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1989

589-1789

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1989
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Las causas de la Revolución Francesa

LAS CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
POR
MIGUEL PORADOWSKI
)
Casi todos los historiadores de la Revolución francesa refle­
xionan sobre las causas
de ella, así, en plural, por lo cual re­
conocen que el problema es complicado y que un fenómeno
histórico de tanta envergadura probablemente no tiene una sola
causa, sino muchas. Sin
embargo, a la pregunta, cuáles son estas
causas, no llegan a una opinión común.
Así, por ejemplo,
para los historiadores «inmanentistas» (Mi­
chelet, Taine, etc.), la Revolución francesa viene como ,conse­
cuencia de los inevitables procesos históricos; pata Míchelet se
trata de un proceso dialéctico de la «marcha de la historia» y
de su único protagonista, el «pueblo»; mientras que Taíne ve
en
la Revolución francesa un fenómeno biológico de metamor­
fosis. También Rívatol (1), setenta. años antes de
Taine, ve en
(1) Antoine Rivarol (1753-1801), de otigen genovés (su prulte se llama
Rivaroli) fue un escritor-periodista y un gran político francés de una ex­
cepcional cultura. Estudió en el Seminario Pontificio de Avignon, sin re­
cibir la ordenación sacerdotal. Desde 1776 reside en París; recibe el titulo
nobiliario de «chevalier de Parcieux» y, poco después, el de «conde de
Rivarol». En los «salones» de la época tiene fama de ser un personaje
de una extraordinaria cultura. Como periodista, colabora primero en Mer­
cure. Se destaca por sus estudios semánticos, escribiendo ·en 1784 su Dis­
cours sur· l'universalité de la tangue fran,aise, obra laureada por la Aca­
demia de Berlín. Desde el comienzo de la Revolución francesa escnbe dia­
riamente· ]os comentarios en el Journal politique natianal~ analizando los
acontecimientos políticos con la intenci6n de influir sobre la política con­
tingente y, especialmente, sobre la posición del rey Luís XVI. Rivarol re­
clama con orgullo 4aber sido el primero que condena y rechaza la Re­
volución, y no Burke. Al respecto escribe: « ... yo ataqué a la Asamblea
constituyente a fines del mes de junio de 1789. casi un año antes que to-
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MIGUEL PORADOWSKI
la Revolución francesa un fenómeno de metamorfosis (2), pro­
bablemente porque al final del siglo
XVIII, debido al desarrollo
de las ciencias naturales, la descripción de este fenómeno, tan
típico
pars algunos insectos, impactó la imaginación de los es­
critores de la época.
Los historiadores liberales ven en la Revolución francesa
una reacción contra el «absolutismo»
y el «despotismo» de la
monarquía, mientras que los
marxistas reducen todos los fenó­
menos históricos
y, en consecuencia, también el de la Revolu­
ción francesa, a los factores económicos
y a los conflictos so­
ciales causados por éstos.
Para los historiadores católicos, la Revolución francesa
se
presenta como consecuencia de un largo proceso de la conscien­
te descristianización de Francia, el
cual, en la Revolución llega
a una completa laicización
de la sociedad y de su cultura, hasta
el punto que la Revolución viene a ocupar el lugar de Dios,
haciéndose una Revolución permanente.
dos aquellos que se convirtieron a causa de sus excesos, casi un año antes
que el señor Burke, como él mismo lo ha reconocido en una carta impre­
sa en París en 1791. No es verdad, pues, que como se imprime todos los
días,
el señor Burke baya sido el ]?rimero en atacar a la revolución». Es.
critos Pollticos (1789-1800), Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1980, pági­
na 533.
Rivarol considera que el duque de Orléans no solamente fue el prin·
cipal enemigo del rey Luis XVI, sino incluso el promotor de la Revolución.
Por petición del rey Luis XVI abandona Francia, para asesorar a los her·
manos del rey, quienes habían emigrado al principio de la Revolución; se
trata del conde de Provenza (el futuro rey Luis XVIII) y del conde d'Ar­
tois (el fututo rey Carlos X). Sus
Oeuvres completes fueron publicados
pot primera vez en 1808 y últimamente salió una nueva edición en cinco
volómenes. Fuera de los artículos, publicados en el Journal poh"tique na­
tional y en los Actes des ApOtres (más de 300), sus obras políticasr'\l llcu·
ladas directamente con la Revolución francesa, son las siguientes: De la
vie politique, de la fuite et de la capture de M. de La Fayette (1792); Por­
trait du duc d'Orléans et de Mme. de Gen/is (1793). El actual movimiento
momttquista nacional católico en Francia considera a Rivarol como a uno
de sus maestros. En Francia se publica una revista con el nombre Rivarol,
pues para muchos, es un nombre-estandarte.
(2) Escritos Políticos, op. cit., pág. 448 y pág. 533.
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CAUSAS DE LA RBVOLUCION FRANCBS.tl:
Y los entusiastas de la Revolución francesa ven en ella la
cumbre del proceso universal del desarrollo de la civilización.
Frente a tan distintas opiniones se plantea la pregunta: ¿quién
tiene razón?
La contestación no es fácil y, para formularla, conviene pri­
meramente distinguir, al menos, los tres grupos de causas, a sa­
ber: las causas remotas, las causas inmediatas y las causas de
las particulares etapas del proceso revolucionario. Además, hay
que respetar siempre
el principio de la adecuada proporción entre
la causa
y su efecto, de cuyo principio muchos histotiadores se
olvidan, imputando a algún acontecimiento de ser la única, o
al menos
la principal causa del complicadísimo proceso socio­
lógico-politico-económico-cultural, como, evidentemente, lo es, la
Revolución francesa (3).
(3) Asi, por ejemplo, el bien conocido y apreciado historiador inglés
Georges RunÉ (véase su French Revolution), considera que la Revolución
francesa vino
como consecuencia de las alzas del precio del pan,. las que
tuvieron
-lugar en los años 1788--1789. Es evidente que las alzas de precios
en general y, especialmente, las del pan, provocan el descontento de la
gente, principalmente de los pobres. Sin embargo, en el caso de la Revo­
lución francesa, estas frecuentes alzas de pan, antes y al principio del pro­
ceso revolucionario, fueron causadas primeramente
por una espantosa se­
quía y después por la no menos catastrófica granizada, acontecida el día
13 de julio de 1788, una catástrofe tan espantosa, que el pueblo de Fran­
cia y ante todo los campesinos, hasta
hoy día, se recuerdan más del 13 de
julio de 1788, que del 14 de julio de 1789 (el
día de .Ja «toma» de la Bas.
tilla). Toda la población de Francia presenció estos desastres naturales y,
por ende, no pudo imputar la falta de pan o su alto precio al gobierno,
o a
la monarquía, o al régimen social-económico tradicional. Además, el
gobierno
de inmediato im.port6 gran cantidad de trigo para paliar esta si­
tuación. Sin embargo, las barcazas con trigo pa'Saban de un puerto a otro
sin ser descargadas·
oportunamente, porque ya en este tiempo, es decirt en
vísperas de
la Revolución, existía el sabotaje como parte de un gran com­
plot contra la monarquía; los dirigentes de este complot querían provocar
artificialmente la falta de pan, de harina y de todos los alimentos pata
despertar
un descontento. Mas, ni siquiera este sabotaje podría ser una
causa
.de la Revolución; en el mejor de los casos habría podido s6lo pro­
vocar
1'D. descontento y alguna rebelión o manifestaciones de protesta, pero,
en ningún caso, un acontecimiento de la envergadura de la Revoluci6n.
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Algunas causas remotas son ya mencionadas por los· mismos
protagonistas de la Revolución. Así, por ejemplo, Maximiliano
Robespierre las llama «el prefacio de nuestra Revolución» ( 4
).
En su discurso, Robespierre dice: «La más importante y .más
ilustre (secta) era la que fue conocida con el nombre de enci­
clopedista; incluía algunos hombres estimables y un número ma­
yor de charlatanes ambiciosos; varios de sus jefes habían lle­
gado a ser ciudadanos importantes en el Estado. El que ignorase
su influencia
y su ,política no tendría una idea completa del pre­
facio de nuestra Revolución... Esta secta propagó con gran celo
la opinión del materialismo, que prevaleció contra los
espíri­
tus grandes y cultos ... » (5). Entonces, según Robespierre, una
de
las causas remotas de la Revolución fue la obra de los en­
ciclopedistas: la divulgación del materialismo durante toda la
segunda mitad del siglo
XVIII; se trata, pues, de las obras de
Voltaire, d'Alembert,
J. J. Rousseau, Holbach, Helvetius, Dide­
rot y, especialmente, de De la Mettrie ( 6 ).
Otros (7), por este «prefacio» de Robespierre entienden la
acción deliberada de descristianización de toda la cultura tradi-
francesa y, especialmente, de su carácter esencialmente anttcnst:Iano. Res­
pecto a la supuesta hambruna, Rivarol escribe: «Mucho se hablaba de
las
escaseces de París en el curso de 1789; la verdad es que bajo el reina,_
do de Luis XVI, es decir, hasta la muerte del último presidente de los co­
merciantes (le prevót des ~rchands ), París ha sido abundantemente abas­
tecida», op. cit., pág. 199.
(4) Se trata del discurso de 18 de Florea! del afio II, publicado en
la Gazette Nationale ou Moniteur universel de 19 de Floreal del año II,
es decir, el 8 de mayo de 1794. Citado por Paul HAzARD, El pensamiento
europeo en el siglo
XVIII, traducción del francés por Julián Marías,
ed.
Revista de Occidente, Madtid, 1946, pág. 258.
(5) Citado por Paul HAzARD, op. cit., pág. 258.
(6) Autor del libro L'art de jouir (1751), en el cual usa la famosa
expresión «l'homme machine», recomendando una vida exclusivamente ani­
mal (sensual), la cual él mismo practicaba con tanto entusiasmo que-pron­
to murió de delirium tremens.
·(7} Especialmente Paul-1-IAzARDi véase su obra: La crisis de la con­
ciencia europea (1680-1715), traducción é!el francés por Julián Marías, Ma­
drid, 1952.
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CAUSAS DE LA REP.OLUCION FRANCESA
cional de Francia, extendida a todo d siglo XVII, y especialmen­
te a su segunda mitad,
es decit, a los tiempos de Leibniz (8) y
de Locke, los defensores de la «tolerancia». Especialmente se
destaca la «Carta sobre
la tolerancia» del año 1689, es decir,
cien años antes. de la Revolución francesa (9). A esta nueva vir­
tud de
la tolerancia --que se impuso como «moda» en el siglo
XVII y los siguientes--se debe que la propaganda del .materia­
lismo, llevada a cabo por los enciclopedistas, tuviera tanto éxi­
to. Este proceso de descristianización es muy profundo y se ex­
tiende a toda la cultura. En este tiempo, pata muchos, la Enci-
(8) Leibniz fue el precursor del actual ecumenismo sincretista.
(9) Sobre esta revolución
en la moral, provocada por la introducdón
de la tolerancia, Paul HAzARD escribe: «Al establecimiento de la felicidad
en la tierra debía contribuir una virtud, una virtud nueva. No era· una vir·
tud hasta entonces; erá una flaqueza y casi una cobardía: Tolerar todas
las opiniones; tolerar
la opinión de mi hermano, si mi hermano se enga­
ña y va perdiendo su alma; tolerar la opinión de los falsos profetas y .de
los embusteros ... , otro tanto valdría declararse abiertamente c6mplice de
la falsedad y del error. El deber consiste, al contrario, en abrir los ojos
de los que se ciegan, en volver al camino recto a los que se desvían. Sin
duda,
no hay que violentar las conciencias; pero, ¿se las ha de abandonar,
cuando
se sabe que la verdad es una y que del conocimiento de la verdad
depende
la salvación eteroa? El deber prohíbe ser tolerante, y la caridad.
Por tanto, los tolerantes no podrían ser socinianos disfrazados, gentes que
borran los caracteres en los que se reconoce la verdadera Iglesia, gentes
que aceptan a todos los heréticos en la comunión de la fe; escépticos
que profesan la indiferencia de las religiones; rebeldes; espíritus fuertes.
Tolerante
no podría serlo un Boss'uet, ni siquiera un Pellisson, ni aun en
el. momento en que negociaba con Leibniz para volver a llevar a los pro­
testantes hacia la Iglesia romana. «Creo», escribía a . Leibniz en 16~2.
«creo que los que se llaman socinianos, y con ellos los denominados deís­
tas y spinozistas, han contribuido mucho a difundir esa doctrina, que se
puede
llamar el mayor de los errores,. porque concuerda con todos. Pues
temiendo
no ser é:onsenridos y que las leyes civiles se· mezclasen en ello,
han gustado de establecer que había que consentirlo todo. De ahí ha na­
cido
el dogma de la tolerancia, como se la llama; y otra palabra aún más
nueva,
que es :la 'intolerancia do é_iue se acusá a la Iglesia romana», pági­
nas 276,.277, op. cit. Casi cien· años después de la «Carta sobre la toleran--:
da», de Locke, aparece «Traité de la tolérilflc'i.,;, de Voltaire·;
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M,IGUJ;I, POR,1.Dl)JVSKI
clopedia (10) ocupa el Jugar de 1a Biblia y llega a ser casi Ja
única lectura de los «iluminados», es decir, de la gente que ha­
bía perdido la fe cristiana.
Los historiadores marxistas reducen todas las causas de la
Revolución francesa, sea al «materialismo histórico», sea al «de­
terminismo económico», sea
al. «materialismo dialéctico», sin ol­
vidarse de la «lucha de clases», como principal dinámica de to­
d~s los cambios. Estos enfoques, interesantes sólo para los «cre­
yentes» en el marxismo, serán analizados
deta1ladamente en otra
ocasión.
·· No menos «fe» se necesita para compartir la visión de las
causas de la Revolución francesa dada por Michelet. Además,
una
ve.21 aceptada por la «fe» la visión inmanentista de la his­
toria, se hace superfluo buscar causas históricas, pues el inma­
nentismo ( especialmente el
de Hegel) supone la existencia de
una dinámica dialéctica propia del proceso histórico de cambio,
el cual va adelante independientemente de
1a presencia o ausen­
cia
de las causas concretas y reales; es el «devenir» que se im­
pone por su propia dinámica y que siempre significa, para los
inmanentistas, una superación, un progreso, un adelanto.
Los historiadores liberales ven las principales causas de la
Revolución francesa en el pretendido «despotismo», o «absolu­
tismo» de la monarquía. Para ellos,
el abuso del poder provocó
una reacción de los «oprimidos» en la forma de
Ja Revolución.
Es una explicación interesante, pero... poco convincente, espe~
cialmente si se trata del gobierno de Luis XVI, conocido por su
extraordinaria bondad, paciencia, generosidad, tolerancia
y, ante
todo, por su disgusto para
mandar, Además, fuera del abuso
de las expresiones «despotismo»
y «absolutismo», hay que re­
cordar que -incluso en el caso de un hipotético monarca enér­
gico
y mandón-, dado el régimen feudal y corporativo, exis­
tente todavía en vísperas de la Revolución, era imposible go-
(10) La Enciclopedia tenía -·cuatro mil suscriptores; durante 25 afios
(1750-1775) sus finanzas fueron mayores que los de la Compagnie des In~
des,· contaba con 150 colaboradores. Robert MANDROU, La France aux XVII
et XVIII siedes, PUF, 1967; pág. 199.
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CAUSAS DE LA RBVOLUCION FRANCESA..
bernar en forma despótica y absolutista, pues las complicadísi­
mas leyes vigentes ( célticas, romanas, germánicas, Lex Salica,
canónicas, medioevales, etc.) y la misma Constitución tradicio­
nal (
11 ), severamente respetada, como también las instituciones,
tales como los Parlamentos, la Asamblea de los
N,;,tables, los
Estados Generales,
etc,, limitaban el poder del rey. El régimen
tradicional se presentaba como una red complicada de privile­
gios ( 12), los cuales no solamente limitaban el
poder del monar­
ca, sino que
lo hacían casi sólo simbólico, pues todas las dis­
posiciones del rey exigían el consenso, sea de los Parlamentos,
sea de los Notables, sea de los Estados Generales. Al respecto,
Albert Mathiez escribe:
«En teoría, el monarca, representante
de Dios sobre
la tierra, gozaba de poder absoluto. Su voluntad
era la
ley. Lex Rex. En la realidad no !,;,graba hacerse obedecer
ni aun de sus funcionarios inmediatos. Mandaba tan suavemen­
te que parecía ser el primero en dudar de sus derechos» (Al­
bert Mathiez,
La Revolución francesa, ed. castellana, Santiago,
Chile, 1936, pág. 9).
Los gobiernos «absolutistas» y~ ante todo, los «despóticos»,
se imponen en Francia precisamente durante la Revolución fran­
cesa, cuando liquidan a la monarquía, decapitando al _rey Luis
XVI, y, en lugar de los gobiernos de derecho, empiezan a fun­
funcionar
los gobiernos de terror y de horror; gobiernos que no
respetan ninguna ley,
ni siquiera las promulgadas por ellos mis-
(11) Véase Bernard BASsE:, La Constitution dé l'ancienne France. Prín­
cipes et lois fondamentales de la royauté, fran~aise, DMM.
(12) No solamente la aristocracia, sino todas tenían sus privilegios,
incluso los
extranjeros, los judíos y los herejes. Frecuentemente los cam­
pesinos tenían más privilegios sobre las tierras de los «señores», que éstos
sobre los terrenos cedidos a aquéllos. De ahí que la propiedad del «se­
ñor» muy a menudo fuera muy limitada, de manera que no solamente no
podía venderla, sino, incluso, no podía cambiar su destino, por ejemplo,
plantar una viña en su prado, si éste _se hallaba «hipotecado»-con un pri­
vilegio en favor ·de los campesinos. A. su vez, el «señor» frecuentemente
gozaba de un privilegio de caza sobre los terrenos de los campesinqs:, ~e
anteriormente habían sido de su propiedad. Los privilegios frecuentemente
fueron· mutuos.
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MIGUEL PORADOWSKI
mos. Nunca en Francia se han pisoteado tanto los «derechos hu­
manos» como inmediatamente después de
la proclamación so­
lemne de la «Declaración de los Derechos Humanos», cortando
con la guillotina un promedio de cincuenta cabezas diariamente
sólo en París.
El supuesto «déspota» Luis XVI, incluso ya du­
rante la Revolución, seguía siendo ovacionado por el pueblo en
cada ocasión, y se necesitaron grandes destacamentos de tropas
durante su criminal ejecución por el temor que el pueblo lo
fuera a liberar de sus verdugos. Así,
la opinión de los historia­
dores liberales de que
la· Revolución vino como reacción con­
tra el despotismo de la monarquía es infundada y contradictoria.
· El asunto del supuesto «absolutismo» de la monarquía es
mucho más complicado. Hay que reconocer que -como con­
secuencia del · mencionado proceso de descristianización de toda
la cultura francesa y, especialmente, de la cultura política-ya
en los tiempos del rey Luis XIV, penetran en Francia los prin­
cipios anticristianos jurídico-políticos y, especialmente,
la fór­
mula de U!piano ( 170-228): «quod principi p]acuit legis habet
vigorem» (lo que se antoje al gobernante tiene fuerza de la ley).
Este antiguo principio pagano, acogido por la corte bizantina to­
davía no plenamente cristianizada, subraya la completa inde­
pendencia del soberano, no tanto de sus súbditos, como de Dios
y
sus leyes (la Ley natural y la Ley positiva divina, es decir, el
Decálogo). Sin embargo, se trataba ( en los tiempos de Luis XIV
y de los reyes siguientes) de un absolutismo solamente teórico,
pues en la práctica ningún
rey católico, dentro del marco de un
régimen cristiano,
podía hacer uso de él, por ser éste comple­
tamente opuesto a todos los principios cristianos respecto
al po­
der e incómpatible con el sistema de privilegios. Jean Bodin
aconsejaba al rey Luis XIV servirse del
mencionado principio
de Ulpiano, pues el
maquiavelismo (es decit, el prescindir de la
moral en la política) estaba de moda. Sin embargo, a pesar de
que esta moda inmoral existía, en la práctica
ningún monarca
católico la tomaba en serio. Tal
vez, en el caso de que hubiera
llegado
al poder Felipe Igualdad -como él lo planeaba-Fran­
cia habría sido gobernada por ptimera vez por un rey absolu-
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CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
tista. Sin embargo, eso no ocurrió. Felipe Igualdad alcanzó sólo
a decapitar
al rey Luis XVI (uo solamente por votar en la Asam­
blea a favor de su muerte, sino, ante todo,
por preparar cuida­
dosamente este criminal «juicio»), pero no llegó a ocupar su
trono, pues, poco después de la ejecución de su pariente,
él
mismo fue decapitado.
Así, en vísperas de
la Revolución francesa, no existía en
Francia ni
el «despotismo», ni el «absolutismo», lo cual no quie­
re decir que no hubiera abusos de poder, especialmente de par­
te de los ministros
y distintos funcionarios, lo cual es inevita­
ble en cualquier régitnen político.
Una de
las opiniones más originales sobre las causas de la
Revolución francesa es la de Fran~ois Babeuf (13). Según Tal­
mon (14), Babeuf
« ... escribe que no fue tanto la opresión
como el orgullo nacional lo que causó
el estallido de la Revo­
lución. Comparada con la de otros países,
la •ituación de Fran­
cia, en 1789, era menos intolerable. Pero Francia
QO podía ser
sobrepasada por los Estados Unidos
y Holanda, donde una lu­
cha por la libertad había llevado al rriunfo de la soberanía po­
pular» (15).
Napoleón Bonaparte
se pronunció en forma breve y categó­
rica al respecto: «La Revolución (francesa) es
la obra de las ideo-
(13) Fran~ois BABEUF (1760-1797), uno de los principales protagonis­
tas de la Revolución francesa. especialmente durante su etapa final, fue
el autor de la doctrina comunista revolucionaria, basada. sobre el análisis
del proceso revolucionario de la Revolución francesa, y uno de los fun­
dadores del comunismo
igualitario y de su organización llamada «Les
Egaux»; fracasó en la toma del poder y fue guillotinado; recomendaba un
uso masivo de la guillotina para de esta manera disminuir el .crecimiento
de la población.
(14) J. L. TALMON, Los orígenes de la democracia totalitaria (The
Origins o/ Totalitarian Democracy), Aguilar, México, 1956, pág. 204.
(15) Por el momento, analizando aquí solamente las causas de la Re­
volución francesa, nos limitamos a mencionar al respecto, la· ·opinión de
Babeuf; en otra
oportunidad vamos a volver al tema: «el comunismo de
Babeuf como una parte integral de la herencia de la Revoluci6n francesa-..
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MIGUEL POR.dDOWSKI
logías» (16). ¿De qué «ideologías» se trata? Probablemente de
las que tan ampliamente describen Taine, Hazard,
Fay y los
centenares de otros historiadores
y escritores, a saber: del i:na­
terialismo, del liberalismo, del individualismo, del ateísmo, del
racionalismo, del inmanentismo, etc., es decir, principalmente
de
la obra de los enciclopedistas y de la Masonería (17). Sin em­
bargo, es evidente que Napoleón, en esta ocasión, no se refiere
a todos los aspectos de
la Revolución francesa, sino exclusiva­
mente a los ideológicos.
Jean
Jaures (18) se ocupa de «las causas de la Revolución
francesa» en su libro publicado con este título (19),
y práctica­
mente se refiere sólo a las causas remotas, de las cuales mencio­
na tres: 1) el obsoleto régimen feudal; 2) los inteteses econó­
micos de la burguesía; 3) los cambios en la economía. Estas
tres causas son de una aceptación casi unánime por los historia­
dores; sin embargo no IIOdos ellos las conciben de manera
como lo bace Jaures; al contrario, el enfoque de Jaures es más
bien excepcional, pues prácticamente ro;duce todas estas causas
(16) Esta bien _conocida expresión de Napoleón es citada por muchos
historiadores, entre ellos también
por Jean JallteS. Véase su obra Las cau­
sar de la Revolución franoesa, edición española, Barcelona, 1982, pág. 40.
(17} Hay· muchas obras que describen y denuncian este papel de la
masonería ya en los principios de la Revolución, entre ellas las de: Fran­
i;ois LEFRANC ( un sacerdote eudista masacrado con otros en septiembre
de 1792, beatificado),
Le voite levé, pour les curieux ou le secret de la
Révolution révélé a l'aide-de la Franc-M{lfOnnerie, 1791; Agustín BARRUEL
(1741-1820), Mémaires pour servir a l'histoire du jacobinisme, 1797, 1818
(una edición corregida
y completada), 1973 (1974), 1982; Nicolás DEs­
CHAMPS, Les Sociétés Secretes et la Société du philosophie del l'histoire
contemporaine, 1874; Bemad FAY~ La Franc-M(lfonnerie et la revolution
intellectuelle du
XVIII siede, 1961, 1985; Henry CosTON, La conjuration
des Illuminés,
1979; Jean LOMBARD, La face cachée de l'histoire.
(18) Jean Jaures (1859-1914), uno de los principales ideólogos del so­
cialismo francés en la segunda mitad del siglo XIX y de los principios del
siglo
xx; historiador de la Revoluci6n francesa, fue asesinado con ocasión
de su declaraci6n contra el servicio militar, para boicotear la guerra de
1914; fundador del diario socialista (después comunista}
L'Humanité.
(19) Jean JAuR.Es, Causas de la Revolución francesa, traducción caste­
llana, ed.
Crític>, Grijalbo, Barcelona, 1979, 1982.
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CA.USAS DB LA REVOLUCION FRANCESA
al materialismo histórico, pero no el de Karl Marx, sino el de
Barna ve ( del cual se informa ampliamente más adelante), lo que
es una exageración, pues los factores económicos adquieren una
importancia especial en Francia sólo después de
la Revolución
francesa. Durante la Revolución francesa todavía el 85
% de la
población vive en el campo
y se dedica principalmente a la agri­
cultura,
y el resto, el 15 % , no se identifica exclusivamente
con la «burguesía» Y sus intereses económicos, como pretende
Jaures. La visión de Jaures adolece de falta de perspectiva y se
nota en ella el frecuente error de mirar el pasado histórico des­
de el punto de vista de su propia actualidad; J aures proyecta la
situación de su tiempo al período del final del siglo XVIII. Las
mencionadas por J aures como las tres causas principales de la
Revolución francesa son, sin duda, acertadas, sin embargo, no
son ni las únicas, ni tienen la envergadura que les atribuye; de­
berían ser tomadas en cuenta, mas junto con las otras y dentro
de las debidas proporciones.
La visión de J
aures es seguida por los historiadores marxis­
tas,
los que también, como él, reducen todo el problema del
origen de la Revolución francesa solamente a los factores
eco­
nómicos, con la única diferencia de que, en vez de servirse de
la visión de Barnave (como lo hace Jaures), recurren al enfo­
que de Karl
Marx. Así, por ejemplo, Michel Vovelle reduce
estas causas a dos: el feudalismo en descomposición y lo que él
llama «el ataque de la burguesía para la toma del
poder» (20).
Distinta
es la opinión de Albert Mathiez, quien escribe:
«Las revoluciones, las vetdaderas, aquellas que no
se limitan a
cambiar
las formas políticas y el personal gobernante, sino que
transforman las instituciones
y desplazan la propiedad, tienen
una larga
y oculta gestación antes de surgir a plena luz al con­
juro de cualesquiera circunstancias fortuitas. La Revolución
francesa, que sorprende
por su irresistible instantaneidad, tanto
a los que fueron sus autores
y beneficiarios, como a los que
(20) Michel VoVELLE, Breve storia della Rivoluz.ione Jrancese, 1979,
traducción castellana, con el título Introducci6n a la historia de "la Revo~
luci6n francesa, ed. Crítica, Grijalbo, Barcelona, 1979, 1981.
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resultaron sus .víctimas, se estuvo preparando por más de un si~
glo» (21).
Hemos mencionado sólo
algunas de las .causas remotas de
entre muchísimas otras, pues éstas no son
las más frecuentemen­
te tomadas en cuenta por los historiadores de la Revolución
francesa. Sin embargo,
hay historiadores que -sin poner en
duda las causas
mencionadas-opinan que, probablemente, la
Revolución francesa habría podido ser evitada si no hubieran
existido también varias causas inmediatas,
es decir, una serie de
grandes dificultades al
final del siglo XVIII, las cua:les el rey rei­
nante, Luis XVI, no supo adecuada y oportunamente solucionar.
Estas causas
inmediatas son muchas y constituyen el obje­
to de apasionadas polémicas.
Se las puede reducir a cuatro prin­
cipales, a saber: 1) el problema de los impuestos y de la crisis
financiera; 2) el conflicto entre las prerrogativas de los
Parla­
mentos y las del rey; 3) la conspiración del duque de Orléans;
4) la personalidad del
rey Luis XVI.
Veamos estas cuatro causas
inmediatas más de =ca.
l. El problema de los impuestos y de la crisis financiera de
Francia al final del siglo xvm.
Varias veces ha mencionado anteriormente que --según la
opinión casi unánime de los
historiadores-en vísperas de la
Revolución, Francia gozaba de una excepcional buena situación
económica,
es decir, el, país había alcanzado una prosperidad sin
precedentes.
Sin embargo, a pesar de tan buena situación del
país,
el Estado carecía de los medios financieros, como lo escti­
be Gaxotte: «en
un país rico, el Estado era pobre» (22). Y,
¿por qué? Debido a un obsoleto sistema de impuestos.
El sis­
tema impositivo tradicional se limitaba a gravar la propiedad
de
la tierra, lo que fue acertado en el pasado, pero obsoleto en
el siglo xvm, debido a los cambios económicos; crecían enormes
30
(21) Albert MATHIEZ, op. cit., pág. 9.
(22) Pierte GAXOTTE, op. cit., pág. 45.
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
fortunas de los comerciantes y de los empresarios de la indus­
ttia minera, metalúrgica y textil. Además, algunos sectores
de
los terratenientes, especialmente aristocráticos, por variadas ra­
zones, según sus privilegios, no pagaban impuestos, sino que los
cobraban (23
). Otta categoría de aristocracia, ocupada en la ad­
ministtación estatal o en
los tribunales, recibía una remunera­
ción directamente del rey o de las correspondientes conttibucio­
nes. Los principales gastos del Estado se reducían a los de
la defensa,
especialmente respecto a la construcción de buques
de guerra para la Armada y

a la
manutenciói:i de las ttopas pro­
fesionales, en su mayoría compuestas por extranjeros. Mucho
cost6 la guerra con Inglaterra y la ayuda que Francia prestara
a los Estados Unidos en
su lucha por la independencia. Sin
embargo, a pesar de estas dificultades, hasta la Revoluci6n fran­
cesa no falt6 nunca el circulante y las monedas de oro no per­
dían su valor, pues siempre valían tanto cuanto valía el
oro con
el cual fueron acuñadas.
Las

leyes y privilegios existentes no permitían
al rey hacet
innovaciones en el sistema tributario sin previa autorización, sea
de la Asamblea de los Notables, sea de los Estados Generales.
El rey Luis XVI convocó primero a la Asamblea de los Nota­
bles, pero ésta, siendo dominada
por los arist6ctatas, no adm.itía
nii:igún cambio en el .sistema impositivo, y por esta raz6n el
rey
.convoc6 después a los Estados Generales. Ahora bien, éstos
se aprovecharon de la ocasi6n y, en vez de discutir el asunto
para el cual fueron convocados,
se declararon una Asamblea Na­
cional, con pretensiones de tratar todo
tipo de asuntos. As~ em­
pez6 la Revoluci6n, pues la ttansformaci6n de los Estados Ge­
nerales en una Asamblea Nacional en sí mismo fue un acto re­
volucionario, el cual desencadenó la serie de actos revoluciona­
rios siguientes.
Así, el asunto de la reforma tributaria llegó a
ser
la primera causa inmediata del estallido de la Revolución
francesa. Desde este momento la Asamblea toma toda
la inicia-
(23) Estos «impuéstos» no llegaban al 'I'-esoro del Estado, ni a las ar­
cas del rey, pues se trata del cobro de distintos tipos de peaje, por el uso
de los puentes o
caminos privados, a favor del duefio de éstos.
31
Fundaci\363n Speiro

'MIGUEL PORADOWSKI
riva, arrogándose las competencias propias del rey, el cual, poco
a poco, viene a ser despojado de
todas sus prerrogativas, llegan­
do a ser una figura decorativa del nuevo
sistema político, gra­
cias a lo cual éste, al principio, guarda apariencia de una mo­
narquía constitucional.
2·. El conflicto entre los Parlamentos y la monarquía.
Este conflicto es muy antiguo y se agrava con el correr del
tiempo. La institución de los Parlamentos nació lentamente du­
rante los siglos;
se trataba, primero, sólo de una institución para
los asuntos jurídicos, especialmente para estudiar
si las dispo­
siciones jurídicas nuevas del monarca estaban o no de acuerdo
con toda la legislación vigente
y, especialmente, con los privile­
gios. Ahora bien, como en Francia seguían en vigencia varias le­
gislaciones muy complicadas y, en general, :limitadas geográfica­
mente, es decir, obligatorias sólo en algunas
provincias, fue ne­
cesaria la existencia de muchos Parlamentos. Hasta la Revolución
francesa, en Francia seguían vigentes muchísimas legislaciones
an­
tiqt.rlsimas célticas, romanas, germánicas, Lex Salica, canónicas,
etcétera, todas ellas vinculadas ante todo con el problema de la
propiedad privada, de los privilegios
y de la herencia. Cada nue­
va disposición jurídica del rey, para ser obligatoria, tenía que ser
primeramente registrada por
los respectivos Parlamentos, los cua­
les fueron obligados a averiguar si estaba o no estaba de acuer­
do con las legislaciones anteriores
y con los complicados sistemas
de privilegios.
Mi:iy a menudo los Parlamentos se demoraban
para registrar estas disposiciones nuevas reales o sencillamente
las rechazaban, lo que limitaba
el poder del rey y que fue fo,.
cuentemente la causa de los conflictos entre el poder del monar­
ca y el de los Parlamentos. Además, en muchos casos, los Parla­
mentos llegaban a ser dominados por algunos grupos de aristócra­
tas (nobles
y clero) o, más tarde, por algunos juristas profesio­
nales, abogados
y otros, los que --en los tiempos del rey Luis
XVI-se identificaban con los intereses de la burguesía. En la
32
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE-LA RBVOLUCION .. FRANCESA
práctica, los Parlamentos, frecuentemente paralizaban la iniciati­
va del rey y
Je impedían gobernar.' Los, enemigos de la familia
real, se aprovechaban de ,esta situación, 'agravando los conflictos
entre, la monarquía y los Parlamentos. Luis XVI abrigaba la es­
peranza de que los Estados, Generales, convocados por él, contri­
buyesen
a la ,solución de este problema; sin , embargo, ocurrió lo
contrario, pues, cuando
los Estados Generales se transformaron
en Asamblea Nacional, esta
posibilidad dejó de, existir y pronto
los Parlamentos fueron suprimidQS por la Revolución y todo el
poder político fue· acaparado .. por ]¡< Asamblea, la cual, eh la me­
dida en que se desarrollaba el proceso revolucionario, .. seguían
cambiando de nombre y
de competencias, llegando a ser, cuan­
do se llamó Convención, una dictadura absolutista .y despótica,
que se servía del Terror.
3. La conspiración del duque de Orléans (24).
Sin duda ésta es la principal y la más importante causa in­
mediata de la Revolución francesa. Muchos se preguntaban si, en
este caso,
se puede hablar de «conspiración»; En realidad se tra­
ta de una cadena de conspiraciones que
se agregan en la medida
en que
se desarrolla d proceso revolucionario. Sin embargo,. no
hay duda de que
se trata solamente de distintas fases de la mis­
ma conspiración, la cual ya existe antes de la Revolución y con­
tribuye a
su explosión Y; después influye sobre el desarrollo de
los acontecimientos hasta el 6 de noviembre de 1793, es decir,
hasta
el día de la ejecución con la guillotina del duque de Or-
léans (25).
·
(24} El duque de Orléans dejó de· usar su· título aristocrático inme­
diatamente después de la renuncia de lii nobleza a los títulos, lo que tuvo
lugar el dk (en ,e,;lidad •n la :noche) del· 4 de agosto d. 178~, es decir,
al comienzo de la Revolución; usaba solamente el nombre popular de. Fe·
lipe Igualdad; sin embargo;· pasó a. la .historia como «el duque de. Or·
léans»-.
{25) ¿Cuál fue ·la:-.causa de··su arresto y.·-.:éjecuci6n? Solamente· el -he­
cho ·de· que su_ hijo. se'·vim:uld con la-conspiración .del ·general Duínoi.triCZ,
33
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL PORA.DOWSKI
Desde un principio esta conspiración es bastante complicada
y entran en ella
al menos tres importantes factores, a saber: el
primero, la firme voluntad
del duque de Orléans de destituir al
rey Luis XVI y
a ocupar su trono, es decir, la ambición de ser
el
rey de Francia en lugar de Luis XVI. Siendo una persona de
extraordinaria fortuna, dispone de los medios ( del dinero)
para
desarrollar una actividad subversiva en gran escala y muy eficien­
te, aprovechando
todos los problemas, conflictos y dificultades
que agobian al rey Luis XVI; además, actúa según el modelo
del
«Príncipe» de Maquiavelo, es decir, en forma inmoral, si las
circunstancias lo exigen, recurriendo a mentiras, calumnias e, in­
cluso, a crímenes. El segundo factor que entra en este juego es el
hecho de que el duque de Orléans, en este tiempo, es el máxi­
mo dirigente de la masonería en Francia; al respecto se plantea
la pregunta: ¿quién
se sirve de quién? ¿Es el duque de Or­
léans el que se aprovecha de su puesto de máximo dirigente de la
masonería en Francia o, al contrario, es la masonería la que
se
sirve del duque de Orléans para sus propios fines? Sin embargo,
parece que esta pregunta
es puramente retórica, pues es sabido
que existía una extraordinaria coincidencia entre los propósitos
del duque y los de
la masonería; ambos buscaban lo mismo: aca­
bar para siempre con una monarquía católica en Francia y, en su
lugar, colocar una monarquía laica, anticatólica y completamente
subordinada a
la masonería.
El tercer factor tiene que ver con el hecho de que esta
ma­
sonaría, dirigida por el duque de Orléans, es de origen inglés (26),
una conspiración que planeaba una monarquía de Luis XVII, el niño-rey.
Fracasada esta conspiración, por falta del apoyo de las tropas, el general
Dumouriez y el duque de Chartres ( el hljo del duque de Orléans) huye­
ron a Austria para unirse a los ejércitos leales· al rey Luis XVIII; sin em­
bargo, el gobierno revolucionario ejecutó al duque de Orléans, a pesar de
que éste no
tenía nada que ver con la. mencionada conspiración; así es
la «justicia» revolucionaria.
(26} A pesar de que
ya en el año 1773 existe el Gran Oriente, es de­
cir, la masonería francesa, pues, por un lado ella es de origen Inglés y,
por otro, seguía, en este tiempo, muy vincula.da con la masonería inglesa,
principalmente gracias al embajador de Estados Unidos, Benjamín Franklin,
34
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
lo cual permite sospechar que ella podría estar influenciada por
la política de Inglaterra;
es decir, que Inglaterra, por intermedio
de
las logias mas6nicas (muy activas en este tiempo en la políti0
ca contingente) Ít1fluía sobre el desarrollo del proceso revolucio­
nario en Francia e, incluso, que
tenla algo que ver con el mismo
estallido de la Revoluci6n francesa. No hay duda de que los fi­
nes principales y permanentes de .la masonería sobrepasan a los
acontecimientos contingentes, incluso a los de la envergadura de
la Revoluci6n francesa. Sin embargo, en ellos
la masonería tam­
bién toma parte. El duque de Orléans, con
sus aspiraciones a
ocupar
el trono de Luis XVI, siendo el principal dirigente en
Francia de toda la masonería, por intermedio de ella, consciente
o inconscientemente, podría haber actuado
al menos en algunos
asuntos, de acuerdo con la política del momento del gobierno
británico. Quién sabe si el
afán de la masonería en Francia de
acabar con la monarquía cat6lica (27) y
de colocar, en su lugar,
a una monarquía anticat6lica, especialmente de
la eventual dinas­
tía del duque de Orléans, no fuera
un plan que coincidía con los
intereses políticos de Inglaterra.
El duque de
Orléans logr6 casi todo lo que deseaba: destro­
nó al rey Luis XVI e, incluso, contribuyó a su condenación a
muerte (pues, durante el «juicio» de Luis XVI por la Asamblea,
vot6
en favor de la pena capital); talllbién contribuy6 muy efec­
tivamente al proceso de la descristianizaci6n de Francia. Sin em­
bargo, él mismo también lleg6 a ser una de las víctimas del te­
rrorismo, pues, a su turno, fue arrestado, «juzgado», condenado
quien primeramente lo desempeña durante diez años en Inglaterra y des­
pués por un período parecido en Francia, participando en ambos países
en las actividades de las logias masónicas.
(27) La monarquía católica de los Barbones tambi6:i tenla vínculos
con la masonería e incluso existía una logia en la misma corte de Versa­
lles, a la cual entró el joven rey Luis XVI (véase, al respecto, P. GA­
xoTE, op. cit., pág. 90). Sin embargo, una cosa es «estar vinculado» con
la masonería y otra «ser el hombre de la masonería». Casi todos los cor­
tesanos pertenecían a esta logia, pues, en este tiempo se trataba más bien
de una moda.
35
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MIGl!EL POR!ADOWSKJ
a muerte y,ejecutado (guillotinado) (28). Pero lo que nos intere'.
sa en este momento es su papel en el estallido y desarrollo del
proceso revolucionario,
es decir, el hecho de que el «asunto del
duque
de Orléans» fue una de las causas inmediatas de la Revo­
lución francesa (29).
El duque de Orléans disponía de gran fortuna, lo que le
per'
mitía el financiamiento de su campaña política pata llegar a ocu­
par el trono del reino de Francia, con el soborno de los agita­
dores
y con una enorme propaganda escrita (folletos, volantes,
periódicos, etc.). Sin embargo, Rivarol sospecha que una
parte
del oro, tan generosamente distribuido por el duque de Orléans
venía de Inglaterra, y de que la famosa declaración del primer
ministro Pitt, hecha en
el Parlamento de Londres, en la cual se
q,munica. que los gastos secretos del gobierno inglés llegaron a
la suma de 24 millones de libras, conviene interpretarla como
una álusión a una parte del dinero gastado para fines·
político~
por el duque de Orléans (30).
Es sabido que
los acontecimientos de los días 5-6 de octu­
bre
d.e 17.89, es decir, la invasión y la «toma» del castillo de
Versalles por las turbas llegadas desde París y el siguiente «se­
cuestro» de la familia real y su forzoso ttaslado al palacio de Tu­
Herías en París, donde quedó prácticamente prisionera, hasta la
ejecución del rey y de la reina con la guillotina, fueron la obra
del duque de Orléans, a pesar de que el principal papel públicq
correspondió a La Fayette.
No menos importante papel cumplió
el duque de Orléans antes
de la Revolución francesa, cuando dis­
tribuyó en todo el país los formularios de los «Cuadernos de
quejas»
(Cahiers de doléances), insinuando a todos de que debe­
rían quejarse. También
se ocuparon de la minuciosa redacción
· (28) Véase la nota 25.
(29) Fuera de las obras anteriormente señaladas (véase la nota -14),
conviene mencionar una de las últimas: Hubeit LA MERLE, Philippe Ega
lité «Grand Maitre» de la Révolution, pág .. 832.
(30) RivAROL, op. cit., pág. 184.
36
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CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
de ellos las «sociedades secretas» (31), manejadas· por la ma­
sonería, dirigida por el duque de Orléans.
4. La personalidad del rey Luis XVI.
No
hay duda de que una de las causas inmediatas de la Re­
volución francesa fue la personalidad del rey Luis XVI. ¿ Por
qué? Sencillamente no fue una persona a la altura de los
acon­
tecimientos. Tal vez podría haber. sido un excelente gobernan­
te
en otra época y en otras circunstancias. Siendo una persona
excepcionalménte bondadosa, generosa, comprensible y tolerante,
nunca se atrevía a mandar, ordenar, castigar o perseguir a los
culpables. Frente .a las probables rebeliones tomó la decisión de
no recurrir nunca
· al ejército, lo cual fue conocido y de inmedia­
to explotado por sus adversarios. Luis XVI sólo pedía, y acon­
sejaba, sugería, rogába. Tal vez el culpable de esta actitud del
rey fue su inspirador
. y maestro, el obispo Fénelon y su obra
Téle11?aque. El monarca ideal, según Fénelon, nunca ordena, nun­
ca manda, sólo pide, mega y aconseja (32). Elrey Luis XVI no
solamente
fue. una persona ·bondadosa, piadosa y de una profun­
da religiosidad, sino, según
la· opinión de muchos· de sus con-
(31)" Michelet mentjona 2.400 «sociedades secretas» de :¡os jacobinos
sólo al ·principio de Mf, .Revoluci6n (véase: L'bistoire de la Révolution fran­
faise, ediCÍ6n española, Buenos Aires, 1960~-t._ 11, pág. 8). Los otros
autores las calculan eri. 20.000.
(32) Al respecto, Gaxotte escribe con ironía: «Précepteur de 'l'héritier
du trone, Fénelon ·s'emploie 8 lui en donner le dégout. Le Télemaque est
Wle critique onctueuse de tous les príncipes monarchiques: "Le métier
de Roi
esf grand, noble, délicieux ... " avait écrit Louis XIV. "Quelle fo­
lie, dit Fénelon, de mettre son bonheur a gouvemer les hommes... O · in­
sensé, celui ·qui cherche 8 régner! Heureux celui qui se borne a une coll­
dition privée et paisible, ou la vertu lui est moins difficile... C'est u11é
servitude accablante ... "», op. cit., pág. 57. No hay nada de extraño, ·pues,
que al recibir la noticia de
la rimerte de su padre Luis XV, Luis XVI ex­
e~: «Quel fardeau! Et l'on ne m'a ríen appris. 11 me sem.ble que
l'univers va tomber
sur moil». A Reims, quand il re9)it la couronne: «Elle
me g&ie!», op. cit., págs. 89, 91.
37
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL PORADOWSKI
temporáneos, fue un hombre santo; amaba a su país, a su pue­
blo, a su patria, a Francia. Preveía la posibilidad de una
rebe­
li6n, de la revoluci6n e, incluso, del terror, pero no tenía miedo
y estuvo preparado para ofrecer su vida, si eso fuera necesario.
No tenía
miedo de sufrir la persecuci6n y el martirio, siempre
que su sacrificio fuera para
la gloria de Dios y el bien de su
pueblo.
Leía mucho sobre la revoluci6n inglesa de los años 1622-
1688
y, especialmente, sobre la vida y la muerte del rey Car­
los
I, víctima de esta revoluci6n, decapitado en Whitehall en
1649. Parece que encontraba una
similitud entre la suerte de
Cario I de Inglaterra y su propia situaci6n. Fue resignado e
in­
cluso, tal vez, deseaba el martirio, con el cual quería salvar a
Francia (33
). Frente a la Revoluci6n no demostr6 una voluntad
firme y no impuso su iniciativa, pues carecía de ella; actuaba
más bien según las circunstancias y las iniciativas de los demás.
Le acusaban de no actuar enérgicamente, pero el hecho de que
quería evitar una guerra civil y el
derrame de sangre de su pue­
blo explica su posici6n.
Recurría s6lo a la diplomacia, esperando
que las otras monarquías, interesadas por su propia suerte,
acu­
dieran con una ayuda adecuada. Esta ayuda vino, pero no fue
adecuada
y, en vez de salvar al rey Luis XVI y al reino de Fran­
cia, contribuy6 s6lo a despertar
mayor fervor revolucionario. El
hecho de no recurrir al ejército
tampoco evit6 el detrame de san­
gre, pues, de todas maneras, vino la cruel guerra civil, la V endée
y el Terror. Tal vez, por el contrario, la inmediata intervenci6n
de las tropas habría podido apagar la Revoluci6n al
comienzo e
impedir tantas masacres y hecatombes. Habría habido algunos
miles de muertos, pero no varios millones (34 ). Dios acept6 el
(33} El papa Pío VI, en su alocución con ocasión de la ejecución del
rey Luis XVI, elogia su vida de cristiano y lo llama «mártir»: « ... si-ttatta
di un cristiano che si crede abbia meritato la palma del martirio ... ». «Ab-
biamo la ferma fiducia che abbia felicemente scam.biato una corona regale
sempre fragile e gigli che sarebbero presto appassiti con l'altro diadema
imperituro, che gli angeli hanno 'tessuto di gigli immortali». Discorso te­
nuto in Concistoro, del 17-VI-1793. Citado en Cristianittl, núm. 166, fe..
brero de 1989, pág. 11.
(34) La polémica sigue al respecto: Secher calcula las pérdidas de vi-
38
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CAUSAS DE LA REVOLUCIO}{ PJUNCESA
sacrificio del rey Luis XVI y también el de su esposa la. reina
María Antonieta, la que, al principio de
su reinado, se comportó
de manera algo frívola, pero que después
de la llegada de la Re­
volución y la ejecución de su marido, espetando la suya, cambió
completamente su vida, siguiendo el ejemplo de su marido, y he­
roicamente aceptó su martirio, ofreciendo también su vida por
Francia. Así,
la larga lista de los mártires de la Revolución fran­
cesa es encabezada simbólicamente por sus reyes, los que, según
los conceptos de
la época, encamaban la Nación, la Patria, el
País, la Francia (35). Los acompaña en este martirio madame Eli­
sabeth (36
), hermana del rey Luis XVI y también su hijo, el
niño-rey-mártir Luis XVII (37).
Las cuatro causas inmediatas que se han analizado se refieren
sólo
al estallido de la Revolución, y actúan en ella hasta el final
del año 1793, pues, después de
la ejecución del rey Luis XVI
(guillotinado el
21 de enero de 1793) y de la reina María An­
tonieta (guillotinada el 16 de octubre de 1793) y del duque de
Orléans (guillotinado el 6
de noviembre del mismo año), la lu-
das durante la Revolución francesa en dos millones, Chaunu en cuatro
millones y medio y las estimaciones tradicionales insisten en los ocho mi­
llones.
(35) Las principales biografías al respecto son: Bemard FAY, Louis
Louis XVI, 3 vols., 1989¡ Henry CosToN, Proa,es de Louis XVI et de
XVI ou la fin J'un monde, 1955, 1966, 1981, 1985; Jean-Fran9Jis CHIAPPE,
Marie-Antoinette; Jacqueline CHAUVEAU., Plaidoyer pour le roi-martyr; Geor­
ges BoRDONOVE, Louis XVI, le roi-martyr; Marqués de la F'R.ANQUERI:E,
Louis XVI, le roi-martyry; L'Ouis XVI et Me.rie-Antoinette, Lettres, 1789-
1793; Jean CHALON, Chere Marie-Antoinette~· Gérard HuPIN, Marie-An­
toinette victime de la subversion; Nesta W:EBSTER, Marie-Antoinette inti­
tne; Monique de HUERTAS, Madame Elisabeth, soeur de Louis XVI; Yves
GRIFFON, Charles X, le roi méconnu.
(36) Guillotinada a la edad de treinta años, el día 10 de mayo de
1794; véase la obra de Noelle DESTREMAU, Une soeur de Louis XVI: Ma­
dame Elisabeth.
(37) Marina GREY, Enquete sur la mort de Louis XVII,· S. Madelei­
ne-Louise de, L'enfant Louis XVII et son mystere, 1957; Philippe CoN­
RAD, Louis XVII, l'énigme du roi perdu; BBRGE, Naundorff était bien
Louis XVII.
39
Fundaci\363n Speiro

J,UGUEL ··POkd.DOWSKI
cha revolucionaria por el poder monárquico y el papel de ambos
contricantes, es decir, del rey Luis XVI y del duque de 0rléans,
termina,
como· también terminan los problemas · de los Parlamen­
tos
y de los impuestos, pues los Parlamentos dejan de existit y
los problemas de impuestos dejan de ser un asunto de la monar­
quía y
·del régimen tradiciorutl, convirtiéndose en un «dolor de
cabeza» de la Revolución, la cual, según sus cambiantes etapas,
impone nuevos sistemas de impuestos.
Por supuesto, la lucha por conservar el régimen monárquico
y por el poder real sigue adelante, pero
ya con otros actores. Los
monárquicos ahora consideran como rey legítimo, primeramente,
al hijo del rey Luis XVI, es decir, a Luis XVII y, después de su
muerte, al hermano de Luis XVI, el conde de Provenza, quien
vive fuera del país.
Ahora bien, en la medida
en que se desarrolló el proceso
revolucionario, aparecen las causas de sus etapas, fas que son mu­
chísimas, y, por ende, es imposible analizarlas todas. Sólo se pue•
den m Así, la causa concreta inmediata
de la Constitución Civil del
Oero (1780) aparece como una consecuencia de la rebeliqn de
los Estados Generales,
es decir, a raíz' de la transformación de
éstos
en Asamblea Nacional (38), pues, desde este momento, los
«Estados» dejaron de existir: el del
clero, el de la nobleza· y el
«Tercer Estado»,•
es decir, el de los que no pertenecían ni al
clero,
ni a la nobleza y que correspondía -al nombre poco pteci­
so de.la «burguesía», todos pasaron a la categoría común de «ciu-
(38) Probablemente, es la pi-imet'a vez que se usa en Francia la ex~
presión «nacional» en el sentido derivado de la palabra «nación», y .ho
como
se la usaba corrientemente (y se sigue usandó actualmente), en el
sentido «del país» ( como, por ejemplo, «le produit national» quiere decir
«el producto no importado»). Además, la· expresión «Asarnblea Nacional»
es
usa.da no en el sentido de· que -esta «Asamblea» representa-a la' Nación~
sino en el sentido de que ella es la Nación, como, hasta este momento,
la monarquía se
ideñtificaba con la Nación. Es SieyCs quien separa -la· Na~
ción de la: monarqtiía y la. identifica con la Asamblea, y lo hace en su
libro, ¿Qué" es el Tercer Estado'?, publicado pocós meses .antes-de e5tos
acontecimientos.
40
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CAUSAS DE LA REVóLUCION FRANCESA.
dadanos» (citoyens). En consecuencia, la Iglesia se encontró en
un vacío jurídico e institucional desde
d punto de vista dd de­
recho público. No teniendo carácter de una institución jurídica,
tampoco podía ser «propietaria» de sus bienes ( casi ya comple­
tamente confiscados anteriormente) ni adquirir nuevos. Probable­
mente el sacerdote
Sieyes y los demás obispos y sacerdotes que
tuvieron
la iniciativa de formar la Asamblea Nacional, no se die­
ron cuenta de que estaban de esta manera arruinando todo
el
sistema tradicional y con él. también a la Iglesia, como institu­
ción jurídica. Para solucionar este problema
se elaboró la «Cons­
titución Civil del Clero»,
la cual otorgaba carácter jurídico a la
Iglesia, estatalizándola al mismo tiempo que se creaba un nuevo
régimen
político, es decir, un nuevo Estado, el cual, por el mo­
mento, era una monarquía constitucional (39).
El otro ejemplo concreto de una causa
inmediata de las dis­
tintas etapas del proceso revolucionario es la «libertad de pren­
sa»; cada etapa de
la Revolución francesa es precedida y dirigi­
da por una campaña de propaganda ( diarios y folletos); adeinás,
sus redactores y editores aparecen y desaparecen, siendo· guillo­
tinados; así,
la guillotina decide la suerte de los dirigentes po­
líticos, encontrándose, como instrumento de terror, en laS ma­
nos de los gobernantes de turno. Respecto de la prensa, escribe
Rivarol: «Las causas de esta revolución... debemos casi todo a
la libertad de prensa. Los filósofos enseñaron al pueblo a bur­
larse
de. los. sacerdotes, y los sacerdotes no están ya en condicio­
nes de hacer respetar a los reyes, causa palmaria de debilitanüen;
to de los poderes. La imprenta es la artillería del pensamiertto.
No es lícito hablar en público, pero es lícito escribir cualquier
cosa; y si no se puede tener un ejército de oyentes, es posible
tener un ejército de lectores» ( 40 ).
(39) El rey Luis XVI postergaba su decisión en este asunto, prdba.
blemen.te esperando la reacción de la Santa Sede; ·pero, presionado. pot ·1a
Asamblea, firmó el decreto correspondiente, y lic'l co:hdena del Papa -vino
ya demasiado tarde para los efectos jurídicos, y sólo provocó la resistencia
de-una parte de los obispos y del clero, cruelmente perseguido.s.
(40) RrvAROL, op. cit., pág. 78.
41
Fundaci\363n Speiro

MfGUEL PORADOWSKI
Otra de las causas de las distintas etapas de la Revolución
es el ejército. En este tiempo, casi en todos los países europeos,
el ejército pasa por una profunda crisis, pues de la tradicional
institución de caballería, compuesta exclusivamente por la noble­
za (41), se transforma en una institución nueva de militares pro­
fesionales, provenientes de todos los grupos sociales. Es un pro­
ceso lento, largo y muy complicado, además vinculado con otro,
a saber, con el proceso de transformación
de los .caballeros no­
bles en terratenientes, dedicados a la agricultura, aunque no de
todos, pues una parte de ellos abandona el campo y
se traslada
a la ciudad, dedicándose, sea a las profesiones liberales (aboga­
dos, médicos, científicos, etc.), sea a buscar los éxitos en el
co­
mercio, en la industria o en las lejanas colonias. Curiosamente,
en la misma época, algunos habitantes de la ciudad emigran al
campo, para dedicarse a la agricultura,
mezclándose, por los ma­
trimonios, con la nobleza y recibiendo títulos (la noblesse de
robe).
De todas maneras se trataba de una crisis, a pesar de que
las tradiciones de la caballería seguían todavía muy vivas.
Inclu,
so, poco antes del estallido de la Revolución, aparece una dis­
posición jurídica (La Loi Ségur, 1781), la cual guarda los grados
de oficiales exclusivamente a
la aristocracia.
Quince
afios antes de la Revolución francesa, muchos jóve­
nes nobles viajan, eomo voluntarios, a la América del Norte,
para luchar por la Independencia de los Estados Unidos, es
de­
cir, de las antiguas colonias inglesas, y, al volver a Francia, traen
nuevas ideas «democráticas», es decir, contrarias a las tradicio­
nes europeas de la estructura social compuesta por los distintos
«estados». Así, poco a
poco, en las fuerzas armadas se impone
la tendencia a borrar las diferencias entre los soldados y los
ofi­
ciales, y a ha= caso omiso de la procedencia aristocrática o del
«pueblo»; viene el fenómeno de la «fraternización», basada no
solamente en
la ética cristiana, sino también en algunas ideolo­
gías de moda, especialmente
en la «igualdad» fomeatada por las
logias masónicas (42).
(41) Véase León GAuTIER, La Chevalerie.
(42) Gaxotte escribe al respecto: «Il y a, dans les régiments, vingt.
42
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
Este proceso sociológico de cambio en el ejército está vin­
culado también con otro, llamado la «revolución industrial»,
coincidente en el tiempo.
Se trata del fenómeno sociológico de la
«despersonalización» de la lucha militar.
En la Edad Media, los
caballeros combatían contra los caballeros, una persona contra otra
persona, incluso, frecuentemente,
descubrían su rostro para dar a
conocerse, para «presentarse» el uno al otro, para que el «ene­
migo» sepa con quién pelea. La revolución industrial cambia ra­
dicalmente esta relación personal
en una relación casi «mecánica»,
introduciendo nuevas armas, especialmente las
de fuego y a lar­
ga distancia; además se usa poco después la ametralladora. Ocu­
rre
de maneta parecida a la relación del trabajo manual, el cual,
sirviéndose de la herramienta, es plenamente personal y viene a
«mecanizarse» cuando la herramienta (la cual es la prolongación
de la mano, es decir, de la persona)
es reemplazada por la má­
quina; así, la relación de lucha se despersonaliza en la medida
en que la espada viene a set reemplazada por
el fusil y, pronto,
por la ametralladora. Esta despersonalización es
parte también de
la «descaballerización» del combate
militar; ya no se necesita ser
un «noble» para ser militar, sea oficial, sea soldado.
El ejército
se abre a todos, pues la defensa
de la Patria deja de set un pri­
vilegio exclusivo de la nobleza; sin embargo, las virtudes de la
tradicional caballetía siguen presentes en el nuevo ejército de
la monarquía.
Con el advenimiento de la Revolución francesa estos cam­
bios en el ejército francés se complican por varias razones. En pri­
met lugar por el hecho de que una parte considetable de la aris­
tocracia,
es decir, de los oficiales, emigra, siguiendo a los het­
manos del rey Luis XVI, es decir, al conde de
Provenza y al
conde d'Artois;
así, las tropas leales al rey Luis XVI carecen
de oficialidad aristocrática, vinculada emociona:lmente con la mo­
narquía.
En segundo lugar, por el hecho de que la misma Revo-
cinq loges militaites ou officiers et soldats fraternisent dans le culte de
l'égalité. A loge '1Union", de Toul-Artillerie, le vénérable est un sergent,
tanclis que le colonel, marquis d'Havrincourt, n'est que le dé1.égué du
Gran Orient», op. cit., pág. 81.
43
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL .PORA.DOWSKl
lución crea sus propias fuerzas armadas revolucionarias, es de­
cir, educadas y fom,adas en base a las ideologías de la Revolu­
ción. Seguramente los militares que integran estas tropas no son
menos patriotas que los de las tropas
leales a la monarquía; sin
embargo, carecen de motivaciones sentimentales para identificar­
se con la causa de la monarquía y, por el contrario, se identifican
con los ideales de la Revolución y de la República. Viene la
di­
visión en las tropas: unos siguen leales a la monarquía, la cual,
para ellos, se identifica con la Patria, con el País y con la Nación,
y otros siguen leales a la Revolución y
a. sus ideales de carácter
universal de Libertad, Fraternidad e Igualdad. El momento cru­
cial
de esta división viene con el complot del general Dumou­
riez. Este complot surge después de la decapitación del
rey Luis
XVI;
los que integran el complot son los monárquicos, que re­
conocen como rey de Francia al hijo de Luis XVI, es decir, a
Luis XVII,
el rey-niño, a quien quieren colocar en el trono, ase­
sorándolo con un regente. A pesar de que el general Thrmouriez
gozaba de una extra.ordinaria autoridad y popularidad entre : los
militares, no tod8s las tropas compartían sus planes de restaura­
ción de la monarquía y, por ende, el complot fracasó.
Con oca­
sión de este fracaso se . afirmó la división en las tropas de Fran­
cia:
unoo seguían leales a la monarquía y otros a la Revolución.
Además, en las etapas siguientes del proceso revolucionario, el
ejército revolucionario
se alejaba cada vez más de las tradicio­
nales virtudes militares, degenerando en la inmoralidad y la cruel­
dad. La guerra civil de la V endée separó todavía más estas dos
posiciones, pues las tropas revolucionarias, con una crueldad es­
pantosa, exterminaban la población civil de la Vendée, protegida
por las
. tropas leales a la monarquía, y que se identificaba con la
Tradición y la fidelidad a la fe
cristiana. La trágica división de
todo el pueblo de Francia,
provocada por la guerra civil de la
Vendée,. se manifestó especialmente en el ejército francés. Esta
situación sigue siendo viva a lo largo de toda la historia de la
Francia posrevolucionaria, hasta hoy
día (

4 3
), y se ha manifestado
(43)' Comt> consta del siguiente telegrama de AFP: «VALMY; Fhilicia,
16 de septiembre de 1989. La victoria de los revolucionarios franceses
44
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LA REVOLVCION-· FRANCESA
en forma muy dolosa y trágica con ocasión .de .la segunda guerra
mundial y la ocupación de Francia por
las tropas alemanas; el
conflicto entre Pétain y De Gaulle no fue solamente entre estas
dos personas
y sus distintas visiones de la situación política du­
rante. la segunda guerra mundial, pues,
en el fondo, se trataba
de los ,dos distintos conceptos del ejército: uno fiel a toda la
tradición de Francia y
el otro fiel principalmente a la Francia
nueva, surgida de la Revolución francesa.
Ambas corrientes tienen un papel importantísimo durante
todo,
el proceso revolucionario; la corriente revolucionaria se im­
pone con el general Napoleón Bonaparte y sus guerras en casi
toda Europa, mientras que la corriente fiel a la monarquía ayu­
da a restaurarla con los reyes Luis XVIII y Carlos X.
Durante la Revolución francesa nace
un nuevo Estado fran­
cés que, después de 1793, reemplaza a la monarquía tradicio­
nal. Este nuevo Estado se identifica con la visión de Hobbes
del Estado-Leviatan, el Estado-Monstruo, que pretende «estatali­
zar» todo: la
economía, la sociedad, la educación, la salud e, in­
cluso, la religión. Crece enormemente la cantidad de los funcio­
narios y aparece la burocracia. Antes de la Revolución, la monar­
quía francesa no pretendía desempeñar un papel protagonista en
la economía (la cual, mayormente todavía, era agraria); la edu­
cación y todos los asuntos de la salud (hospitales,
casas para an­
cianos y niños huérfanos e inválidos) estaban tradicionalmente
a cargo de
las iniciativas particulares, principalmente de la Igle­
sia. Así, hasta el término de
la monarquía ( gue viene con la de­
capitación del rey Luis XVI), el Estado-Monarquía fue muy li­
mitado y poco intervenía en la vida social, económica y cultural,
sobre los prusianos monarquistas en i 792, en la batalla de V almy, fue
celebrada hoy por
el presidente Fran~is Mitterr8nd, quieri tatribién se re­
firió al malestar que reina actualmente en el ejército francés. En Valmy,
una pequeña aldea de la Champafia, Mitterrand asistió a un. espectácul_o
llamado «Nacimiento de una nación» -pues esa ba4ill«',, salvó l_a. Revolu~
ción francesa (1789} y puso las bases de la República-, en un acto_ que
constituyó la última gran conmemoración del ·Bicentenario» (El · .MerCU­
rio, 17'IX-1989).
45
Fundaci\363n Speiro

MIGUEL POR.d.DOWSKI
gracias a lo cual la iniciativa particular gozaba de un espacio casi
ilimitado.
La. confiscación de los bienes de la Iglesia y la siguiente es­
tatalización de ella por la Constitución Civil del Clero ( 1790) pro­
voca la ruina tanto de las instituciones educativas
eclesiásticas
(y, como lo hemos visto, no habría otras fuera de éstas), como
también de las de
la salud (hospitales, casas para los ancianos y
huérfanos): de
ahí la necesidad de la urgente intervención del
Estado, una intervención que exige un aumento considerable de
funcionarios, situación que
se proionga hasta hoy día, a pesar
de que la Iglesia,
al recuperar su independencia frente al Es­
tado, empezó de nuevo a preocuparse por !a educación y por las
obras de caridad. Sin embargo, una vez empezado
el crecimiento
de! aparato burocrático estatal, este proceso no disminuye, sino,
por el contrario, sigue aumentando durante los dos últimos siglos,
especialmente desde la aparición del socialismo. Además, no hay
que olvidarse
de que la catástrofe en el campo educacional y de
la salud no se debe exclusivamente a
la confiscación de los bie­
nes de la Iglesia, los cuales servían al mantenimiento de las es­
cuelas y de los hospitales, sino, ante todo, a la exterminación
de !os sacerdotes-educadores y de
las monjas-enfermeras, pérdidas
que no pudieron ser recuperadas sino solamente depués de varios
decenios.
Un
import1111te papel de! carácter de las «causas inmediatas»
de las etapas de! proceso revolucionario, lo han tenido también
varios grupos sociales, interesados en la llegada y en
el desarro­
llo de la Revolución.
Los hubo y muchos. Como ejemplos ilustra­
tivos de este' aspecto sólo recordemos algunos. Fuera
de la ante­
riormente mencionada masonería, conviene al menos tomar en
cuenta a los siguientes: un grupo del clero católico, los judíos,
los «capitalistas» y los protestantes.
El papel nefasto de un grupo del clero católico entusiasta de
la Revolución fue, sin duda, de extraordinaria importancia, no
solamente por lo que aportó al proceso revolucionario, sino, ante
todo, por la desorientación que provocó entre toda
la población.
El mismo hecho de la existencia de este grupo contribuyó a la
46
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LA RBVOLUCION· FRANCESA
desunión de los católicos -una situación algo parecida a la ana­
lizada anteriormente en el ejército--- que perdura hasta hoy día,
pues unos siguen leales y fieles a toda la tradición de la Fran­
cia católica más que milenaria, mientras que otros se identifican
con
la Revolución y sus ideales anticristianos, afirmados en la so­
ciedad francesa durante los últimos doscientos años ( 44 ).
Recordemos que Ja enorme mayoría del claro diocesano y de
los monjes y las
monjas estaban contra la Revolución, pues ésta,
desde un principio, tuvo un carácter evidentemente anticristiano,
y empezó con una cruel persecución de la Iglesia. Sin embargo,
un pequeño,
pero muy importante, grupito de sacerdotes. y obis­
pos
se entusiasmó con la Revolución e, incluso, desempeñó en
ella un papel de extraordinaria importancia, pretendiendo exten­
derla incluso a
la misma Iglesia. Este grupito contribuyó a la
preparación de la Revolución, a
su estallido y después a,! mismo
proceso revolucionario de
cambios, a pesar de que, al menos al­
gunos de ellos, se oponían al Terror y a la burla de la religión.
Es muy probable que, sin el apoyo
de parte del clero entusiasta
de los cambios, la Revolución no hubiera tenido lugar o, a,! me­
nos, habría terminado en la «primera etapa», es decir, en una
monarquía constitucional. Desgraciadamente, un sector del
cle­
ro influenciado por el pensamiento de Voltaire y de Rousseau de­
seaba realizar cambios radicales incluso en la misma Iglesia, «de­
mocratizándola» por la introducción de elecciones de los obispos
y de los párrocos por la feligresía ( 45).
Uno
de los más importantes en este grupo fue Emmanuel
Sieyes (1748-1836), quien toma parte en la preparación de la
Revolución y después es activo en ella durante todo el tiempo
de su desarrollo, haciéndose responsable de muchos de
sus as­
pectos. Curiosamente, evitó ser guillotinado, a pesar de que Ro-
(44) Una situación muy parecida a la actual en países donde una par­
te del clero se identifica con la anticristiana revoluci6n marxista.
( 45) Lo cual fue iotroducido por la .Iglesia» estatizada (la Constitu­
ci6n
Civil del Oero, 179!)), con la ónica diferencia de que en lugar del
voto
de los feligreses se otorg6 el voto a los habitantes del lug,ir, entre
los cuales hubo también no católicos (protestantesf judíos, ateos, etc.).
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M1G.UEL POM.DOWSKI
be$pierre lo ocusó públicamente de conspirar . contra la libertad,
lo que equivalía condenarlo a la guillotina ( 46).
En el Seminario .de Saint-Sulpice tuvo dificultades, y sus pro­
f<;s9tes· fueron contrarios a que fuese admitido a la ordenación
sacerdotal, y
pot esta razón· continuó su. formación en el Semina­
rio Saint,Firmin,. siendo ordenado ·sacerdote en 1772. Durante
sus estudios se destacó como
un entusiasta .de Voltaire y de Rous·
seau. Empieza su carrera eclesiástica
como vicario general del
obispo de Chartres. Pronto goza de gran popularidad debido a
la. publicación de varios folletos sobre temas de política contin,
gerite. En el primero de ellos ataca violentamente el régimen po­
lítico tradicional, especialmente a los privilegios (Essai sur les
privileges). Según sus biógrafos, Sieyes es un hombre «resenti­
do>>; en una carta a su padre, refiriéndose a la posibilidad de re­
cibir un buen puesto, escribe que, si esto resulta, «je devenais
tour, au lieu que je ne suis ríen» (voy a ser «todo», en lugar de
ser «nada»). Este estado interior de resentimiento lo proyecta a
la sociedad
y, especialmente, al estrato socia:l con el cual se iden­
tifica, la «bnrguesía», en
su tiempo llamada el «tercer estado».
Escribiendo su famoso ensayo
«¿Qué es el tercer estado?» (Qu'
est-ce que le tiers-état? ), contesta: «nada»; y ¿qué quiere ser?
«todo» ( 47). Pero, ¿qué quiere decir este «todo»? Evidente-
(46) Robespierre lo llamó «el topo de la Revolución» (La taupe de
la Révolution), además describió la actividad del «topo»-de la manera siM
gt1iente: «11 ne cesse d'agir dans les souterrains de l'Assemblée; il soulCVe
les tettes et dfspara!t, il crée les factions, les pousse les unes contre les
aiitres et se tient ·a l'écart pour en profiter erisuite 'si' les circunstance's lui
conveniennent. II est plus dangereux et plus coupable envers la· liberté
que tous ceu:x dont la. loi a: fait jus_tice jusqu'. ce jour», Histoire et dic­
tifmnaire de la Révolution franfaise> 1789-1799, Ed. Robert Laffont,_ 1987,
1988, pág. 1.097.
(47) Jean-Denis Bredin, uno de los biógrafos de Sieyes y analista de sus
escritos,
al respecto informa: ·.«Ouunfort se serait vanté d'avoir soufflé a
Sieyes ces formules devenues fameuses: "Qu'est-ce que le Tiers: état?
-:ToUT. Qu'a-t-il· été?~RxEN' En :téalité, on trouve deja ces formules-. daos
fa-. correspondance ·antérieure de .SieyCs avec son pete. ºSi la chose .. .etit
réussi", ,écrivait-il ·A ;son_.~ en juin 1773, faisant allusion-A tui ,._,bénéfi­
ce" ecclésiasrlque , .. qu'il avait, un moment, espéré de l'influence · de sori
48
Fundaci\363n Speiro

CAUSAS DE LI REVOLUCION FRANCESA.­
mente, el afán de tomar el poder. El ensayo de Sieyes ,:¡¡:presa no
solamente las ambiciones
de su autor, sino ante todo las de la
burguesía de su tiempo: llegar
al poder, acaparar la totalidad
del poder e, incluso, mucho más: reclama que la burguesía
es la
Nación, no la nobleza, no la monarquía, sino exclusivamente la
burguesía, el «tercer estado» se identifica con la Nación y, por
ende, reclama
la soberanía ( 48 ). Según Sieyes, el rey no es el so­
berano en Francia, sino la Nación (la burguesía).
Pero,
¿cómo r~ar este cambio tan radical? ¿Cómo des­
tronar
al. rey y quitarle eil poder? ¿Cómo colocar a la burguesía
en el lugar del
rey? La contestación de Sieyes es clara: por el
camino de la Revolución. Para Sieyes, pues, la Revolución es
una necesidad absoluta para que la Nación (la burguesía) llegue
a ser
el ·soberano.
En el fondo, Sieyes es un disdpulo de Rousseau, con la di­
ferencia de que
el concepto abstracto de la «sociedad» o del
«pueblo»
es reemplazado por un concepto concreto, histórico, el
de la Nación-burguesía.
Así, la Revolución es para Sieyes el único camino para que
la burguesía -que se identifica con la Nación-llegue al poder
y asuma
la soberanía. Otro biógrafo de Sieyes escribe: «El ca­
nónigo de la catedral de Chartres y vicario general de esta dióce­
sis es
el primer y el más profundo analista de la Revolución fran­
cesa» (49). Esta burguesía, que pretende ser la Nación, deviene
p_rotectettt, Hje devenais TouT, au lieu que je ne suis RmN"». En la in­
troducción al ensayo de S1EYEs, «Qu'est-ce que le tiers-état?», ed. F1am­
marion, 1988, pág. 14.
(48) En el tiempo de la Revolución francesa, Sieyes, probablemente
todavía más que Rivatol, contribuyó a la elaboración de la doctrina del
nacionalismo; sin embargo, hay una gran diferencia entre ellos, pues para
Rivarol lo esencial del nacionalismo es la tradición, la monarquía, la mile­
naria cultura francesa católica (si se trata del nacionalismo francés), mien­
tras que para Sieyes la Nación empieza con la Revolución, con el adve­nimiento de la moderna burguesía capitalista, la cual admite generosamen­
te a los demás sólo
si se adhieren a la ideología burguesa, es decir, al liberalismo, individualismo y la democracia.
(49) Keit Micbael Baker, SraYJls, en Dictionnaire critique de la Ré­volution fran~aise, Flammarion, 1988, pág. .334.
49
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~IGUeJ,. PO:RA.DOWSKI
en este momento histórico nna fuer: ambiciones
y poderosa,' pues dispone de los recursos, del dine­
ro, del capital. Sin embargo, su fu= no se limita a lo material,
a
la riqueza, que viene principalmente del comercio y de la in­
dustria;
recurre a las fuerzas morales, reclama 1a plena realiza­
ción de
la justicia social, recogiendo al respecto el nuevo pensa­
miento . de los escritores que cuestionan el régimen tradicional,
en
el cual la justicia se realiza por la monarquía: el rey da a cada
cual lo suyo,
lo que le corresponde según las tradicionales nor­
mas jurídicas
y los privilegios. Precisamente este tradicional sis­
tema llega a ser cuestionado durante todo el siglo XVIII y ca­
tegóricamente rechazado por Rousseau, como inaceptable para
una democracia fundada en
el «contrato social». Sólo la «volun­
tad general»
(la volonté générale) puede realizar !la justicia ge­
neral y, especialmente, la justicia social Sieyes se ubica en el ra­
zonamiento de Rousseau,
mas introduce en él el concepto aná­
logo a la «volonté générale», la «volonté nationale». En sus en­
sayos:
«Essai sur les privileges», «Vues sur les moryens d'éxécu­
tion dont les représentants de la France pourront disposer en
1789» y, ante todo, en «Qu'est-ce que le tiers état?» discute so­
bre estos temas, fomentando ante todo los debates en los clubs
jacobinos a los cuales pertenece.
Sieyes rechaza brutalmente toda la tradición; todo el pasado
histórico lo condena a la radical destrucción, para que se
pueda
empezar de cero (50). Extraiía esta posición de un cristiano y to­
dav{a de un sacerdote, pues toda la tradición de Francia es una
tradición profundamente cristiana; Francia es una obra
de la
Iglesia, como lo reconocen casi todos los historiadores
de ella, lo
que no quiere decir que todo fuera períecto e incrlticablec Des-
(50) •Pour Sieyes, comme pour Mably, l'histoire de France est une
histoire politique de l'oppression, de l'usurpation et d l'expropiation, non
une histoire juridique de l'évolution et de la continuité de formes légales
et constitutionnelles.
De_ cette analyse il résulte ·qne le précédent n'est
plus
rien d' autre que le drOit intolérable de ]a conql.lete, et que la seule
maniere légitim.e de ·faire appel a l'histoire c'est de revenir a ce point
zéro ... », op. cit., pág. 337.
50
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CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
graciadamente, Sieyes da más importancia a los escritos de Vol­
taire y de Rousseau que a la enseñanza del Evangelio; en reali­
dad,
«su» evangelio es el «Contrato socil11» de Rousseau.
Sieyes no tenía fe en el Evangelio y en la enseñanza de la
Iglesia; sólo tenía fe en la Revolución y sólo de ella esperaba la
solución de todos los problemas y, especialmente, de la justicia
social en un nuevo régimen del porvenir y de
a. recién nacida
burguesía capitalista, representante de un liberalismo económico
de tendencias universales. A esta burguesía la identifica con la
Nación y
para ella reclama todo el poder, pues la Nación es la su­
prema realidad política (51). Sin embargo, cuando los Estados
Generales se transformaron en Asamblea Nacional (17 de junio
de 1789),
Sieyes identifica a esta Asamblea con la Nación, re­
clamando para ella la totalidad de la autoridad, pues es ella
la que interpreta y representa la «voluntad general de la Na­
ción» (52). A veces Sieyes usa c,J concepto de «voluntad nacio­
nal» y a veces el de la «voluntad general», como también el con­
cepto de la «voluntad general nacional», para presentar su pensa­
miento siempre dentro de la visión rousseauniana. Es la «volun­
tad nacional» la base de
la legitimidad. Sin embargo, hay que te­
ner siempre presente que su concepto de la Nación y de lo «na·
cional» no es el de hoy día, pues se identifica sólo con la burgue­
sía capitalista (53 ).
A Sieyes se le atribuye la iniciativa de la creación del Co­
mité de Salud Pública, conocido por su crueldad. También. Sie­
yes entra en el Consejo de los Quinientos (le Conseil des Cinq­
Cents).
En el año 1798 es representante diplomático en Berlín
(51) «La na.tion existe a.vant tout, elle est !'origine de tuot. Sa. vo­
lonté est toujours léga.le, elle est la loi elle-m6ne». Qu'est-ce que le tiers­
état?, ed. Flammarion, 1988, pág. 127.
«La nation se forme par le seul droit naturel»; «La nation est tout ce
qu'elle peut ~tre par cela seul qu'elle est»1 op. cit., pág. 129.
(52) «La. volonté nationa.le ... n'a .besoin que de sa réalité pour étre
toujours légale, elle est !'origine de toute légalité», op._ cit., pág. 130.
(53)
«Le Tiers embrasse done tout ce qui appartient a la nation; et
tout ce qui n'est pas le Tiers ne peut
pas se regarder comme étant de la
nation.
Qu'est-ee que le Tiers? TouT», op. cit., pág. 41.
51
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MIGUEL PORADOWSKI
y en el año 1799 integra el Directorio. Al presenciar el desastre
y el fracaso de la Revolución, tiene
Ja iniciativa de buscar la sal,
vación del país recurriendo a algún militar para que el ejétcito
se encargue de la situación. Primeramente se hace partidario del
general Joubert, pero la muerte de Joubert en la batalla de Novi
lo inclinó a favor del candidato presentado por Telleyrand, es
de­
cir, a favor del general Napoleón Bonaparte, quien integró el
grupo de los tres cónsules, junto con Sieyes. Sin embargo, esta
vez, los proyectos e ideas de
Sieyes no siempre encontraron la
aprobación
de parte de Napoleón. En el período del Imperio,
Sieyes queda algo «arrinconado» y, cuando vuelve la monarquía
de Luis
XVIII, como regicida, está exHado a Bélgica (pues votó
en favor de la ejecución del rey Luis XVI), sólo vuelve a Fran­
cia después del año 1830.
Sieyes fue uno de los más importantes protagonistas de la
Revolución francesa, como
un hombre de iniciativa, totalmente
entregado a la Revolución, sin buscar su propio provecho; para
él la Revolución francesa fue esencialmente una revolución bur­
guesa.
Su ensayo
«Qu' est-ce que le tiers-état?», escrito al final del
año 1788, fue publicado en enero
de 1789 y tuvo una cin:ula­
ción extraordinaria; fue editado en treinta· mil ejemplares, pero
se calcula que tuvo más de
un millón de lectores; pronto salen
otras ediciones: las de 1796, de 1799, de 1822, de 1839, de
1888, de 1988.
Se trata de un programa concreto de la Revolu­
ción (burguesa) y casi completamente realizado bajo la dirección
de Sieyes, empezando
por «su» revolución del 17 de junio de
1789,
la cual destruye el régimen tradiciomtl de «Estados»; fue
él quien «abrió» la Revolución francesa en 1789 y él quien la
«cerró» oficialmente
en 1799, siendo el Presidente del Senado;
es también
él quien, colaborando con Napoleón, la «petrifica» en
las legislaciones y en Código Civil de Napoleón.
El ensayo «Qu'est-ce que le tiers-état?» es una presentación
práctica y operante
del abstracto pensamiento de J. J. Rousseau,
pues
Sieyes es el más fiel discípulo de Rousseau y su continuador.
Gracias a
Sieyes las teorías de Rousseau penetran profundamente
52
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CAUSAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
en la legislación y en las declaraciones de la Revolución francesa
y, especialmente, en las Constituciones.
En el ensayo «Qu'est-ce que le tiers-état?», Sieyes se pronun­
cia en favor del concepto mecanicista de la sociedad, pues deja
el
tradicionrul concepto orgánico de la sociedad humana, tan a=­
tadamente presentado por Aristóteles en base a la ,analogía con
el cuerpo humano, sobre el cual fue fundado el régimen tradi­
cional. Según
Sieyes, la sociedad humana, resultante del «contra­
to social»,
es nada más que una máquina (54 ). Sieyes también
fue un relativista, pues, al final de su ensayo sentencia: »todo
es relativo» (55).
Fuera de Sieyes, hubo muchos otros sacerdotes
o, más bien,
exsa=dotes católicos que también, consciente o inconscientemen­
te, contribuyeron
rul estallido de la Revolución francesa y a su
plena
realización. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se
trata de personas ingenuas, que nunca faltan en ninguna revolu­
ción. Estas personas, a veces, actúan con gran sacrificio. y entu~
siasmo, exponiendo generosamente sus vidas y sus -bienes, sin
datse cuenta de que están cavando sus propias tumbas, y, al fi­
nal, declatan que ellas no esperaban tan trágicos y funestos re­
sultados: Lenin los llamó los «tontos útiles». Así fue durante la
Revolución francesa, bolchevique, hitlerista, etc., y así es hoy
día en las revdluciones marxistas-comunistas
en todo el mundo.
Desgraciadamente, poca gente aprende algo de la historia.
Hay
pocos estudios serios sobre el papel de los judíos en la
Revolución francesa (56). Lo judíos, gracias a la Revolución fran-
(54) «Jamais on ne comprendra Je mécanisme social, si l'on ne prend
le parti. d'analyser une société comme une machine· ordinaire, d'en ronsi~
dérer séparément chaque partie et de les rejoindre ensuite en esprit toutes
l'une
aptes l'autre, afin d'en. saisir les accords et d'entendre l'harmonie
génétale qui en droit résulter», op. cit., pág. 123.
(55) «Tout est
relatif», op. cit., pág. 179.
(56) Tal vez, uno de los estudios
más serios sobre este tema es -la
obra de Joseph LÉMANN, Les Juifs dans la Révo.lution fran,aise, Avalon,
1889, 1989, romo también su otra obra, L'entrée des Israélites dans la
société franraise. Los .hermanos mellizos judíos Joseph y Augustin Lémann
se convirtieron al catolicismo, terminaron los estudios teológicos en el Se-
53
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MIGUEL PORADOWSKI
cesa, consiguieron una plena emancipacron civil y también una
ilimitada posibilidad
de todo tipo de actividades, lo que ellos mis­
mos subrayan (57). En el régimen tradicional feudal y corpora­
tivo, penetrado profundamente por
la moral ctistiana, los judíos
no podían sentirse c6modos, a
pesar de que gozaban de muchos
privilegios, otorgados por los monarcas.
La Revolución francesa,
siendo una destrucción radical del régimen tradicional económico­
social-político y, a
la vez la construcción de un régimen nuevo,
radicalmente laico,
liberal y tolerante de todas las religiones me­
nos de la católica, crea las condiciones ideales para los judíos.
De
ahí la justificación también y en este caso del dicho is fecit
cui prodest y la sospecha, a veces comprobada (58 ), de que los
judíos fueron muy activos en toda clase de cometidos subversi­
vos y revolucionarios antes y durante
la Revolución, principal­
mente dentro de los clubes jacobinos.
Ya antes de la Revolución, muchos judíos
se han mezclado
con toda
la población, asimilándose e integrándose en la burgue­
sía, especialmente como artesanos, médicos, abogados, comercian­
tes, banqueros, ingenieros y empresarios; fue
el caso especial­
mente
de los judíos sefarditas, llegados a Francia desde España
y Portugal, en los
siglos XV y XVI. Los judíos llegados desde Ale­
mania vivían principalmente en Esrrasburgo y en Metz. En vís­
peras de la Revolución hay también varios grupos que viven en
minario y recibieron la ordenación sacerdotal; se destacaron por su ex­
traordinario celo apostólico, la profundidad de la vida espiritual y la or­
todoxia teológica. Monseñor Augustin LÉMANN es el autor de las obras:
Histoire complete de l'idée messianique chez le peuple d'ls,ael; La Vierge
et l'Emmanuel ( tres volúmenes).
(57) Véase: «La circulaire du rabin de París sur le centenaire de 1789»-,
texto reproducido en la obra de Joseph LfMANN, Les Juifs dans la Révo­
lution fran,aise,
op. cit., pág. XII.
(58) «Les liaisons des juifs avec les sociétés secrétes commen~ent a
devenir tres étroites ... ce fut surtout la loge des Philalethes ou Amis réu­
nis qui dirigea,, dans la capital, le niouvement révolutionnaire de 1789 ...
or, il se pourrait que cene secte des Philalethes ait eu, sinon une ori­
gine juive, du moins une inclination tres prononcée, d~ sa formation,
pour la gent circoncisée», Joseph LÉMANN, Les juifs dans la Révolution
franraise, 1988, pág. 81.
54
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CAUSAS DE LA RBVOLUCION- FRANCESA
París. Probablemente, en total, no sobrepasen los trescientos
mil (59). Sin embargo, sus dirigentes, especialmente !os rabinos,
fueron
muy activos en la Revolución ( 60 ). Gracias a la Revolu­
ción
lograron integrarse plenamente en la sociedad francesa y
pronto se destacan en todos los sectores de la cultura, lo que está
constatado con ocasión del centenario
de la Revolución (61). No
extraña, pues, que los judíos que habitaban en otros países
acla­
maran con gran alegria el estallido de la Revolución. Así, por
ejemplo,
en la sinagoga de Londres, el doctor Price pronunció el
famoso discurso de glorificación de la Revolución francesa, el que
provocó una contestación de parte del diputado Edmundo
Bur­
ke en el Parlamento británico, una contestación que, publicada
en forma de libro, rápidamente circuló en toda Europa, como el
primer libro sobre
la Revolución francesa.
Tampoco los protestantes
se sentían cómodos en el régimen
tradicional católico de Francia,
y siempre manifestaban los deseos
de un cambio radical y revolucionario. En vísperas de la Revo­
lución, probablemente los protestantes en Francia no llegan a un
millón,
y casi todos son hugonotes. Poco antes de la Revolución,
en
el afio 1787, recibieron de parte del rey Luis XVI una plena
integración civil,
gracias a la cuwl pudieron tomar parte en las elec­
ciones de los diputados a la asamblea de los Estados Generales,
ganando quince representantes. Curiosamente, al principio de
la
Revolución, cuando viene la confiscación de todos los bienes de
la Iglesia católica, a los protestantes se les devuelven sus propie­
dades confiscadas
en d. pasado lejano. Los protestantes, desde un
(59) Robert MAN»ao¡r, La France aux XVII et XVIII siecles, PUF,
1967, pág. 181.
(60) Lo que con detalles describe la obra de Joseph LÉMANN, op. cit.
(61) En el diario L'Univers del 11 de mayo de 1889, donde se lee:
«en France, les juüs ne sont-ils pas chez eux? Ils n'y sont que depuis cent
ans,
et déji ils -l'oht · a moitié conquise. BientOt elle sera a eux tout en­
tiete. Ne possédent-ils pas aujourd'lrui la terre, !'argent, l'influence? A
l'heure actuelle, M. de Rothschild
et ses correligionnaires sont plus maitres
en France que le Président de la République et ses ministre. lls r~ent a -
la Bourse, et ce palais la, c'est le vrai centre du pouvoir et de l"action».
Citado por J. LfMANN, op. cit., pág. XIII.
55
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MIGUEL PORADOWSKI
principio, manifestaron un gran. entusiasmo con ocasión del es­
tallído de la Revolución y fueron los más radicales oradores en
la Asamblea Nacional .. El punto de vista de ellos fue presentado
por el pastor Rabaut de Saint-Etienne, en un discurso en el
cual
hay las frases síguientes: « ... convíene cambiar todo, cambiar
las ideas, cambíar
las leyes, cambiar las costumbres, cambiar a los
hombres, cambiar fas cosas, cambíar las palabras ... , destruir todo,
s!, destruir todo, pues todo tiene que ser r=eado» (62). Enton­
ces, el programa de los protestantes
se reduce a exigir una des­
trucción total.
Los protestantes fueron muy activos durante varios años an­
tes de la Revolución, promoviéndola en provincias. Uno de ellos,
el famoso revolucionario Bamave, fomenta la Revolución en la
provincia del Dauphiné y después actúa en V ersalles y en París,
siendo uno de los
más importantes doctrinarios de la Revolución,
durante su primera etapa,
es decir, hasta la ejecución del rey
Luis XVI, siendo él mismo guillotínado diez
meses más tarde
(
el 29 de noviembre de 1793 ), Barnave desempeña un papel sólo
comparable por su importancia con el de Sieyes.
Antoine Pierre Joseph Marie Barnave nace en Grenoble el
21 de septiembre de 1761, en una familia protestante hugonota.
Su padre fue un destacado ahogado en la provincia del Dauphiné;
A. P. J. M. Barnave sigue la profesión de su padre, estudia leyes
en Grenoble y se recibe de ahogado a la edad de veinte años.
Pues bien, la Revolución francesa no empieza en 1789, como
se
lo acepta comúnmente, sino un año antes, en 1788, en Grenoble,
donde tienen lugar
los famosos acontecimientos sangrientos co­
nocidos como los «días de las tejas» (journées des tuiles) ( 63 ),
(62) « ... il· faut ... cbanger ses idées, changer ses lois, changer ses
moeurs ... changer les hommes, changer les choses, changei-les mots ... tout
détruir; oui, tout détruir, puisque tout· est a recreer»-. Citado por E. BUR­
KB, Reflections on the Revolution in France, 1790, ed. The Pelican Clas­
sic, 1979, pág. 279.
(
63) Se trata de muy importantes acontecimientos, donde aparecen las
características de los futuios desórdenes en· Versalles y en París, a saber:
la muy seria rebelión de los Parlamentos, la postura revolucionaria de los
'56
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CAUSAS DE LA REVOLUCION FRA.NCES.A
además se reunieron allí, ilegalmente, los Estados Generales pro­
vinciales el
14 de junio de 1788,, en forma revolucionaria, pues
el
Tetcer Estado se presenta numéricamente igual al Primero y
al Segundo juntos, y
deliberan unidos, es decit, en forma abier­
tamente revolucionaria. En todos estos
acontecimientos subver­
sivos el papel
más destacado lo desempeña A. P. J. M. Barnave,
y todo esto
se repite un año más tarde en V ersalles, también prin­
cipalmente
por la iniciativa de Barnave y de Sieyes. Además, Bar­
nave, de una manera parecida a Sieyes, publica un ensayo, titu­
lado
Avis aux campagnes du Dauphiné, en el cual lanza ideas
subversivas, llamando a la destrucción del régimen
tradicional.
En las elecciones a los Estados Generales, Barnave es elegido
como representante del Dauphiné,
y· en Vetsalles, junto con otros
diputados protestantes revolucionarios,
se destaca como uno de
los políticos
más hábiles. Es un excelente orador ( 64) y, como
Sieyes, es hombre de iniciativa, que desea realizar la Revolución
sirviéndose de los Estados Generales
y después de la Asamblea
General.
Sus discursos están cargados de odio y demagogia (65).
En los primeros
meses de la Revolución, Rivarol escribe sobre
Barnave: «Barnave, joven célebre por su sanguinaria elocuencia.
Su tranquilidad, en medio de todas fas atrocidades inseparables
de una revolución,
hizo ruborizarse al sentido humanitario que
Estados Generales provinciales y la ofensa. de las tropas. El Parlamento
de Grenoble estaba en plena rebelión contra el gobierno, a lo cual el mi­
nistro-cardenal Brienne contestó ordenando la intervención de las tropas;
al saberlo, los agitadores removieron a las turbas para que atacaran des­
de los techos a las tropas, sirviéndose de piedras, ladrillos y tejas, y como
las tejas fueron el elemento principal y el más característico, estos desórde­
nes recibieron el nombre de los «días de las tejas)),.
(64) Como lo constata Mirabeau, escribiendo: «11 est i.mpossible de
parler avec plus de raison, d'énergie et d'élégance». Citado en Histoire et
diccionnaire
de la Révolution frttnfaise, op. cit., pág. 562. Sin embargo,
Mirabeau tenía la fama de pensar todo lo contrario de lo que decía o es­
cnola.
(65) «On veut nous attendrir, meussieurs, en favor du sang qui a -été
versé hier a Paris: ce sang était-il doric si pur?». Citado pOr nmchos auto­
res, empezando por Burke.
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iba a estropearlo todo, y ha familiarizado a la Asamblea Nacional
con la sangre de sus enemigos. Son precisos caracteres semejan­
tes en tiempos de revuelta para que un pueblo amable
y bonda­
doso asuma de golpe la ferocidad conveniente y no
se espante
él
mismo de su libertad. El nombre de Barnave será inmortal,
como la
sed del pueblo por la sangre, y si algún día los france­
ses se corrompen tanto como para volver a ser humanitarios
y
fieles, el mero recuerdo de Barnave les devolverá su antigua bar­
barie» ( 66
).
Durante la primera etapa de la Revolución, Barnave entra
en
el triunvirato junto con Duport y A!lexander Lameth; en este
tiempo los tres dirigen la Revolución de manera que
se llegase a
la
instalación de una monarquía constitucional. Sin embargo, la
desorfunada
huida del rey y su detención en V arennes, en la cual
toma parte Bamave, como representante de la tarea, cambia toda
la situación política.
Bamave acompaña al rey y a la reina en el camino de vuel­
ta a París, lo que le da
ocasión a un acercamiento a ambos, es­
pecialmente a la reina, con la cual después sigue manteniendo
un contacto permanente, incluso
por correspondencia, lo cual, al
ser descubierto más tarde, le va a costar la vida. En el año 1792
Barna ve vuelve a Grenoble y, en la tranquilidad de la vida pri­
vada,
reflexiona sobre el proceso revolucionario vivido. Sus pen­
samientos los presenta por escrito, tarea que queda interrumpida
por
su arresto y pronta ejecución, siendo guillotinado el 29 de
noviembre de 1793.
Sus escritos fueron publicados mochos años
después de su muerte, en 1843, como
Oeuvres de Barnave.
En estas «obras», Barnave presenta un muy interesante análisis
del proceso revolucionario francés, desde el punto de vista del ma­
terialismo histórico, casi cincuenta años antes de Karl Marx ( 67).
(66) Antoine de lhvAROL/Escritos Pollticos (1789-1800), op. cit., pd­
gina 347.
( 67) Es muy probable de que Karl Marx haya leido las obras de Bai,­
nave a pesa~ de que nunca las· menciona, pues en el año 1843 vivía en
París y es sabido qú.e lefa casi ·todo lo que se publicaba. en este tiempo en
Francia.
58
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CAUSAS DE LA. REVOLUCION FRANCESA
Napoleón ordenó la colocación de su retrato en Uill) de los salo­
nes del Senado.
Barnave colaboraba con otro
dirigente revolucionario protes­
tante,
ya antetiormente mencionado, Jean Paul Rabaut Saint­
Etienne, quien es mucho mayor que Barnave, pues nació en 1743.
Rabaut publica en Holanda, en 1779, un ensayo sobre
la situa­
ción de los protestantes en Francia, con
el título Vieux Cévénol.
Es muy probable que este ensayo influyeta en
la decisión del rey
Luis XVI de otorgar a los protestantes los detechos civiles, lo
que Ies petmitió elegir a
sus representantes a los Estados Gene­
rales, entre ellos a Rabaut y a Barnave. Rabaut es uno de los
primeros, después de Burke, que publica una historia de la Re­
volución francesa, muy adelantada, pues se edita ya en 1791,
con el título Précis de l' bistoire de
la Révolution, presentando en
ella su propia visión de los primeros tres años
del proceso revo­
lucionatio. A pesar de su radicalismo, Rabaut no votó por
la
ejecucións del rey Luis XVI ( como lo había hecho Sieyes ), y él
mismo fue guillotinado pocos días después de la ejecución de su
amigo Barnave, el 5 de diciembre de 1793.
Para los protestantes la Revolución francesa fue una
exce­
lente ocasión de descatolizar a Francia y de recuperar sus anti­
guas influencias, ante todo en la
vid~ económica, en el comercio
y en la industria, sectores en los cuales tenían un extraordinario
éxito. Muchos
de ellos, siguiendo a Barnave, deseaban mantener
el
régimen monárquico constitucional; en 1793 se hacen más mo­
derados y, luego, asustados por la guillotina y el Terror y tam­
bién por las tendencias estatizantes,
reciben con entusiasmo el
gobierno de Napoleón, quien reestablece el orden en todos los
aspectos, especialmente en lo jurídico, sin lo cual el desarrollo
económico
es imposible ( 68).
V arios historiadores insisten en el papel de los «capitalistas»
en las distintas fases de
la Revolución francesa, tanto en la eta­
pa de su preparación, como en las etapas siguientes. Rivarol fre-
(68) Sobre el papel de los proteatantes en la Revolución francesa véa­
se B. G PoLAND, French Protestantism and the FrenCb Revolution, Prin~
ceton, N. J., 1957.
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cuentemente los denuncia, sin proporcionar mayores informacio­
nes
al respecto. Es un hecho innegable que el «capital», en el
sentido del dinero o del oro, está presente en la preparación de
la Revolución, ante todo como financiamiento
de· 1a extraordina­
ria cantidad de publicaciones subversivas
y de los variados grupos
revolucionarios. Frecuentemente estos «capitalistas» se identifi­
can con los judíos
y los protestantes. El centro de ellos se encuen­
tra en Suiza. Necker, quien varias
veces fue ministro de Hacien­
da en Francia, tenía opinión de que representaba los inteteses de
ellos. Francia, en víspetas de
la Revolución, eta el país europeo
con mayor cantidad de habitantes, con
una economía bien de­
satrollada y de un bienestar incomparable con otros países euro­
peos. Los «capitalistas» tenían una actitud muy negativa frente
aJ régimen tradicional existente, y fue evidente que deseaban que
se produjetan en Francia cambios radicales, especialmente la su­
presión de las corporaciones y de los privilegios, pues los con­
sidetaban como
trabas para una economía libetal y para el co­
metcio internacional, y por esta razón fomentaron la Revolución.
Así, en una corta síntesis se presentan las más importantes
causas remotas, inmediatas y de las distintas etapas del proceso
revolucionario
en Francia, y el papel de algunos de los principa­
les «actores»
en la Revolución. Barruel y otros historiadores, y
ante todo el papa Plo VI ( 69 ), tienen razón cuando insisten en
la existencia de
un complot ( o más bien de varios), el cual, sin
embargo, no podría
habetse realizado sino gracias a la existencia
de algunas causas históricas, es decir, de
un conjunto de situa­
ciones y hechos que
facilitaron el estallido y el desarrollo de la
Revolución francesa destructora del régimen tradicional.
( 69) En su discurso sobre el martirio del rey Luis XVI, el papa
Pío VI varias veces menciona el complot contra este gobernante; las pa~
labras «congiura» y «complotti» son trecuentes y dirigidas contra los pro:
testan tes ( «manovre tiranniche dei calvinisti» ). Véase: «Allocuzione sul
martirio di Luigi XVI, re di Francia», discorso tenuto in Concistorio del
17-VI-1793, publicado en BulliJrii Romani, texto completo reproducido eu
Cristianita, febrero, de 1989.
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