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1989

589-1789

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1989
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De Maistre y su «Étude sur la souveraineté». Una crítica a los principios de la Revolución Francesa

DE MAISTRE Y SU "ETUDE SUR LA SOUVERAINETE"
UNA CRITICA A LOS PRINCICIOS DE LA REVOLUCION FRANCESA
POR
CRISTIÁN GARA y
l. Una política metafísica.
«Los ,rlemanes han creado la palabra metapol/tica para que
sea a la política lo que la palabra
metaf!sica es a la de física.
Esta nueva expresión está muy bien inventada para expresar
· la
metafísica de la política: porque existe una, y esa ciencia merece
toda nuestra atención» ( 1
).
Con el propósito de reforzar los puntos de vista que había
expuesto
en sus «Consideraciones sobre Francia» y en el «En­
sayo sobre el principio generador de las Constituciones políticas
y de las otras instituciones humanas», el saboyano Joseph de
Maistre, conde de Maistre,
ex embajador del Reino de Cerdeña,
escribió su obra «Estudio sobre la soberanía» ( «Etude sur la
souveraineté»
). Escrita entre 1794 y 1796, fue conocida apenas
en
1870 y pertenece, por ende, a una de sus obras menos cono­
cidas (2).
( 1) DE MAISTRE, prefacio del Ensayo sobre el principia generador· de
las constituciones políticas, cit. por AmoINE. BLANc nB SAINT-BONNET:
Polltica real, pág. 9.
(2) Para este trabajo se ha utilizado la versión en español publicada
por Díctio, titulada igual que su original: Estudio sobre la soberanía,
Buenos Aires, traducida por ROBERTO HoRACIO RAFFARLLI: Respecto al
«Essai sur le príncipe générateur des constitUtions politíques et des autres
institutions humaines»,
se publicó por primera vez en 1814 y se ha -con­
sultado la· edición de Dictio traducida por Gustavo Piamonte.
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CRISTIAN CARAY
Por otra parte, se trata de un trabajo estrictamente mono­
gráfico, dedicado a refutar la idea del contrato social como base
de
la soberanía y a defender la idea del fundamento religioso del
poder. Estos dos puntos son el objeto principal de cuantas
alu­
siones se encuentran en el texto y constituyen la reivindicación
de un orden natural en el que la tesis de la Revolución france­
sa chocan a cada instante
con lós hechos y experiencias de la
vida diaria.
Por otro lado, la postulación de un fundamento religioso al
poder político se corresponde a una de las ideas más preciadas
de
De Maistre, quien, al filo de la ortodoxia, intentará funda­
mentar
el camino y los principios de una «monarquía católica»
expurgada de sus tentaciones librepensadoras.
La idea de una religión cívica, que tanto sedujo a De Mais­
tre, culminaba su rechazo del laicismo revolucionario
al que, en
definitiva, acusaba de ser incapaz
de sostener el orden social.
Por otro lado, resulta de particular importancia recordar el
carácter polémico de los escritos de De Maistre, que le llevó, en
varias materias de singular
importancia dogmática, a afirtnaciones
en el límite de
la ortodoxia, cuando no fuera de ella. Excesos,
cuyo origen no
era otro que colocarse de la manera más visible
en las antípodas del pensamiento revolucionario.
Fue frente a Rousseau que De Maistre persistió en afumar
la malignidad de
la naturaleza humana ante la tesis de la bondad
natural,
extremando inadvertidamente la coherencia dogmática
de quien
se presentaba como un fiel exponente del ultramonta­
nismo.
En esta línea de ataque a los principios revolucionarios, De
Maistre dedica el grueso de sus comentarios a la refutación, pun­
to por punto, de la ideología democrática rusoniana. Si bien alu­
dirá de modo directo a otros autores, en especial a Voltaire, lo
cierto
es que lo primordial de su crítica lo dedicó a denunciar
los límites de la razón humana a través del pensamiento del autor
ginebrino.
Por ello, al aludir a
la razón individual habrá de entenderse
que De Maistre
se refiere más bien al racionalismo que al pen-
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DE MAISTRE Y SU "ETUDE SUR LA SOUVER:AINETEn
samiento o razonamiento. A juicio del autor, el pensamiento es
connatural al hombre; pero está linútado al campo físico y natu­
ral. Dentro del campo moral, en cambio, sostenía su precariedad,
ya que cuanto se sabía en estas materias era producto de ideas
universales, externas
al individuo.
Por ello De Maistre dirá que, cuando «la Filosofía» se intro­
duce «en el mundo moral, debe recordar que
ya no está en su
casa» y que, por tanto,
se contrapone al orden moral y a los
dogmas nacionales
(3 ).
La religión y la tradición aparecían así encadenadas a un es­
fuerzo, promovido por De Maistre, dedicado a instaurar una mo­
narquía redimida, capaz de recuper.ar el ímpetu religioso de an­
taño.
De ese modo la escuela ilustr.ada, autodenominada «la Filo­
sofía», era acusada de
J.aber pervertido las mentes de la época
mediante
la disolución de los elementos tradicionales que posibi­
litaban la existencia de un orden orgánico, natural (
4 ).
La crítica de De Maistre se centró básicamenÚ, en dos as­
pectos del pensanúento ilustrado. Primero, en la crítica del es­
cepticismo científico, apoyado par..lójicamente por la exaltación
de la razón, al que dedicó
sus más duros ataques. Segundo, en
la refutación del convenio o «contrato
sociru» como base de la
sociedad civil a
partir de un pacto. entre el individuo y la socie­
dad capaz de generar la constitución.
De Maistre reividicó
el valor de la experiencia y de la tra­
dición como únicas expresiones de
la historia y de lo convenien­
te que, en definitiva, no era, a su juicio, más que derivaciones
sensibles de un conocimiento de fuente sobrenatural.
El racionalismo, opuesto al conocimiento por autoridad, a los
dogmas,
a las tradiciones y revelaciones, será el objeto del ata-
(3) Estudio sobre ... , pág. 87.
(4) DE M,usTRE alude a la Filoso/la diciendo que en el sentido mo­
derno es «la ·sustitución de los dogmas nacionales por la razón indiviw
dual ... , aquello para lo cual RoussEAU trabajó toda sil vida ... », Estudio
sobre ... , pág. 81.
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CRISTIAN. GARA.Y
que del conde de Maistre, el que. procurará adjuntar todos los
argumentos posibles en
favor de las posturas impugnadas.
«Cuanto más confía la razón humana en sí misma ... , más
absurda es, más muestra su impotencia.
He aquí que el mayor
flagelo del universo ha sido siempre, en todos los tiempos,
lo que
se llama
filosofía, si se tiene en cuenta que la filosofía no es
sino la razón humana librada a sí misma, y que la razón huma­
na, reducida a sus solas fuerzas, no es
más que una bestia, todo
cuyo poder
se reduce a destruir» (5).
2. La recuperación de la religión,
La postura rusoniana -revivida con ocas1on del dominio
jacobino
y de la diosa Raz6n-fue én 'su momento considerada
una regresión de
los ideales volterianos de anticlericalismo. En
efecto,
al afirmar el escritor ginebrino que el Estado del con­
trato social requería de una religión civil, se colocó en un papel
ambiguo
respecto de la importancia de ésta. Por cierto que, en
ese momento, su modelo era
el de la ciudad de Ginebra, lo que
implicábla el rechazo del catolicismo pero no así de la religión
como sustento del poder político (

6
).
Curiosamente, De Maistre fijó su atención en el primer mo­
mento, en el propiamente anticlerical y ateo, buscando, en su
fórmula de una «Religión de Estado», superar la instauración
del anticlericalismo en la sociedad.
Al buscar la sacralización de las formas políticas, De Mais­
tre buscaba la consagración de la tradición. Unicamente en ella
veía la posibilidad
. de un consenso social-perdurable, que evita-
(5) Estudio sobre,.,, pág. 46,
(6) Rousseau. fue el representante de· esta postura; por ello no ex·
traña que fuese Volta'ire su más enconado crítico, cuando aquél, inspirado
en 'Ginebra, defiende en el Contrato social la idea de una religión ad boc,
antecedente del culto a la «Raz6n» de los jacobinos. V id, Sir GAVIN . DE
BEER, Rousseau, pág. 100.
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se la crisis provocada por el relativismo moral y político de la
Ilustración.
Esta idea le llevó a propugnar que todo cuanto era natural
en el hombre provenía de «ideas universales», cuyo otigen no
podía sino ser divino. Cuanto se alejara de ello e invocara orí­
genes· contractuales y terrestres en consecuencia, no pasaría de
ser un engendro artificial, destinado a sobrevivir exclusivamente
por la evoluntad divina en función de expiación.
He aquí, pues,
el núcleo de su teoría sobre
la expiación y el sacrificio, que ha­
da de todos estos desastres y fatalidades humanas ejemplos ape­
nas velados del ,castigo divino respecto de las infidelidades de
los hombres.
Frente a ella, De Maistre contrapone la validez de
la tra­
dición, que es para
el autor saboyano aquella experiencia his­
tóricamente asentada, que encuentra signos o manifestaciones ex­
ternas de carácter sacra! que ratifican su conveniencia. La unidad
entre
la religión y el poder se aparece así al autor como la expre­
sión de unidad de conceptos, de convergencia de opiniones, de
fundamental importancia para la sobrevivencia de una comuni­
dad. El mismo De Maistre asevera que, «cuanto
más nos re­
montamos a la antigüedad, más religiosa hallamos a la legisla­
ción» (7).
En un juicio aún más atrevido, confiesa que busca «divini­
zar» la política con el fin de contener a la razón humana dentro
de la autoridad religiosa, para detener
sus efectos disgregdores
sobre
el cuerpo social (8).
El autor fijó su atención en la existencia de
las ideas-eje de
toda sociedad, a las que attibuyó
el carácter de connaturales al
hombre.
En cuanto a su origen, De Maistre revalidaba la tesis
de su origen divino, que lo mismo que
el lenguaje demostraban
(7) Estudio sobre .•. , pág. 26.
(8) DE MAISTRE resume su tesis afirmando: «Las grandes fundaciones
pollticas son perfectas y durables en la medida en que la unión de la
política con la religión se realiza más perfectamente», 'Estudio sobre ... ,
pág. 49. También en este mismo sentido, pág. 52. Aún más terminante­
mente afirma.: «no hay verdadero patriotismo sin religi6n», id., p~g. 84.
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CRISTIAN GARAY
la existencia de una voluntad sobrehumana que el hombre no po­
día dominar.
He aquí cómo De Maistre pasa insensiblemente del tema del
origen divino de las ideas que acceden al hombre,
al de su con­
vicción providencialista, que hace del hombre un instrumento
inadvertido de la voluntad divina. A través de esa dialéctica, el
autor saboyano pretende destruir, en su base, la idea de Ia con­
ciencia revolucionaria, la que ve como un mal capítulo de al­
guna mala lección.
Respecto de las ideas primarias, De Maistre afirma que ellas
están respaldadas por una experiencia fructuosa. Era necesario,
advirtió, que esas opiniones fundamentales fueran reconocidas
como tales y que es tú vieran bien asentadas frente a la «raz6n»,
de modo que esta última no pudiese penetrar con la fuerza que
lo había hecho ( 9).
De Maistre concedió inusual importancia a las consagraciones
religiosas del poder político, porque veía en ellas expresiones de
una experiencia política de larga data, afincadas en su
extenso
conocimiento de la historia antigua y sagrada, donde la hilazóri
entre
lo sacro y el poder era inseparable.
Es preciso, añade en
el capítulo X, denominado «Del alma
nacional», que «haya una religión del Estado, tanto como una
política del Estado; o
-más bien-es necesario que los dogmas
políticos y religiosos, mezclados y confundidos, conformen
una
razón universal o nacional suficientemente fuerte como para re­
primir las aberraciones de la razón individual, mortal enemiga
por naturaleza de toda asociación desde que no produce sino
opiniones divergentes» (10).
Esta invocación a
la «religión del Estado» contrasta con el
secularismo ilustrado. De Maistre destaca a la religión en un
sen­
tido más bien de opinión común, de origen sobrenatural por
cierto, antes que en su específica dimensión misionera y salva­
dora, superior a la contingencia terrena.
(9) Refiriéhdose a. esas ideas, ·sostuvo categóricamente que sin ellas
«no puede haber ·culto, ni moral, .-_rii gobiemo», Estudio sobre.:.: pág. 59;
(10) Estudio sobre ... , pág. 59.
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En verdad, el objeto de esta invocación no era otro que el
de hacer concurrir a la religión como una fuerza sustentadora del
orden social.
De ahí su renovado interés por las unciones reli­
giosas del poder público, unciones que juzgaba determinantes
para la existencia y conservación de la sociedad ( 11 ).
Especifiquemos, pues, que ese concepto de «religión cívica»
estaba en consonancia
más bien con la tradición antigua que con
la cristiana,
ya que evocaba los cultos griegos de las ciudades y,
por supuesto, los emperadores divinizados del Imperio
Roma­
no ( 12).
Como él expondrá,
su finalidad ha sido «solamente mostrar
que la razón humana, o lo que se llama la filosofía,
es tan inútil
para la felicidad de los Estados como para la de los individuos;
que todas las grandes instituciones reciben de otra parte su
orí~
gen y su conservaci6n, y que aquélla sólo interviene pata per­
vertirlas
y destruirlas» (13).
3. La · dialéctica de la razón versus la tradición.
El racionalismo en nombre de la razón y del indivi había desplazado el centro de la filosofía desde la metafísica. a
las ciencias naturales. Con ello, el conocimiento se restringía' al
(11) Es/Udio sobre ... , pág. 84.
(12) En puridad divinizados, ya que los romanos distinguían ei:ttre
el César divinizado después de muerto, el divus, y el dios del culto reli­
gioso, el deus. Aunque ~o faltarán, sobi:e todo en la tradición francesa,
antecedentes
de igual pérspéctiva enrie· las monarquías bárbaras y la re­
ligión católica. La nionarqufa gala, de hecho, tenía fama. de procurar para
SUS reyes poder milagroso para sanar. Lo que a De Maistre le interesaba
-el predominio de la experiencia sobre la razón-lo percibía colOO ex­
presión del reconocimiento de las diferencias nacionales, que le llevó rá­
pidamente. a negar las generalizaciones ·de cualquier tipo. De Maist're: fue,
en efectQ, quien ácidamente ·preguntó acerca de la existencia del európeo,
C'llando él, agregaba, solamente veía franceses, ingleses o espafioles.
(13) Estudio sobre ... , · pág. 52,
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ciclo de la experimentación y de la absttacción matemática, no
previendo línútes en su expansión, sometiendo a su paso todas las
otras disciplinas y saberes, condenando de antemano a la religión
a
su pronta extinción. La noción religiosa del «misterio» desapa­
recía con exttema rapidez para dar paso a otra convicción,
la de
progreso, que venía a condensar toda una idea promisoria e ili­
mitada de las capacidades del hombre.
La Ilusttación había declarado, especialmente a ttavés de Vol­
taire, que su enemigo público número uno era la Iglesia, celosa
resguardadora del tesoro dogmático de la Revelación cristiana.
Más tarde, Jean-Jacques Rousseau, avanzado en
sus conclusio­
nes, proclamó la perversión de la propiedad, de la civilización
y
de las costumbres sobre la bondad natural del hombre. Mediante
ese ataque, la «Filosofía», como orgullosamente se autodenomi­
naba, pretendía poseer la clave de una interpretación crítica del
mundo; llave, en fin, del nuevo orden.
A tenor de esos postulados,
el racionalismo fue dibujando su
sociedad perfecta, la que en mayor proporción fue alejándose de
los rasgos
de las monarquías de entonces. Lo, que en principio se
presentó como la descripción inocente de nuevos mundos y de
tribus
cuyos miembros ignoraban las convenciones «civilizadas»
de Europa,
se convirtió en' una tarea de demolición en pro de un
?rden nuevo (14). ·
Los enciclopedistas, herederos tardíos de la Ilusttación en
la Francia
de fines del siglo xvm, agregaron al anticlericalismo
los postulados de un régimen socialista y
totalitario, que debería
enfrentarse a la corriente liberal que también intentaba hegemo­
nízar la Revolución francesa.
Frente a esa tendencia,
De Maistre reinvindica la idea del
orden natural.
Esa idea que el pensamiento occidental imaginó
como una jerarquía perfecta, armoniosamente distribuida en la
· (14) Paul Hazard ha dejado concluyentemente expuesta la intencio­
nalldad política de la literatura de viajes de la época. Para este efecto,
los ilustrados se valieron de las más insólitas referencias dichas por · man~
clarines chinos, salvajes americanos, persas, árabes, turcos y egipcios. Ver
La crisis de la conciencia europea, págs. 30-· y sigs.
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forma de un á,,bol o de un cuerpo. En medio de las tribulacio­
nes de
esa voluntad impía, ese orden subsistía providencialmen­
te, ajeno por completo
a sus enemigos y valiéndose incluso de
ellos mismos.
Ello no le impidió reivindicar enérgicamente la historia, en
la que encuentra la refutación de 1789 en nombre de
la expe­
riencia
y del sentido común. Un texto de historia, precisa, vale
más que mil fórmulas retóricas, porque la historia es política
experimental, por ende
la única política real y conveniente para
una comunidad. La política, sentencia, sólo puede admitir los
sistemas
que son corolarios «más o menos probables de hechos
bien establecidos», del mismo modo que ante un experimento
se
deshacen cien volúmenes de teorías físicas (15);
De ese modo
De Maistre destaca que el desprecio de los re­
volucionarios pot la. historia tiene su raíz en su inversión del
orden moral.
En esa moral sin historia, en esa religión sin dog­
mas, en esa política sin experiencias previas,
. la razón ilustrada
se vuelve una ciencia de lo gratuito, una especulación sin objetos
ni temas concretos
y pura crítica sin contenido. Por cietto, no
le cuesta mucho señalar a Rousseau en esta perspectiva, ya · que
su Contrato social carece. precisamente de precedente histórico.
Aludiendo a éste dirá: «Toda cuestión
sobre la naturaleza
del hombre debe ser
· resuelta por medio de la historia. El filóso­
fo que quiera probarnos, por medio de razonamiento a priori,
lo qúe debe ser el hombre, no merece ser oído: substiruye la ex­
periencia por razones de conveniencia, y la voluntad del Creador
por sus propias decisiones» ( 16
).
(15) • Estudio sobre ... , pág. 102.
(16) Estudio sobre ... , pág. 14. Hay que recalcar esta importancia que
le
COilcede a la historia como crítica de la ideología ilustrada. En otra
parte
dirá que hay que volverse a ella porque «es la primera maestra de
políttica, o mejor dicho,
la única», id., pág. 102. En su Ensayo sobre el
principio
generador de las Constituciones insistirá en esta idea, _afirmando
que -la historia es «política experimental» y i:¡ue la política es el más pre­
cario : de los conocimientos porque debe -conciliar «lo estable y lo muta­
ble de sus elementos»,
Ensayo sobre el ... , pág. 207. En sus Consideracio­
nes sobre Francia, al referirse a Rousseau, advierte contra eSte hombre
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Frente, pues, a la supuesta universalidad de las fórmulas po­
líticas, nuestro. autor reivindica la primada de la experiencia so­
bre el pensamiento ilustrad.o al que juzga de puramente ilusorio.
La razón humana, expresa, «reducida a sus solas fuerzas», es
impotente «no sólo
para crear, sino incluso para conservar cual.
quier asociación religiosa o política, porque no suscita más que
disputas, y porque el hombre, para conducirse bien, no necesita
problemas sino creencias» ( 17). Es, pues, imprescindible que
cuando su «razón despierte» se encuentren ya afincados en él
las nociones de la experiencia, nociones que emanan del asenti­
miento de noticias comunicadas externamente
y confiadas en sn
certeza a la autoridad de
sus. fuentes.
Esta era, por lo demás, una teoría que veladamente
había
defendido a través de su personaje el conde en el libro Las
veladas de San Petersburgo. Allí, en el curso de una de las dis­
cusiones y atacando a Locke, el personaje admite que toda doc­
trina racional «está fundada en un conocimiento anterior, por­
que
el hombre nada puede aprender sino por lo que sabe» ( 18 ).
La esencia de · los principios es justamente que no son derivados
ni demostrables y que originan en su condición de axiomas toda
la secuencia del pensamiento.
De Maistre, recurriendo a una fi.
gura típica de la· geometría, intenta hacerlos incuestionables, di­
ciendo que en tanto axiomas no necesitan de demostración o ve­
rificación.
En apoyo de su observación, De Maistre defiende
la· tradi­
ción como fuente del conocimiento,
ya que acota que ella es
mucho
más cotidiana que la creación. El lenguaje, por ejemplo,
es recibido desde el exterior, sin
más intervención que la imita­
ción y la apropiación progresiva del recién nacido y que es, a su
juicio,
una de las bases de la unidad moral de las naciones (19).
que sólo cuando es sorprendido «deja escapar la verdad», ver Considera·
dones ... , pág. 81, nota 72.
(17) Estudio sobre ... , pág. 59.
(18) En ese mismo pasaje agtega que «preciso es confesar que antes
de llegar a una ~dad particular la conocemos ya en parte», Veladas en
San · Petersburgo, pág. 192.
(19) Estudio sobre ... , pág. 21.
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Basado en la tradición y la historia sostiene, naturalmente,
que ambas concurren en calificar a
la monarquía hereditaria
como
el sistema más apto y más normal de orgnización política.
Precisamente ataca a Rousseau porque
sus deducciones no
aparecen sustentadas en experiencias
ni en previsiones, y porque
su teoría del «Contrato» coloca una factura humana a una tradi­
ción que De Maistre reconoce como divina.
Del mismo modo, De Maistre se pronuncia en contra de las
abstracciones políticas, que los ilustrados propagaban a lo prime­
ro por reformas universales y luego por declaraciones
de princi­
pios. «Las mismas leyes
-sostiene--no pueden convenir a di­
ferentes países, que tienen costumbres distintas, viven bajo .di·
mas opuestos y no consienten la misma forma de gobierno» (20).
Una misma forma de gobierno, agtega, puede ser la mejor o
la
peor para un pueblo en dependiendo de las circunstancias (21 ).
4. La identidad nacional frente al "ciudadano universal" de
la Ilustración.
«El hombre aislado no es, pues, en absoluto, el hombre de
la naturaleza»
(22). Con _est_as palabras De Maistre desecha, como
lo hizo antes en otros escritos,
la idea que el individuo pueda
determinar, a partir de un acto de voluntad, un contrato políti­
co en el cual se determinen los derechos y deberes de la perso­
na y el Estado.
De Maistre proclama que el hombre no nace solo
nl libre,
y que poco o nada le debe a su inventiva o genio. Y que, al
contrario, cuanto sabe, cuanto aprende, lo sabe por otros
y crian­
to no sabe por otros es de directa inspiración sobrenatural, reve­
lada o no.
En otras palabras, el hombre nace _entre muchos, re­
cibe sus primeros y más importantes conocimientos por. ~e y a
(20) Estudio sobre ... , pág. 23.
(21) En este punto DE MAIS'I'RE coincide con MoNTESQUIEU, ll quien
cita, ver
Estudio sobre ... , -pág. 24. ·
(22) Estudio sobre ... , pág. 13.
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oídas de su familia y de sus instructores, y se ve siempre vol­
cado naturalmente a escoger la vida en sociedad, única posibili­
dad de plena realización.
Es así como reivindica
el conocimiento por terceros o por
connaturalidad,
ya que se trata, en definitiva, del conocimiento
por autoridad o por fe,
base de la metafísica tomista. De Mais­
tre se esfuerza por destacar que ese conocimiento, lejos de ser
excepcional e inseguro, es corriente y plenamente confiable y
constituye la base de toda acción cierta.
En esa perspectiva,
De Maistre se levanta contra la idea
rusoniana de la perversidad
de la sociedad y de la cultura para
afirmar que
es ella la que redime la naturaleza caída del hombre
y
·¡e· proporciona las únicas fuentes seguras de conducta.
«Y en toda la extensión del mundo moral y político, ¿qué
sabemos y qué podemos? Sabemos la moral que hemos recibido
de nuestros padres como un conjunto de dogmas o de prejuicios
útiles adoptados por la
raz6n nacional. Pero en este aspecto no
debemos riada a la
roraón individual de ningún hombre. Al contra­
rio, siempre que esta razón intervino pervirtió· a la moral» (23 ).
, A la sociedad, precisa con firmeza, no se entra por conven­
ción ni por elección, sino que por tendencia innata, por la natura­
leza. Ampliando este juicio
dirá, en definitiva, que no se ofrecen
datos sobre asambleas en Menfis o Babilonia
y que «el asenti­
miento anterior de los pueblos» respecto de
los-fundamentos re­
ligiosos de la soberanía es una de las expresiones de la universa­
lidad de las ideas naturales (24).
(23) Estudio sobre ... , pág. 77. También acota en otro párrafo: «La
sociedad y la soberanía nacieron, pues, conjuntamente; es imposible se­
parar estas_ dos idea's. Imaginaos al hombre aislado: entonces, no se trata
de leyes
ni de 'gobierrio, Ya que no es de ningún modo del todo hombre,
y ri'O hay todavía sociedad», Estudio sobre ... , pág. 19.
(24)
«En general -dirá-, toda idea universal es ·natural», Estudio
sobre ...
, pág. 26. Más adelante afirmará: «Es un error. capital concebir al
estado social como un estado de elección fundado sobre el consentimiento
de los hombres, sobre una deliberación, y sobre un
-i:mp9Sible contrato
colectivo»,
Estudio sobre ... , pág. 15.
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DE MAISTRE Y SU "ETUDE SUR LA SOUVERAINBTE"
Sólo a partir de estas observaciones se puede observar que
De Maistre va reduciendo
el ámbito de conveniencia de la libre
opinión 'basta dejarlo dueño de una ínfima porción, cuya ejecu­
ción evoca
--<:orno lo hace en sus Consideraciones sobre Fran­
cia-una voluntad contraria a la obra de Dios.
En la realidad, recuerda el autor, toda sociedad se constitu­
ye con una autoridad, de lo cual se deduce que es propio de
todo pueblo
la soberanía, ya que la jerarquía, el mando y la
autoridad son consustanciales a toda agrupación humana. Ello
le permite refutar el «ciudadano universal» de la Ilustración, di­
ciendo que no
es un ser que no ha vivido jamás en ningún lugar.
Si la historia es, como ha dicho, politica experimental, en­
tonces la historia de toda agrupación rechaza la idea de la uni­
versalidad, porque lo que hay son países y sociedades
concre­
~s. Lo único que no hay es esa especie de geometría política de
la Ilustración.
Y, tanto es así, que lo que existe son países que tienen un
destino sobrenatural, y que han forjado en la historia su identi­
dad. Las naciones
-afirmará-«tienen un alma colectiva y una
verdadera unidad moral que hacen que sean lo que son» (25).
Precisamente, como muestra de esa unidad
-estableciendo de
paso un sutil vínculo con
la divinidad-De Maistre señala las
lengu¡is nacionales (26 ).
Ei efecto fundamental de la prudencia política es, pues, la
imposibilidad de constituir una nación
a priori: «¿Qué mirada es
capaz ele abarcar de una vez el conjunto de las circunstancias que
determinan que a una nación le convenga tal o cual constitu­
ción? ¿Cómo, sobre todo, muchos hombres serían capaces de
se­
mejante esfuerzo de la inteligencia?» (27).
(25) Estudia sobre ... , pág. 21.
(26) Estudio sobre ... , pág. 35. En cuanto·a.la filiación divina del len-
guaje
hay que encontrar en ello una cierta influencia de Bonald, autor al
que De Maistre conocía de sobra y al que cita con devoción.
(27)
Estudio sobre ... , pág. 54. Estos párrafos los emitió contra la
opinión de Payne, en su obra Los derechos del hombre, que Inglatettá
carecería de ·constitución porque no tenía leyes escritas. Remontándose a
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De Maistre, uno de los primeros que levantó la voz de Euro­
pa para confrontar esta ciudadanía universal
de la Revolución,
retiene de
su análisis que ese ciudadano es una ilusión del mun­
do físico y natural, introducido a la fuerza en
el mundo moral,
ignorando medios y circunstancias, usos y convicciones. Todo
ello en pos de una mítica ciudad.
En medio de esa perspectiva, De Maistre expresa su convic­
ción que las naciones ejecutan un plan sobrenatural, que
ningún
hombre -no importa cuánta sea su genialidad-podrá siquiera
ávizorar.
De áhí que la nación no puede estar sujeta a conven­
ción alguna y menos a una transformación real
de manos de los
hombres. Todo cambio, aun cuando
sea para mal, es, en defini­
tiva, dicha o desgracia divina.
Si la segunda, medio de expiación
de los pecados de una sociedad. Es ésta, en definitiva,
la. nota
que capta
su comentario respecto del .estado moral de disolución
que precedió a la caída de la monarquía.
5. La constitución histórica de las sociedades,
A partir de sus numerosos ejemplos históricos, De Maistre
concluye · que las · sociedades se han formado con orfgenes más
bien difusos, en
cuya elaboración ha intervenido tanto la Provi­
dencia
como la propia naturaleza.
Observando
el desarrollo de la. Revolución francesa, el autor
critica ácidamente la pretensión de configurar un país a partir de
un pedazo
de papel. De Maistre hace notar que una nación. está
constituida de antemano, y que las instituciones y proyectos
.hu­
manos solamente precisan aquellas inclin~ciones inscritas · en su
historia, páginas escritas misteriosamente en lo alto.
De acuerdo a ese punto de vista, el escritor saboyano recabó
de los teóricos la atención hacia el desenvolvimiento histórico. de
la antigüedad,· De. -Maistre sostiene que Esparta -a su juicio la más per­
fecta de las :polis · griegas-no poseía constitución y nada de · eso-le im­
pedía estar configurada como una sociedad.
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DE MAISTRE Y SU "ETUDE SUR LA SOUVERAINETE"
las sociedades, en las cuales estaba siempre actuante el principio
de autoridad. Contraponiéndose frontalmente a la herencia ilus­
trada, De Maistre reclama contra los ilustrados liberales que la
li­
bertad no funda la sociedad y que, por el contrario, ésta emana
de la autoridad porque ella la unifica.
No
es este el único punto que, toca: el igualitarismo de los
discípulos de Rousseau
es desechado en nombre de la experien­
cia histórica.· Refiriéndose a las desigualdades, De Maistre re­
cuerda que en todas las épocas las preeminencias del talento y
de la fortuna
han ocupado los primeros puestos de la sociedad,
y que son ellas las que definen
el progreso de una nación.
En nombre de esa doble crítica De Maistre asumió brillan­
temente la defensa del derecho consuetudinario y de la tradi­
ción. En su ácida crítica a Thomas Payne, escritor británico,
re,
cordó que las naciones tenían sus constituciones inscritas en su
historia antes que escritas en un texto de papel. Por ello re­
prendió al publicista británico que pretendía que las declaracio­
nes de derechos
-estilo 1789-eran las únicas permisibles y
que su ausencia era una desgracia.
No le fue difícil a De Maistre probar que si tales declaracio­
nes escritas llegaban en un momento tan tardío de su experien­
cia,
es que las naciones tenían otro tipo de constitución. Una
constitución histórica, no escrita, que por excepción refleja
al­
gunos principios en sus leyes cuando estaban zaheridas o cuestio­
nadas. Desde
esa perspectiva, el autor puso de relieve la contradic­
ción de fundar una sociedad por un contrato, mientras ella
ya
había adquirido todos sus rasgos fundamentales. Una sociedad,
terminó argumentando, nacía y
se desarrollaba a tenor de elemen­
tos no escritos, que escapaban a la co1.Dprensión del h~mbre.
El escritor saboyano aduce. que la «constitución natural de la
naciones es siempre anterior a la constitución escrita, y puede
prescindir de ella» (28). En otras palabras, al ser la constitución
de una nación un acto sobrehumano, la ley escrita no
va a ser
(28) Estudio sobre ... , pág. 56.
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más que la mauifestación tibia de una «ley anterior no escrita».
En ella quedan patentes
derechos que el hombre no podría con­
cedecerse a sí mismo y que le han sido, recalca el autor, dados
desde lo alto. Esos derechos, conclnye, «son las buenas costum­
bres,
buenas porque no están escritas, y porque no es posible
asignarles ni comienzo ni
autor» ( 29). ,
De este modo De Maisrre se sitúa en las antípodas de la Ilus­
tración,
al sugerir que la ley no es más que expresión de una de­
ficiencia del orden natural y que tiene un valor secundario en la
vida de una sociedad. Y no, como lo hacían sus rivales, una
ex­
presión de un modo perfecto de vida por el cual regresar a una
libertad primigenia.
Por ello, advierte, no
es posible rastrear el nacimiento de las
naciones, porque «no puede quedar huella de una convención
que nunca existió» (30
).
De Maisrre atribuye a las declaraciones realmente constitu­
cionales
un mero reconocimiento de derechos anteriores. Las le­
yes, afirma, sólo compedian aquellos derechos en discusión, «ol­
vidados o discutidos», pero no la constitución de una sociedad
porque «siempre hay cantidad de
cosas que no se escriben» (31).
Haciendo un paralelo con la ley religiosa, De Maistre argumenta
que así como el canon no crea dogmas, sino sólo
los recoge de
una tradición multisecular y de
la propia revelación y los con­
firma en momento de crisis; la ley civil operaría, en consecuen­
cia,
por el mismo mecanismo. «Del mismo modo -añade-,
en materia de gobierno, los hombres no crean nada. Toda ley
constitucional sólo
es manifestación de un derecho anterior o de
un dogma político. Y jamás se la dicta, sino como oposición a
un partido que desconoce aquel derecho o que lo ataca» (32).
A partir de esas consideraciones, De Maistre refuta cualquier
predominio de la razón universal sobre
la vida de las naciones.
(29) Estudio sobre ... , pág. 57.
(30)
Estudio sobre ... , pág. 39.
(31)
Estudio sobre ... , pág. 39.
(32)
Estudio sobre ... , pág. 57.
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DE MAISTRE Y SU "ETUDE SUR LA SOUVERAJNJ3TE"
En su opinión, muchas veces reiterada, lo único permisible es
que las muchas opiniones personales se dobleguen ante la expe­
riencia colectiva, es decir, ante la tradición, y ceden lo mínimo
posible ante las posibilidades ofrecidas por su propia voluntad
e
imaginación. El mismo llegará a afirmar: «¿Qué es el patriotis­
mo? Es la razón nacional de que hablo,
es la abnegación indivi­
dual» (33 ).
Explicando su propio punto de vista afirmará que la fe, como
el patriotismo,
se parecen porque ambos proceden por sumi­
sión y creencia y actúan sobre los hombres en contradicción con
la libre opinión (34).
6. Expiación y providencialismo.
Por cierto que en su embestida contra el individualismo ilus­
trado, De Maistre llegó
más lejos al recusar la libertad humana
y someterla en toda su extensión a la doble acción de la Provi­
dencia y de la sociedad. En
esa doble interrelación la autonomía
personal resulta seriamente restringida
y sometida al rigor de in­
fluencias externas que en nada controla.
En relación a su tesis providencialista, De
Maistre afirmó
que los hombres sólo percibían de la historia divina fragmen­
tos cuya comprensión no podían entender sino en el largo plazo
contemplado en
la historia. En nombre de esa creencia, De Mais­
tre pensaba que Francia estaba expiando sus pecados
y que guar­
daba hacia el futuro nuevas semillas para un orden cristiano
que anhelaba fervorosamente.
Paradójicamente, por mucho que
De Maistre apareciera como
un defensor a ultranza del
Ancien Régimen, lo cierto es que su
visión de la monarquía difería frontalmente del cuadro diecio­
chesco de la monarquía de un Luis XV o de un Luis XVI. A
(33) Estudio sobre ... , pág. 60.
(34) Estudio sobre ... , pág. W.
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CRISTIAN CARAY.
ellos' les reprochaba su cercanía con los principios ilustrados que
en su
raíz anunciaban y favorecían la República. Su modelo de
monarquía
religiosa, implicaba una época de dolor y de sacrificio
que veía representada en
la Revolución francesa. En esta misma
perspectiva explicó, en sus «Consideraciones sobre Francia», que
la Providencia se había servido de la Revolución para dar origen
a esta nueva Francia, en consonancia con
el primerísimo papel
que había desempeñado en Europa.
Corolario final de su razonamiento, De Maisrre arriba
al pro­
videncialismo. Y arriba a
él precisamente porque al conceder
que
el principhoriginario y vital de una sociedad es divino, tam­
bién importa una fuerza sobrehumana que se excede la volun­
tatd de los individuos. «Las naciones
-afuma-, como los in­
dividuos, tienen una misión en el mundo», una tarea-escrita por
cierto en los insondables designios de Dios (35).
Casi en la conclusión de su libro De Maistre volvió a la
tesis ya expuesta con anterioridad en sus «Consideraciones so­
bre Francia»: que las naciones eran los «instrumentos de Dios»
y que los individuos intentaban vanamente escribir arra historia
que la historia sobrenatural. Una conclusión que rememora su
propia interpretación de la Revolución francesa como un acto
· teatral,
con un escenario y un parlamento incongruente con la de­
bilidad y miseria de los protagonistas principales. En esa pers­
pecriva, los personas de la Revolución aparecían sencillamente
como instrumentos insconscieni::es de una voluntad externa, cuyo
poder ignoraban completamente.
En su posición de exégeta de los designas divinos,
el conde
De Maistre
se atrevió a dudar de la voluntad de los revoluciona­
rios de establecer una República, aludiendo de
ese modo, sub­
repticio, a la potencia de una voluntad sobrehumana. Con
esa
ioterpretación, De Maistre se colocaba en las antípodas de la vi­
sión ilustrada que aseguraba ver en los profetas revolucionarios
{35) Estudio sobre ...• pág. 179, nota. Años antes, en sus Considera­
ciones sobre Francia diría: «Estamos atados al ttono de Ser supremo con
una
cadena flexible que nos retiene sin esclavizarnos», pág. 9.
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DE MAISTRB Y SU "BTUDB SUR LA SOUVBRAINBTE"
la alborada de un nuevo mundo. Allí, donde, precisamente,
be Maistre no veía más que cinismo, impotencia e inconscien­
cia (36).
BIBLIOGRAFÍA
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gobierno temporal de
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llNruQUE ZtlLETA P.: Raz6n polltica y tradición, Speiro, Madrid, 1982.
(36) Tesis ésta que ya había expuesto en sus Consideraciones sobre
Francia y que le valió su apelativo de «satánjca:» -en el sentido de con­
traria a Dios-para la Revolución francesa. «Se ha observado -dice-,
con gran rv.ón, que la Revolución francesa condúce a los hombres más
de lo que es conducida por ellos». «Nunca pensaron Robespierre, Collot
o Barrere en establecer el gobierno revolucionario y el régimen del Te-­
rror; fueron conducidos insensiblemente por las circunstancias», Conside­
raciones ...
, pág. 12.
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