Índice de contenidos
Número 223-224
Serie XXIII
- Textos Pontificios
-
Estudios
-
Razón humana y cultura histórica
-
El arte de comprender la historia
-
Objetividad y verdad en historia
-
El pecado colectivo: existencia y naturaleza
-
El marxismo y el cristianismo. Apuntes de una conferencia
-
La otra revolución
-
La democracia, ¿legitimadora del derecho?
-
La teología de la liberación en acción: La denominada «Iglesia de los pobres» utilizada por la iglesia de la revolución
-
El neo-politeísmo
-
Forjadores de México (IV)
-
«La societá partecipativa» de Pier Luigi Zampetti
-
El mal de la democracia moderna. Del error a la autodestrucción. A propósito de los libros : Cuando la rosa se marchite, de Alain Peyrefitte y Comment les démocraties finissent , de jean-François Revel
-
- Actas
-
Información bibliográfica
-
Martirián Brunsó Verdaguer: España sin rumbo
-
Álvaro del Portillo: Descubrimientos y exploraciones en las costas de California
-
Armando Bandera, O.P.: Paulo Freire, un pedagogo
-
Una conferencia de José María Mardones: Esperanza cristiana y utopías intrahistóricas
-
General Ramón Salas Larrazábal: Los fusilados en Navarra en la guerra de 1936
-

Autores
1984
General Ramón Salas Larrazábal: Los fusilados en Navarra en la guerra de 1936
INF0RMACION BIBLIOGRAFICA
ten.
Tropezaría también con advertencias tan claras como la reali
zada por el Papa en su mensaje de Navidad de 1982: «El diálo
go debe realizarse con los hombres, no con las ideologías que, a
pesar de sus declaraciones, se oponen a la dignidad de la persona
humana, a sus justas aspiraciones según los sabios principios de
la razón, de la ley natural y eterna -ideologías que ven en la
lucha el motor de
fa historia, en la fuerza la fuente del dere
cho-, pues el diálogo resulta entonces
difícil o
estéril, y si con
tinúa, es una realidad superficial y falseada, y se hace
tan difícil
que en la práctica resulta imposible».
Y en el memorable libro de Karól Wojtila,
Signo de Contra
dicci6n, encontrarla nuestro conferenciante material suficiente
para revisar y deshacer, una a una, la mayor parte de las ideas sobre las esperanza cristiana que sostiene. Esto, claro está, su
poniendo que la doctrina escatológica
de ese polaco le parezca
suficientemente
autorizada.
JUAN CARLOS GARCÍA DE PoLAVIEJA.
General Ram.ón Salas Larrazáhal: LOS FUSILADOS EN
NAVARRA EN LA GUERRA DE 1936
(*)
El General Salas Larrazábal, uno de los más prestigiosos his
toriadores de :cuanto haga. referencia a la Cruzada española o
guerra de liberación de España, ha
realizado este
trabajo.
Las titulaciones de prensa y las amplias reselias del libro pue
den llevar al ánimo de los lectores a un confusionismo que sólo
por ser
estadístico (
«La estadística
--decía Unamuno-,es el
arte
de mentir con números») habríamos de considerar
veraz. Quiero
decir,
que algunos titulares -por ejemplo, en
Diario de Navarra,
del 28 de octubre,- expresan, sin matización alguna: «SegÚn un
estudio del General Salas
.Larrazábal, en
el territorio foral se
mató a
cerca de. 1.100
l't)rsonas». Lo cual estadísticamente es
cierto, pero ha de parangonarse
qm otros
muchos datos
. aporta
dos
por el
Hustre. · historiador
militar,
·
Precisamente, en la
«presentación» del libro por las propias
Comisiones de navarros que lo editaron, se pone de manifiesto
aquel parangón, sin el cual pudiera parecer que la represión en
la Navarra n.acional alcanzó cotas no sul't)radas. Y eso que mu
chos de los
panidos políticos
al uso -PSOE, PNV,
HB--han
venido repitiendo con contumacia, eso es
lo. que
el libro de
Sa.
las
Larrazábal rebate con hechos y datos irrefutables a partir de
ahora. Dentro, pues, de
la limitación.humana en la búsqueda de
la verdad, este trabajo representa, en
la. materia
que constituye
su objeto, toda la verdad.
(*) Ed. «Comisiones de Navarros de .Madrid y Sevilla», Industrias Grá-ficas Espafia, S. L., Madrid, 1983. · ·
Fundaci\363n Speiro
INFORMACION BIBUOGRAFICA
Como bien lo expresa su título, el tema es doloroso, pero
resultaba necesario afrontarlo de una vez, con seriedad, ausencia
de prejuicios y criterio de historiador veraz y responsable. Y a
que la verdad, aunque duela, no puede cambiarse.
La historia
no se
rectifica día a día, como hacen los marxistas, pues ni el
tiempo ni la historia son cambiables. La historia ha de ajustarse
a la verdad de los hechos. Esto es lo
. que
hace
el General Salas
Larrazábal.
Y en su estudio -detallado y pacientísimo-- ob
jetivo, después de un repaso larguísimo
de, pueblos,
cendeas,
concejos, villas y ciudades de Navarra y de
casi todos sus re
gistros civiles ( «para no hablar con muertos», como solía
decir
José M.' Iribarren), llega
a una conclusión final:
«En Navarra
se mató a cerca
de 1.100 personas, de las que unos 900 eran
hijos de la provincia y 200 forasteros. Que fuera de
ella mu
rieron otro
centenar de
navarros, y
en zona
republicana caye
ron varios
centenares de
hijos. de esta tierra que se unieron
en
sacrificio
a
. los
4.500 que cayeron
en los
frentes de combate o
murieron
en los
hospitales de sangre».
El sacrificio de Navarra,
en hombres
y
en dinero,
a la
Cru
zada nacional fue inmenso. Pero ello no quiere decir que haya
de idealizarse, abstractamente, una guerra como aquélla, y que
por
el . hecho de predominar en ella el factor religioso no se die
ran deficiencias humanas. Se
dan éstas, siempre, en toda guerra.
Si en
la retaguardia navarra se produjeron hechos heroicos -la
contribución en sangre de
los navarros que llevó a la concesión
de la
Cruz Laureada de San Fernando para el escudo de Nava
rra; la aportación
en oro,
alhajas, brillantes, etc.,
de la que se
conservan actas notariale.s
en que
tales aportaciones se valora
ron
en muchos
millones de pesetas ( cientos de millones
en va
lor
actual}-, también se produjeron estos dolorosos hechos de
las muertes de navarros o residentes en Navarra.
El de cuántos, el de quién los mató, el por qué motivos fue
ron fusilados,
ha sido el objeto del libro presentado. AquelJa
cifra
de 1.100 ha de contrastarse con las otras enormes cifras
que, hasta este trabajo, han sido rnachaconamente catapultadas
por
la propaganda marxista-separatista. No fueron 20.000, cifra
máxima que se lee
en ABC de Madrid (núm. 11.107, de 6 de
diciembre
de 1938);
ni fueron 7.000, cifra dada al parecer por
el Obispo de Vitoria, don Mateo Múgica ( el mismo que, antes
de
darla, publicó con
el Obispo de· Pamplona, don Marcelino
O!aechea
la primera Pastoral condenando la actuación del na
cionalismo vasco por su «contubernio y alianza» con los rojos),
repetida por Hugh Thomas, santón de
los historiadores, que
ahora deberá rectificar sus cifras;
ni siquiera la cifra, mínima
para estos falseadores de la verdad, de 1.950, seguida por Itu
rralde,
en Punta y Hora (núm. 112, de 2 de noviembre de 1978).
Salas destaca
el hecho «matemáticamente irrebatible, de que
los republicanos, que ejercieron su dominio temporal en
sólo
una fracción de la nación, mataron a un número mucho mayor
567
Fundaci\363n Speiro
INFORMACION BIBUOGRAFICA
de personas que sus contrarios -los 'nacionales'-, que pudie
ron extender sus represalias. a
toda España». Y es que la ver
dad, aun en asuntos tan duros y fuertes como el de esta mono
grafía, ha de ser una verdad en que también
ha de valer el
«más fueron ellos». Como
lo fueron. ¡Y en qué medida!
La condena de unos hechos injustos --estos fusilamientos-
«realizados en gran parte por fuerzas sombrías, vengativas o an
siosas de
hacer méritos ante sus correligionarios de ayer», pro
dujeron los asesinatos y homicidios. «La cuantía
de éstos no re
basa la media estadística del 0,146 % sobre la población total de la Navarra de entonces (345.883 habitantes en 1939). Y, aun
que el cubileteo
de estas cifras pueda parecer enojoso, quería
mos recordar que el conjunto de actuaciones de la zona roja, pa
raestatales o estatales ( en la zona nacional las
actuaciones para
estatales
cesarop. en
cuanto
el Estado se organizó; y, aun antes,
son sintomáticas las condenas públicas de la Junta
Regional Car
lista
de Navarra, las del General Mola y las
del Coronel Sol
chaga, sobre estos "asesinatos',', llamados así entonces sin eufe
mismo alguno),. aquel. conjunto, digo, ofreció un panorama de
ejecuciones, asesinatos y homicidios sólo comparable a
las reali
zadas en la revolución soviética de 1917. Y en cuanto a las ma
tanzas
de sacerdotes, religiosos. y seglares muertos por la fe ( cosa
que jamás se dio en la zona nacional) -"mártires"~ en el más
estricto sentido teológico de la .. palabra-, no tiene más com
paración que la de las persecuciones
de los emperadores romanos».
Dieron su vida
--dijo muy
bien el hoy Monseñor Montero
en su
Historia de la persecuci6n religiosa de BspañrJ--por ser
católicos, asesinados por el odio a su
fe. En cambio, los pocos
sacerdotes separatistas vascos muertos,
de los que tanto se ha
escrito y servido (la cifra más aceptada es la de 14 fusilados; a
cambio de los 4 7 asesinados en la zona del entonces «Euzkadi» ),
lo fueron a pesar de serlo.
La diferencia, no sólo gramatical, sino
teológica,
es abisal.
La «presentación» de este admirable
trabajo histórico
del
Ge
neral Salas concluye con estas palabras: «Todo paisaje cósmico
o social-humano está integrado por luces y sombras. La "pureza pura" no es real en la historia humana. Pero,
pese a los ce
lajes, el predominio de la luminosidad heroica, limpia, con es píritu de "cruzada" prevalece con nítida preponderancia sobre las sombrías fuerzas
.minoritarias del
resentimiento
y del odio y
resulta definitorio de la acción colectiva de Navarra, de la in
mensa mayoría
de su pueblo en la guerra de 1936».
JAVIER NAGORE YÁRNOZ.
568
Fundaci\363n Speiro
ten.
Tropezaría también con advertencias tan claras como la reali
zada por el Papa en su mensaje de Navidad de 1982: «El diálo
go debe realizarse con los hombres, no con las ideologías que, a
pesar de sus declaraciones, se oponen a la dignidad de la persona
humana, a sus justas aspiraciones según los sabios principios de
la razón, de la ley natural y eterna -ideologías que ven en la
lucha el motor de
fa historia, en la fuerza la fuente del dere
cho-, pues el diálogo resulta entonces
difícil o
estéril, y si con
tinúa, es una realidad superficial y falseada, y se hace
tan difícil
que en la práctica resulta imposible».
Y en el memorable libro de Karól Wojtila,
Signo de Contra
dicci6n, encontrarla nuestro conferenciante material suficiente
para revisar y deshacer, una a una, la mayor parte de las ideas sobre las esperanza cristiana que sostiene. Esto, claro está, su
poniendo que la doctrina escatológica
de ese polaco le parezca
suficientemente
autorizada.
JUAN CARLOS GARCÍA DE PoLAVIEJA.
General Ram.ón Salas Larrazáhal: LOS FUSILADOS EN
NAVARRA EN LA GUERRA DE 1936
(*)
El General Salas Larrazábal, uno de los más prestigiosos his
toriadores de :cuanto haga. referencia a la Cruzada española o
guerra de liberación de España, ha
realizado este
trabajo.
Las titulaciones de prensa y las amplias reselias del libro pue
den llevar al ánimo de los lectores a un confusionismo que sólo
por ser
estadístico (
«La estadística
--decía Unamuno-,es el
arte
de mentir con números») habríamos de considerar
veraz. Quiero
decir,
que algunos titulares -por ejemplo, en
Diario de Navarra,
del 28 de octubre,- expresan, sin matización alguna: «SegÚn un
estudio del General Salas
.Larrazábal, en
el territorio foral se
mató a
cerca de. 1.100
l't)rsonas». Lo cual estadísticamente es
cierto, pero ha de parangonarse
qm otros
muchos datos
. aporta
dos
por el
Hustre. · historiador
militar,
·
Precisamente, en la
«presentación» del libro por las propias
Comisiones de navarros que lo editaron, se pone de manifiesto
aquel parangón, sin el cual pudiera parecer que la represión en
la Navarra n.acional alcanzó cotas no sul't)radas. Y eso que mu
chos de los
panidos políticos
al uso -PSOE, PNV,
HB--han
venido repitiendo con contumacia, eso es
lo. que
el libro de
Sa.
las
Larrazábal rebate con hechos y datos irrefutables a partir de
ahora. Dentro, pues, de
la limitación.humana en la búsqueda de
la verdad, este trabajo representa, en
la. materia
que constituye
su objeto, toda la verdad.
(*) Ed. «Comisiones de Navarros de .Madrid y Sevilla», Industrias Grá-ficas Espafia, S. L., Madrid, 1983. · ·
Fundaci\363n Speiro
INFORMACION BIBUOGRAFICA
Como bien lo expresa su título, el tema es doloroso, pero
resultaba necesario afrontarlo de una vez, con seriedad, ausencia
de prejuicios y criterio de historiador veraz y responsable. Y a
que la verdad, aunque duela, no puede cambiarse.
La historia
no se
rectifica día a día, como hacen los marxistas, pues ni el
tiempo ni la historia son cambiables. La historia ha de ajustarse
a la verdad de los hechos. Esto es lo
. que
hace
el General Salas
Larrazábal.
Y en su estudio -detallado y pacientísimo-- ob
jetivo, después de un repaso larguísimo
de, pueblos,
cendeas,
concejos, villas y ciudades de Navarra y de
casi todos sus re
gistros civiles ( «para no hablar con muertos», como solía
decir
José M.' Iribarren), llega
a una conclusión final:
«En Navarra
se mató a cerca
de 1.100 personas, de las que unos 900 eran
hijos de la provincia y 200 forasteros. Que fuera de
ella mu
rieron otro
centenar de
navarros, y
en zona
republicana caye
ron varios
centenares de
hijos. de esta tierra que se unieron
en
sacrificio
a
. los
4.500 que cayeron
en los
frentes de combate o
murieron
en los
hospitales de sangre».
El sacrificio de Navarra,
en hombres
y
en dinero,
a la
Cru
zada nacional fue inmenso. Pero ello no quiere decir que haya
de idealizarse, abstractamente, una guerra como aquélla, y que
por
el . hecho de predominar en ella el factor religioso no se die
ran deficiencias humanas. Se
dan éstas, siempre, en toda guerra.
Si en
la retaguardia navarra se produjeron hechos heroicos -la
contribución en sangre de
los navarros que llevó a la concesión
de la
Cruz Laureada de San Fernando para el escudo de Nava
rra; la aportación
en oro,
alhajas, brillantes, etc.,
de la que se
conservan actas notariale.s
en que
tales aportaciones se valora
ron
en muchos
millones de pesetas ( cientos de millones
en va
lor
actual}-, también se produjeron estos dolorosos hechos de
las muertes de navarros o residentes en Navarra.
El de cuántos, el de quién los mató, el por qué motivos fue
ron fusilados,
ha sido el objeto del libro presentado. AquelJa
cifra
de 1.100 ha de contrastarse con las otras enormes cifras
que, hasta este trabajo, han sido rnachaconamente catapultadas
por
la propaganda marxista-separatista. No fueron 20.000, cifra
máxima que se lee
en ABC de Madrid (núm. 11.107, de 6 de
diciembre
de 1938);
ni fueron 7.000, cifra dada al parecer por
el Obispo de Vitoria, don Mateo Múgica ( el mismo que, antes
de
darla, publicó con
el Obispo de· Pamplona, don Marcelino
O!aechea
la primera Pastoral condenando la actuación del na
cionalismo vasco por su «contubernio y alianza» con los rojos),
repetida por Hugh Thomas, santón de
los historiadores, que
ahora deberá rectificar sus cifras;
ni siquiera la cifra, mínima
para estos falseadores de la verdad, de 1.950, seguida por Itu
rralde,
en Punta y Hora (núm. 112, de 2 de noviembre de 1978).
Salas destaca
el hecho «matemáticamente irrebatible, de que
los republicanos, que ejercieron su dominio temporal en
sólo
una fracción de la nación, mataron a un número mucho mayor
567
Fundaci\363n Speiro
INFORMACION BIBUOGRAFICA
de personas que sus contrarios -los 'nacionales'-, que pudie
ron extender sus represalias. a
toda España». Y es que la ver
dad, aun en asuntos tan duros y fuertes como el de esta mono
grafía, ha de ser una verdad en que también
ha de valer el
«más fueron ellos». Como
lo fueron. ¡Y en qué medida!
La condena de unos hechos injustos --estos fusilamientos-
«realizados en gran parte por fuerzas sombrías, vengativas o an
siosas de
hacer méritos ante sus correligionarios de ayer», pro
dujeron los asesinatos y homicidios. «La cuantía
de éstos no re
basa la media estadística del 0,146 % sobre la población total de la Navarra de entonces (345.883 habitantes en 1939). Y, aun
que el cubileteo
de estas cifras pueda parecer enojoso, quería
mos recordar que el conjunto de actuaciones de la zona roja, pa
raestatales o estatales ( en la zona nacional las
actuaciones para
estatales
cesarop. en
cuanto
el Estado se organizó; y, aun antes,
son sintomáticas las condenas públicas de la Junta
Regional Car
lista
de Navarra, las del General Mola y las
del Coronel Sol
chaga, sobre estos "asesinatos',', llamados así entonces sin eufe
mismo alguno),. aquel. conjunto, digo, ofreció un panorama de
ejecuciones, asesinatos y homicidios sólo comparable a
las reali
zadas en la revolución soviética de 1917. Y en cuanto a las ma
tanzas
de sacerdotes, religiosos. y seglares muertos por la fe ( cosa
que jamás se dio en la zona nacional) -"mártires"~ en el más
estricto sentido teológico de la .. palabra-, no tiene más com
paración que la de las persecuciones
de los emperadores romanos».
Dieron su vida
--dijo muy
bien el hoy Monseñor Montero
en su
Historia de la persecuci6n religiosa de BspañrJ--por ser
católicos, asesinados por el odio a su
fe. En cambio, los pocos
sacerdotes separatistas vascos muertos,
de los que tanto se ha
escrito y servido (la cifra más aceptada es la de 14 fusilados; a
cambio de los 4 7 asesinados en la zona del entonces «Euzkadi» ),
lo fueron a pesar de serlo.
La diferencia, no sólo gramatical, sino
teológica,
es abisal.
La «presentación» de este admirable
trabajo histórico
del
Ge
neral Salas concluye con estas palabras: «Todo paisaje cósmico
o social-humano está integrado por luces y sombras. La "pureza pura" no es real en la historia humana. Pero,
pese a los ce
lajes, el predominio de la luminosidad heroica, limpia, con es píritu de "cruzada" prevalece con nítida preponderancia sobre las sombrías fuerzas
.minoritarias del
resentimiento
y del odio y
resulta definitorio de la acción colectiva de Navarra, de la in
mensa mayoría
de su pueblo en la guerra de 1936».
JAVIER NAGORE YÁRNOZ.
568
Fundaci\363n Speiro