimientos históri­
cos actuales, son discutibles, ·pero ,no ponen en duda ],Í tesis del
autor.
Veamos ahora sus . conclusiones,
«Hay. . . motivos para creer que esta destrucción violenta no
es un mal tan grande . como se, cree: al menos, es uno de esos
males que entran ·en un orden ,de, cosas en que todo es víolento
(84) Con#déraJion•, pág. 34.
(85) Considérations, págs. 35°37.
(86) Considérations, pág. 40.
337
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MIGUEL PORADOWSKI
y contra naturaleza, y que producen compensaciones. En primer
lugar, cuando el alma humana ha perdido
su temple por la
molicie, la incredulidad, y los vicios gangrenosos que acompañan
al exceso de civilización, no puede volver a templarse más que
en la sangre. No es fácil,
ni mucho menos, eJ guerra produce efectos tan diferentes según las diversas
circuns­
tancias. Lo que se ve con bastante claridad es que el género hu­
mano puede ser considerado como un árbol al que una mano in­
visible poda sin tregua, y que mejora frecuentemente con esta
operación. Es verdad que si se lesiona al tronco, o si se cortan
todas lás ramas, el árbol puede morir. Pero, ¿quién puede de­
terminar los límites para el árbol humano? Lo que sabemos es
que las mayores carnicerías se alfan a menudo con las más den­
sas poblaciones, como se ha visto sobre todo en las antiguas
repúblicas
griegas y en España bajo fa dominación de los ára­
bes (87). Los lugares comunes sobre la guerra nada significan:
no hace falta ser
muy listo para saber que cuantos más hombres
se matan, menos quedan por el momento, como, cuantas más
ramas se cortan, menos se dejan en el árbol, pero son las con­
secuencias finales de la operación lo que hay que considerar.
Pues bien, siguiendo con
Ja misma comparación, se puede ob­
servar que
el jardinero hábil encamina la poda, más que a la
vegetación
de conjunto, a la fructificación del árbol; lo que
quiere de
la planta son frutos, y no madera y hojas. Y los ver­
daderos frutos de la naturaleza humana: las
artes, las ciencias,
las grandes empresas, las altas concepciones,
las virtudes viri­
les, dependen, sobre todo, de la guerra. Sabido es que las nacio­
nes no alcanzan jamás
el punto culminante de grandeza de que
son capaces,
más que tras largas y sangrientas guerras. Así, el
momento más brillante de los· griegos fue la época terrible de la
(87) «España, en aquella' época, lleg6 a· tener cuarenta millones de ha­
bitantes; hoy (es decir, cuando J. de M. escribe, probablemente en el año
1795) no tiene más que diez. En otro tiempo «Grecia florecla en el seno
de
las más crueles guerras; corrían ríos de sangre y todo el país estaba cu­
bierto de hombres, etc.». RoussEAu, Contrato Social, lib. 111, cap. X.
Citado-por Joseph de Maistre.
338
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EL SENTIDO DE LA. REVOLUCION FRANCESA
guerra del Peloponeso: el siglo de Augusto siguió inmediata­
mente a la guerra civil y a las proscripciones; el genio francés
fue tallado por
la Liga y pulimentado por la Fronda; todos los
grandes hombres del siglo de la reina Ana nacieron en medio de
conmociones políticas. En una
p el abono de esa planta que se llama genio» (88).
«Sólo hay un medio de reducir el azote de
ita guerra, que es
reducir los desórdenes que traen esta terrible purificación» ( 89
).
«Ya comprendo que en todas estas consideraciones nos ve­
mos constantemente asaltados por la imagen, tan dolorosa, de
los inocentes que perecen junto con los culpables, pero, sin
de­
tenemos en esta cuestión, que se_ relaciona con las cuestiones
más profnndas que existen, podemos considerarla solamente en
su relación con el dogma universal,
y tan antiguo como el mun·
do, de la reversibilidad de los

dolores del inocente a favor del
culpable.
Creo que de este dogma derivaron los antiguos: la cos­
tumbre de los sacrificios, que se practicaron en todo el nniver­
so, y que juzgaban provechosos, no sólo a los vivos, sino
tam­
bién a los muertos (90). Extraños usos, que la costumbre nos
hace mirar sin asombro, pero cuyas raíces no es fácil descubrir.
Las ipmolaciones voluntarias, tan famosas en la antigüedad, . se
basaban en el mismo dogma. Dedo tenía fe en que el sacrificio
de su vida sería aceptado por la divinidad y que podría contra­
rrestrar los males que amenazaban a su patria (
91 ) . El cristianis­
mo ha dado
su. consagración a este dogma, que es infinitamente
natural al hombre, annque parezca difícil llegar a
él por medio
del razonamiento. Así, puede haber habido en
el corazón de
Luis XVI, en el de
la celestial Isabel, un movimiento, una acep-
(88) Considérations, págs. 41-42.
(89) Considérations, pág. 43.
(90) PLATÓN, De República, lib; II. Literalmente, hacía sacrificios
«por el reposo de las almas; y estos sacrificios -dice Platón-son de _gran
eficacia, por lo que dicen ciudades enteras ... y los profetas, inspirados por
los dioses» (nota de J. de M.).
(91) Tito Livio, VIII, 9 y 10. «Diaculum omnes deourum irae. Omnes
minas periculaque
ah diis, superis.,,.igferisque in re unum vertit». Nota de
Joseph de Maistre.
339
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MIGUEL PORADOWSKI
tación, capaces de salvar a Francia» (92). «La inocencia satisfa­
ciendo por el crimen» (93
).
«Todo es violencia en el Universo; peto la filosofía moder"
na nos adula cuando dice que todo está bien; siendo así que el
mal lo ha manchado todo y que, en
un sentido muy real, todo
está mal, porque nada está en su sitio. Cuando bajó la nota
tóni,
ca de nuestra creación, todas las demás bajaron proporcional­
mente, según las reglas de la armonía. "Todos los seres se la­
mentan" (Rom., VIII, 22), y tienden·con esfuerzo y dolor hacia
otro orden de cosas» (94).
La conclusión final de Joseph de
Maistre es optimista: « ... no
hay castigo que no purifique, no hay desorden que
el Amor
Eterno no sepa volver contra
el principio del mal. Es consola­
dor,
en medio del desorden general, presentir los designios de la
Divinidad» (95).
Agreguemos que, después de la Revolución francesa, la
situa­
ción al respecto ( «el torrente de sangre humana») sigue igual:
hemos tenido varias guerras espantosas, dos crueles guerras mun­
diales, horribles guerras civiles y muchas sangrientas revolucio­
nes, además
se han agregado algunos fenómenos tales como ma•
sacres permanentes en Perú, llevadas a cabo por «Sendero lu­
minoso» ( que es, en realidad, «tenebroso»), el terrorismo de los
narcotraficantes y de varios tipos de «mafias». Todo eso viene
«de
fa misma fuente» (de la mi/me source), como dice Joseph de
Maistre, la cual no
es otra sino el crimen de Caín, sím,bolo del
odio, despertado en
el corazón humano por la envidia, la obra
propia de Satanás.
7.
Las opiniones de J oseph de Maistre sobre la Revolución
francesa.
De lo anterior se desprende que las opiniones de Joseph de
(92) Considérations, págs. 44-45.
(93) Considératiom, pág. 45.
(94) Considérations, págs. 4546.
(95) Ibid.
Fundaci\363n Speiro

EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
Maistre sobre la Revolución francesa sólo. pueden ser categóri­
camente negativas.
He aquí algunos textos:
« ... no hay nada de grande, nada de augusto, en una revolu­
ción totalmente criminal
... » (96).
«Lo que distingue a
la Revolución francesa y hace de ella
un acontecimiento único en la historia, está en que
es radical­
mente mala; ningún elemento de bien alivia la visión del
ob­
servador. Es el más alto grado de corrupción conocido: es la
pura impureza» (97).
«La Revolución. francesa ha recorrido un período cuyos
mo­
mentos, indudablemente, difieren entre sí; sin embargo, su ca­
rácter general no ha variado y desde la cuna mostraba ya lo
que iba a ser. Era un delirio inexplicable, una impetuosidad
cie­
ga, un desprecio escandaloso hacia lo más respetable para los
hombres; una atrocidad de un nuevo género que se burlaba de
sus propios crímenes; pero, sobre todo, una impúdica prostitu•
ción del razonamiento y de todas las
palabras hechas para expre­
sar las ideas de justicia y de verdad» (98).
«Lo que vemos actualmente no tiene nada de Francia;
es un
enfermo delirante
... ». (99).
«Hay en la Revolución francesa un carácter satánico que la
distingue de todo lo que
se ha visto, y quizá de todo cuanto se
verá» (100).
«La Revolución
os ha hecho sufrir porque fue obra de todos
los vicios, y
los vicios son, con toda justicia, los verdugos del
hombre» (101).
8.
La comparación de Joseph de Maistre de la Revolución
francesa con la Revolución inglesa de 1648-1688.
(96) Considératians, pág. 6.
(97) Considérations, pág: 56.
(98) Considérations, págs. 57'58.
(99) En la carta a Vignet des Etoles (26 de agosto de 1794). Vitte,
t. IX, pág. 76.
(100) Considérations, pág. 63.
(101) Considérations, pág. 134.
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MIGUEL PORADOWSKI
La Revolución inglesa empieza, según unos, en 1622, y se­
gún otros en 1648. Joseph de Maistre no es el único ni el pri­
mero que investiga
la relación entre estas dos revoluciones:
prácticamente su análisis
se limita . sólo al resumen de uno de los
volúmenes de la obra de David Hume, The history of England,
publicada en 1789 en doce volúmenes.
Curiosamente,
la Revoluci6n francesa estalla exactamente en
el centenario
de la revolución inglesa; más todavía, con ocasión
de este centenario, y para celebrarlo y recordar sus logros
se
funda en Inglaterra The. Revolution Society, presidida por Earl
Stanhope.
Las sesiones de esta sociedad se celebraban «at rhe
meeting-house of Old Jewry», es decir, en la sinagoga de Lon­
dres. The Revolution Society saluda a la Revolución francesa
con una sesi6n solemne y un
largo discurso del doctor Richard
Price (1722-1791), apenas
est.a Revolución empieza a manifes­
tarse,
es decir, cuando los Estados Generales reunidos se · decla­
ran Asamblea Nacional. En su discurso, Richard Price reconoce
en la Revolución francesa la continuaci6n de la Revolución
in,
glesa, provocando una polémica sobre este tema con Edmund
Burke, quien refuta las opiniones
de Richard Price en una larga
«carta», que luego toma forma de un voluminoso libro:
Refle­
xiones
sobre la Revolución en Francia (102).
Ocurre que Joseph de Maistre está leyendo la mencionada
obra de David Hume justamente cuando empieza
la Revolución
francesa, y, estando muy impresionado por el relato del historia­
dor inglés y con lo que pasa en este momento en Francia, consi~
dera que la Revoluci6n francesa es la reedición de la Revolución
inglesa; especialmente le llama la atención que lo ocurrido en
Inglaterra en el año 1648
se repite ahora en Francia, es decir,
en los acontecimientos
de los años 1788-1789; en la medida en
que
se desarrolla el proceso revolucionario en Francia, ve ·en él
la repetición de lo ocurrido antes en Inglaterra.
Los Estados Generales, que se transformaron por su propia
iniciativa en Asamblea Nacional, declaran que no pueden ser
di-
(102) EnMUND BuRKE, Reflexions on the Revolution in France, 1790,
1979,
342
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EL SENTIDO DE LA.' REVOLUCION FRANCESA
sueltos, igual como d Parlamento «largo» inglés en 1648; am­
bas revoluciones son precedidas por .una profunda subversión
ideológica («filosófica») democrática, anticristiana, de abierta
re­
bdión contra todo lo tradicional; en ambas revoluciones d mo­
tor revolucionario está en los clubes, que actúan en todo el terri­
torio nacional,
y en la. prensa, es decir, en los panfletos subver­
sivos, calumniosos y ridiculizantes
de toda autoridad; en ambos
casos
d proceso revolucionario empieza por la descomposición y
desmoralización
dd ejército; en ambos casos la revolución se
hace en nombre de la Libertad y de la Igualdad; también am­
bas rechazan la monarquía como una institución opuesta a la
Igualdad. Curiosamente, ocurre que en ambos casos la revolu­
ción está enfrentada a monarcas muy bondadosos, que buscan la
reconciliación
y quieren evitar a todo precio la efusión de san­
gre. Ambos gobernantes, Carlos I y Luis XVI, son espantosa­
mente calumniados y estas calumnias desatan la violencia del
pueblo.
Se ataca a la monarquía como institución de opresión,
se la suprime de hecho, dejando de tratar a ambos monarcas
como, ta'les; se les arresta, encarcela, se les separa de sus súbditos
fides y leales, se les maltrata y ajusticia, después de un proceso
ridículo, contrario a todos los principios legales,
y que es en rea­
lidad una burla.
El comportamiento de ambos monarcas perseguidos y
mal­
tratados es también muy parecido: ambos guardan .su diguidad y
serenidad hasta el fin; ambos encuentran la consolación y ayuda
en la religión, perdonando a sus verdugos; las últimas palabras
del
rey Carlos son: «deseo cav,.biar mi corona temporal por una
celesrial» (103).
En ambos casos la destrucción de la monarquía
es solamente
pasajera, pues la república dura corto tiempo; en ambos, a
la
república se impone una dictadura cruel: ffl Inglaterta la de Oli­
ver Cromwell, en Francia, primeramente, las de Danton, Marat
(103) Probablemente, el comportamiento de Luis XVI fue influen­
ciado por el de Carlos I, pues el rey de. Francia, encarcelado, lela las bio­
grafías del rey de lngÍaterra, encontrando su situación muy parecida a la
del monarca inglés, como consta de su correspondecia.
343
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MlGlJEL·,,pOJl..AD.OWSKI
y Robespierre y, finalmente, la de Napoloon; y en ambos casos
estas dictaduras, contradiciendo la voluntad
de los protagonistas,
conducen a la restauración de la. monarqu(a. .
En ambos casos
la revolución destruye todo 10 tradicional;
sin embargo, el principal blanco del proceso destructivo es la
re­
ligión ·católica. En ambas se recune al terror como a un instru­
mento
para la destrucción Hsica del adversario. Oliver Croniwell
degolla
a los católicos' con la espada; la Revolución francesa con
la guillotina y los fusilamientos.
:En' ambos casos se rompe con el pasado, con la tradición,
usando· los métodos casi idénticos, como, por ejemplo, introdu­
ciendo un nuevo calendario, que resulta ser ridículo y efímero.
En ambos casos se pretende adaptar la religión cristiana a
las exigencias de la «moda» política, es decir, a
la «republicani­
zación» y

a la «democratización», recurriendo a
las transforma­
ciones ridículas de los textos litúrgicos: en Ing]atetra cambiando
en la oración «Padre Nuestro» las palabras «venga
tu reino» por
«venga
tu república», y en Francia eliminando todas las alusio­
neS a la monarquía,· especialmente suprimiendo fas oraciones por
el rey, Buelga decir que Joseph de Maistre, en ambas revolucio­
nes, ve la presencia de la Providencia y de Satanás.
Agreguemos que hay también algunas diferencias,
y la prin­
cipal de ellas
es el hecho de que la Revolución inglesa, al fin y
itl cabo, termina con 1a restauración ·de una monarquía ·que no
es católica, sino protestante ·e, -incluso,
masónica, pues fa nueva
dinastía se vincula con la Masonería; además, hay un compromi­
so entre
la monarquía, la república y la democracia partidista,
guardando los restos de un feudalismo
modernizado y tolerando
algunas tradiciones corporativas, adaptadas a las exigencias de
la época.
De todas maneras,
la Glarious Revolution ha destruido en
Inglaterra el catolicismo,
y con esta destrucción dejó de existir
la tradicional
Merry England, «Alegre Inglaterra»; se impuso el
protestantismo anglicano, con apariencias litúrgicas católicas, pero
con una moral putitana. Sin embargo, quedaron algunos valores
y principios de la antigua civilización romana.
344
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EL SENTIDO DE LA REYOLUCION FRANCESA
¿Cuál es, entonces, el sentido de la Revolución francesa se­
gún Joseph de Maistre? De manera .parecida a otros historiado,
res
y analistas políticos, Joseph de Maistre considera que el sen­
tido esencial de
la Revolución francesa es. la consciente y radical
descristianización de la cultura francesa. Sin embargo, enfoca este
problema de una manera
algo distinta, pues lo ve no solamente
como
el abandono del ideal de un Estado católico y de su par­
cial realización durante casi dieciocho siglos (pues el ctistianis­
mo está presente en el
territorio de la futura Francia ya en la
mitad del siglo primero). A este ideal tradicional ve que le opo;,_e
un ideal nuevo, totalmente contrario, pues es un ideal del Esta­
do
,laico ( 104 ), es decir, de un Estado sin Dios y sin la religión
reveladá, y con las pretensiones
de extenderse, como un modelo,
a todo
el mundo.
Para Joseph de Maistre, el ideal del Estado católico está
vinculado con
la monarquía católica y con el concepto católico
de la
soberanía; ambas estas instituciones reciben su autoridad
de
Dios, y sirven a Dios, y no solamente a su pueblo. El sentido
esencial de la Revolución francesa ( como también de la anterior
Revolución inglesa)
es que pone este orden al revés: eti lugar
de Dios coloca al hombre,
y, en la práctica, el «pueblo», consi­
derándolo como soberano
y como la suprema autoridad. En 'esta
posición de absoluta autosuficiencia política, Joseph de Maistre
ve el satanismo de la Revolución francesa (la Revdlución inglesa
al respecto guarda algunas apariencias de moderación,
siendo el
rey de Inglaterra la cabeza de la Iglesia anglicana), pues se trata
de una rebelión contra Dios,
y de un orgullo satánico, que re­
clama no solamente la absoluta autosuficiencia (prescindir de
Dios), pues también pretende existir exclusivamente para sí mis­
mo, y no para
la gloria de Dios.
Recurriendo una vez
más a la terminología de San Agustín,
y siguiendo el pensamiento de J oseph de Maistre, se puede de­
cir que el sentido esencial de la Revolución francesa es una
ra­
dical ruptura con el tradicional esfuerzo de la nación francesa
( 104) Oaro está que Joseph de Maistre no usa esta expresión, pues-.
la palabra «laico». aparece en la mitad del siglo XIX.
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MIGUEL PORADOWSKI
por . comprometerse con la construcción de la Ciudad de Dios
(Civitas Dei) para, sobre sus escombros, intentar la construcción
de un Estado laico mundial, exclusivamente
inmanentista, es de­
cir, una Civitas mundi.
• * *
Al problema del· sentido de la Revolución francesa está tam­
bién dedicada
la obra de Genevieve Esquier: U na historia cristia­
na de la Revolución francesa ( 105), con una interesante introduc­
ción de Marce! Clément,
La autora
enfoéa el problema del sentido de la Revolución
francesa desde el'punto ele vista cristiano, y, en cohsecuencia, dis­
tingue en este acontecimiento cuatro procesos: intelectual, meta­
físico, sanguinario
(sanglante), es decir, terrorista y político, Es­
pecialmente trata del proceso político de transfondo metafísico.
La polémica sobre este tema es muy antigua en Francia, pues
empieza
-como ya lo hemos visto-con Rivarol, Mallet du
Pan, Joseph de Maistre,
L. G. A. de Bonald y un centenar de
otros, llegando a
una discusión apasionada con ocasión del cente­
nario y volviendo ahora, una vez más, con ocasión del bicen­
tenario. Recordemos -según los datos del mencionado libro-­
\que con ocasión del centenario, en uno de los teatros de París
fue presentada
la obra de Victorien Sardou: Thermidar, 1891,
la que ha cuestionado el papel de los jacobinos en la Revolución
francesa. Esto provocó manifestaciones, tumultos y protestas de
tanta envergadura que las auoridades ordenaron la clausura del
teatro -y la suspensión de las representaciones, lo cual, a su vez,
provocó debates en el Parlamento, con la participación de Geor­
ges Clémenceau, quien dijo la famosa frase: «nos guste o no, la
Revolución francesa
es un bloque, del cual no se puede sacar
(105) GENEvmVE EsQUIER, Une histoire chrétienne de la Révolution
fra,fJfaise, avec préface de MARCJn. CLÉMENT, _ Réflexions sur la Révolution,
Editions de l'Escalade, París, 1989, pág. 301.
346
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EL SENTIDO DE LA REVOLUCION FRANCESA
nada, pues la verdad histórica no lo permite» ( 106 ), a lo cual,
varios años después, Edouard Herriot contestó: «La Revolución
francesa no
es un bloque, pues se compone de lo que es perfecto
y de lo que
es detestable» (107).
Volviendo
al libro de Genevieve Esquier, si se trata de lo
que ella llama
la «revolución intelectual», es decir, del triunfo
de
il.a pseudofilosofía de los enciclopedistas sobre la tradicional
cosmovisión cristiana, como la principal causa y
el sentido de la
Revolución fraocesa, esto está actualmente fuera. de toda dis­
cusión, pues
casi todos los historiadores de la Revolución frao­
cesa comparten esta opinión, unos con .dolor y otros con satis­
facción.
Pero la mencionada «revdlución metafísica», a pesar de que
tampoco es
algo nuevo, merece ser destacada, pues nuestra auto­
ra indica al respecto un hecho concreto de gran importancia, a
saber, que esta revolución metafísica
se e,cpresa en el acto jurí­
dico del día
23 de junio de 1789, cuando la Asamblea declara
que el rey recibe su maodato del pueblo, rechazando por este
acto el tradicional principio de que su mandato viene de Dios
y que la sacra solemne del monarca en
Reims es su pública ma­
nifestación.
La revolución política es una consecuencia lógica de esta
re­
volución metafísica, pues, desde el momento en que el «pueblo»
es
el soberano, y no el rey, se da el cambio esencial del papel
del Parlamento, el cual
ya no manifiesta al monarca los deseos
de sus súbditos, sino la voluntad de ellos; los que antes «pe­
dían», ahora «exigen».
· Entonces, con razón escribe Marce! Clément, en la introduc­
ción al libro mencionado, que
el sentido de la Revolución fran-
(106) «Que cela nous plaise ou que cela nous choque, la Révolution
fran9lise est un bloc._. un bloc dont on ne peut rien distraire parce que
la vérité historique ne le permet pas». Citado por MARCEL CLÉMENT en
la mencionada introducción al libro de GENEVIERE EsQULBR, op. cit., pá­
gina 10. ...
(107) «La Révolution fram;aise n'est pas un bloc. Elle comprend de
l'excellent et du détestable». !bid., pág. 11.
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MIGUEL PORADOWSKI
cesa consiste en este cambio esencial; no se trata de un cambio
relativamente secundario, del paso de la monarquía a la repú­
blica ( un cambio de régimen político), sino de un cambio esen­
cial,
es decir, metafísico: la soberanía de Dios es reemplazada
por
la soberanía del «pueblo», es decir, por la «voluntad gene­
ral»
(la volonté générale), un concepto introducido por J. J.
Rousseau (pero conocido antes).
Se trata, pues, del concepto de un Estado· laico, en el cual
no hay
lugar para Dios; se trata de un antropocentrismo políti­
co, impuesto
pot la Revolución francesa (y, anteriormente, hasta
algún punto, por la Revolución inglesa), en lugar del teocentris­
mo político tradicional en el mundo cristiano. Este antropocen­
trismo político de.
la Revolución francesa se manifiesta también
en la famosa Declaración de los Derechos del Hombre.
Así, por la Revolución
francesa, la Civitas mundi pretende
ocupar
el lugar de la Civitas Dei, no solamente en Francia, sino
en todo el mundo. Y este
es el principal sentido de la Revolu­
ción francesa.
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