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Número 351-352

Serie XXXVI

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Dignidad humana y bien común como referencias sociales

DIGNIDAD HUMANA Y BIEN COMÚN COMO
REFERENCIAS SOCIALES
POR
EUDALDO FORMENT (*)
l. La vulgaridad
Dado que nos encontramos en la Universidad, introduciré el
tema hablando de ella, o mejor de lo que dijo sobre la institución
universitaria,José
Ortega y Gasset. En un célebre escrito, Misión de
la Universidad, afirmaba el filósofo madrileño que el «mal radical»
de la Universidad puede situarse en diferentes causas, pero: «Si se
busca el ápice de esa raíz, aquello de que todo lo demás brota y
emerge, nos encontramos con algo que tolera sólo un nombre ade­
cuado: la chabacanería. De lo alto a lo ínfimo penetra toda nuestra
existencia nacional, la anega, la dirige
y la inspira». Precisaba que:
«El abandonarse, el 'de cualquier manera', el 'lo mismo
da', el 'poco
más o menos', el '¡qué importa!', eso
es la chabacanería» (1).
Esta insubstancialidad
y banalidad, en que consiste lo que de­
nominaba «chabacanería», es también una «falta de decoro mínimo,
de respeto a sí mismo, de decencia» (2). Lo que es más grave es su
dificultad para superarla, porque la ordinariez: «Se acostumbra a sí
(*) Texto de la Ponencia del Dr. Eudaldo Forment, Catedrático de Metafísica
en la Universidad Central de Barcelona
y Académico de la Pontificia Academia
de Santo Tomás (Roma), en el «Ciclo especial Persona
y Sociedad», del !ESE de
la Universidad de Navarra, el
día 20 de noviembre de 1995.
(1)
J. ÜRTEGA Y GASSET, Misión de la Universidad, Madrid, Revista de Oc~
cidente, 1936, págs. 21-22.
(2) [bid., pág. 20.
Verb,, núm. 351-352 (1997), 83-105 83
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misma, se encuentra cómoda a sí misma y tiende a generalizarse y
eternizarse» (3).
La vulgaridad que, según Ortega, es «el mal radical de lo espa­
ñol» (4), puede identificarse con la
medianía, de la que habla Caturelli.
E~ eminente profesor universitario la describe del siguiente modo:
«Hay un estado común, o mejor aún, propio del hombre medio, de
la medianía o mediocridad( ... ) Esta medianía implica un encadena­
miento,
un estar esclavizado (sin saberlo) a la inmediatez de los
entes»
(5 ).
Los hombres mediocres son los que: «Están situados en la servi­
dumbre de la inmediatez, como los hombres del mito platónico de la
caverna, esrán 'atados
por las piernas y el cuello' y deben mirar siempre
adelante 'pues las ligaduras les impiden volver la cabeza'. Esto
es un
no poder ver sino las 'sombras' de sí mismo y de las cosas proyectadas
por la luz del fuego sobre la pared, que está frente a los hombres; por
eso, para este hombre de la medianía lo real es, precisamente, lo no
real, la sombra; la verdad,
la no verdad; el ser, el no-ser» (6).
La medianía, que, como también afirma Caturelli: «es el máximo
peligro para la vida del espíritu» (7),
es un vicio del que debe liberarse
todo hombre, pero
también debe ayudar a la posible liberación de
todos los demás, al igual que el hombre del mito de la caverna de
Platón. Para ello,
es preciso tener en cuenta la siguiente observación
del filósofo tomista R.
Garrigou-Lagrange: «La mediocridad consiste
( ... ) en tomar como reglas las opiniones existentes verdaderas o falsas,
en aceptar cualquier cosa por medio de un eclecticismo arbitrario y
en hacer una elección o compromiso oportuno entre todas. La esencia
del oportunismo. Pero hay muchas maneras
de ser mediocre. Se
puede ser de una manera vulgar; es también a veces una actitud
maduramente reflexionada, estudiada, que supone un talento real,
(3) !bid., pág. 21.
(4) /bid., pág. 22.
(5) A.
CATUREW, La Universidad. Su esencia, su vida, su ambiente, Córdoba,
Argentina, Universidad Nacional
de Córdoba, 1963, págs. 17-18.
(6) /bid., pág. 18.
(7) [bid., pág. 56.
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y bajo esta segunda forma, la mediocridad puede llegar a ser un
aspecto engañador del mal más sutil y más profundo» (8). Hay una
vulgaridad vulgar,
no querida directamente, y otra vulgaridad que­
rida, porque se busca el ser vulgar para conseguir unos fines útiles,
como ser aceptado por los demás o conseguir la popularidad o el
éxito social.
Además de este peligro, para luchar contra la vulgaridad, hay
otro, quizás más dañino. Lo advirtió claramente el celebre escritor
francés Georges Bernanos,
que en sus novelas y ensayos combatió
siempre la mediocridad. Sobre la situación del hombre, en el mundo
actual, escribió en 1947, un año antes de morir, que: «Su pensamiento
ya no es libre. Día y noche, casi sin darse( ... ) cuenta, la propaganda
bajo todas sus formas
Jo trata como un modelador trata el bloque
de cera que amasa entre sus dedos» (9). A los hombres actuales:
«El
Estado los alivia algo más cada día de la preocupación de disponer
de su propia vida, mientras espera el día cercano -llegado ya para
millones de hombres, sí,
para millones de hombres en este mismo
momento--en que los eximirá de pensar» (1 O).
La pérdida de la capacidad de pensar por propia cuenta, de juzgar
o valorar,
es una pérdida de salud espiritual. Esta enfermedad del
espíritu es como una anemia profunda. Sostiene Bernanos que: «El
síntoma
más general de esa anemia espiritual, contestaré con seguridad:
la indiferencia ante la verdad y la mentira. Hoy en día, la propaganda
prueba lo que quiere y se acepta más o menos pasivamente lo que
propone». Añade Bernanos que: «Esa indiferencia oculta más bien
un cansancio, una especie de asco de la facultad de juzgar. Pero la
facultad de juzgar no puede ejercitarse sin cierto compromiso interior.
Quien juzga se compromete. El hombre moderno ya no se compromete
porque ya no tiene nada que comprometer» (11).
(8) R. GARRIGOU-1.AGRANGE, Dieu, son existence et sa nature, París, Beau­
chesne, 1933,
6."
ed., pág. 732.
(9) GEORGES BERNANOS, La libertad ('para qué?, trad. de 0. Boutard,
Buenos Aires, Librería Hachette, 1955, pág. 97.
(10) [b;J., pág. 71.
(11) [b;J., pág. 97.
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La conclusión de Bernanos---que, como la mayoría de sus afirma­
ciones
y tesis, es considerada por algunos como descentrada o como
expresión de una censura
exagerada-, es que: «La humanidad en­
tera está
enferma»; y que, «se debe curar a la humanidad». Para
ello, añade, a continuación, que: «Ante todo y en primer lugar
se
debe 'reespiritualizar' al hombre» (12). Ante esta «des-espirituali­
zación» o «atrofia de la vida interior»
(13 ), en segundo lugar, propone
en este escrito: «Una movilización general
y universal de todas las
fuerzas del espíritu, con el objeto de devolver al hombre la
conciencia
de su dignidad» (14).
2. El hombre
Para que pueda redescubriese esta dignidad del ser humano, de
cuyo olvido
se lamenta Bernanos, puede ser muy útil volver a re­
flexionar lo que
es la persona humana. Para ello, hay que advertir,
primeramente que los términos hombre
y persona, aunque muchas
veces
se empleen como equivalentes, son dos realidades distintas.
En el ser humano coinciden, porque todo hombre
es persona, pero
en
si mismos los conceptos de hombre y persona no son idénticos,
se diferencian formalmente. Podría existir el hombre, sin ser