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Número 263-264

Serie XXVII

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Sugerencias para una cosmología teocrática

SUGERENCIAS .PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
POR
MANUEL M. DOMENBCH IZQUIERDO
INDICE
Primera parte: ÚÍTICA DE LA RAZÓN FALSA.
La confusión de la imagen COn la idea.
El abuso de la imaginación.
El fracaso de los modelos.
La crisis provocada por la física cuántica.
La hipostiz.ación de los números.
La madurez de la física.
El racionalismo.
La crisis provocada por el principio de indetermiflaéión.
La verdad en entredicho. El kantismo.
La crisis provocada por la teoría de la relatividad. Cómo es posible la ciencia fisicomatemática.
Segunda parte: COSMODINÁMICA.
Resumen histórico.
La cosmología medieval.
La _cosmologia clásica.
La dinámica del cosmos.
La gravitaci6n.
El principio de inercia.
Cosmologia · teocrática.
Obras citadas o consultadas.
PRIMERA PARTE: CRITICA DE LA RAZON FALSA
LA CONFUSIÓN DE LA IMAGEN CON LA IDEA
El abuso de la imaginación
Todas las metafísicas erróneas tienen su origen en una mala
interpretación
ele· 1a naturaleza, debida a una equivocada utiliza­
ción de las facultades cognoscitivas.
La más primitiva
y burda de estas equivOCaciones es la con-·
fusión de la imaginación
y la inteligencia. Es propia de las más
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
antiguas filosofías: «Demócrito, como los antiguos materialistas,
no establecieron diferencia entre el entendimiento y el senti­
do»
(1). Dice San Agustín contra Fausto: «VosotrOS, los ma­
niqueos, con este vuestro corazón, incapaz de pensar nada fuera
de las imágenes corporales, no alcanzáis a entender» (2); ya
Santo Tomás nos advierte de que "la causa de error está en esto:
«cuando alguien toma las imágenes como si fueran las mismas
cosas, incurre en falsedad» (3 ). «Entre nosotros, las equivoca­
ciones provienen precisamente de
la fantasía, que nos impulsa
a adherirnos a las imágenes de las cosas como si fueran realida­
des» ( 4 ).
Pero tampoco el pensamiento contemporáneo está libre de
esa confusión; es muy frecuente que en el momento en que un
joven comienza sus balbuceos filos6ficos, leyendo un libro de
divulgación científica, o escuchando a un profesor inepto o
co­
modón, se encuentre con una frase como ésta: «Todo está for­
mado por átomos y éstos por partículas que llevan carga posi­
tiva, negativa o neutra». Sigue después un dibujo, una imagen
vale más que mil palabras, se dice; en este momento, el lector
o los alumnos imaginan la verdadera realidad de las cosas como
aquello que ven en la figura,
y dan más fe a esa imagen arbi­
traria del dibujante o profesor, que a lo que, a
partir de enton­
ces, verán con sus propios ojos.
Las mentes de la juventud que asimilan estas teorías que­
dan esterilizadas filosóficamente porque las imágenes que se to­
man como la realidad de la cosa son típicamente dos: o bien
consisten en los corpúsculos de Dem6cr!to, burda mezcla del
monismo estático de Parménides con
el vacío, como solución
para posibilitar el movimiento; o bien en las ondas, que recuer­
dan
el fluir sin sujeto, propio de Heráclito. Esto último se cum­
ple en las teorías electromagnéticas que presentan los campos
eléctrico
y magnético como efecto, uno del movimiento del otro
sin verdadero . sujeto real del. movimiento.
El padre Ramón Orlandis,
S. J., decía que las dos únicas
posibles salidas erróneas
para el que no entendiera la doctrina
de Aristóteles
y Santo Tomás, del acto participado por la po­
tencia, eran el monismo estático de Parménides o el dinamismo
de Heráclito,
es decir, -las concepciones que se fometan actual­
mente
con las teorías de las partículas y las de las ondas.
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(1) Suma Teológica, I, q84 a6.
(2) Suma Teológica, III, q31 a4 s2.
(3) Suma Teológica, l, ql7 a2 s2.
(4) Suma Teológica, I, q54 a5 s.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
Aclarará mucho lo que sigue este ejemplo; podemos simpli­
ficar la geografía de una comarca con el modelo de un plano;
en
él se cumplen las mismas leves geométricas · que en la reali­
dad: la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta;
los cuadrados levantados sobre las hipotenusas tienen
la misma
área que
la suma de los leventados sobre los catetos de los trián­
gulos rectángulos; también nos
sirve para trasladar afirmaciones
del plano a la realidad: si entre dos puntos del plano hay doble
distancia que entre otros dos, eso ,núsmo ocurre entre los cuatro
puntos correspondientes de la . realidad.
Imagioemos que tenemos dibuiado un plano completo;
ca­
rreteras, ·ríos, casas, líneas. eléctricas, et:é. Pues bien, por más
que contemplemos un plano de una coinarca desconocida, nunca
podemos adivinar la sensación que. nos producirá el llegar a. la
comarca y ver · la belleza de su· paisaje. ;tal como es; un plano
nunca parecerá
Ia realidad. Sucede muchas veces que si las di­
ferentes altitudes sobre el
ruvel de mar de un mapa, se pintan
con colores verdes o marrones
de diferente luminosidad, llega­
mos a un sitio esperando encontrar prados y hallamos párámos,
o trigales cuando hay bosque.
Lo realmente importante es entender aquí que el paisaje
arbitrario que imaginamos al ver un plano de un lugar nunca
visitado, casi no tiene nada que ver
con, la realidad que ali!
existe; pues bien, ese es el error de casi todos ,los científicos,
incluso los más impottantes, desde el renacimiento hasta muy
entrado el siglo xx.
El fracaso de los modelos
Prueba de la falsedad de lo urdido por la imaginación sobre
la.s abstracciones matemáticas, es el fracaso de los modelos a lo
largo de la historia; el caso más patente, reconocido por todos
los
cientfficos actuales, es el de la vieja teoría del «calórico».
El proceso mental· que tiene lugar en el quehacer científico
es .el siguiente: de una aténta observaci6.t;i del mundo que aparew
ce patente a nuestra s'ensibilidad, se soSpecha la e.xisteqcia de
una relación cuantitativa, siempre constante, entre una serie de
medidas tomadas sobre los componentes de un · sistema identi­
ficable de alguna manera
en distintos lugares y tiempos. Por
ejymplo: si se tiene un litro de agua a punto de hervir y otro
a punto de congelar y se mezclan, se hallará, midiendo sus tem-
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MANUEL M. DOMENECfl IZQUIERDO
peraturas con un termómetro de dilatación lineal; que la tem­
peratura de
la mezcla es la media de las otras dos.
Se concibe seguidamente un modelo que podría ser imaginar
qm;· .existe un fluido, que· históricamente se llamó «calórico~,
que está mezcla termii::ta ·la te~peratura de los . mismos, y que, en nuestro caso,
al mezclar los dos litros de agua, se reparte de manera que la
temperatura resultante es el promedio de las de los dos litros
de agua separados;
-he utilizado a propósito este ejemplo, para
-hacer ver la futilidad del modelo, con una hipótesis que, ino.
dernamente, Ia misma ciencia. ·se -ha encargdo de despreciar, .como
debemos -hacer con todos los modelos, incluso con -los que la
ciencia
todavía utiliza. ·
En 1798, Benjamín T-hompson, Conde de Rumford, viendo
fabi:icar cañones, obsei:vó que_ no parecía haber límite en el 'ca­
lor emitido por un cuerpo frotado; en este caso eran los pro­
pios cañones,
al ser taladrados; el calor que salía era tanto, que
no
podía estar dentro; el calor no podía ser un fluido y el «ca­
lórico» dejó de existir
La crisis provocada pOr. la física cuántica
Es muy interesante seguir en los libros de historia de la
ciencia los diversos experimentos que han llevado a asegurar
categóricamente en qué consiste
la realidad de la luz. Así, en
1803, Thomas Young (1773-1829) deséubre los fenómenos de
interferencia entre rayos luminosos,
y como sólo ,pueden inter­
ferir las ondas, deduce con seguridad, y es
creído por todos,
que la luz
es la vibración de algo.
Pero
_en 1905, Alberto Einstein interpretó el efecto foto­
eléctrico de · manera que se deduce -la naturaleza corpuscular de
la luz, en contraposición con la teoría ondulatoria, mereciendo
el Premio Nobel de Física precisamente por esto, no por su
famosa teoría de la relatividad. No hay que darle vueltas;
ru:,
se 4-escansa hasta ·que se renuncia a «imaginar» qué es lo que
realmente sucede en lo que se llaman «comprobaciones experi--
mentales».
En 1925, el príncipe Louis Víctor de Broglie,
nombra secretario perpetuo de la Aca publicó su tesis doctoral que le valió el premio Nobel. La
am­
bivalencia inimaginable entre corpúsculo y onda se extiende_ 1a todos
los ámbitos de la física microscópica. La imaginación que_
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PARA UNA COSMO!DGIA TEOCRATIC4
intente representarse el modelo contemporáneo de la realidad
física,
quedará perpleja.
Lo que claramente se tenía como fenómeno
ondulatorio, es
decir, la
llll!, empezó a presentar características corpusculares,
y !o que se había tomado· como definitivamente corpuscular, el
electrón, por ejemplo, empezó a presentar características ondt1-
dulatorias, al poderse difractar como los rayos de )lll!. Un desafío
para
la inteligencia, por ser imposible de imaginar.
Así quedan las mentes curadas del materialismo ingenuo
que intenta descubrir la realidad
de las cosas con la imaginación,
confundiéndola con
la inteligencia, y que ha sido el error de
muchos, desde Demócrito a los actuales materialistas, que no
saben
salir del simplismo que supone aoeptar sin crítica las fal­
sas aseveraciones de los textos de divulgación científica o las
explicaciones
·. de los malos profesores que se han puesto a en­
señar lo que todavía no han aprendido.
La imposibilidad de representación imaginativa de algunos
modelos contemporáneos es un alivio para el peligro que
la re­
presentación constituía. El no poder imaginar .el modelo onda
---<:orpúsculo, y la perplejidad ante el fracaso del modelo es­
pacio---temporal clásico, son dos fuentes de luz para volver al
camino del ser; la imaginación se ve perdida
y no puede entro­
meterse. Los científicos modernos están ·más atentos para con­
servar las abstracciones en su pureza inicial.
LA HISPOSTIZACIÓN DE LOS NÚMEROS
La madurez de la física
Gracias
a los últimos progresos científicos, resulta, hoy día,
menor
el peligro de confundir la imagen con la idea, revistiendo
de cualidades sensitivas arbitrarias, las abstracciones físicoma­
temáticas; pero a esto sólo llegan los
más dotados; la divulga­
ción científica y
la enseñanza básica pueden continuar indefini­
damente haciendo daño, en contra de los criterios de los gran­
des físicos.
Los que ya no confunden la imagen Ton fa idea, tienen, en
cambio,
el peligro de que el afán de pureza en la abstracción
matemática los· lleve a-caer en errores pitagóricos, es decir, a
dar existencia sustancial a lo.,s mismos 11:úmeros, a hiJ.)osta-siarlos.
Este error puede popularizarse ahora más fácilmente gracias
a
la imposibilidad de imaginar el modelo onda-corpúsculo, pero .
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
incluso antes de que existiera la mecánica cuántica, ya algunos
científicos
se inclinaban hacia desviaciones pitagóricas. Sirvan
de
muestra estas palabras
de Heinri.ch Herz, el descubridor de
la ondas de radio: «Uno no puede escapar al sentimiento de
que las fórmulas matemáticas· tienen . una existencia
mdepen­
diente e inteligencia: ·propia, de que son más sabias que nosotros,
más sabias incluso que · sus descubridores, que obtenemos de
ellas
más de lo que hemos puesto». Realment.e si001pre ha es­
tado Pitágoras ,presente: «Siento que todo lo de la naturaleza
y el gracioso cielo está puesto en símbolos en la geometría».
El racionalismo
Se ha escrito también que, a partir de que el hombre reco­
noció no ser su planeta el centro del universo, dio entrada a
cristianísimos
sentimietrtos de humildad en su corazón; «la idea
geocéntrica estaba acorde con
el sentimiento orgulloso del hom­
bre renacentista que
se suponía hijo predilecto de Dios» (5).
Desde luego que
el hombre renacentista no fue el primero en
creerse hijo predilecto de Dios, sino que esto es así desde toda
la historia de la religión judeocristiana, pero es que, además,
rotundamente, no fue humildad cristiana dejar de creer que
todo giraba alrededor del
hombre, porque la cosmología medie­
val creía que todo giraba alrededor del centro como quien
do­
mina a Io inferior; decir que la Tierra nci era el centro, para
algunos, era lo mismo que quererse quitar a Dios de encima.
Si el cambio del geocentrismo por el heliocentrismo es el
comienzo del renacimiento, éste es hijo del orgullo; y de un
orgullo que lejos
.de reconocerse hijo predilecto de Dios, intenta
hacerse Dios mismo, como veremos ahora. No veo mejor ma­
nera para decir lo que quiero, que citar estos párrafos de Rafael
Gambra (6):
«El modo de ser de los seres que pueden o no existir,
cuya esencia no conlleva la existencia, es lo que los filó­
sofos llamaron contingencia. Todos los seres de
la natu­
raleza son contingentes. El concepto de contingente
se
opone al de necesario. Un s~r nece~ario sería aquel cuya
(5) «Galileo, un hombre COJ;ltra el tiempo», HÉCTOR ANAYA, Revista
de Geografía Universal, sept., 1977, pág. 316. . .
(6) «Historia sencilla de la filosofía», RAFAEL GAMBRA, Rialp., pá-
gina 180 y 181. ·
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PARA UNA COSMOWGIA TEOCRATICA
esencia fuera existir, aquel en que la existencia no fuera
un algo exterior a
su ser, llovido un día sobre él y de­
saparecido otro, sino algo ínsito
en su propio ser. La filo­
sofía cristiana, y la aristotélica también, atribuyeron ese
modo de ser necesario a Dios. Dios es el ser por sí, los
demás seres SOn por otro, por un acto exterior a su pro­
pio ser. El concepto de conringencia es correlativo con el
de necesidad
y conduce a él.. Así, el descubrir la contin­
gencia en los
seres de fa naturaleza era el argumento clá­
sico para demostrar que ha de existir un ser necesario
o Dios.
»Pues bien, la filosofía moderna, obedeciendo secre­
tamente a ese impulso
hostil al teocentrismo, es decir, a
la concepción religiosa del universo, pretendió
traslaru¡r
a esa condición de ser necesario, desde Dios al mundo en
que vivitnos. No
es que adjudicase la necesidad a cada una
de las cosas reales existentes, ya. que esto pugna con la
experiencia, pero sí al mundo universo considerado como
unidad. Nosotros vemos unas cosas como necesarias y· otras
como contingentes. Un teorema matemático, si
lo he com­
prendido, me aparece como algo necesario porque se re­
fiere a relaciones entre esencias. Así, afirmo yo, por ejem­
plo, que "los ángulos
de un triángulo valen (necesaria­
mente) dos rectos", de forma tal que cosa disrinta sería
conti:'adictoria, impensable. En cambio, las cosas existen­
tes en la naturaleza o acaecidas en el tiempo me aparecen
como contingentes. Así, afirmo que "las partes del mundo
son cinco" o que "Napoleón venció en Ratisbona", pero
concibiendo que bien podría ser . o haber sido de otra ma­
nera, lo que no hubieta entrañado contradicción alguna.
Según
fa concepción racionalista, fa contingencia no es algo
real, sino
·un defecto de nuestro modo de ver las cosas,
de nuestra capacidad de conocer. En un conocintiento
adecuado, perfecto, de las cosas
de la naturaleza, éstas se
verían tan necesarias como cualquier proposición matemá­
.tica. Porque el universo es en si necesario, tiene una es­
tructura racional v su clave se halla escrita eri signos ma­
temáticos. Laplace acertó a expresar esta tesis general del
racionalismo de forma muy gráfica: "Si una
inteligencia
humana potenciada, dice, llegase a conocer el estado y
funcionantiento de todos los átomos que componen el Uni­
verso, éste le aparecería con· la claridad de un teorema
matemático: el futuro sería para ella predecible y
el pa-
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.,
MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
sado deductible". Es decir, para el racionalismo la reali­
dad no
se halla asentada sobre unos datos creados contin­
gentes, es decir, que podrían ser otros diferentes;
ni en
su desenvolvimiento
hay tampoco contingencia, indetermi­
riaci6n o azar, sino que la ex_Sitencia es un desarrollo ne­
cesario, algo de naturaleza racional que, conocido en sí
mismo,
se identifica con su propia esencia. La realidad no
es una cosa contingente que recibió la existencia
y necesita
de un ser necesario como causa, sino que, en su ser total,
es_ un ser necesario, algo que desCansa en si mismo. y se
explica por sí».
Realmente los hombres del
renaCllll1ento piensan que «el
universo es en-sí necesario, tiene tina éstructura racional y su
clave se halla escrita en signos matemáticos; en enero de 1641,
Galileo escribía a Liceti: "Las figuras geométricas y entidades
matemáticas que
ya· Platón había reconocido como elementos
primeros de la
estructura de la realidad de las cosas, éstas son
las letras que componen
el libro de la filosofía que es la natu­
raleza". Hav en literatura científica multitud de citas como ésta,
o incluso
más exageradas, que llegan a destilar un manifiesto
panteísmo geométrico. En Harmonice
Mundi, obra que completó
Kepler en 1618 dice: "La geometría existía antes que la
crea­
ción, es coeterna con la mente de Dios, es Dios mismo ( qué
existe en Dios que no
sea Dios mismo); la geometría proveyó
a Dios con un modelo para la creación,
y fue implantada en el
hombre iunto con la semejanza de Dios, no introducida en su
mente a través de los ojos" (7). El descubridor de
las ondas de
radio, Heinrich Herz,. sin duda, hetedero de Kepler, escribe: "El
que ve la
geometría ve a Dios, porque la geometría fue el ar­
quetipo para la creación, y como en Dios todo es lo mismo, el
que ve la geometría, lo ve todo en El"» (8).
La misma teoría de
la relatividad general es un intento de
reducir la física a geometría. En efecto, Hans G. Ohnian, en su
libro
Gravitation and space time (9), reemplaza el término «re­
latividad general» por «geometrodynamics», que toma de Whee­
ler, que en su obra Geometrodynamics ( 10) dice: «No hay nada
(7) «Harmonice Mundi», KEPLER, lib. IV, cap. I.
(8) «The sleepwalkers», ARTHUR KQETSLER, Pelikan Book, pág. 104.
(9)" «Gra.vitation and spa.ce time», G. ÜHANIAN, Norton & .Company,
New York, London, 1976.
(10) «Geometrodynamics», WHEELER, Academic Press., New York, 1962, pág. 225.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
en el ·mundo excepto el espacio curvo vado. Materia, cargas,
electromagnetismo y otros campos son manifestaciones de la cur­
vatura del
'espacio. La física es geometría».
Las antiguas civilizaciones veían la historia como consecuen­
cias de las acciones de los movimientos de los astros; la física
de Newton describe
la ley de esos movimientos; Kant afirma
que
es el hombre el que impone la ley a los astros; el hombre
se hace providente. Dice Laplace: «El futuro es predecible y el
pasado deductible»;
el .hombre se hace eterno.
Nuestra civilización ha tomado siempre
el conocimiento de
la necesidad del cúmplimiento de las leyes físicas como un acto
de sabiduría y, sin embargo, como señalaba José M.' Petit en
su conferencia
Libertad y Determinismo pronunciada con oca­
sión de la XXIV Reunión de amigos de la Ciudad Católica, el
1 de noviembre de 1985, ni
el mismo Platón pensaba así, pues
en
el Tuneo · contrapone ·precisamente la necesidad y la inteli­
gencia en la formación del mundo. Volveremos sobre esto más
adelante en la página 464.
La crisis provocada por el principio de indeterminación.
Werner Heisenberg, en 1927, formula el principio de inde­
terminación. El viejo sueño de La,place, del científico profeta
que, conociendo
el estado de movimiento y situación de todas
las partículas del universo sería capaz de profetizar todo el por­
venir, ha
terminado. El sabio no oodría ni empezar sus cálcu­
los ( 11 ). No se pueden tomar los datos del problema; toda pre­
cisión en la posición
únolica un ertor inevitable en el movimiento
v viceversa;·
de nuevo la imaginación queda pet,pleja; y esto· no
por defecto de la manera de medir, sino porque la realidad
con­
creta se escapa y no se deja encuadrar en un_ modelo que suponga.
la posibilidad de eludir el principio de indeterminación de
Heisenberg. Los modelos físicomatemáticos no son objetivables
ontológicamente.
· Ahora, el principio de indeterminación de Heisenberg, y los
experimentos que llevan a él, demuestran que fa última realidad
de
las cosas no obedece a la ley matemática que el hombre pue­
da concebir. La realidad se escapa y con plena libertad obedece
sólo a Dios.
La física no puede determinar su objeto; y no es
(11) «Lo doble faz del mundo ffsico•, DESroÉ!uo PAPP, Espasa-Ca!pe, pág. 154.
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
que las cosas no estén de ninguna manera, · sino que es falsa la
manera de plantearse el problema como lo hacen los determinis-
tas y probabilistas.
·
LA VERDAD EN ENTREDICHO
El kantismo
El mayor orgullo de la filosofía moderna ha sido cuestionar
la
misma posibilidad del conocimiento: aplicar el «método cien­
tífico» al estudio del mismo proceder del espíritu humano. Pero
esto lo han hecho hombres cuya actividad cientifica no estaba
libre de los dos errores que hemos
explicado:
la confusión de la
imagen con la idea, o la hipostización de los números.
Locke, fundador del empirismo inglés, intenta buscar un
. «mecanismo imaginable» mediante el cual sea posible al espíritu
«contactar con lo de fuera», que
es la manera de afrontar el
problema del conocimiento de todos aquellos que no lo solucio­
nan; buscar un «mecanismo imaginable»
es participar de los
dos dichos errores.
Si se pretende «imaginar» se confunde
la imagen con
la idea; Locke llama a los colores ideas. Si,
por otro lado,
se busca un «mecanismo» es porque la idea ra­
cionalista
subyaée en la mente. La definición de mecanismo es:
« Un dispositivo cuya conducta está completamente determinada
por reglas que gobiern t}
la transición de sus estados» (12).
Este racionalismo,· la hispostización de los números, la vo­
luntad de matematización universal, llega a Kant a través de
Wolf. La confusión de
la imagen con la idea, el empirismo
irracionalista, el fracaso de encontrar el
«mecanismo imaginable»
que
-haga comprender la posibilidad de que una mente tome
contacto con
lo de fuera, llega a Kant a través de Hume, que,
según él, le hace «despertar del sueño dogmático».
Con el empirismo, el racionalismo se viene abajo, pero es
tan seductor que Kant intenta salvarlo, y para ello trata de en­
contrar una solución al problema signiente:
. ¡Cómo es posible
que la ciencia
tenga razón, si es imposible al científico encon­
trar razones para nada?
Kant encuentra un~ aparente solución que tiene mucho éxito
porque parece que soluciona el problema tanto si se entiende
bien como
si se entiende mal. La manera más simplista de en-
(12) Mathematical foundations of programming. 7.2 IBM, Addison
Wesley, 1980.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
tenderla enfada a los más puristas kantianos, pero mucha gente
lo entiende así, lo cual populariza a Kant
más de lo que hubiera
sido
si se requiriera entenderlo bien para alcanzar una s_oluci6n
al problema de la posibilidad de la universalidad de las leyes
cientí{icas.
Esta manera simplista consiste en pensar así: todos vemos la
realidad exterior decodificada por decodificadores iguales para
todos los hombres y que hacen que cualquier consecuencia que
saquemos de lo que vemos decodificado según
cierta regla, tenga
que ser cierto, porque la consecuencia sacada también veudrá
, decodificada por los .mismos decodificadores.
Los. kantianos puristas dirían que las facultades cognosciti­
vas del hombre no son un sistema de decodificadores, sino que
el hombre
es un codificador de la realidad que le envuelve. El
resultado
es el mismo: el hombre no puede percibir c6digos
inválidos; he ahí por qué la ciencia es universal. ·
Esta soluci6n de Kant consiste en pensar que el hombre fil­
tra las señales del. universo que le rodea de manera que, cuando
saca consecuencias de los datos recibidos, éstas siguen funcio­
nando; son ciertas, porque el
sistema de filtrado hace que sea
congruente todo lo que pasa por el filtro.
La crisis provocada -por la teoriil de la relatividád
El fracaso del modelo físicomatemático del .«calórico» no tiene
otra importancia que la de servir de ejemplar de la poca con­
sideración que
se d_ebe a estos modelos; hoy día hace sonreír a
cualquiera el pensar
.que hubo un tiempo en el que se atribuía
«entidad»· al «calórico».
En cambio, hay modelos, cuyo fracaso tiene importantes
re­
percusiones en filosofía, precisamente porque la crisis de la filo­
sofía tiene su origen en la aceptaci6n sin crítica de dichos mo­
delos por parte de filósofos mal formados. Y á hemos visto el
fracaso de los modelos corpuscular y ondulatorio con la física
cuántica y el fracaM del modelo mecanicista determinista con el
principio de indeterminación de Heisenberg; vamos a ver ahora
el fracaso del modelo espacio temporal clásico.
Hemos dicho que Kant creyó hallar solución a todos sus
problemas diciendo que la causa de que los hombres pudieran
acertar y predecir con verdad el resultado de las experiencias
físicas,.
y, por taoto, proyectar la creatividad de la técnica hacia
nuevas y progresivas realizaciones, .era que, a pesar de que no
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
podían llegar al conocimiento de la realidad, ésta se presentaba
siempre a la sensibilidad humana filtrada por las formas
a priori
que eran el espacio y el tiempo.
Pues bien, tres años
más tarde de que León XIII recordara
a todos los pensadores la
existencia de Santo Tomás en su en­
cíclica Aeterni P atris, se realizó un experimento cuyo resultado
está en contradicción con todos aquell~s que pensaban que los
experimentos . tienen que verse filtrados por el tiempo y el es­
pacio como formas intuitivas ·· a priori de la sensibilidad; pre­
cisamente el
resulta lidad espera de los
. condicionantes espaciales que está acostum- .
brada a manejar,
y conocido el resultado de dicho experimento,
es incapaz · de imaginar sensiblemente c6mo puede ser que dicho
resultado experimental sea el que es.
En 1881,
A. A. Michelson y E. W. Morley realizaron en
Cleveland su famoso experimento que dio
pie a la teoría de la
relatividad restringida y que fue la causa del profundo descon­
cierto que los aprioristas soportan a no ser que ignoren volun-.
tariamente este experimento. El fracaso de lo «previsto» es inin­
teligible para el apriorismo.
Luego las aseveraciones
de Kant, acerca de la intuici6n del
espacio
y el tiempo y de todas las percepciones a través de ellos,
no está de acuerdo
con los últimos hallazgos de la ffsicoma­
temática, cuya certeza tom6 él por fundamento. Según Kant, las
facultades cognoscitivas no pueden percibir incongruencias en
· ¡a, leves geométricas y cinemáticas del espacio y el tiempo, por
ejemplo; pues bien,
el experimento de Michelson-Morley, base
para
la teoría de la relatividad de Einstein, es una incongruencia
para
la peroepci6n de la sensibilidad y ·la imaginaci6n.
Hoy, Kant
ya no sirve. El daño que ha hecho habrá de ser
reparado, pero
ya no hará más. Al menos a los que mantengan
el tono de su espíritu lo suficientemente tenso para no dejarse
arrastrar por la decadencia de la civilizaci6n, v sean capaces
de
entender los últimos hallazgos de la física: la relatividad, los
· cuantos v la compleméntaridad.
Sin Kant no sirve, habrá que buscar una nueva explicaci6n al
hecho de que las teorías científicas funcionen universalmente.
Cómo es posible la Ciencia físicomatemática
Para buscar una nueva solrici6n al problema de la univer­
salidad de las leyes físicomatemáticas, recordemos en
primer
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
lugar que el prinop10 de la cantidad es la materia y que las
medidas se efectúan siempre entre cantidades. Como la matetia
es lo más común, ya 'que -entra en composición con toda natu­
raleza corpórea y además las formas superiores conservan vir­
tualmente todas las propiedades naturales de las formas subsu­
midas infetiores, las leyes físicomaternáticas se cumplen indepen­
dientemente del nivel ontol6gico
de. las formas que en cada caso
comuniquen el ser a las suStancias que intervienen en el fenó­
meno; por eso Arquímedes descubri6 su ptincipio al experimen­
tar el empuje que imprimía
el agua de su baño a su propio
cuerpo humano.
Cuaflto más se aproxime a la materia, -más universalidad
alcanza la ley física que se invente o se .descubra; como pa:ra su
cumplimiento la forma no se considera. para nada, puede ig­
norarse, y de hecho se ignora, con lo. que resulta que toda la
ciencia físicomaternática
es irremediablemente materialista. El
matetialismo no consiste s6lo en ignorat
la realidad def espíritu,
sino en prescindir hasta de la forma sustancial de la sal cuand"
se la corrompe en una cuba deorolítica. ·
El espíritu racionalista, que se complace en la universalidad
de las leyes físicomatemáticas, intenta
alcanzar la misma mate­
ria ( que
es principio de la cantidad, que funda las relaciones de
pn,porci6n ( 13 ), que son las leyes físicas), como la verdadera
realidad de
las cosas a través de sus deducciones mátemáticas,
hechas a partir de abstracciones realizadas sobre
la misma ma­
teria.
Al no conseguirlo, queda en tensi6n · hacia lo que llama «ig­
notum X», es decir, desconocido. Dice Kant en los próleg6me­
nos ( 14
): «Si los objetos de .los sentidos los consideramos jus­
tamente como puros fenómenos,-COnfesamos por esto, igualmente1
que en el fondo de ellos está una cosa en sí misma, aunque no
conozcamos cómo es en sí, sino solamente su manifestación».
Pues bien, la materia prima de Arist6teles es el «ignotum X»
de Kant,. pero el primero, al saberla ininteligible no olvida al ser
y lo busca donde está; enseña a andar por .la línea del A:CTO.
Las soluciones realmente filos6ficas de los problemas cos­
mol6gicos hay que buscarlas por la línea del acto, del ser, del
bien v la verdad. Del mar de la mentira materialista s6lo se
puede salir al impulso del viento del espíritu. .
(13) Suma Teológica, I, q28 a4c.
(14) «Prolegómenos•,
KANT, Aguilar, pág. 127.
451
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MANUEi M. DCIMENEGH · IZQUIERDO
SEGUNDA PARTE: COSMODINAMICA
RESUMJll\í-, HISTÓRICO
La cosmólogía ~edieval
La cosmología medieval distingiria en el universo dos regio­
nes ron características.bien diferenciadas: la esfera sublunar, que
contenía las· sustancias que están sujetas a la corrupción, debido
~ ]a contrariedad de las cuatro cualidades: frío, calor, sequedad,
humedad, y la
región celeste, poblada de cuerpos incorruptibles,
sin rugosidades, perfectos
en su esfericidad y en todos sus atri·
butos. · ·
En Ja' regióri sublririar, los cueipos se desplazaban debido a
k teridéncia' "que tenían los elementos de que estaban compues­
tbs a ocupar su lugar'pro¡,io; fuera de éste, estaban desplazados,
!nacabados, apeteciendo su perfección completa, que conseguí®
al alcanzarlo.
El lugar central e inferior era el propio de la tietrá,
elemento· frío y · seco; sobre ella se situaba el· agua, cuyas cuali­
dades
eran la frialdad y la humedad; encima, el aíre, que era
caliente y húmedo;
y, .por fin, la parte más alta correspondía
al fuego, cálido y seco.
En la región celéste, la materia de los cuerpos era distinta;
la forma de los cuerpos celestes colmaba totalmente la poten­
cialidad de su materia, por .Jo que no.· les quedaba posibilidad
de ningún cambio fuera
de lá rotación· circular de las esferas.
Sin los medíos
tecnol6gícos que permiten mediciones preci­
sas y variedad de puntos de vista interplauetarios, el modelo
astronómico medieval de
la región celeste se mantenia muy pró­
ximo a
-las primeras e inmediatas percepciones y apariencias que
se dan al mirar al cielo'.
· Concebían el sistema del mundo como formado por un con­
jtinto de ·esferas co11Céntricits-.. y cristalinas, es decir, transparen~
tes, en cada una de las cuales se situaba un planeta;. la Tietr~
ocupaba
el centr~, la primera esfera era la de la Luna, seguían
los planetas con·
el Sol· enire las esferas de Venus y Marte,' y
todo quedaba encerrado y terminado por la esfera de las estre,
llas fijas. Los. ejes de cada esfera se alojaban en la que la en'
volvía inmediatamente y se pensaban orientados de manera que
los astros, vistos desde la Tierra, reproducían con
sus movimien­
tos las
<1pariencias de la realidad.
Como las esferas·
no ~n que" conseguir ninguna forma para
452
Fundaci\363n Speiro

PARA UNA COSMOLO(;IA TEOCRATICA
su perfeccionamiento, puesto que su. materia tenía toda su po­
tencialidad colmada. y, además, las rotacioues no tienen propia­
mente fin, los
movimientos celestes no podían obedecer a una
forma
natural y, por tanto, su causa tenía que atribuirse a las
sustaD.cias separadas de la materia, es decir, los áhgeles, que,
por su inteligencia, podían concebir un fin del movimiento y, por
su poder, las impulsaban para e<>nseguirlo. El fin eta completar
el número de los elegidos, ya que, al mover Ios delos, provoca­
ban
los cambios de las estaciones y todo lo que se requiere en
la Tierra para la vida de. los hombres.
La c~smología clásica
Durante la Edad Media, esta poética y sugerente síntesis
cosmológica
se explicaba en todas . las .cátedras y se seguía en
todas
las escuelas; tenía su base científica en el Almagesto, obra
de Claudia Ptolomeo, astrónomo
griego del siglo n, que murió
en
Alejandría hacia el año 178; su sistema estuvo en boga hasta
el siglo xv.
A partir del siglo
XVI, los hombres que realmente repre­
sentaron un progreso en cuanto al hallazgo de verdaderas leyes
físicomatemáticas fueron Tycho Brahe, Kepler y Newton, llevando
a
cabo un ímprobo y genial trabajo de observación, ordenación
y
síntesis. .
Tycho
Brahe vivió de 1545 a 1601. Hizo el catálogo de las
estrellas visibles a simple vista y anotó sus posiciones. Confec­
cionó, por tanto, las primeras tablas astronómicas. Tycho
Brahe
era danés, de familia noble. No aceptó la obra de Copérnico.
Estudió leyes en la universidad de Copenhague. Concebía
1a
Tierra en el centro del universo, el Sol giraba alrededor de ella
y todos los demás
cuel"pOS celestes alrededor del Sol. Contó con
la ayuda de Federico II de Dinamarca, por lo que pudo estar
desde 1576 hasta 1592 en Uranieborg ( «castillo de los cielos»),
donde llegó a medir sin ayuda óptica hasta
el minuto 4e atto
entre las visuales de las estrellas. Al morir Fedetico II en 1592,
fue expulsado de allí. Sostenido
por Rodolfo II de Bohemia,
trabajó en un observatorio de Praga, ayudado por Keplet. Por
ello
las tablas se publicaron con el nombre de «Rudolfinas». ·
Con los datos de estas tablas solamente, Kepler descubre y com­
prueba sus tres famosas leyes.
Nacido prematuramente, Juan Kepler vivió entre 1571 y
1630. Delicado de
la. vista, pobre y enfermo. Enseñaba astrono-
453
Fundaci\363n Speiro

MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
mía en Tubinga cuando tropezó con las ideas de Copérnico .. Es­
taba profundamente convencido de
que encontraría sencillas le­
yes geométricas a parrir de las observaciones de Tycho Brahe.
En 1609, Kepler, publica sus dos primeras leyes y la tercera
en 1619:
l. Las órbitas de los planetas son elípticas y el Sol ocupa
uno
de los focos.
2. La velocidad a ero lar de los planetas
es constante.
3. Los cuadrados de los períodos son proporcionales a
las
terceras potencias de los semídiámetrOs de las órbitas.
El genio que redujo estas leyes
al problema mecánico, equi­
valente
al lanz&miento de una piedra fue Isaac Newton. Este
eminente físico
es el primer hombre capaz de concebir un mo­
delo físicomatemático, fundado en las leyes de inercia y de la
gravitación, con el que será posíble calcular la posición de astros
nunca vistos.
Su obra fundamental,_ publicada· en 1687, escrita
durante los dos años anteriores,
se titula, precisamente, Philoso­
ph.ie natura/is principia mathematica. Lo aportado por Newton
permite deducir matemáticamente
las leyes de Kepler. · ·
Si todo lo movía el delo, y el hombre va tenía la clave del
delo, se hacía el réy del universo. .
Newton muere en 1727
en Ke11sigton. La siembra ha ter­
minado. Con él surge
la llamada física clásica que se . desarrollará
durante los siglos
xvm y XIX. Esta física, llamada clásica, no es
medieval, sino la que comienza a partir de Newton.
No obstante,
el siglo XX es, desde el principio, la historia
de la cristis total de esta nueva física.
;Se hará justicia con la
física de Aristóteles?
LA DINÁMICA DEL COSMOS
La gravitación
Para entrar de lleno en la esencia del fenómeno de la caída
de
)os graves, hemos de introducir una teoría ontológica de la
gravitación, cosa que no se ha hecho todavía, ni pudo hacer
el
mismo Newton: · ·
454
«Lo que yo llamo atracción puede tener lugar por im­
,pulso o por otros medios desconocidos para mí. Uso esta
palabra aquí solo para significar,
en general, cualqtúer fuer­
za, mediante la cual los cuerpos tienden unos hada los
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PARA úNACOSMOLOGIA TEOCRATICA
otros, cualquiera que sea su causa. Debemos aprender de
la naturaleza qué cuerpos
se atraen mutuamente, y cuáles
son las leyes y propiedades de
.)a atracción, antes · de in­
vestigar la causa por la que se produce
fa gravitación» ( 15 ).
La gravitación es una tendencia natural; lAs tendencias na­
turales, según la filosofía aristotélica, son manifestación de la
apetencia de las formas de los elementos hacia su lugar propio,
en donde consiguen la plena satisfacción de la potencialidad de
su materia.
Hoy sabemos, por el análisis espectral' de la luz llegada del
sol y las estrellas, por el
análisis de los astrolitos caídos a la
tierra, por · el de ,muestras tomadas de la luna y traídas aquí, y
por los· laboratorios de análisis químico automáticos de que
están dotadas aeronaves no tripuladas que
se han posado en
otros planetas del ·Sistema ·solar, que tierra, agua, aire y· fuego
no son elementos y que no tienen lugar (ubi) propio en el uni­
verso, ni esos antiguos elementos. ni los que· hoy día
se consi­
deran como tales, ni cualquier sustancia química.
Sin embargo, podemos decir que las formas minerales no col­
man tampoco totalmente la potencialidad de su materia, ya que
cualquier sustancia _química que consideremos tiene todavía po­
tencia para ser subsumida por otras formas en una reacción quí­
mica o nuclear; así,
el cloro puede formar cloruro ·s6dico y el
hidrógeno puede dar elementos más pesados por fusión nuclear.
Pues bien,
el resultado de la suma de lAs tendencias de cada
parte de materia
a formar sustancias con el resto de materia
del universo
es lo que , la técnica llama gravitación.
· Así se comprende la fórmula de Einstein:
F=m·c"
La energía total que .podria desarrollarse a partir de una
detei,minada tnasa es proporcional a ella, y esta misma ·masa es
proporcional a su peso en' un punto definido del universo en
relación con
las demás masas; dicha energía se desarrollaría si
la 1>0tencia llegara a quedar totalmente colmada; esto es impo­
sible, porque
al alcanzar nuevas formas las viej.ls, ya que no
puede
la materia set simultáneamente todas las formas, solo po­
demos computar; en las reacciones nucleates, por ejemplo, el
balance entre la masa perdida y la energía desarrollada, pero
(15) · «Cuestiones propuCStas al· final de la 6ptica», ISAAC N~WTON,
Selección, Austral 334.'
455
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MANUEL M. DOMEi'/ECH IZQUIERDO
ese balance da, como resultado,. dicha fórmula y hace ver la re­
lación de proporcionalidad que hay entre la gravitación y la
energía para un determinado
cuerpo ..
Ya San Agustín había dicho: «Los pesos son como los amo­
res de los cuerpos» (16); y Aristóteles: «El bien es lo que todas
las cosas apetecen» (17); las tendencias naturales son .el resul­
tado de. la tendencia a la
perfección de los. cuerpos; . tanto para
la cosmología medieval como para la contemporánea; basta esta
idea para poder
sustituir mentalmente los ejemplos que pone
Santo Tomás refiriéndose
a la apetencia de los cuerpos por sus
luga~es propios; .por otros que se refieran, no a su lugar propio
(ubi), sino a la configuracióp espacial perfecta de todos los cuer0
pos según su especie (situs). Si se hace así, el ámbito de aplica­
bilidad
de su filosofía recupera las dimensiones cósmicas que
merece
la verdad. ·
Por tanto, la apetencia de todas las sustancias por formas
superiores,
es Ia causa. material ontológica de la gravitación.
El principio de inercia
. El principio de inercia se toma como origen histórico y base
fundamental de la
mecánica, e incluso de la física moderna:
456
«¿Cómo explicar el movimiento de las esferas celestes?
No hay que olvidar que entonces
se ignoraba la idea bá­
sica de la mecánica moderna,
el· principio de inercia ( un
cuerpo en movimiento uniforme· no necesita ninguna fuer­
za para continuar moviéndose de fa misma manera). El
movimiento del complejo sistema
necesitaba un motor per­
manente;
por tanto, habla que suponer un primer motor
(Dios) que anima todo el sistema del mundo por
úna acción
que comunica
directamente a Ia .primera esfera, el cielo
de
las estrellas fiias» (18).
«Con el derrumbamiento de la representación cósmica
y teológica de la causalidad, y con la negación de toda
animación del
universo, la nueva ciencia tuvo que buscar
fa explicación causal al nivel de los cuerpos mismos; sus
movimientos no hablan de
set explicados ya por una causa
extraña, eta una realidad que
se conservaba en ellos (prin°
(16) «La ciudad de Dios», libro 9, cap. 28.
(17)
Suma Teol6glca,. I, q6 a2 d2.
(18) «Filosofía de
la Naturaleza», AuBERT, Herder, pág. 82.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATJCA
cipio de conservación de la cantidad de movimiento, prin­
cipio de inercia);
su energía propia se basta1oa. ·• sí mismac
Del mismo .. modo el movimiento ]peal u.nifo~me ( aquel
que, para
los antiguos representaba el tipo mismo del cam­
bio), fue considerado muy pronto no ya como un cambio
real que necesitaba fuera de
sí mismo la explicación, sino
como un simple estado de los cuerpos como lo
es el re, /
poso. Como consecuencia de todo ello, la causalidad per­
dió su sentido
metafísico» (19).
Sin
embargo, .mirando bien las cos~s, la «inercia» . es si,m­
plemente el nombre dado a un hecho, no su fundamento . onto­
lógico. No
se puede aceptar que principios ontológicos como los
que siguen, hayan sido «superados» por una mera ficción
físi,
comatemática. .
«Todo lo que se mueve es movido por otro» (20).
«Todo lo que se mueve, se mueve por algún fin; por Jo que,
alcanzado el fin último, ya
no se moverá» (.21 ).
El tema es importante porque precisamente uno de estos
principios
es pre¡¡rlsa para una vía . de demostración de la exis­
tencia de Dios: la del motor
inmóvil.
¿Por qué sigue moviéndose el péndulo al llegar a la. parte
baja
de su movimiento, si es lo que siempre apetece? ¿Cuál es
la causa ontológica de la inercia? .
El renacimiento revolucionario en el campo científico· y cos1
mológico empieza a tener algo que ofrecer cuando, · al expresa+
físicomateroáticamente el .principio de inercia ·
F=m · a,
y la ley de 1a gravitación unversal
m · ·m
F=G · ---
d'
es capaz de predecir la posición · de 10& astros aun sin baher!o~
visto antes, con sólo saber la influencia. que ejetce un cuerpo
celeste nunca visto sobre los demás; el hombre ,desmitifica el
cielo, se hace con su cl~ve y cori ella encuentra un nueV~ : fun;-
( 19) «Filoeofía de la Naturaleza», AlIBERT, Herder, pá~., l,j4 .. ·
(20) Suma Teol6gica, 1, q2 a3.
(21) Suma Teológica,
I, .q2 a2 d2. ·
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
¡,ermite además ridiculizar aquella filosfia según la cual el señor
de todo
es Dios, y la nueva conce¡,ción se avendrá muy bien
con
el liberalismo, que confunde la voluntad humana con la
divina, y con el idealismo que da a la mente humana atributos
divinos al hacerla creadora. Con todo ello la caída en
el evolu­
cionismo
más radical y materialista es inevitable.
La ridiculización ·
es posible porque la cosmología medieval
había aplicado
mal los princip~oó ontológicos del movimiento;
y lo hizo mal porque los. apliro directamente a aquello que los
había sugerido: los movimientos del cielo v la caída y ascenso
de los
cuerpos graves y ligeros, es decir, a lo que primeramente
se presenta a la sensibilidad humána. Pero no es que las aparien­
cias ellgañen, sino todo lo contrario;
Como obra de un gran artista, las apariencias sensibles son
sugerentes de
la verdadera realidad ontológica, por analogía in­
trínseca, pero también, a veces, metafóricamente, y de una ma­
nera bellísima -por cierto. Por ello fueron verdaderos aquellos
principios ontológicos
y por lo mismo se oueden entender co­
rrectamente todas las alusiones de la Suma Tet>lógica a la física
medieval si se interpretan, ál .tnenos, metafóricamente.
Ahora bien, para salvar plenamente la verdad de los _princi-.
pios ontológicos
del movimiento no tenemos más que aplicarlos
correctamente según los datos que ha
aportado la ciencia hasta
rillestros· días; estos datos son que todos los cuerpos astronómi­
cos están constituidos
por las miSmas ·sustancias químicas; que
no hay lugar (ubi) "privilegiado en el cosmos para ninguna sus­
tancia corporal; y que todas las sustancias minerales tienen una
estructura espacial ( si tus) determinada entre sus partes, a la que
tienden y en la que
reposan ..
Cada cuerpo mantiene_ su· estado de . movimiento si no inter­
viene ninguna fuerza corporal, es decir, mientras no se. 1maniM
fiesten las tendencias a la configuración espacial perfecta ( situs)
de las sustancias que interViehen en el fenómeno; para entender
esto hay que pensar en la gravitación .como el resukado con­
junto, de todas las tendencias corporales de cada cuerpo concreto
liada la configuración ¡,erfec¡a de todas las sustancias posibles.
;La materia de los cuerpos no tiene colmada toda _su potenci;tli­
dad,
y le queda apetencia por todas las otras formas, que alcanza
aproxim~ndose
y uni.éndose a las demás sustancias; y no liay
que buscar. sujeto. aislado de esta, apetencia,. porque la materia
prima informe no tiene
existencia actual; esta apetencia la tie­
nen los cuerpos debido a su ·materia.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
Las manifestaciones elásticas y eléctricas son eso mismo pero
cuando predominan las solicitudes
y afinidades de sustancias
concretas, hacia
la .configuración perfecta de una sustancia es­
pecífica, por éstar más próxima su formación. Las fuerzas mag­
néticas son en realidad eléctricas, ya que cualquier campo mag­
nético se convierte en eléctrico con tal de aplicar conveniente­
mente la teoría de
la relatividad de Einstein a la composición
de velocidades de todas las partes que intervienen en el sis­
tema (22).
Todas
.las referencias de la Suma Teológica a los apetitos
que mueven los
cuerpos graves y ligeros pueden entenderse
metafóricamente; pero si se quiere sustituir el .ejemplo puesto
por Santo Tomás, por otro ,más conforme con las concepciones
físicomatemáticas modernas, se pueden utilizar· los fenómenos
elásticos.
Por ejemplo, el siguiénte texto:
«Si el principio del movimiento celeste es sólo la na­
turaleza, sin aprehensión alguna, tal principio tendría que
ser
fa, forma del cuerpo a;leste, como pasa entr<¡ los ele­
mentos; pues aunque las formas simples no isean motores,
son, no óbstante,. principios de movimiento, porque tras
ella,s siguen los movimientos naturales_ como todas las de­
más propiedades naturales. Pero es imposible que el mo­
vimiento celeste siga a la forma del. cuerpo celeste como
a un principio
· activo. Pues la form)I es principio del mo­
vimiento local cuando . a un cuerpo le corresponde por ella
tal lugar, hacia el
cual se mueve en virtud de que su forma
tiende a él;
y entonces, como lo engendra, Ia forma se
llama motor, como vemos que el fuego tiende hacia arriba
en virtud de su forma. Mas por razón de la forma, no
corresponde al
cuerpo celeste el estar eo este lugar o en
aqueL Luego el. principio del movimiento celeste no
es
sólo la naturaleza. En consecuencia. deberá ser algo que
mueva por aprehensión» (23).
Podría transcribirse así:
«Si-el principio del movimiento inercial fuera sólo. la
naturaleza,
·sin apreheosi6n alguna, tal principio tendría
que ser alguna forma, romq pasa entre los elementos; pues
(2.2) «Lectures on · physics», FEYMA><,' .Addioon-Wes!ey.
(23) «Suma contra -gentiles», L. 3, cap. 2.3.
459
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MANUEL M. DOMENECH fZQUIERDO
aunque las formas de las sustancias qUl1Illcas no sean mo­
tores, son,· no obstante;-principios de movimiento, porque
tras ellas siguen los movimientos naturales como todas
las
deniás ,propiedades natural.es. · Pero es imposible que
el movimiento
inercial siga a una forma de cuerpo como
a un principio
activo. Pues, la forma es principio del mo­
vimiento local cuando a alguna parte de un cuerpo le co­
rresponde por ella tal lugar relativamente a las demás
partes,
hacia el cual se mueve en virtud de que su forma
tiende a
él; y entonces, como lo engendra, la forma se
llama motor, como vemos que la parte de hidrógeno . tiende
a
,ituarse a 0,965 Angstrom de la parte de oxígeno en
virtud de
la forma del agua. Mas por razón de la forma,
no corresponde a lo que se mueve inercialmente el estar
en este lugar o en aquél. Luego el principio del movimien,
to inercial. no es sólo la naturdleza .. En consecuencia de­
berá ser algo que mueva por aprehensión».
Si en la concepción de Santo Tomás, una esfera celeste en
movimiento giratorio tenía que
ser movida por una sustancia
espiritual inteligente, porque ninguna perfección natural era
al­
canzada, por no haber posición privilegiada en' ninguna ·de las
que sucesivamente va adquiriendo Ia esfera en su movimiento,
y como. eso mismo sucede en el giro de una peonza, que ahora
decimos que
mantiene. el movimiento por inercia, se ha de con­
clrur
que el impulso de !os cuerpos se mantiene también por la
acción de la sustancia inteligente,
con lo que la concepción on­
tológica medieval sigue siendo cierta y aplicable. El movimiento,
como cierto acto que es, •tiene que ser conservado continuamente
como el ser.
«Newton no ha descubierto por
· qué cae la piedra, ni por
qué
los planetas obedecen a las leyes de Kepler. Mostró que la
caída de
la piedra y el movimiento elíptico de los planetas son
fenómenos del
mismo tipo» (24 ). Por eso se habría caído en la
misma interpretación materialista del cOsmos que ahora se tiene
en las escuelas si, durante la
edad media, se hubiera dicho que
las esferas celestes mantenían el movimiento por inercia: ·
Y, por lo
mismo, hoy, podemos v debemos tener la audaz
osadía de decir que la
misma causa ontológica que movía las
esferas
medieval.es, es la causa de la inercia de todos los movi­
mientos uniformes.
(24) «Historia y filosoffu' de la ciencia•, L: W., H. HuLL, pág. 288,
Ariel.
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PARA .UNA COSMOLOGIA•TEOCRATfCA
Es sabida la gran dificultad. que encontraba la filosofía aris·
totélica para explicar la permanencia del movimiento en la flecha
lanzada por el arquero (25). Los forzados argumentos utilizados
no hubieran sido necesarios si
se hubiese caído en la cuenta de
que aquello mismo que. pensaba para explicar ontológicamente
el movimiento. del cielo era aplicable al tiro de la piedra o de
la fecha.
. De i¡,¡ual modo que se ha . ensalzado la teoría de Newton
porque
reducía el movimiento celeste al. problema del lanza­
miento
de un proyectil ( 26 ), podemos decir que ontológicamen­
te
el tiro de la flecha se explica por la . teoría peripatética del
movimiento celeste, lo que . eleva el problema al orden de lo es­
piritual e inteligible.
Cosmología teocl'.átiCa
Como Dios es el único que puede infundir· formas en la ,ma­
teria prima (27), y la tendencia natural o fuerza corporal la pro­
duce
el mismo que engendra la fotma, las tensiones naturales
son divinas y
el movimiento· cósmico, que 1a físicomatemática
atribuye a
la inercia, es angélico; el ángel, por el poder de su
acto,
puede mover los cuerpos, realizando · aquella ambición
utópica de la ciencia ficción que consiste en mover Jos cuerpos
. con el pehsamiento .
. Las formas que son acto de c.uerpo, lo son de una materia
concreta,
y, por tanto1 no pueden ser Causa de ~vímiento re~
lativo de su cantidad respecto a la cantidad de otros cuerpos;·
un sistema no puede generarse_ fuerza a sí · mismo, se dice eri
mecánica. .Una forma que se mueva en relación a otros cuerpos
ha de ser separada de la materia,
y, por tanto, inteligente. Las
formas corporales ·solo pueden mover las partes hacia el «situs»
correspondiente a la ·especie de que ,se trate; cada especie tiene
su figura.
Diremos, pues, que la causl:l 'de .la inercia son los ángeles;
cómo se decía que eran la. causa de los giros de las eoferas ce­
lestes; las fuerzas, corporales no hacen más que .complementar
el movimiento
que imprime a la materia la sustancia inteligente
separada,
y por esto hay tanto orden. en. el resultado de ambas
(25) Ibidem, P4,g. 190.
(26) «The Sleepwalkers,; KOETSLÉR,' Pélikan Book;' pág. 513 ..
(27) Suma Teológico¡ I, q65 a4 "'· , : '·' ,., ·"''
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MANUEL M. DOMENECH IZQV!ERDO
acciones, la de los formas corporales y la de las sustancias espi­
rituales separadas: . porque uno de los factores es inteligente.
Todas
las ierarquías angélicas pueden intervenir en el mo­
vimiento del mundo cor¡,6reo, complementando cada ángel el
movimiento que imprimen los demás, como
lo hacen hasta las
mismas formas de los cuerpos, cooperando así todos, en perfecta
concordia, a 'J-a armonía -del universo.
Cuanto más poderosa es una caus.a, · su influencia alcanza
mavor profundidad ontológica; por eso el movimiento inercial
causado por sustancias separadas tiene por sujeto algo muy
pro'
ximo a las entrañas materiales.
No. solamente el hombre es social por naturaleza. Todo el
universo es social; ninguno de los seres materiales podría exis­
tir sin el ámbito que le proporcionan los demás. Por eso no es
raro que todos los ángeles, en admirable concordia y armonía,
muevan el universo
material con el fin de cumplir la historia
de la salvación de los elegidos.
·
El movimiento de lo corpóreo es el que imprimen una sus'
tancia o varias sustancias espirituales separadas, las cuales con­
sideran el universo material como un -sistema único. Todo el
sistema de movimientos es complementado por la acción de las
formas corpóreas qu~ provocan las fuerzas elásticas, eléctromag­
néticas y la indigencia de la materia que provoca las fuerzas gra­
vitorias.
La sustancia intelectual que mueve el cosmos no se ve con­
dicionada por la ley de inercia, ni por ninguna ley físicomate­
mática,
sino que estas leyes más bien resultan de una abstracción
o separación físicomatemática hecha
sobre el resultado del go­
bierno que ejerce la sustancia intelectual.
Dios, al mover el universo, no se sujeta a ninguna ley. ·Las
leyes físicas .que decimos. que· se cumplen siempre, son abstraídas
por la mente humana al considerar las materialidades cuantifi-.
cadas de los movimientos reales.
Dice Bertrand Rusell en «The scientific outlook»: «Parece
probable que cualquier mundo, no importa cuál, podría ser
elevado
por un matemático de suficiente habilidad, dentro del
alcance de leyes generales». El
hombre, ni descubre la ley, ni
la impone a la naturaleza; la abstrae o separa de las condiciones
materiales que hacen posible incluso la medida del «acto» por
lo que de él participa la potencia material. .
Las evaluaciones energéticas, y, por tanto, la posibilidad de
pensar en la magnitud «energía», surgen al dividir un sistema
en movimiento en dos partes, .pensando una de las mitades como
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sustituible por otro sistema descomponible fácilmente en partes
iguales. Por ejemplo,
eL calor emitido por un conjunto de estu­
fas eléctricas conectadas a una red alimentada
por un grupo de
generadores movidos
por turbinas impulsadas por un salto hi­
dráulico, puede computarse midiendo eJ número de litros que
caen por el salto de agua. Entonces puede «medirse»
el «poder»
de
la primera parte, por el número de sistemas unitarios que
se equilibran dinámicamente con su .movimiento. El concepto
de energía surge de poder formar distintos «trenes de cosas»
para incluirlos frente
al movimiento natural. El pensar en uno
solo de los semisistemas v atribuir la caúsa del movimiento· a
la «fuerza», es el subterfugio para eludir la necesidad de m¡a
causa extrínseca del movimiento del universo y no ,pensar en
todo sistema como móvil en potencia, movido por un acto ex-
terior. ·
. En caffibio, el considerar el acto exterior, evitaría_ toda .la
perplejidad del alumno cuando empiezan a decirk que « a toda
fuerza
se le opone otra igual y contraria» y, por tanto, se le
hace
difícil comprendér cómo así puede producirse movimiento,
Quien tenga experiencia
.en :la ~señanza de la física en los pri­
meros
· años sabrá qué quiero decir. El principió de acción y
reacción puede avudar a hacer
ver· que . las llamadas «fuerzas
físicas» no son la causa del movimiento local. El sistema físico
es movido por un motor extrínseco, siempre que se considere
un sistema cerrado con movimientos periódicos.
Los condenados y los demonios sOn arrastrados por_ el fuego;
en vez de dominar su espíritu a' la materia, ésta les domina im­
pulsada por el resto de sustancias espirituales y corporales.
Toda la jerarquía angélica, con delicado v suave movimiento,
esculpe la

figura de este mundo con una potente caricia.
En un principio, hace unos quince mil millones de años,
«la tierra estaba confusa y vacía» (28). Todo el universo yacía
caído sobre sí mismo en un abismo gravitacional sin vida, ni
movimiento, ni energía de ninguna clase. Sí, verdaderamente
«las tinieblas cubrían la haz del abismo» (28). Cada parte del
mundo era simultáneamente aplastante y aplastada. La creación
no hubiera podido
salir de este estado por sí sola, pero «el es­
píritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas» (28).
« Y dijo Dios: "haya luz" y hubo luz» ( 29 ). Y hubo tanta
luz que,
según el modelo cosmogónico corriente, aceptado ya
por todos los científicos con muy ligeras variantes, este núcleo
(28) Génesis, 1, 2.
(29) Génesis, 1, 3.
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO .
cósmico estalló de manera que no pudo reconocerse en él, ·du­
rante los primeros momentos de la explosión nada más que luz.
Era
la época dominada por la radiación. A temperaturas suficien­
temente altas no hay más que luz. Una partícula que hubiera,
sería inmediatamente deshecha. De esta luz primera han encon­
trado hace pocos años Peuzias y· Wilson, en los laboratorios de
Bell Telephone, investigando el ruido
de antenas, el resto de
su eco, en
lo que se llama el fondo de radiación cósmica, y que
ha sido
el espaldarazo definitivo para la teoría llamada del «big
bang» del Abate Lemaitre (30).
El
estallido-se produce precisamente .porque Dios y los án­
geles imprimen su energía a aquel monstruoso y colosal con­
glomerado de materia
confusa y vacía. Las inteligencias comien­
zan a mover aquella masa para modelar con ella el decorado' de
la historia. Las. tendeocias que Dios ha impreso en la materia
para que apetezca sus múltiples posibilidades de realización on;
tológica, se complementan con el movimie,¡.to con el que agitan
los ángeles la masa cósmica y se produce el ámbito ecológico de
esé inundo .en que vivimos. · _ .
El espectáculo es algo colosal; es fuente de inspiración· 'de
artista y pasmo de quienes lo consideran. Para dar idea de lo
que quiero decir podríamos recordar aquellas escenas de
fa !>l'­
lícula «Fantasfa». del inigualablé ,Walt Disney, cuando describe
cómo pudo ser el aspecto de
Ta tierra eu aquella época de la
extinción
.de los dinosaurios.· Algunos reportajes filmados sobre
la actividad volcánica, s_obre todo de noche, o ciertas pinturas
de arte cosmicista no dejan ver
más que por un.a pequeña ~­
dija algo de lo que se debe imaginar para una composición de
lugar suficiente.
. . ,.
Platón e,¡. el Timeo tiétre un.as frases geniales que pode~~.
concordar

muy estrechamente,. tanto con el Génesis como
cqn
el modelo cosmogónico . rorriente de la ciencia moderna. Dice
Platón:
«El mundo
. es el resultado de fa acción. combinada de
la necesidad y de la inteligencia. La inteligencia dominó
al punto a la necesidad consiguiendo persuadida de que
era necesario producir del modo más perfecto cuantas co­
sas nacían. J';a necesidad cedió a los sabios consejos de la '!'l
(30) «Los tres primeros minutos del universo»., S. WEINBÉRG, .Alian-za Editorial. · ,
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
inteligencia y, de este .modo, fue constituido este mundo
desde
su principio» (31).
La lectura del Génesis resultaría placentera
al 111Ísmo Platón,
pues unos párrafos
más abajo dice:
«Invoquemos a la Divinidad, que nos ha guiado hasta
aquí antes de proseguir, con objeto
de que ella nos guíe
en esta averiguación tan. ardua y desacostumbrada, hacia
doctrinas verosímiles, evitándonos consideraciones absur­
das e incoherentes» (32).
Sí, verdaderamente,. como se está asegurando cada vez más
entre los científicos que no tienen prejuicios antiteístas, no se
hubiese llegado a la figura ecológica de este mundo, sin un go­
bierno providencial que llevase a la materia ciega, que es la que
cumple las leyes
físicoquimicas «necesarias», a una disposición
tal· como la actual que pennite la vida de esquimales cerca de
los polos sin imposibilitar la
.. poblacipn de .la franja acuatorial de
nuestro
gobo.
A este respecto se puede recordar aquí lo que decía Sir
Arthur Eddington, físico inglés que capitaneó las expediciones
que en Brasil v Australia hicieron las mediciones de las desvia­
ción de los rayos de luz de
fas estrellas ,por pane del sol durante
el eclipse total de sol de 1919 y que llevaron
A la confirmación
de la teoría generalizada de Einstein. Digo esto para que
se vea
que
se trata de un gran físico moderno, que conócía las últimas
teorías físicas de los libros
y que además podía llevar a la prác­
tica precisas mediciones
en difíciles circuristancias. Pues bien,
dice Eddington que
. ve. tan · difícil que se. den las condiciones de
habitabilidad de un planeta que no
cree que haya en . el cielo·
otro astro habitado como
la tierra (33 ). Me diréis ¡Son tantas
las estrellas! Pues
ya de un plumazo hemos de eliminar nada
menos que dos terceras partes de ellas
si queremos contar las
candidatas a tener
planetas habitados a su alrededor. Dos tercios
del ejército estelar están· formados por estrellas dobles o múlti­
ples, que hacen imposible la una a
·la otra. el tener un cuerpo
habitable en órbita. No
es este el momento de explicarlo con
detalles, pero así
,iriatnos eliminando estrellas hasta ver lo ún­
prohable que es un· sistema solar, una tierra con oxígneo, nítró-
(31) PLATÓN, ·Hmeo.,. Ediciones Ibéricas, Ma (32) PLATÓN, «Titneo», Ediciones Ihéricru;, Msdrid, pág. 239.
(33) «The nature
of the physical World,, l'.'IP, X.
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MANUÉL M. DOMENECH IZQUIERDO
geno y agua en proporciones aptas para la vida, un sol de tal
temperatura y tamaño con una tierra a la distancia apropiada
con una inclinación tan hiena puest de su eje
respecto a la eclíp­
tica. A esta concepción, que cada vez tiene más adeptos entre
los científicos se le llama «principio antr6pico» (34).
Por eso podemos decir con verdad que el mundo
se formó así:
Dios· y sus ángeles. celebraron
la. creación del· cosmos con
un gran castillo de fuegos artificiales, aunque
los pirotécnicos
no fueron -hombres, que todavía- no existían, pués de las cenizas.
de sus chispas se formó el Edén, y del limo de éste el primer
hombre. Para las eternidades divinas y
fos evos ,angélicos un
millón de. años
es eomo un minuto de una noche de verbena.
Después del primer estallido
se reunían las cenizas formando
las estrellas que danzaban todas juntas y hacían ruedas de fuego
y nebulosas espirales, y explotaban de nuevo en supernovas y
todo con la ligereza
de la ingravidez de lo que no pesa hacia
otros mundos prque no
fos hay.
Y, entonces, uno de los ángeles cogió delicadamente la bola
de la
· tierra con sus manos y envolviéndola con una larga trenza
heC'ha con sus tirabuzones de oro, la lanzó como· un niño a una
peonza y la dejó rodando sobre sí y alrededor del sol, con su eje
inclinado
23 grados y medio. Así lós árboles podrán dejar caer
sus hojas viejas en otoño, sostener la. nieve en invierno, rever­
decer sus retoños e~ primavera _y dar sus jugosos frutos en ve­
rano, porque sólo así podrá haber verano, .otoño, invierno y pri­
mavera.
Así se entiende .la armonía ecológica de todos los sistemas
que son ámbito apropiado para la vida vegetal
y animal; la be­
lleza de una estrellada, de una puesta de sol, de una costa brava
o de un riachuelo lleno de vida
y de sonrisas.
Con esta concepción es muy hermoso
y verdadero pensar de
de nuevo estas verdades, que .por cierto están en contradcción
con los sistemas sociopolíticos actuales:
«Como la naturaleza obra para conseguir un fin en vir­
tud de la dirección
de algún agente superior, en lo mismo
que hace la naturaleza interviene Dios como
~ausa pri·
mera» (35). ·
«La providencia divina se vale de intermediarios, pues
gobierna los seres inferiores por medio de los superiores,
(34) «El creyente ante la ciencia», MANuEL MARiA CARREIRA, S. J.,
<:nadernos BAC, núm. 57, pág. 26.
(35) Suma Teológica, I, q2 aJ s2.
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PARA UNA COSMOLOGIA TEOCRATICA
pero no porque sea insuficiente su poder, ·sino porque es
tanta su bondad, que comunica a la· criaturas la prerroga­
tiva de su causalidad» (36).
«En
el gobierno de las cosas reina cierto orden; las .
cosas inferiores son regjdás por las superiores» (37).
«La acción de la criatura irracional no
se atribuye úni­
camente a ella, sino principalmente a Dios, que. gobierna
y mueve todas las cosas» (38). .
Dice el Apóstol, Rom 13, 1 que cuando existe ha sido
ordenado a Dios. Y enseña Dionisia que
eJ orden de la
divinidad es gobernar
fas cosas inferiores por las me­
dias» (39).
Dice San Isidoro:
«Las potestades estorban que las
cualidades contrarias arruinen la economía del universo».
Y cobran sentido de nuevo,
y no sólo como poéticas metá­
foras, aquellas sentencias de los grandes monumentos de
la lite­
ratura universal, como lo de que «Es el amor, quien mueve el
sol y las demás estrellas», con que Dante termina la Divina
co­
media.
Nunca
el espíritu materialista descubrirá la verdadera causa
de lo que él llama inercia; no hay dato posible mensurable en
el mundo de lo corpóreo que le pueda revelar la potencia on­
tológica espiritual qeu está del otro lado de lo palpable y medi­
be. Es posible que exista una jerarquía de entidades espirituales,
cada una complementando el movimiento que inteligentemente
imprimen las sustancias superiores, hasta las formas corpóreas
que cooperan a rn manera, a determinar ,la cocreción última del
movimiento mediante
lo que la física llama «fuerzas» y que son
las tendencias naturales a las configuraciones perfectas de
cada
sustancia, todo ello armonizado por las mentes que imprimen
los primeros movimientos, principalmente la
de Dios, motor in­
móvil de todo y amado por todos a su manera, a cuya alabanza,
reverencia
y servicio ( 40), se mueve todo lo que vive en el cielo
y en la tierra, hasta que
se complete el ntÍ1llero de los elegidos
que al fin, como dice San Agustín
al terminar: «La Ciudad de
(36) Suma Teológica, I, q22 a3.
(37) SAN AGUSTÍN, III, De Trinitate, c4.
(38) Suma Teológica, 2-2 q90 v.
(39) Suma Teol6gica, 2-2 q172 a2. {40) SAN IGNACIO DE LoYOLA, «Ejercicios espirituales. Principio y
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MANUEL M. DOMENECH IZQUIERDO
Dios» descansarán; descasarán y verán, verán y amarán, amarán
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